[R-P] Hablando de miserias de intelectuales antinacionales...

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Mar Nov 9 08:52:45 MST 2010


*“De gorilas, gorilitas y... Gorilones”*
(Apostillas sobre una raza que se extingue... en apariencia)

por José Luis Muñoz Azpiri (h)
para “Movimiento”

Los relatos del almirante fenicio Hannón y del mercader y navegante
griego Piteas son exasperantemente vagos en cuanto a sus procedencias
y contenido. No se ha conservado ningún documento original, ni la
inscripción colocada por Hannón en un templo de Cartago ni el
manuscrito de Piteas. Las dos historias han llegado hasta nosotros por
conducto de las obras de historiadores antiguos y medievales, y
generaciones enteras de eruditos las han puesto en tela de juicio. Con
todo, muchas de sus observaciones suenan a auténticas, lo cual da
credibilidad a las narraciones. Se cree que Hannón navegó hacia el sur
por la costa africana nada menos que hasta Sierra Leona, incluso hasta
el golfo de Guinea. La “Última Thule” de Piteas acaso estuvo tan al
norte como Islandia. Es posible que avistara también Noruega.
Después de pasar las Columnas de Hércules, la flota fenicia fundó seis
“ciudades” a principios del siglo V a.C., en la costa de Marruecos:
/Soloesis, Karikon, Teichos, Gytte, Akra y Melitta/. En Soloesis fue
erigido un templo a Poseidón, dios del mar, y desembarcaron colonos en
cada una de las ciudades, de las que hoy no hay ni rastro. Contando
con bordear un gran desierto, la flota se detuvo a embarcar agua dulce
en el río Lixos, donde vieron lixitas nómadas. Luego entró la flota en
el Río de Oro, donde está la isla Kerne. Una vez allí, Hannón decidió
seguir rumbo al sur con dos barcos. En la desembocadura del Senegal
vieron hipopótamos y los nativos les arrojaron piedras. Luego, más
allá del Cabo Verde, vieron cocodrilos y herbazales incendiados cerca
de las bocas de los ríos Gambia y Geba. Finalmente, por el rumbo de
Sierra Leona (monte Kakulima), vieron el “Carro de los Dioses”
lanzando humo y llamas y encontraron *Gorilas* aparentemente humanos.
Si eran verdaderamente gorilas y no chimpancés, esto significa que
Hannón pudo llegar por el sur hasta el golfo de Guinea.
/“Dos días después, pasados aquellos torrente de fuego, llegamos a una
bahía llamada Cuerno del Sur/ (probablemente el estrecho de Sherbro).
/En un entrante había una isla como la anterior, con una extensión de
agua donde había otra isla. Estaba lleno de salvajes. La mayoría eran
mujeres de cuerpos velludos, a quienes nuestros intérpretes llamaban
gorilas/ (no se sabe si serían humanos o antropoides). /Aunque
perseguimos a los hombres, no logramos apresarlos, ya que todos se nos
escaparon trepando por los riscos y rechazándonos con piedras, pero
atrapamos a tres de las mujeres, que mordieron y arañaron a sus
apresadores y que no quisieron seguirnos. De suerte que las matamos y
desollamos y volvimos con sus pieles a Cartago. Como escaseaban las
provisiones, no seguimos adelante.”/
Con esta frase concisa acaba el documento de Hannón , el /Periplo/, y
el almirante, así como sus seis ciudades africanas, se esfuman en la
historia. Pasarían 2000 años hasta que los navegantes europeos
volvieran a aventurarse tan al sur por la costa africana occidental.
Cinco siglos más tarde, en un mundo otrora desconocido, donde no
existe rincón que no haya sido hollado por la huella del hombre,
asistimos con alarma a la posible extinción de esta raza. Incluso
Francisco Garrido, especialista en bioética y miembro del parlamento
español, ha presentado una moción exhortando al gobierno a “declarar
su adhesión al Proyecto Gran Simio y a tomar todas las medidas
necesarias en los foros y organizaciones internacionales para
*garantizar la protección de los grandes simios del maltrato, la
esclavitud, la tortura, la muerte y la extinción.*” (“Clarín”,
21/5/06).
La resolución no tendría fuerza de ley, pero su aprobación marcaría la
primera vez que un cuerpo legislativo nacional reconoce el status
especial de los grandes simios y la necesidad de protegerlos, no sólo
de la extinción, sino también de los abusos individuales.
En 1993, Peter Singer, Profesor de Bioética de la Universidad de
Priceton, fundó junto con Paola Cavalieri el Proyecto Gran Simio. El
objetivo es garantizar algunos derechos básicos a los grandes simios:
*vida, libertad y la prohibición que se les torture*.
Resulta sumamente interesante esta iniciativa dado que por un extraño
fenómeno migratorio, esta especie se ha trasladado al extremo
meridional de América, donde no solo sobrevive, sino que parece contar
de muy buena salud.
/“En marzo de 1955, hice por radio (en la Revista Dislocada)una
parodia de *Mogambo*, una película con Clark Gable y Ava Gadner, que
sucedía en África. En el sketch había un científico que ante cada
ruido selvático, decía atemorizado:”Deben ser los gorilas, deben ser”.
Primero vino un fallido intento de golpe y luego el golpe militar
de1955. Al ingenio popular le quedó picando la pelota: “Deben ser los
gorilas, deben ser”. Los golpistas se calzaron, gustosos, aquel
mote”/. (Aldo Cammarota, 1985, nota extraída del diario “Clarín
1/3/02).
Los chimpancés, bononos y gorilas tienen relaciones de largo plazo, no
solo entre madres e hijos, sino también entre simios no emparentados.
Cuando un ser querido muere, lloran su pérdida por mucho tiempo. Esto
explica la persistencia de la *Comisión Permanente de Reafirmación de
la Revolución Libertadora* y nichos ecológicos como el Jockey Club, el
Ateneo de la República, el Club del Progreso, el CEMA, el canal P&E y
otras reservas naturales.
Acertadamente, mi amigo Eduardo Rosa ha propuesto ante el Congreso un
proyecto de ley: /“El día de protección al Gorila”*. De manera tal de
evitar que, ante su desaparición, nos dediquemos a buscar algún
ejemplar superviviente dentro del MOVIMIENTO (que los hay).
Sin embargo, consideramos que es un temor infundado, este género
animal ha demostrado, al menos en la Argentina, una capacidad de
supervivencia similar a la de las cucarachas. Pruebas al canto:

