[R-P] [Roberto Ferrero] Alfredo Terzaga, biografía mínima.(4)

Gustavo Battistoni gustavo.battistoni en gmail.com
Sab Oct 16 09:31:40 MDT 2010


 Capítulo IV

UNA DÉCADA DE ACCIÓN NACIONAL

En 1955 se produce la Revolución Libertadora, que da por tierra con el
régimen peronista al que Alfredo Terzaga había apoyado desde una
posición nacional, independiente y crítica, como indicamos antes.
Siendo Córdoba el epicentro del levantamiento contrarrevolucionario,
le tocó a Terzaga vivirlo muy de cerca. ¡Tan de cerca que las fuerzas
rebeldes que atacaban el Cabildo, sede de la policía provincial,
estaban apostadas a la puerta del diario “Orientación”! Por fortuna,
no advirtieron la circunstancia, que podría haberse vuelto trágica
para los periodistas encerrados en la redacción. Dos días más tarde,
para librarse del involuntario enclaustramiento, debieron huir por los
techos.

Y aunque su actuación nunca había traspasado los límites que separaban
su opinión comprometida de la militancia política de comité, lo mismo
se vio perseguido por el régimen liberticida instaurado, siendo
despedido de su cargo en el Banco de Córdoba. Volverá a él en 1959,
tras ganarle un juicio a la institución, ya que la autoridad judicial
interviniente dispondrá su reintegro al puesto.

En cuanto a “Orientación”, privado del apoyo económico y político que
le habían brindado las esferas oficiales del gobierno provincial, al
poco tiempo tuvo que suspender su aparición. Tal estado persistió
hasta principios de 1956, cuando fue adquirido por el Dr. Antonio
Sobral, el gran dirigente frondizista de Villa María, que lo convirtió
generosamente en un defensor de los vencidos del 16 de Septiembre, que
hasta hacía unos meses habían sido sus enemigos. “Nadie puede aprobar
la persecución de argentinos contra argentinos ni el innecesario
desborde desenfrenado de las pasiones lanzadas sobre los caídos. Y
menos que se ejerza la fuerza bruta sobre los indefensos en nombre de
la libertad y la dignidad de la República” (33). Con este simple
programa, se volvió a ver a “Orientación” en las calles de Córdoba,
con un gran éxito. Éxito en el que tenían alta responsabilidad el
Director y el conjunto de capacitados redactores que los acompañaban:
Marcelo Lezama, Raúl Faure, Jorge Ravanelli, Alberto Caminos, Gigena
Parker (h), Alfio Grifasi, el “manco” Bustos y su hermano José Gabino,
un “bohemio insigne” según Gigena, Diego Cuquejo, Moisés Meik, Roberto
Bixio y por supuesto, el “jóven y talentoso” Alfredo Terzaga (34), que
retomaba así su puesto de combate al pie de su máquina de escribir. Lo
hacía sin embargo, sin emplear su nombre propio, sino los pseudónimos
de “Manuel Cruz Tamayo” y “Max Wieland”, para evitarle a Sobral un
disgusto con las autoridades de la Revolución Libertadora, que no
hubieran tolerado su vuelta al papel impreso (35).

En esta década que se extiende hasta la caída de Arturo Illia en 1966,
la atención de Terzaga se vuelve, más inquisidora que nunca, sobre los
grandes problemas nacionales, del país y de Latinoamérica. No es que
haya dejado de lado los temas de arte y literatura, a los que seguía
ligado naturalmente por su cátedra en la Escuela Figueroa Alcorta.
Tanto es así que de estos años son trabajos como sus comentarios sobre
“La muestra de Pecker” en La Voz del Interior”; “El arte de Seguí” en
el diario Córdoba o “Leonardo Jaspers” en Orientación (todos de 1956);
“La Plástica Cordobesa” en este último mismo diario o su Estudio
introductorio sobre Juan Gris para el libro de éste “Posibilidades de
la pintura y otros escritos”, que editara Assandri en 1957.

Sin embargo, esta preocupación estética va siendo cada vez más
acompañada por nuevos intereses político-.ideológicos en el espíritu
de Terzaga. Es como si la caída de un régimen que hasta la víspera se
mostraba fuerte y confiado, apoyado por las grandes masas populares,
hubiera conmovido al escritor riocuartense hasta lo más recóndito de
su ser, volcándolo a la reflexión política del modo más decidido para
buscar una explicación coherente al triunfo tan rápido de la
contrarrevolución. Ya Latinoamérica había experimentado por entonces
la caída del régimen antiimperialista de Jacobo Arbenz en Guatemala,
compensado en parte por la victoria y el avance de la Revolución
Boliviana encabezada por el MNR. Y en breve se produciría el ascenso
de la Revolución egipcia a nuevos niveles de conquistas sociales,
impulsadas como reacción a la agresión anglo-franco-sionista sobre el
Canal de Suez.

