[R-P] [Andrés Soliz] Estado y estatismo

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Vie Nov 5 16:41:01 MDT 2010


ESTADO Y ESTATISMO
Andrés Soliz Rada

El Estado, entendido como la asociación humana más amplia y compleja
de la historia, y el estatismo, que busca la preeminencia del Estado
inclusive en actividades que podrían ser cumplidas por la iniciativa
privada, son objeto de análisis antagónicos. Para muchos, el estatismo
ha tenido en el estalinismo y el hitlerismo dos de sus expresiones
extremas, las que, en su versión actualizada, harían realidad la
pesadilla del “hermano mayor” de Orwell, que lee nuestros pensamiento
y nos vigila las 24 horas del día. Para otros, el Estado debe ser otra
vez el gendarme pasivo en el reino de los Banqueros desregulados que,
mediante sus paraísos financieros, manejan los negocios
multimillonarios de drogas y tráfico de armas y siguen provocando
polución ambiental que, como dijo Fidel Castro, amenaza con convertir
al planeta en estepa humeante, envuelta en nubes tóxicas.

Entre ambas posiciones, cabe analizar al Estado y al estatismo en las
realidades concretas de Indo América y Bolivia. El historiador
cordobés, Roberto A. Ferrero, en análisis titulado “El Estado
Intervencionista en América Latina” (ver www.patriagrande.org.bo),
destaca, que, sin tomar en cuenta las metas socialistas de Allende,
Castro y el Sandinismo, el capitalismo de Estado ha obtenido
importantes logros en el Siglo XX. La Revolución mexicana de 1910, por
ejemplo, disminuyó la inequidad social y el expolio oligárquico y
convirtió en propietarios a grandes masas de campesinos, en tanto que
Lázaro Cárdenas (1938-1942), logró que los ferrocarriles, la
electricidad y el petróleo sirvan al país y no a intereses foráneos.
En el Uruguay, José Batlle y Ordóñez (1903-1907 y 1911-1915),
consiguió que el Estado desarrollara la educación y la legislación
laboral y fomentara la construcción de ferrocarriles y la producción
naval, previa estatización del Puerto de Montevideo.

En Brasil, Getulio Vargas, a partir de 1930, hizo realidad la unidad
del Brasil, fracturada hasta entonces en pequeñas soberanías locales.
Puso los cimientos de Petrobrás, la siderurgia, la industria minera y
las hidroeléctricas, así como de las industrias del café, azúcar,
alcohol, sal, hierba mate, pino y cacao. Varias de estas tareas fueron
acompañadas por la dinámica burguesía paulista. En Chile, Arturo
Alessandri (1920-1925) y Carlos Ibáñez del Campo (1927-1931 y
1952-1958) fortalecieron al Poder Ejecutivo y frenaron al Parlamento,
que era “una maquina de obstaculizar proyectos”. Así se pusieron las
bases del Chile moderno. En Venezuela, Rómulo Betancourt (1945-1948),
creó la flota mercante Gran Colombiana (Colombia, Venezuela y
Ecuador), en perjuicio de la Grace Line, que monopolizaba el comercio
marítimo tri nacional, además de impulsar la industria liviana y la
explotación de oro y diamantes.

Es obvio que en países como Bolivia no es suficiente decretar
nacionalizaciones o crear entes estatales. En este momento, existen
una veintena de ellos, entre las que se hallan LACTEOSBOL, CARTONBOL,
AZUCARBOL y PAPELBOL. El punto de partida reside en diferenciar a
empresas estratégicas de las que no lo son. Estas últimas, suelen
convertirse con mayor facilidad en botín político, en el que campea la
improvisación, la ineficiencia, el burocratismo, las subvenciones y la
corrupción. Por otra parte, el control social es más difícil en
decenas de pequeños entes estatales dispersos, lo que no ocurre con
las estratégicas, en las que es posible concentrar la vigilancia de la
opinión pública y la fiscalización de los medios de comunicación
social. Lo cierto es que sin conciencia nacional, nadie cuida nada,
cuando todo es de todos.

La decisión de optar por empresas estatales, mixtas, cooperativas,
privadas o comunitarias está sujeta a un proyecto nacional, elaborado
con el concurso de regiones y culturas, es decir por el conjunto de la
ciudadanía. Un Estado inerme frente a transnacionales petroleras y las
oligarquías de Santiago y Brasilia, el que además ha quedado
debilitado por planteamientos ultra regionalistas e indigenistas, como
ocurre actualmente, no es el mejor escenario para contar con
corporaciones estratégicas transparentes y eficientes ni con proyectos
que aglutinen a todos los bolivianos.

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Néstor Gorojovsky
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