/“Borges fue un liberal, en el más pleno sentido de este término, que
denota no sólo un cuerpo de ideas, sino también una manera de vivir y
sólo en la Argentina se ha desvirtuado de tal forma que se lo asocia
con la antítesis del liberalismo. Siempre me resultó curioso que
*Perón, el gran admirador de Mussolini que importó de la Italia
fascista sus ideas y sus prácticas, y llenó la Argentina de nazis, sea
considerado progresista, y que Borges, el inclaudicable impugnador de
los totalitarismos, aparezca como un reaccionario.*
¿Qué diría Borges en estos días de puestas de escenas estatales, de
liturgias alquiladas, de profanación de la palabra, de entronización
de la vulgaridad y la prepotencia? ¿Qué soberbias ironías nos estamos
perdiendo? ¿De qué adjetivos demoledores se están salvando los que
monologan y nos tratan de imbéciles?”./ (“Veinte años sin Borges” en
“El fantasma de la Recoleta”, junio 2006)

Y...sí, tratarlos de imbéciles inclusive sería piadoso, lo que no
tiene remedio es la estulticia y el odio. Esta página barrial que
citamos, se difunde gratuitamente por los bares y comercios de la
parroquia con más alto índice demográfico de gorilas de la capital. Ni
siquiera mercería que la citemos de no ser que estos párrafos de un
ignoto aspirante a cagatinta, resumen con claridad meridiana el
ideario del antiperonismo y rezuma, sin que el escriba tal vez se
percate, la anacrónica consigna del liberalismo decimonónico:
/“Civilización o Barbarie”./