Todo esto sería materia de honda reflexión para Terzaga, que bajo el
seudónimo de “Max Wieland” o “Cactus” se ocuparía de estos y otros
temas de política internacional.

Singular importancia tendría su serie de notas cortas en “Orientación”
sobre Sandino, Bolivia, Guatemala, el movimiento yrigoyenista y las
ideas bolivarianas, agrupadas bajo el título de “Rostros y Destinos de
América” (1956) a los que Terzaga da un tratamiento que, no obstante
partir de la superficie de fenómenos que le eran contemporáneos,
alcanzan tales niveles de profundidad que aún hoy se pueden leer como
análisis de actualidad, porque el panorama de la dependencia y las
luchas liberadoras que describe todavía permanecen casi como entonces.
No es extraño pues que la Editorial Alción de Córdoba las publicara en
forma de libro en 1985 con prólogo de Roberto A. Ferrero, con gran
éxito editorial, al punto de agotarse rápidamente. También en
“Orientación” aparecieron sus seis notas sobre “Temas de la
Constituyente”, reunida por ese entonces -1957- en Santa Fe.

La lucha de los árabes por su unidad nacional, tan semejante en
algunos aspectos a la de los latinoamericanos contó con todas las
simpatías de Terzaga. El pensamiento político del Presidente Nasser
mereció de él un breve ensayo en el diario que lo cobijaba (17 al 25
de septiembre de 1956), después de su celebrada conferencia sobre la
Revolución Árabe en la Sociedad Sirio Libanesa el 17 de agosto del
mismo año, cuando planteó con meridiana claridad la cuestión nacional
árabe y desmenuzó todas las calumnias y errores que la prensa
occidental volcaba sobre el nasserismo. Desde entonces, Terzaga contó
siempre con la amistad y la adhesión de la colectividad siriolibanesa
de Córdoba, que veía en él un defensor inteligente y desinteresado de
su patria de origen; Moisés Abdumalek, dirigente de la comunidad, y el
poeta palestino exiliado Juan Yasser cultivaron una cordial relación
con él. Finalmente, también en Orientación, pudieron leerse sus
artículos sobre el entonces meneado asunto del “culto a la
personalidad” y los cambios que se estaban produciendo en la Unión
Soviética bajo la dirección de Nikita Kruschev.

Su militancia nacional se extendió además al semanario “Discusión”,
del cual fue uno de sus inspiradores y colaboradores más activos, y al
“Centro de Acción Nacional Latinoamericana” (CANLA), donde actuó al
lado de figuras como Enrique Lacolla, Ernesto Ceballos, Ignacio
Cornejo, Osvaldo “Chiquito” Herranz, los poetas Esteban Estrabou y
Marcelo Massola y otros, cumpliendo en los años 1957/58 una gran labor
de esclarecimiento ideológico en conferencias , folletos y
declaraciones. En cuanto a “Discusión”, en el breve lapso de su vida
de abril a octubre de 1956, sirvió de tribuna al pensamiento nacional,
abriendo sus páginas a la militancia estudiantil de ADER, una
agrupación de ideología afín, y a los expulsados de “Acción
Socialista” de Córdoba, como Silvio Mondazzi, al tiempo que promovía
una encuesta acerca de que Universidad necesitaba el país, a la que
contestan desde líderes reformistas hasta el filósofo neotomista Nimio
de Anquín.

En la misma línea se inscribe su artículo sobre “Los Nacionalismos
políticos como ideología del Ejército” que publicara en “Discusión” en
1956, y “Las dos revoluciones de septiembre (Ejército Liberal o
nacionalista)”, en la revista “Política” de Jorge Abelardo Ramos en
1958.

De otro orden, pero de gran jerarquía intelectual es otro trabajo suyo
que aparece en 1963: es su celebrada “Geografía de Córdoba”, editada
por Assandri, obra aún no superada en su género. Y que es mucho más
que una geografía, ya que están tratados aun los aspectos culturales
de la provincia e incluye una breve historia de Córdoba, en la línea
de la interpretación revisionista científica que por entonces estaba
haciendo popular Jorge Abelardo Ramos.

