[R-P] [Pablo Marchetti] Nosotros

Nestor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Mie Nov 3 08:18:50 MDT 2010


[Gentileza de Rubén Furman, quien explica: "el tipo que escribe esto es 
fundador de "Barcelona" y dice todo lo que uno quisiera decir del 
fenómeno Néstor. Abrazo y a disfrutarla." Solo quiero agregar que la 
igualación del "peronismo" con los "malos modales" corre por cuenta, 
obviamente, de Pablo Marchetti y tiene muy poco que ver con lo que es el 
pueblo profundo argentino, la masa de peronistas de a pie. Mucho tiene 
que ver, en cambio, con ciertos estereotipos de clase media que 
evidentemente tardan en morir.

Pero el texto contiene, en efecto, grandes intuiciones y hallazgos. 
Marchetti, quizás sin saberlo, define el frente nacional cuando dice que 
"somos bien distintos y de repente nos damos cuenta de que también 
podemos ser bien iguales. O que, bueno, esto es lo que nos une." Y ¿qué 
es lo que nos une? El enemigo común, o sea la claridad de que no se 
puede volver a los tiempos en que ese enemigo nos gobernaba: lo que nos 
une es un combate por el futuro en común.]


Fuente: http://lavaca.org/notas/nosotros/

*Nosotros*
*por Pablo Marchetti*
/Para Claudia Acuña, con amor peronista/

En el final de la cola, unos ocho metros antes del féretro, en uno de 
los corredores de la Casa Rosada, una piba llora. Sí, una piba: 16, 17 
años, como mucho. Divina, cándida, angelical. Una chica que bien podría 
uno imaginarse llorando así con una novela del Cris Morena Group o con 
la llegada de los Jonas Brothers, aunque un poco más hippona. Si Néstor 
Kirchner hubiera sabido que lo iba a llorar una piba así capaz que no se 
moría.
Ok, lo que acabo de decir es una reflexión machista, pelotuda, lo que 
quieran. Olvídense. Pero a ver si queda claro: la plaza de Mayo y sus 
alrededores se llenó de pendejas y pendejos divinos, pibes muy 
chiquitos, adolescentes y jóvenes conmovidos por la muerte de Kirchner. 
Pibes que transformaron en hit el canto "andate Cobos, la puta que te 
parió", o su versión extendida: "Andate Cobos y llevate a la Carrió". O 
sea, pibes y pibas que hicieron su lectura política del asunto. Pibes y 
pibas militantes.

*Todos putos*
Un pibe escribe con aerosol, en el piso, sobre la avenida de Mayo, casi 
Bernardo de Yrigoyen, Néstor VIVE, y sobre cada una de las V de la 
palabra VIVE escribe una K, reemplazando la P peronista del PERÓN 
VUELVE. Me río: se lee KK. O sea, caca. Evalúo por un momento la 
posibilidad de compartir mi hallazgo con el pibe que escribe con 
aerosol. Y lo imagino contestándome: /"De caca te voy a llenar la 
cabeza, puto"/. Pero no, descartado. El pibe no diría eso. Parece más un 
pibe que pudo estar tomando un colegio anteayer. Más rockero que 
cumbiero. Clase media porteña, laburante. El pibe de la fotocopiadora, 
ponele. Hasta es probable que ni sea peronista. Nada de /"eh, puto"/. Y 
menos ahora que a su lado pasa una columna (bueno, un grupito con 
pancarta), unas treinta personas que llevan orgullosas el cartel que 
dice "Putos peronistas".
Sí, los putos y las travas también. En la fila, a ocho cuadras de Plaza 
de Mayo, está Marlene Wayar, la hermosa Marlene, altísima, flaca, ojos 
enormes, sonrisa transparente, la voz más lúcida de la diversidad 
sexual, el pensamiento más sexy del país, una travesti que no cree en el 
matrimonio pero cree en la igualdad. Quién lo hubiera dicho, Marlene en 
la fila para ver a Néstor. ¿O debo decir "en la cola"? Sí, Marlene en la 
cola de Néstor, que esta noche es también promiscua y libertina. Que 
esta noche es todos con todos, todas con todas, todos con todas, todas 
con todos, todo con todo. Esta noche, la del pastiche que supimos 
conseguir. Unámonos. Abracémonos. Te amo, Marlene. Qué bueno que estés acá.