Es probable que la publicación sea de suma utilidad para el personal
gastronómico como trapo para limpiar espejos o que mate las horas de
tedio de los encargados de edificios, aunque no los entusiasme mucho
porque ya han sido vacunados por el gremio, en el caso de que alguno
se infectare con alguna de estas sandeces; pero es interesante
recordar que en el Barrio Norte de Buenos Aires, acrópolis de América
del Sur, pocas personas leen libros o aciertan a interpretar las
entrelíneas de los periódicos. La mente del dueño del Mercedes-Benz es
similar a la de su chofer, unidas estrechamente una y otra por el
chorro de lodo humano, recogido en los callejones de las ciudades de
la potencia hegemónica, que se derrama por la pantalla del televisor.
En términos de cultura, la categoría “aristocrático” o “popular”
carece de sentido crítico. Asistimos nuevamente, en un derroche de
originalidad y oratoria al estilo de Norteamérico Ghioldi, a la teoría
del compañero Domingo Arcomano de “Perón y los nazis malos”, sin la
cual, muchas cacatúas rentadas de los medios de comunicación (Hugo
Gambini, Uki Goñi, etc.) no tendrían laburo.

Últimamente se ha puesto en boga, a través de algunos libros y
olvidables películas con pretensiones de documental, que la
segregación de la Patagonia fue un viejo proyecto nazi, con la
intención evidente de involucrar al gobierno revolucionario de 1943
con emisarios del nazis. Así dadas las cosas, no es extraño que aún en
el día de hoy ciertos autotitulados “periodistas” esperen, munidos de
prismáticos, la aparición de algún submarino alemán en las costas de
Villa Gesell.

Es que Perón y los “nipo-nazis-falanjo-peronistas” de la década del 40
no supieron distinguir entre los nazis “buenos” y los nazis “malos” y
optaron por los últimos. Apenas un puñado: Richter, Galland, Tank,
etc. Con los cuales cimentamos las bases de nuestra industria
aeronáutica y nuclear. Pero fueron suficientes para que se nos
anatematizara /per secula seculorum/ tanto interna como externamente.

Incluso aún hoy se rumorea en Bariloche que el mítico “Nahuelito”no es
otra cosa que una mutación, producto de las alteraciones genéticas de
los experimentos en la Isla Huemul en la década del 50. El ingenio
gorila se renueva, de las profecías apocalípticas de un supuesto santo
apócrifo a los “Expedientes secretos X”. A falta de rigor histórico
apelan al pensamiento mágico.

Los nazis “buenos”, en cambio, se los llevaron los rusos, ingleses y
norteamericanos. Incluso uno de ellos, nazi confeso, fue condecorado
por los Estados Unidos por haberles colocado un tipo en la Luna. Ni
hablar de los integrantes de la /Gestapo/ que actuó en Francia, a los
cuales se les otorgó una nueva identidad a cambio de colaborar en los
nuevos servicios de inteligencia de la Guerra Fría y entregar las
fichas de los comunistas que integraban el “maqui”. No obstante, el
representante de los vencedores morales de Dresde, Hiroshima y
Nagasaki, arribó a nuestras playas con el confeso propósito de impedir
el desarrollo industrial autónomo del “santuario nazi fascista”. Al
respecto basta leer la obra de un autor insospechable de simpatías
justicialistas: “El boicot norteamericano a la Argentina en la década
del 40” de Carlos Escudé.

