[R-P] Un plebiscito con fuerte olor a petróleo
Carlos Andrés Ortiz
cpn.caortiz en gmail.com
Dom Sep 5 13:46:57 MDT 2010
UN PLEBISCITO CON FUERTE OLOR A PETRÓLEO
De nuevo vuelven a leerse opiniones que plantean la supuesta
“necesidad” de convocar a un nuevo plebiscito para definir la
construcción de las centrales de Garabí y Panambí, sobre el Alto
Uruguay, ambas en sociedad con Brasil, una de ellas en Corrientes –muy
cerca de Misiones-, y la otra ya totalmente en “La Tierra Colorada”.
La liviandad con la que suelen plantearse temas de gran importancia
estratégica, muchas veces solo considerados desde la miope mira del
cortoplacismo, cuando no de los intereses personales, o cuanto más,
desde una simplificación rayana en la vulgar mediocridad; hacen
necesario hacer las evaluaciones desde una óptica general, abarcando
una visión integradora de los Grandes Intereses Nacionales, como
también de los Grandes Intereses Provinciales.
Prácticamente todas las consideraciones estratégicas son evidentemente
soslayadas o ni siquiera consideradas, por determinados fogoneros del
“plebiscitarismo a ultranza”, postura que no casualmente tiene fuertes
vinculaciones con cierto tipo de ecologismo retrógrado y cavernario,
el mismo que evidentemente pretende atarnos al subdesarrollo crónico,
bajo la falaz excusa de un conservacionismo a ultranza que siempre
encuentra motivos para atacar con notable saña a cuanta actividad
productiva les sea “indicada” por las centrales mundiales de las
transnacionales de la ecología, las cuales no casualmente están
orientadas y han sido creadas por Gran Bretaña y otras potencias del G
7.
Analicemos los aspectos básicos, que “olvidan” tanto los políticos del
facilismo, como los militantes del fundamentalismo ecológico.
El neoliberalismo –sobre todo el impuesto en el “noventismo” del
menemato y del delarruato, creó todas las condiciones para generar la
actual muy severa crisis energética, la cual recién fue asumida en
2006, pero que ya era evidente antes de la crisis político -
económica terminal de 2001/2002. Claro está que era sistemáticamente
negada por los ”especialistas” energéticos del establishment, pero esa
ya es otra historia.
El neoliberalismo –desde siempre fuertemente vinculado y fogoneado por
las petroleras transnacionales anglosajonas- fue el que le impuso un
fortísimo rol prácticamente excluyente a los hidrocarburos –gas
natural y petróleo- a la Matriz Energética Argentina.
Para ello, con la permanente complicidad de los sectores
ultraecologistas –por aquel entonces fogoneados y esponsoreados
generosamente por la Secretaría de Medio Ambiente manejada por la
nefasta “Marijú” Alsogaray y sus lacayos-; los factores del poder
político económico se dedicaron sistemáticamente a anular toda posible
competencia, que les restara así fuese una parte del muy apetecible
mercado consumidor energético argentino.
No fueron entonces casualidades que se dedicaran a abortar de cuajo
cuanto proyecto de generación hidroeléctrico o nuclear existía.
Incluso prohijaron un absurdo proyecto de exportar toda la energía
hidroeléctrica de Yacyretá, bajo el falaz argumento que “sobraba
energía”, y llegaron a planificar la hidroeléctrica de Corpus a
construirse únicamente para el mercado consumidor brasileño, siempre
buscando proteger “las quintitas” de los generadores termoeléctricos
–básicamente movidos a gas- que pululaban como hongos, mediante
inversiones “privadas” impuestas bajo lesivas y leoninas condiciones
perjudiciales para El Estado Nacional (cooptado por los personeros del
neoliberalismo), y por ende perjudicial también para los consumidores
y el pueblo argentino; verdadero convidado de piedra en todo ese
festival de corruptelas energéticas, todo con la complicidad tácita
paro clara del ultraecologismo.
Actualmente estamos casi al límite de las reservas conocidas de
petróleo y gas natural, motivo por el cual si antes era importante hoy
es imperativo reemplazar en la mayor medida posible, las centrales
convencionales (termoeléctricas, que queman petróleo y/o gas), por
otras tecnologías sustitutivas; en particular hidroeléctricas y
nucleares.