*Noche de abrazos*
Esta es una noche de abrazos. Me abrazo con Marlene, me abrazo con 
Claudia Acuña (bueno, con Claudia siempre nos abrazamos), me abrazo con 
Mariana Collante, me abrazo con Eduardo Anguita (sí, aquí estoy, 
Eduardo, ¿dónde iba a estar?), me abrazo con Dani Tavarone (Dani, qué 
linda sorpresa, tanto tiempo), me abrazo con Maxi Vecco (responsable de 
los videos de /¡Mueva la patria!/), me abrazo con mi compadre falopero 
Felcho Marquestó (nos encontramos de casualidad; él fue a la plaza con 
Ramón, su hijo de 8 años), me abrazo con el gran Poroto D’Addario, 
exquisita pluma chabona de Página 12, que está haciendo la cola a la 
altura de Bernardo de Yrigoyen entre Avenida de Mayo y Rivadavia, me 
abrazo con Juampi Pichetto, a quien hace años que no veo, y en qué 
andás, y me cuenta que está haciendo Clase Turista, y me alegro, qué 
buen programa, y nos fumamos esa tuca que queda, qué bueno vernos, 
pensamos, y claro, cómo no íbamos a estar acá.
Aquí estamos. Con esa bola de nervios, esa bola de cagazo y esa bola de 
emoción al vernos, al constatar eso, que aquí estamos. Somos bien 
distintos y de repente nos damos cuenta de que también podemos ser bien 
iguales. O que, bueno, esto es lo que nos une. Que no debería haber 
rencores a partir de esto. Que sí, después da para discutir, para 
cagarnos a puteadas, a bardearnos, a mandarnos  a la concha de nuestras 
madres o a la puta que nos parió, que si ya llegaron los putos es 
probable que en cualquier momento también lleguen las putas peronistas, 
y tampoco tengamos miedo a volvernos un poco trogloditas (o a seguir 
siendo peronistas, como prefieran), ahora que todos estamos aprendiendo 
a ser más correctos. Pero siempre teniendo en cuenta esta noche. A 
bardear, a discutir, pero sabiendo cual es nuestro lugar en el mundo, 
dónde vamos a marchar cuando las cosas se pongan pesadas. Pensemos en 
Néstor.

*Pensemos *
Eso, pensemos en Néstor. No por obligación, sino porque eso es lo que 
nos sale: pensar, reflexionar, intentar hacer política. Porque después 
del abrazo, del reconocernos, de la certeza a mitad de camino entre el 
/"qué bueno que estás acá"/ y el /"claro, cómo no ibas a estar acá"/, 
llega la discusión, la reflexión. Si hay algo para lo que sirvió esta 
noche es para constatar un par de cosas que, hasta hoy, no eran más que 
cuestiones que se afirmaban sobre la intuición. Ahora nos damos cuenta 
que era verdad, que la política había vuelto, que la militancia había 
vuelto. Y esta, la noche del Chau Néstor es la noche de la política y la 
noche de la militancia.
La vuelta de la política. La vuelta de la militancia. La vuelta de los 
pendejos a la militancia. Pensemos en Néstor. No, no fue Néstor quien 
construyó todo esto. Si Néstor fue apenas un gobernador peronista de los 
90. Un gobernador de una provincia petrolera que estuvo en la primera 
línea de combate de la privatización de YPF. Un aliado de Menem y 
Cavallo. Un tipo al que, antes de llegar a ser presidente, jamás le 
importó lo que decían los movimientos de derechos humanos, que jamás se 
preocupó por los crímenes de la dictadura y que, encima, era el 
candidato de Duhalde.
Sin embargo, Néstor no sólo no defraudó, sino que sorprendió. Uno no 
esperaba casi nada y el tipo se mandó con varias cosas inéditas y 
esperanzadoras. Y siguió, aunque todas podrían resumirse en una: no 
tengo claro si Kirchner era mi amigo, pero estoy seguro de que irritaba 
a mis enemigos. No sé si a todos (las críticas que tuve, tengo y tendré 
tienen que ver con eso, con aliados impresentables), pero sí a muchos. 
Demasiados para los que nos tenía preparada la historia argentina. Y 
estas cosas sólo se pueden medir en perspectiva histórica.