Y es precisamente a través de Ramos que Terzaga se liga aún más
estrechamente a la militancia de la izquierda nacional. En efecto:
cuando un grupo de estudiantes universitarios organiza en 1963 el
primer grupo del Partido Socialista de la Izquierda Nacional (PSIN)
–fundado el año anterior en Buenos Aires- Terzaga les es recomendado
como hombre de consulta en Córdoba. Los jóvenes militantes del PSIN lo
visitan en su casa de Barrio Jardín, lo van a ver a su oficina del
Banco en la calle Entre Ríos, lo escuchan en el bar “Las Vegas” de
Colón y General Paz o en el “Iberia” de la calle San Jerónimo, que ya
mencionamos y reciben siempre de Terzaga la orientación precisa,
lúcida, acerca de los fenómenos políticos que a todos preocupaban. No
aceptó, en cambio, porque su vida estaba ya organizada en otro
sentido, responsabilidad organizativa partidaria de ningún tipo, lo
cual no amenguó en nada la alta estima en que lo tenían aquellos
muchachos. A su vez, Terzaga transmitía siempre a Ramos un juicio a la
vez personal y político, y siempre ecuánime y ponderado, sobre los
valores y las carencias de aquellos jóvenes idealistas que querían
servir a la nación desde una perspectiva socialista (36). Son éstos
también los años en que cultiva la amistad de Ernesto Laclau, que
durante un semestre completo residió en Córdoba en virtud de una beca
que le había sido otorgada, y en que mantiene largas y eruditas
conversaciones sobre la geopolítica rioplatense con Methol Ferré,
Arturo Jauretche y Jorge Enea Spilimbergo cada vez que éstos visitan
nuestra ciudad.

Su colaboración se orientó, además, en otro sentido, aparte de aquella
cátedra de café que tanto atraía a quienes lo escuchaban siempre
atentamente: los ensayos de historia y política en el órgano teórico
del PSIN, “Izquierda Nacional”, y en su periódico de combate: “Lucha
Obrera”.

En este último publicó “Mariano Moreno ¿bolchevique y entreguista?”,
crítica a un libro de Federico Ibarguren sobre el prócer (1964), y en
“Izquierda Nacional” presentó la nota “El presidente Illia quiere
suicidarse”, sobre el traslado de la Capital, del mismo año y también
firmado, como el anterior, con pseudónimo de ”Manuel Cruz Tamayo”.
También en 1964 daría una importante conferencia auspiciada por el
Centro de Estudiantes de Arquitectura y Urbanismo. Se trataba de su
intervención sobre “Córdoba en la organización Nacional”, que luego
editarían las prensas del Banco de Córdoba en una publicación
reducida. Años después se leerían en “Izquierda Nacional” otros dos
breves pero sustanciosos ensayos de su autoría: “Juan Bautista Bustos:
un auténtico federalismo nacionalista” (N° 2, 1966) y “La Iglesia y la
Revolución Argentina” (n°4, 1967)

Bustos, figura central del federalismo argentino, injustamente
olvidado por la historia oficial –“olvidarse es también una forma de
tener memoria”, decía Fierro- fue también preocupación de Terzaga en
el año ´68, en cuyo transcurso publicó varias notas sobre el héroe en
el diario “La Voz del Interior” y pidió “Una estatua para Bustos” en
otro periódico local, el “Comercio y Justicia” que dirigía el Dr.
Eguia Zanón. Derqui, Posse y Miguel Juárez Célman, otros tres
“malditos” de la historiografía oficial, fueron igualmente recordados
y reinterpretados por Terzaga en polémica con José Maria Rosa y la
historiografía de “izquierda”.

Simultáneamente, a través de una sostenida crítica bibliográfica
publicada en la “Revista del Banco de Córdoba”, lograba infundir un
espíritu inquieto y ameno a una publicación que, por ser técnica,
hubiera sido lastrada por la aridez característica de ese tipo de
prensa. Allí vieron la luz comentarios que en su brevedad son
verdaderas gemas del género: por ejemplo, sobre “Del Feudo a la
Economía Nacional” de Juan Beneyto, “El Pensamiento social y político
de Echeverría” de Orestes Popescu, “Ciudad, región y regionalismo” de
Robert E. Dickinson, “Nacionalismo y Liberalismo económicos en
Argentina” de José Carlos Chiaramonte, “Estudio sobre el Sistema
Rentístico de la Provincia de Tucumán de 1820 a 1876” de Alfredo
Bousquet, “Del Virreynato a Rosas” de Horacio William Bliss, “La
Situación social de la campaña de Córdoba durante el período de la
Revolución 1810-1814” de Horacio José Pianetto, “El periódico El
Montonero”, reimpresión de 1969, “Córdoba. Su fisonomía. Su Misión” de
Manuel E. Río y otros, como un importante artículo sobre Geopolítica y
sus comentarios sobre el libro “Fundamentos Geográficos de la
Historia”, del estudioso alemán Hugo Hassinger




Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular