[R-P] [Luis Britto García] Sueños y literatura
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Dom Oct 10 13:06:58 MDT 2010
SUEÑOS Y LITERATURA
por Luis Britto García
Ponencia expuesta en el Festival de Biarritz 2010
El hombre pasa su vida entre dos universos inexplicables: el de la
vigilia y el del ensueño. Ambos le reportan experiencias
incomprensibles, sobre ambos formula hipótesis plausibles pero no
necesariamente ciertas, en los dos es juguete de fuerzas que su
conciencia maneja sólo en forma parcial.
Al soñar somos el guionista, el escenógrafo, el director, el
protagonista de una obra que creemos real en la medida en que mientras
la contemplamos ignoramos que viene de nosotros mismos. Lo más
perturbador es que desconocemos el propósito, el mecanismo, el
lenguaje, el significado de esta creación que ocupa casi la tercera
parte de nuestras vidas.
Toda dualidad engendra una trinidad. La discordia entre el mundo de la
vigilia y el del ensueño crea un tercero que quizá los sintetiza, esa
ensoñación en vigilia que llamamos lo imaginario. Es fácil tentación
desdeñarlo, hasta que se columbra el peso que tiene en las sociedades
primigenias el mito, en cuyo honor se elevan pirámides, y lo que
significa en las economías desarrolladas el sector terciario, fábrica
de fábulas en cuyo interés se inmolan naciones.
Mal avenida síntesis del sueño y la vigilia, la imaginación construye
lúcidamente sus arquitecturas, ignorando sin embargo de dónde surgen
sus materiales y sus planos. Así como no conocemos el propósito de los
sueños, ignoramos el de lo imaginario.
Lo único que sabemos sobre ambos es que no podemos desecharlos.
Necesitamos imaginar. Los animales se reproducen, se asocian, tienen
lenguajes, sacian cuerpos y estómagos. Sólo el humano experimenta una
necesidad autónoma de percepciones que no contribuyan directamente a
su supervivencia. El sujeto a quien se somete a deprivación sensorial
evitando que experimente sensaciones al poco tiempo desvaría y pierde
la percepción del propio cuerpo. La deprivación imaginativa es la peor
de las torturas y se llama aburrimiento. Tenemos hambre de
percepciones aunque las sepamos falsas; especialmente si las sabemos
falsas.
El estilo de vida de mayor economía y estabilidad es el de los
vegetales. La vigilia es un subproducto de la función predatoria.
Durante el dormir aparentemente regresamos al estado vegetativo,
rindiendo temporalmente el estado de alerta de quien devora o teme ser
devorado. El sueño es un residuo de la vigilia que perdura en esa gran
nada del vacío de conciencia de lo vegetativo.
Necesitamos soñar. Caemos en los sueños sin buscarlos y quizá contra
nuestra voluntad. Sin embargo, voluntariamente buscamos el ensueño del
mito, de la literatura, del teatro, del cine.
Así como estamos despiertos o dormidos por rachas consecutivas,
mientras dormimos tenemos intermitentes ráfagas de ensoñaciones que se
alternan con lapsos de sopor profundo. Mientras el cerebro, las ondas
cerebrales y los ojos son agitados por la ráfaga de ensoñación,
disminuye el tono muscular y el cuerpo reposa; cuando las ensoñaciones
nos abandonan, descansa el cerebro y el cuerpo se agita, cambia de
posición y es propenso a despertar.
Quizá por ello se pensó que los ensueños protegían el dormir, dando
explicaciones imaginarias a los estímulos que podrían despertarnos.
Toda una literatura custodia el sopor de las muchedumbres explicando
el mundo con los términos de quienes las oprimen.
Durante un tiempo se creyó que los sueños eran premoniciones, y
también lo han sido las creaciones literarias.
El talmúdico doctor Freud entrevió en los sueños la satisfacción de
deseos, y mucho de ello hay en las ficciones literarias. Pero ni los
unos ni las otras son desfiles de deseos saciados: con mayor
frecuencia representan el misterio, la destrucción, la angustia.
Ello ha llevado a creer por momentos que el objeto de lo literario era
el disimulo del lenguaje bajo una indescifrable acumulación de
códigos. Igualmente cifrado es el lenguaje de los sueños, más oscuro
cuanto más diáfano, cuanto más directo más retorcido.
Se vio en los sueños temporarios estados de locura de los cuales la
memoria nos preserva briznas. Mas la literatura ha devenido
progresivamente el campo del delirio, de la sinrazón, del absurdo,
cuyas manifestaciones aceptamos con igual naturalidad que el aparente
contrasentido de los sueños.
Últimamente proponen los neurólogos que el soñar tiene por objeto
permitir que reclasifiquemos los contenidos percibidos durante la
vigilia. Alguien que ha tomado somníferos duerme pero no sueña y por
lo tanto no reposa. Lo mismo sucede con aquél a quien se deja caer en
el sueño natural y es despertado en cuanto ese dormir se transforma en
soñar, delatado por el rápido movimiento de los ojos que se agitan
para divisar imágenes que sólo existen en la mente. En ambos casos la
abstinencia del ensueño produce fatiga extrema, desorientación,
agresividad, dificultad para recordar y aprender, episodios sicóticos.
Parece ser que el ensueño del durmiente es condición de la cordura del
despierto.
La invención literaria, por su parte, es esa misteriosa
reclasificación del mundo que no lo explica pero sin la cual no
podemos comprenderlo. Quizá el ensueño sea el razonamiento de nuestro
hemisferio derecho del cerebro, el cual piensa en imágenes, en
sensaciones, en emociones, mediante la intuición y la síntesis. A lo
mejor el ensueño es la traducción intuitiva y sintética de los
mensajes secuenciales y analíticos que el cerebro izquierdo le
transmite al derecho. Quizá los ensueños, como la literatura, sean el
lenguaje en el cual se hablan las dos mitades de nuestro ser, y cada
una de ellas lo comprende mientras que para nuestra totalidad es
impenetrable. El sicólogo social David McClelland intentó establecer
una relación entre el grado de desarrollo de una sociedad y las
motivaciones de sus integrantes, revelando en un centenar de países
las correlaciones entre el índice de consumo de kilovatios hora de per
cápita y la inclinación a la autorrealización revelada en sus poemas,
sus noticias, sus novelas. De sus intrincados análisis concluyó que la
proclamación literaria antecedía en décadas al desarrollo real; que el
Himno a Hermes era anterior a la hegemonía ateniense y los poemas
centrados en el desarrollo de un destino personal previos a la
expansión isabelina inglesa. Dime qué sueñas, te diré quién serás.
¿Quedará por decir sobre los sueños y la vida que su principal encanto
es su inexplicabilidad, que si se les aplicara un sistema de
interpretación infalible ya no nos interesarían? ¿Qué las
interpretaciones son ensueños en sí mismas? El enigma de los sueños
induce el insomnio. Debemos consultarlo con la almohada.
Foto:LBG
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Néstor Gorojovsky
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