[R-P] [Carlos Pagni] Para un pacto, el problema es Moyano

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Lun Nov 22 08:21:29 MST 2010


[Si no fuera política de "La Nación" hacerse la idiota por sus
responsabilidades en el Proceso de 1976, Pagni hubiera debido titular
de otro modo este notable artículo de análisis. Debería haber titulado
"¿Y para ésto lo pusimos a Videla, para ésto sostuvimos a Alfonsín,
para ésto nos jugamos por Carlos Menem?". Con la siguiente volanta:
"Los trabajadores siguen dificultando el saqueo de la Argentina".]

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1327122&origen=NLTitu&utm_source=newsletter&utm_medium=titulares&utm_campaign=NLTitu

Para un pacto, el problema es Moyano
Carlos Pagni, LA NACION
Lunes 22 de noviembre de 2010

¿La muerte de Néstor Kirchner ha abierto espacio a una experiencia de
diálogo y negociación, o el Gobierno seguirá apostando al conflicto
como usina insustituible de poder?

Cristina Kirchner demostró en las 48 horas que transcurrieron entre el
jueves y el viernes pasados que esa pregunta está mal formulada. La
decisión de administrar el país sin un nuevo presupuesto y el discurso
en la conferencia de la Unión Industrial Argentina demostraron que
ella hará depender el diálogo o la ruptura de la identidad del
interlocutor. Es decir, se seguirá negando a un acuerdo con las
fuerzas con representación parlamentaria y apostará todo a un pacto
con empresarios y sindicalistas.

El kirchnerismo vuelve así a dejar en claro que, más allá de algunas
licencias retóricas, su concepción de la vida pública está afincada en
el corporativismo que inauguró Juan Domingo Perón en los años '40. En
estos días aparecieron algunas condiciones que facilitan esa
concertación entre sectores. Una de ellas es la muerte de Kirchner. La
Presidenta sabe que su esposo era el principal obstáculo que
encontraban sus "Acuerdos del Bicentenario". Cada vez que esa idea
adquirió forma, el ex presidente se encargó de desbaratarla. La
suscripción de un compromiso público era insoportable para alguien
que, como le sucedía a él, no toleraba la más mínima restricción a su
voluntad.

La necesidad de poner algún freno a la inflación es otro estímulo para
relanzar ese entendimiento entre las corporaciones y el Gobierno.
Kirchner sigue conduciendo la economía desde ultratumba: la política
monetaria y la política fiscal no serán corregidas si eso supone
sacrificar el ritmo de crecimiento. Además, adulterando las
estadísticas del Indec, el kirchnerismo no hace más que acelerar la
carrera de los precios. El acuerdo entre patrones y empleados aparece,
entonces, como el único instrumento aceptable para contener la
estampida.

La Presidenta también puede sacar provecho del interés empresarial por
montar algún dispositivo que garantice el orden social durante la
campaña electoral. Su preocupación es muy precisa. Ven que Hugo Moyano
recorre la escena, desatado en sus fantasías de poder, y le temen.

He aquí el centro del problema: Moyano. Al Gobierno ya no le resulta
tan fácil sentarlo a la mesa. La última demostración de esa dificultad
fue la orden que le dio el camionero al diputado Héctor Recalde para
avanzar con el proyecto de participación de los trabajadores en las
ganancias de las compañías sin consultar con la Casa Rosada. Julio De
Vido reaccionó sugiriendo a varios dirigentes de la UIA que no
concurrieran a la comisión de Diputados donde se discutiría el texto.
"Nosotros no podemos negarnos", les explicó. En ese momento, los
empresarios detectaron que Moyano estaba fuera de control. Para dormir
la iniciativa, la Presidenta habló con el taxista Omar Viviani y, el
jueves pasado, con el propio Moyano. Al concurrir con el camionero a
la conferencia industrial, ella emitió una señal de que conseguía
disciplinar a su "rottweiler". Es verdad que el gesto requirió una
enojosa gestión previa. Una hora antes de que la señora de Kirchner
llegara a la asamblea, Héctor Méndez, el presidente de la UIA, recibió
la visita de José María Olasagasti y Roberto Baratta. Son los
colaboradores inmediatos de De Vido, que fueron a Costa Salguero en
calidad de críticos literarios y censuraron el discurso de Méndez
tachándole los pasajes más agresivos para el sindicalista: las
críticas al proyecto de Recalde. Si ése era el precio de ubicar a
Moyano en el tablero, Méndez entendió que había que pagarlo.