*Juan Domingo K*
Más allá de las críticas que puedo tener, creo que Néstor Kirchner (él y 
Cristina) fue el mejor presidente de la Argentina en los últimos 50 
años. O, más precisamente, el mejor desde Perón, desde el primer 
peronismo, el de los 50. O, para decirlo en términos más constatables, 
fue el que más se enfrentó a mis enemigos y a los enemigos de toda la 
gente que vino esta noche. Por eso hay tanta gente que dice /"yo no lo 
voté, pero aquí estoy"/, /"yo no soy peronista, pero aquí estoy"/ o /"yo 
soy de izquierda, pero aquí estoy"/, como me dijo el pibe que subía al 
lado mío por las escaleras mecánicas del subte E, cuando llegué a la 
plaza el jueves a la tarde.
Sí, el mejor desde Perón. Juan Domingo Perón, para más datos. Un milico 
con simpatías por el Eje durante la Segunda Guerra Mundial, que 
participó en los primeros golpes de Estado de la Argentina, como oficial 
del Ejército. Un tipo del que no había mucho que esperar, o más bien de 
quien se podía esperar lo peor. Sin embargo…
Como Perón, Kirchner hizo mucho más que lo que se esperaba de él. Pero 
hay algo más que identifica a ambos líderes, a ambos presidentes. Está 
claro que el peronismo es algo mucho más trascendente, mucho más 
complejo y mucho más rico que la figura de Juan Perón. Pues bien, si el 
kirchnerismo es esta plaza, si son esos pibes (y también esos señores, 
esas señoras, esos laburantes, esos viejitos, esos putos, esos fumones, 
esos oficinistas, esos fans de 678, esos flacos que se están tomando una 
birra, toda esa gente que hace seis, ocho, diez horas que está haciendo 
la cola para pasar 30 segundos a cinco metros del ataúd cerrado donde 
está el ex presidente), está claro que ese movimiento político y social 
trasciende con creces a Néstor Kirchner.
No, Néstor no construyó todo esto, pero Néstor fue quien lo leyó. El 
emergente y, al mismo tiempo, quien abrió el juego. Olvidémonos de la 
lista de virtudes (Corte Suprema, estatizaciones, juicios a los 
represores de la dictadura, asignación universal, integración 
continental) y defectos (pejotismo, mineras, petroleras). En otro 
momento podemos discutir todo eso. Ahora es el momento de centrarse en 
el principal logro de este Gobierno: la militancia.

*A lo chori*
/"Chipa, chipa"/, grita la paraguaya, sentada en un banquito, con su 
puestito improvisado donde vende el modesto manjar guaraní. Chipa y no 
chipá, que quede claro. Acaba de llegar, son las once de la noche. /"A 
la rica chipa"/. A su lado, una mujer vende pósters con la foto de 
Néstor y Cris, y papeles y fibrones. ¿Para qué? Lo aclara en el papel 
que tiene escrito: /"Néstor, siempre con vos"/, dice el papel, escrito 
con fibrón. Que cada uno escriba lo que quiera, pero que todo el mundo 
sepa que puede escribir cosas como esa, como una forma de hacer catarsis 
o de romper el cerco mediático de Clarín.
Más allá, un tipo comienza a prender la parrilla. /"El chori y el paty 
salen como piña"/, me dice un parrillero que está prendiendo otro fuego 
porque ya agotó stock y va por el ballotage. Se venden también banderas, 
cintas negras, escarapelas. Y para beber, gaseosas, cerveza, café. Me 
cuenta Mariano Lucano (estoy caminando por avenida de Mayo con él y con 
Flavia, su novia) que en el entierro de Alfonsín (no, no fui) no había 
choris ni nada de eso. Pero que, a cambio, el McDonalds de enfrente del 
Congreso estuvo abierto toda la noche.
Acá los negocios están cerrados. Los bares bajaron sus persianas después 
de la medianoche y sólo quedan algunos, poquísimos, maxikioscos. Por eso 
a la una de la mañana se siguen prendiendo parrillas. Puede parecer 
liturgia peronista, pero acá los compañeros tienen hambre. Y el chori se 
cobra, eh. No se regala, eh. Que acá no hay micros, no hay aparato, 
loco, eh. Nadie vino por el chori y la Coca. Ni siquiera vino por 
Néstor. Acá la gente, la mayoría de la gente, vino a hacer el aguante y 
a no sentirse tan sola. Vino a tratar de dejar claro que esta vez no, no 
nos van a volver a cagar.