Por otra parte, un observador imparcial de la época, el embajador
británico Sir David Kelly, no deja lugar a dudas: /Desde mi primera
entrevista con Perón llegué a la conclusión de que era brillante
improvisador, con un fuerte sentido político y gran encanto personal,
*pero sin interés alguno por la ideología nazi ni ningún otra*. Sentía
instintivamente, y estaba en lo cierto, que la masa desheredada del
pueblo argentino ansiaba inconscientemente tener un caudillo, que es
la palabra latinoamericana para el dictador personal que posee en
cierta manera una atracción mística; con un instinto seguro sobre la
mejor manera de sacar provecho de este sentimiento eligió, en 1943, el
entonces oscuro cargo de Secretario de Trabajo y Previsión. Se dedicó
perseverantemente a crear un movimiento gremial con auspicio
gubernamental y bajo su propio control y en menos de dos años
consiguió atraer a la gran mayoría del proletariado. Ya he mencionado
como perdió la oposición conservadora la oportunidad de formar un
nuevo gobierno bajo la presidencia de Farell en octubre de 1945, y
cómo un movimiento espontáneo del proletariado trajo de vuelta a
Perón, y esta vez definitivamente.
Todavía oportunista, por un tiempo siguió dispuesto a llegar a
transacciones con las esferas comerciales, *pero el odio histérico de
los ricos y la mal aconsejada campaña del embajador Braden
fortalecieron de tal manera su dominio sobre las masas que pudo
prescindir de cualquier clase de apoyo”*/. (Kelly, Sir David, “El
poder detrás del Trono”. Bs. As. Editorial Coyoacan. 1962.

Al respecto me permito agregar, si se me permite una alusión personal,
el fragmento de un artículo publicado en el diario “La Opinión” del
13/2/1972 con firma de Norberto D´Atri: “¡Braden o Perón! (La
paternidad de la idea de circunscribir en tal conciso lema toda la
programática peronista le pertenece a un periodista – forzada
profesión que recubría a un fino y talentoso escritor – Francisco José
Muñoz Azpiri, que integraba el reducido elenco intelectual que rodeaba
a Perón desde los primeros momentos”). Es decir, el tío de quien
escribe. Y hago esta aclaración, porque es éste, entre otros, el
verdadero aporte de “Paco” al Movimiento Nacional Justicialista y no
“la Razón de mi vida” como erróneamente se le atribuye, siendo esta
obra paternidad del catalán Penella de Silva (Ver “La Pasión según
Eva” de Abel Posse).

Hace algunos años, charlando con Mark Falcoff sobre el tratamiento del
Peronismo en la literatura anglosajona, éste nos comentaba que en la
primera época la interpretación standard en Estados Unidos, y no
solamente en ese país, fue que el peronismo era una suerte de
exportación del fascismo europeo a América Latina. No obstante, con el
transcurso del tiempo, Estados Unidos que no comprendió muy bien las
motivaciones de la neutralidad argentina y catalogó a todo el
peronismo como una exportación alemana, italiana y española a la
Argentina, tuvo un acercamiento gradual al justicialismo a la sombra
de las nuevas necesidades impuestas por la Guerra fría.

Un caso interesante es el de Arthur Preston W., que reconoció que el
peronismo tuvo raíces profundas en la historia política argentina,
especialmente recalcando la experiencia del primer radicalismo con
Hipólito Irigoyen, mostrando cierta continuidad entre el yrigoyenismo
y el peronismo, un dato que para nosotros no sería especialmente
notable, pero para ciertos sectores políticos norteamericanos fue como
una revelación bíblica. También fue capaz de permitirse algunas
humoradas: por ejemplo, en “Estados Unidos y la Argentina” dice que
Estados Unidos no debe consolarse ante la posibilidad de un gobierno
radical siguiendo un gobierno peronista en un futuro próximo; aunque
tuviera lugar ese cambio Estados Unidos no tiene derecho a consolarse.
Porque si bien es cierto que los peronistas son anti-norteamericanos
también lo son los radicales. La diferencia es que para los
peronistas, el anti-norteamericanismo es una táctica, mientras que
para los radicales es una cuestión de principios.

Las acusaciones de los grupos de izquierda y la prensa liberal
argentina contra los “fascistas” argentinos y el “Reich peronista” son
erróneas o equívocas. No debe confundirse el “totalitarismo europeo”
con los talibanes de la economía o los “ghurkas” de saco y corbata de
la City. Ningún fascista traicionó a su país. Canaris no era nazi,
Badoglio no lucía camisa negra.

Iniciar polémicas sobre este tema es tarea pueril e inútil. No
obstante, corresponde establecer que quien moteja de “fascista” a un
rematador de su Patria no sabe lo que dice. Y a nadie honra el cultivo
manifiesto de la ignorancia. Menos aún, a los que pregonaban antes de
la posmodernidad ser “hijos del siglo y la ilustración”.

¿Y Jorge Luis Borges? De ninguna manera participamos del criterio de
que hay una relación dialéctica entre la obra de arte y el perfil
ideológico de su autor. Si sabemos que hay grandes creadores que
cuando salen de su obra entran en la neblina. Pero creemos que es
necesario hacer algunas precisiones respecto a su trayectoria
política, que la tuvo e intensa, aunque declamaba lo contrario. Este
fue un escritor erudito, aspirante a “scholar”, cuya difusión
semicosmopolita se debe a razones extraculturales (Director de la
biblioteca de Estado más importante del hemisferio austral, “viajero”
anglosajón en su propio país, arcángel Miguel de la milicia
democrática contra el dominio oscuro de Satán-Perón, estandarte
cultural de las castas parasitarias, frecuentación de un “entourage”
de poetisas y poetastros semiinstruídos, etc., etc.). En suma, los
mitos de Pasternak y Solshenitzin, trasladados al subdesarrollo de una
colonia intelectual europea, al ventanal de una financiera con vista
al puerto.

Julio Cortázar dijo que se tuvo que ir de la Argentina porque el
tronar de los bombos peronistas no le dejaban disfrutar de los
conciertos de Bela Bartók. Borges, en cambio, no parece haber tenido
inconvenientes, en esos años, para escribir sus textos más personales
y reconocidos. En 1944 habría de publicar */Ficciones/*, cinco años
después */El Aleph/*, en 1951 la selección de cuentos que conforman
*/La muerte y la brújula/* y al año siguiente el volumen ensayístico
*/Otras inquisiciones/*. De este período don también buena parte de
sus obras en colaboración – */El Martín Fierro/* con Margarita
Guerrero, */Antiguas literaturas germánicas/* con Delia Ingenieros,
entre otras – y de las antologías y volúmenes de cuentos realizados
con Adolfo Bioy Casares. Esta intensa producción literaria, sin
embargo, le dejó tiempo para comenzar una tardía pero exitosa carrera
docente en la Asociación Argentina de Cultura Inglesa y en el Colegio
Libre de Estudios Superiores, ejercer la dirección de la revista
*/Anales de Buenos Aires/* e, incluso, para la actividad gremial (fue
presidente de la S.A.D.E. entre 1950 y 1953) Derroche de energía
realizado en la opresiva y lúgubre atmósfera de la *Segunda Sangrienta
Tiranía*. No tuvieron igual suerte los intelectuales de la década del
setenta, signada por la tutela de los que él denominó /caballeros
militares/.

La revista de Letras */Sur/* se refirió a la autocensura a la que se
sometieron los escritores liberales de nuestro país bajo el peronismo,
ya que la censura auténtica, la oficial, parece no haberse ejercido
contra ellos en dicho período. Olvidaron quienes esto afirmaron que
toda obra artística representa en alguna medida, una acusación contra
la sociedad y el estado en que ha nacido y que los grandes hombres –
tales los casos, por ejemplo, de Poe y Lugones – testimoniaban de
ordinario contra la sociedad que los había creado. ¿Aguardó acaso
Hernández el advenimiento de Irigoyen, para componer su “Martín
Fierro” y Sarmiento el de Mitre para escribir su “Facundo”?

