[R-P] SARLO
maría Sola
mariadelsola en gmail.com
Mie Nov 24 14:18:49 MST 2010
Denominada por Horacio González como la " roedora de modas" nuestra
Sarlo ha sido desde siempre quien traducía a la obediente elite
intelectual argentina que era aquello que estaba de moda pensar en
París.
En el 68 esa habilidad le puso los ojos en los movimientos
revolucionarios latinoamericanos ya que era lo que estaba de moda
pensar en París después del mayo francés. Luego de algún paso por la
izquierda y de algún acercamiento al peronismo revolucionario siguió
importando modas sin solución de continuidad fueran estas tóxicas ,
renegaran las mismas de todo progresismo o sirvieran las mismas de
plafón de ideas al neoliberalismo más crudo.Se le debe reprochar que
a diferencia de aquellos que tardan años en comprender que cosa se
traían las modas intelectuales entre manos , nuestra astuta Madame
Sarlo entendía perfectamente. París era París y Beatriz era una chica
de pueblo de la Provincia de Buenos Aires que había transformado el
vicio de sacar el cuero en la virtud del análisis sin perder el frío
cruel del primer entrenamiento. Derrotada, (con enorme suerte para la
causa popular ), en su intento de quedarse con la Biblioteca Nacional
por el muy querido Horacio González, decidió liderar el casi vacante
espacio intelectual de la derecha escribiendo elegantes notas tóxicas
desde Clarín o La Nación, tal vez las únicas que podían hacer algún
daño en el espacio cultural que , tal como ella lo reconoce, sin que
nadie intentara captarlo, se alineó por propia decisión y análisis
detras de lo poquito que había para salir del pozo con la grandeza de
quienes sabían que le debían al pueblo argentino, desde el privilegio
de sus conocimientos , el ayudar a encontrarr algún rastro para
escapar del caminar en círculos en que nos encontrábamos tras la
confusión de la derrota.
Su última adquisición estilística consiste en escribir notas en donde
reconoce, reconoce, reconoce y en las últimas diez frases saca el
bombón envenenado. Una joya del gorilismo cool ¿pide cancha de retorno
al campo nacional y popular?
Intelectuales, la tierra fértil del kirchnerismo
Beatriz Sarlo
Para LA NACION
Miércoles 24 de noviembre de 2010 | Publicado en edición impresa
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Ninguna encuesta los registra. Sin embargo, muchos están preocupados
porque existen. No es una adivinanza. Es el kirchnerismo de
intelectuales, académicos, profesionales, escritores, artistas,
periodistas. Si se piensa la política sólo con los grandes números, se
obtiene una "opinión pública" en la que ellos están ausentes porque no
pesan como fracción encuestable. Se pierde, así, una zona
extraordinariamente activa del mapa ideológico.
Cuando se habla de ellos fuera de la discusión política se reconoce la
importancia de las capas intelectuales y se reclama que sus ideas sean
atendidas. En abstracto, como cuestión de principios, casi todos
piensan que los intelectuales y artistas tienen algo que decir sobre
la sociedad en la que viven. Incluso en épocas en que la televisión
parece definir el mundo y sus alrededores y se ha discutido mucho
sobre la crisis del "intelectual tradicional" que le habla a la
sociedad y la sociedad escucha; incluso cuando, en verdad, esa figura
ya no es la que era en algunos lugares y en otros tiempos, ellos, los
miembros de la capa intelectual, han seguido existiendo, pese al
vaticinio posmoderno que los daba por muertos.
Afirmar que sus votos no sirven para ganar elecciones es una pobre
tautología. Es obvio que, en términos cuantitativos, su número no pesa
en los padrones. Pero las cosas no son tan sencillas. De pronto algo,
que no es una novedad de las últimas horas, comienza a ser un tema de
conversación política. Debería haber ocupado esa conversación antes,
porque la experiencia de las últimas décadas indica que grupos
minoritarios pero ideológicamente activos, dispuestos a invertir su
energía no sólo en las preocupaciones más inmediatas, fueron decisivos
en los cambios que finalmente llegaron a la llamada "opinión pública".
Ejemplos: quienes rodearon a Raúl Alfonsín cuando, a comienzos de los
años 80, marchó para ganar el partido radical; otro ejemplo: las
organizaciones de derechos humanos; por si se necesita otro ejemplo:
los que primero se ocuparon del medio ambiente y de las cuestiones
relacionadas con la igualdad de derechos de las minorías. Ninguno de
esos grupos formaba una opinión pública encuestable. Todos, en un
determinado momento, lograron anclar en la política.
No tengo idea de qué puede pasar con el kirchnerismo intelectual. Son
el resultado de una victoria de Néstor Kirchner que parecía improbable
en 2003. Durante el conflicto con el campo, para poner una fecha que,
como toda periodización, con el tiempo podrá ser corregida, sucedieron
dos movimientos de sentido inverso dentro de las capas medias. Por un
lado, las decenas de miles que, sin tener nada que ver con el campo,
se movilizaron porque no acordaron con la forma exasperada en que el
Gobierno tradujo ese conflicto como un nuevo enfrentamiento de la
oligarquía y el pueblo. Por otro lado, quienes interpretaron ese
conflicto como el ataque a un gobierno que, después de años de crisis,
había restablecido algunos ejes políticos con los que podían
identificarse y defendía a los "pobres" contra los "ricos".
Quienes vencieron en el conflicto con el campo se disgregaron; el
frente agrario se deshizo, como era muy evidente que sucedería; la
súbita popularidad de Cobos ya no entusiasma sino a los cobistas y a
las zonas más inertes de la opinión, porque no había nada más allí que
el voto de una noche y una pelea entre radicales. Kirchner, que perdió
en el conflicto con el campo, ganó a minorías intelectuales activas.
La ley de medios audiovisuales fue el capítulo donde se consolidaron
esas adhesiones. Siempre pensé que ganar esas minorías representaba
una victoria cultural que no debía subestimarse, porque cualquier
gobierno, en cualquier parte del mundo, no prescinde de ellas.
Probablemente, hubo un solo momento en la historia argentina en que un
gobierno pudo prescindir de (casi todos) los intelectuales: el primer
gobierno de Perón, donde la fuerza plebiscitaria era de tal calibre
que vencía por fuera de todas las reglas. Pero después de esos años
que transcurren hasta el golpe de Estado de 1955, siempre, de Frondizi
a Cámpora, los elegidos estuvieron rodeados de una densa trama de
discursos producidos por intelectuales. Una de las más patéticas
debilidades de Arturo Illia fue precisamente el activismo de una
opinión intelectual y periodística golpista y una gran movilización
estudiantil en su contra.
El kirchnerismo intervino, creo que sin demasiada conciencia de lo que
estaba haciendo, en esa batalla cultural. Néstor Kirchner no era un
político interesado en ganarla, hasta que descubrió que esa victoria
era importante porque se trataba de gente dispuesta a llevar su línea
a los medios, no para convencer al público de los noticieros prime
time, sino para consolidar, al costado de los noticieros, una fracción
de las capas medias donde ellos, los kirchneristas, hasta ese momento
tenían muy poco capital. Visitó las reuniones de Carta Abierta.
Habilitó económicamente la utilización de medios públicos para
convertirlos en órganos de gobierno. Sobre todo, les dio un
reconocimiento material, en términos de salarios y apoyo a la
investigación, a los universitarios de todo el país, con una gestión
de ciencia y técnica tan buena como fue débil y errática la gestión
educativa. Puso dinero y discurso donde había que ponerlos. Nunca los
universitarios tuvieron mejores condiciones. Y no fue defraudado. Pero
esto no explica la victoria, aunque la refuerce y le dé condiciones
materiales. Quizá los grandes nombres de las ciencias sociales estén
divididos entre kirchneristas y no kirchneristas; pero, en la segunda
línea, la implantación kirchnerista es importante.
El otro rasgo de esta victoria es que ha interesado a gente que antes
no había mostrado ni la menor inclinación por la política. No digo
esto para señalar un déficit de los recién llegados, sino para
subrayar la novedad de esas adhesiones (actrices, celebrities) que
amplían el círculo más tradicional de entendidos. Es cierto que la
calidad del discurso político no sube con estas incorporaciones. Pero
quedarse con este juicio sería mezquino. Los cambios políticos se
producen siempre con la llegada de aquellos que antes no estaban. De
los dirigentes depende la calidad del ámbito que encuentren.
En un círculo característico, los intelectuales se dieron a sí mismos
las razones de su apoyo a Kirchner. Una síntesis de estas razones
puede leerse en los documentos de Carta Abierta y sus principales
cabezas, que son textos sencillos en los que se desarrollan tres
temas: el regreso de la política después de la crisis; el carácter
popular de la gestión social de la pobreza; el restablecimiento de una
noción de soberanía nacional. Esos tres puntos obviamente no incluyen
ni la corrupción institucional, ni las presiones sobre la Justicia, ni
los delitos económicos, ni el gerenciamiento clientelístico de la
miseria, ni el acuerdo con los representantes más típicos del
caudillismo provincial o municipal y el sindicalismo mafioso (los
apellidos pueden variar).
La victoria cultural se apoya precisamente en esos olvidos. No es
necesario explicar que son significativos porque le dan un orden a lo
que se recuerda. Al pasar por alto los rasgos mencionados se establece
una jerarquía de valores: lo que importa y lo que no importa.
Precisamente, restituir un lugar significativo a la política es
discutir esa jerarquía que el kirchnerismo intelectual acepta como
límite. Es un gran momento para hacer esa discusión. Están los
interlocutores y los temas; no vivimos en una crisis; y, sobre todo,
del presente no se sale hacia atrás ni por repetición. No se sale
construyendo fetiches historicistas. En algún momento próximo el duelo
por Kirchner terminará. Su nombre será el de un gobierno sobre el que
es posible hacer balances completamente distintos, criticar o
defender. Pero será un nombre que designa el pasado, salvo que la
Argentina quiera volver a un escenario poblado por fantasmas y
aparecidos. En ese momento, es posible abrir otra discusión.
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