Las dificultades de Cristina Kirchner para aplacar al secretario
general de la CGT no hay que buscarlas en ningún déficit de su
política laboral. La razón por la cual Moyano podría negarse a pactar
precios y salarios está en el juzgado federal de Claudio Bonadio. Allí
avanza la causa por presunto fraude con subsidios para medicamentos
que tiene inquieto al camionero y, sobre todo, a su esposa, Liliana
Zulet. El martes pasado, el juez allanó la Administración de Programas
Especiales -que entrega los subsidios- y la obra social de camioneros,
que tercerizó sus servicios en una empresa que pertenece a Zulet.
Cuando Moyano regresó de París, la semana pasada, su mujer prefirió
pasar unos días más en Roma, al parecer inquieta por estos movimientos
judiciales.

Dos días después de los allanamientos, el camionero se reunió a solas
con la Presidenta. ¿De qué habrán hablado? ¿Moyano estaría más
inquieto por el discurso de Méndez o por los movimientos de Bonadio?
Una pista: él sabe que el magistrado viene repitiendo, en charlas
informales, que "es raro, pero no aparece nadie del Gobierno
interesado en esta causa".

No es difícil imaginar el dilema de Moyano: ¿cómo explicar a su esposa
que está dispuesto a colaborar con una administración que los deja, a
ella y a él, librados a su suerte en un caso tan espinoso? La imagen
de la señora de Juan José Zanola, presa en Ezeiza, no ayuda a resolver
el acertijo.

A Moyano no se le escapa que su problema penal está deviniendo un
problema político. Si termina de convertirse en el demonio de la
inestabilidad social, corre el riesgo de que alguien dentro del
Gobierno considere muy rentable que Bonadio haga su trabajo sin
interferencias. ¿Algún ministro encumbrado del gabinete apuesta a
reconciliar la imagen de la Presidenta con la clase media sobre el
pellejo de Moyano? A la sede de la CGT han llegado algunas
informaciones inquietantes en las últimas horas. ¿Qué hacía Gerardo
Martínez, amigo de Carlos Tomada y adversario interno del camionero,
acompañando a la Presidenta en Seúl? ¿Por qué el técnico aeronáutico
Ricardo Cirielli transmitió a Luis Barrionuevo la solidaridad de Julio
De Vido hacia Graciela Camaño en el incidente con Carlos Kunkel?
-"Kunkel nos arruinó la victoria que habíamos tenido sobre Carrió", se
queja, con razón, De Vido-. Esclavo del monopolio sindical de Moyano,
es comprensible que el Gobierno quiera diversificar sus contactos
laborales para controlar las próximas paritarias.

Las tribulaciones del secretario general de la CGT son el principal
obstáculo que encuentra el pacto social de Cristina Kirchner. No es,
por supuesto, el único. Los mismos números que impiden negociar el
presupuesto en el Congreso hacen que cualquier entendimiento sectorial
carezca de consistencia. El kirchnerismo está tan enredado en sus
mentiras estadísticas que esa dificultad inspiró las interpretaciones
dominantes sobre la visita de Héctor Timerman y Amado Boudou al Fondo
Monetario Internacional. Para varios expertos en las negociaciones con
ese organismo, los ministros fueron a sugerir que se realice la
revisión del Artículo IV pero evitando, por razones estéticas, que una
cuadrilla de inspectores visite el país -es más elegante hablar de
reverse mision -. Las mismas fuentes suponen que el ritual podría
incluir una lavada de cara para el Indec.

Sería un error, sin embargo, pensar que fueron estas dificultades las
que impidieron la sanción del presupuesto. Desde que el proyecto llegó
a Diputados, el kirchnerismo demostró que no le interesaba discutir
una coma. La idea de que es mejor carecer de presupuesto que
administrar un presupuesto negociado no obedece a un criterio fiscal,
sino político. Desde que su gobierno quedó en minoría en la Cámara,
Cristina Kirchner decidió que no le reconocería capacidad legislativa
a la oposición, salvo que ésta consiga reunir los dos tercios
necesarios para sobreponerse a sus vetos. Para ella sus adversarios
carecen de legitimidad porque obtuvieron sus votos gracias a un
malentendido inducido, sobre todo, por la prensa no oficialista.
Aunque la función más antigua del Parlamento haya sido controlar los
recursos y gastos del Poder Ejecutivo en nombre de los contribuyentes,
el kirchnerismo prefiere ignorar esa representación y confiar, en
cambio, en quienes expresan intereses de sector. A partir de esas
predilecciones la Presidenta pretende diseñar la estrategia electoral
del año próximo sobre este molde: de un lado, las minorías
obstruccionistas y destituyentes; del otro, ella, y a sus pies, la
"comunidad organizada". Sólo falta que Moyano lo permita.

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Néstor Gorojovsky
El texto principal de este correo puede no ser de mi autoría




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