La citada autocensura no fue sino una máscara para cubrir la
esterilidad y el conformismo.

Jorge Luis Borges, citado por muchos y leído por pocos, paradigma de
intelectual cosmopolita, de un europeísmo afectado y una erudición
esotérica, arquetipo de una Argentina que no existió ni existe (salvo
la colonial con la que se identificaba) fue desenmascarado hace mucho
por un intelectual nacional que, como tal, fue sometido a la condena
del silencio y el olvido: Juan José Hernández Arregui:

*“Hay un pensamiento nacional y un antipensamiento colonial. Un
escritor nacional tipo es Raúl Scalabrini Ortiz. Un escritor colonial
-más perfecto que una esfera musical en la mente de Pitágoras- es
Jorge Luis Borges. De un Pitágoras que nunca existió. Y en esto se
parece a Borges. Que ha caído en la farolería de hablar de Pitágoras
sin conocer la cultura griega. En rigor, Borges, pájaro nocturno de la
cultura colonizada, desde el punto de vista argentino es más
fantasmagórico que el Pitágoras de la leyenda órfica. Un Borges -ese
“cadáver vivo de sus fríos versos” que dijera Lope de Vega- hinchado
todos los días por la prensa imperialista. Y que ni siquiera merecería
ser citado aquí, sino no fuese por que es la entalladura poética de
ese colonialismo literario afeminado y sin tierra al que hacemos
referencia. Poeta del Imperio Británico, condecorado por Isabel II de
Inglaterra, ha declarado hace poco: “Si cumpliese con mi deber de
argentino debería haber matado a Perón”. El desmán sería para reírse,
si no fuese, como lo hemos expresado en otra parte “porque detrás de
estas palabras pierrotescas se mueven las miasmas oscuras del
coloniaje”. Así habla la “inteligencia pura” de este ancestro
hermafrodita de la poesía universal fuera del mundo que, como una
orquídea sin alma, llora en la mayoría de sus poemas, su “muerte
propia” a la manera de Rilke.

Sí. Todos hemos de morir. Borges también. Y con él, se irá un andrajo
del colonato mental. A diferencia de ellos, bufones literarios de la
oligarquía, mensajeros afamados del imperialismo, cuando a los grandes
hombres de América les llega la hora de la muerte, en ese mismo y
supremo instante, la eternidad de la historia, la única y luminosa
eternidad que le es dable esperar a la criatura humana en su tránsito
terreno, los amortaja en una estela de gloria con las palabras de los
verdaderos poetas nacionales: “Hay una lágrima para todos aquellos que
mueren, un duelo sobre la tumba más humilde, pero cuando los grandes
patriotas sucumben, las naciones lanzan el grito fúnebre y la victoria
llora”.* (“Nacionalismo y Liberación. Metrópolis y Colonias en la Era
del Imperialismo”. Bs. As. Ediciones Hachea. 1969).

En realidad, más que el bardo del coraje orillero, Borges fue el
cultor moroso del mito gardeliano de la “viejita”.

En 1948 un incidente banal marca a fuego su resentimiento: su madre,
Leonor Acevedo, y su hermana, Norah, son detenidas y condenadas a un
mes de prisión. Estela Canto relató así los hechos: “La calle Florida
siempre estaba abarrotada de gente durante el día y entonces la
atmósfera política era muy tensa. De repente, Doña Leonor, seguida por
sus acompañantes, prorrumpió en invectivas contra Perón y Evita,
flamante esposa del general. Después se pusieron a cantar el himno
nacional. Las damas fueron rodeadas por la multitud, y la policía,
temiendo que la cosa pasara a mayores, las arrestó y las trasladó a la
comisaría”. “A partir de ese momento -dice uno de los biógrafos del
escritor- la postura de Borges se volverá irracional y maniquea. A
partir de ese momento y para siempre, todo lo que oliera a peronismo
sería repudiable y perverso”.