Pero además del citado reemplazo de usinas termoeléctricas, se “está
remontando la cuesta” de casi una década muy pobre en inversiones en
nuevas usinas, y también deben preverse los incrementos de la demanda,
en este caso tanto el vegetativo, como el resultante del fuerte
crecimiento del PBI, y en especial del Sector Industrial.
Como mínimo deben preverse inversiones en nuevas usinas para cubrir
la duplicación de la demanda eléctrica cada década, pues de lo
contrario se corre el serio riesgo que el Sector Eléctrico pase a ser
el “cuello de botella” que constriña el desarrollo socio económico,
impidiendo el fuerte crecimiento del PBI (Producto Bruto Interno).
Para evitar las distorsiones técnicas y conceptuales, a las que son
tan afectos los sectores del fundamentalismo ecológico, debe
enfatizarse que las llamadas “nuevas fuentes de energía” (eólica,
solar, geotérmica, Mareomotriz, micro centrales hídricas, etc.)
adolecen de fuertes y hoy insalvables limitaciones técnicas –además de
altísimos costos por KWh solo superables con fuertes subsidios, que
apenas permiten sus participaciones marginales dentro del conjunto de
la demanda. Posiblemente los biocombustibles sean hasta cierto punto
la excepción, pero distan mucho de ser la gran solución alternativa.
Es decir que las alternativas reales para generar electricidad en
grandes volúmenes, como los que precisa toda Argentina (y Misiones
dentro de ella), son básicamente tres: termoeléctrica (quemando
petróleo y gas que no nos sobra, y marginalmente carbón que tenemos
pero con una modesta producción), nuclear e hidroeléctrica.
Por supuesto que el peor de los escenarios es no contar con Potencia
Instalada ni Energía suficiente, con lo cual el penoso panorama de
cortes rotativos en el servicio eléctrico, se volvería crónico;
complicando todas las actividades socio económicas.
Tampoco será un buen escenario depender en forma alarmantemente
creciente del consumo de petróleo y gas natural, que será la
inevitable consecuencia de dilatar absurdamente –o peor aún impedir-
las grandes usinas hidroeléctricas y nucleares que están hoy en los
pasos previos inmediatos a sus construcciones.
En tal sentido, los “fogoneros de plebiscitos”, que están queriendo
instrumentar otro falaz plebiscito –con toda la parafernalia de
“terrorismo ecológico” ya volcada en la población desde hace más de
una década y media-; en realidad pretender impedir –al “como sea”- las
muy importantes usinas hidroeléctricas de propósitos múltiples de
Garabí, Panambí y Corpus; con lo cual pasan a ser funcionales peones
al servicio de los lobbies que nos quieren mantener atados a la
dependencia nocivamente acentuada, de los intereses petroleros y
gasíferos, con todos los negocios vinculados al tema (importadores y
fabricantes de usinas y sus constantes flujos de repuestos, transporte
de combustibles, etc.).
Por ello, cabe afirmar que el nuevo golpe a los intereses nacionales
y provinciales, que pretende montarse bajo la forma de un
procedimiento engañosamente participativo, es en realidad UN
PLEBISCTITO CON FUERTE OLOR A PETRÓLEO.
En otros artículos volveré a analizar (ya lo hice antes en múltiples
artículos y varios libros) los disparates y tergiversaciones, con los
que pretenden desacreditar ante el común de la gente, a las usinas
hidroeléctricas, y me referiré a las limitaciones de las mal llamadas
“nuevas fuentes de energía”.
C.P.N. CARLOS ANDRÉS ORTIZ
Investigador de temas económicos y geopolíticos
Ex Investigador y Docente = Facultad de Ciencias Económicas = UNaM
Especialista en Gestión de la Producción y Ambiente – Fac. de Ing. = UNaM
Tesista de la Maestría en Gestión de la Energía = UNLa – CNEA
Docente de Economía – Esc. Normal 10 – Nivel Terciario
Docente de la Diplomatura en Geopolítica – Inst. Combate de Mbororé
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