No se inmutó mucho Borges cuando centenares de mujeres después del 55
fueron enviadas a “veranear” a Ushuaia. Pero claro está, esas no eran
“damas”. Ni eran “caballeros militares” los oficiales flor de ceibo
del general Valle, fusilados por el “ario” Rojas que nos había
liberado del gobierno de la negrada.

Su odio berreta tenía un origen mucho más prosaico que el generado por
la caída de un supuesto orden aristocrático. En abril de 1946 un ahora
mítico decreto transfiere a Jorge Luis Borges de su modesto puesto de
bibliotecario municipal, auxiliar de tercera según la aséptica
terminología oficial, al de Inspector Municipal de Ferias. El escritor
indignado renuncia. En realidad, según nos dijo personalmente Fermín
Chavez, se intentó evitarle un sumario dada su prolífica producción de
libelos contra el gobierno que le pagaba el sueldo.

Sobre esta transferencia, así sobre su presunto nuevo puesto
(Inspector de aves y conejos para Emir Rodríguez Monegal, de pollos,
gallinas y conejos para Alicia Jurado, de apicultura según
funcionarios de la época, de policía municipal en una de las versiones
de Borges) y sobre quién (por orden directa de Perón según algunos
amigos del escritor, por mecanismos burocráticos e impersonales como
se desprende del examen de los documentos oficiales, por una revancha
de algún oscuro burócrata como dice María Esther Vázquez) y por qué se
ordenó (por faltas disciplinarias como también constata Ribera, por
persecución política según la afirmación más difundida que es,
también, la del propio Borges), existen numerosas versiones. Una
exhaustiva investigación y una adecuada vinculación con el acontecer
político del momento se encuentran en Jorge B. Rivera “Borges, ficha
57.323” incluido en Jorge Dubatti (comp..) /Acerca de Borges/,
Editorial de Belgrano, Buenos Aires, 1999.

Este ex empleado municipal, posteriormente acumulador de prebendas de
todo orden declaró durante muchos años que los premios oficiales a la
producción literaria fueron una “especie de soborno”. ¿Qué nombre
habría que adjudicar entonces a los 25.000 pesos moneda nacional que
el famoso Apold entregara a Borges por intermedio de Armando Bo en
pago del libreto cinematográfico “Días de odio”?. Se lo podrá llamar
un soborno fracasado, pues Borges no incensó a Perón. Pero soborno
fue.

Mientras tanto, a cincuenta años, se sigue batiendo el parche del
martirio de la “intelligentzia” argentina en la oscura década del
peronismo. Un escritor argentino no es un mártir argentino, sino a
veces un infeliz. Mártir fue Lugones.

No queremos extendernos demasiado con esta “vaca sagrada” del gorilaje
de izquierda y derecha. Pero sí aclarar los tantos respecto a las
persecuciones. Un escritor tan cercano al peronismo como un musulmán a
la cerveza, Enrique Zuleta Alvarez, describe con palabras veraces el
panorama cultural anterior a la aparición del justicialismo:

/“A las razones de índole literaria que esgrimían quienes consideraban
perimido el realismo narrativo, se sumaban, pues, los motivos
ideológicos que, en ese momento, asumían el carácter de banderías
irreconciliables. Pero el panorama se agravó cuando, después del golpe
militar del 4 de junio de 1943, surgió en la política argentina el
general Juan Domingo Perón y se inauguró la era cubierta por su
movimiento político.

Desde el primer momento y en su casi totalidad la clase intelectual
argentina se alineó contra Perón, y las personalidades mas
representativas de las instituciones, de los diarios y de la
universidad integraron una de las frondas mas activas en una
militancia que, finalmente, fue derrotada. No es fácil, desde nuestro
tiempo, transmitir lo que fueron los odios despertados por la
aparición del peronismo y la dureza y permanencia de las condenas
ideológicas. El nuevo régimen, por su parte, contribuyó al sectarismo
agresivo con exigencias partidistas y persecuciones que inauguraron
una corriente de odios ideológicos, funesta en la vida argentina.

*Gálvez y su mujer, que no militaban en la política, justificaron la
aparición de las masas populares y fueron repudiados por los
“antiperonistas”, con una acusación mas que se sumaba a la condena por
su catolicismo hispanista.

La Sociedad Argentina de Escritores, con la cual Gálvez había
colaborado durante años, estaba férreamente comprometida con el
antiperonismo y en 1945 expulsó a dos escritores que también se habían
negado a esta línea: Arturo Cancela y Leopoldo Marechal*. Ante la
acusación de antidemocráticos y totalitarios que se le hacía junto a
otros escritores, Gálvez renunció a la SADE con una carta en la cual
fundaba su disidencia y en sus *Recuerdos* no trepida en afirmar, ante
el hecho que no se levantara una sola voz en su defensa: “En la SADE
existía una especie de dictadura izquierdista, y ya se sabe lo que es
la cobardía de los argentinos”/ (Enrique Zuleta Alvarez. /“España en
América. Estudios sobre la historia de las ideas en Hispanoamérica”/
Confluencia. Buenos Aires. 2000).

Como respuesta, Cancela, acompañado por el matrimonio Gálvez y un
grupo de escritores, fundaron la Asociación De Escritores Argentinos
(ADEA), proclive al peronismo, que le prestó un apoyo inicial, que
luego decayó porque el gobierno tenía otras prioridades, como mejorar
la condición de la clase obrera y no restañar las heridas infringidas
en el orgullo de algunos intelectuales, por nacionales que fueran.
(Con el tiempo advertiría el error, ya Gramsci se había percatado que
el combate cardinal era el cultural).

Continúa Zuleta Alvarez: /“Cuando otro golpe de Estado militar derrocó
en 1955 al peronismo fueron encumbrados los intelectuales
antiperonistas, que no olvidaron sus agravios contra Gálvez, ya
definitivamente alejado de toda presencia pública. Desde los diarios,
revistas y cátedras universitarias su nombre desapareció casi por
completo del canon literario argentino, y las ideas del catolicismo
hispanista que había defendido pasaron a integrar el cuerpo
doctrinario de la antidemocracia, unánimemente execrada.”/

Estos eran los valores republicanos y la “moral” que restauraban los
“libertadores”. Ni una palabra se escuchó en boca de Borges en
solidaridad por sus colegas. No por enemistad política sino por
envidia mezquina.

¿Y Lugones? Condenado a las hogueras progresistas por “reaccionario” y
a pagar el precio del suicido. ¿Y los tres Arturos (Cancela, Capdevila
y Marasso)? En el arcón de los trastos viejos, carcomidos por el polvo
del olvido. ¿Y José Gabriel? A consumirse en la extrema pobreza.
¿Marechal, César Tiempo? El olvido ¿Jauretche? El exilio, que solo
vivió Borges mientras dormía. Tal sigue siendo la condena a la que los
someten quienes aún detentan las riendas de la Cultura Oficial y se
flagelan por la ausencia de “Georgi”, el único escritor que conocen.

Nuestros “intelectuales” de segunda, naufragando entre la
epistemología de las ciencias sociales y la denuncia, creen que son el
cerebro de algo, cuando en realidad son la mierda de algo llamado
“cómo sobrevivir trabajando de felpudo y de inteligente hasta que nos
descubran”. Decía Ignacio Anzoátegui que había que crear la “Dirección
Nacional de Patadas en el Culo”. De existir, el primer expediente, por
lo fácil y expeditivo lo encabezarían todos estos cagatintas y
escribas de la letrina, que en nombre de una cultura de la cual
desconocen hasta los rudimentos encabezaron y encabezan la
anatematización de los verdaderos pensadores nacionales.


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Néstor Gorojovsky
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