*Qué grande sos*
Sí, claro, los pendejos. Sí, claro, la clase media progre. Sí, claro, 
los zurdos, los intelectuales, los universitarios, los profesionales. 
Por supuesto, todos ellos están. Pero también está el peronismo. También 
está la gente que se tuvo que tomar tres bondis para ver el cajón. Está 
Zulema, que vino de San Justo. Está la gente del Docke y otros que 
vinieron desde las provincias. También están (en primera línea) los 
militantes peronistas de veintipico, de treintaipico, esos productos tan 
típicamente Néstor que volvieron a sentir orgullo de ser peronistas. Que 
cantan la Marcha y se emocionan y hacen emocionar a quienes alguna vez 
nos emocionamos cantando la Marcha.
Otros hits: /"Olé, olé, olé/ Nestoooor… Nestoooor"/, con acento en la 
"o" alargada final. Pero sobre todo uno, bien peronista, que advierte: 
/"Che gorila, che gorila/ no te lo repito más/ si la tocan a Cristina/ 
qué quilombo se va armar"/. Ese y el de Cobos son los más escuchados. 
Los pibes proponen, advierten. Nadie dice boludeces, ni nadie evoca 
fantasmas. Hay un mensaje concreto: no jodan. Y viendo toda esa gente, 
sintiendo la emoción y la onda que hay en el aire, por un momento da 
para el entusiasmo, da para pensar que quien sabe, tal vez…

*Oficialitis*
Néstor irritó a nuestros enemigos y más allá de las diferencias, más 
allá de las medidas y aliados impresentables, más allá de la minería y 
el pejotismo, el espanto que generaban esos enemigos siempre pudo más. Y 
cada vez que alguno de estos enemigos mostraba los dientes y las uñas 
daba ganas de volverse más K que Orlando Barone. Sí, lo confieso: muchas 
veces, escuchando a Biolcatti, leyendo a Morales Solá o a Mariano 
Grondona o viendo algunos títulos de Clarín me dieron ganas de pasar por 
la galería Bond Street, tatuarme la cara de Néstor y Cris en la espalda 
y después salir, ir al estudio de Canal 7 donde se graba 678 y decir: 
/"Mirá, Barone, a que vos no tenés un tatuaje así, soy más oficialista 
que vos"/.
Desde el miércoles, cuando Néstor la quedó en Calafate, las bestias 
comenzaron a mostrar los colmillos. Son los mismos simios gigantes que 
quisieron dictarnos lecciones republicanas impresentables luego del 
velorio de Alfonsín, sin olvidar que ellos habían odiado a Alfonsín. 
Pero claro, Alfonsín se quedó ahí. Lo intentó tibiamente, arregló, no 
supo. Sí, por supuesto, vivió modestamente, no como estos millonarios 
santacruceños. Pero políticamente terminó devorado por sus enemigos, sin 
siquiera haber atinado a pelear como es debido. Se confió, actuó como 
una persona y, como tal, creyó en la humanidad de las bestias que lo 
rodeaban.
No, Néstor no era de esa estirpe. Néstor peleaba. Por eso, como bien 
dice Beatriz Sarlo, prefirió no convertirse en patriarca y morir 
luchando. Por eso, en su despedida, no hubo ningún Biolcatti, ningún 
Cobos, ningún Morales Solá, ningún Duhalde. Sí, claro, nadie se alimenta 
de vidrio: sí hubo un Scioli o un Gioja. Pero otra vez: se podrá 
criticar a los amigos, pero nunca se dudará de la calaña de los 
enemigos. Porque lo mejor de Néstor era cuando no dialogaba con quienes 
reclamaban diálogo pero en realidad querían exigir, y cuando se peleaba 
con quienes merecían que los cagaran bien a trompadas.
No se trata aquí de comparar entierros. Pero no sólo es necesario dejar 
en claro que a Néstor lo despidió por lo menos el doble de la gente que 
le dio el último adiós a don Raúl. También sería bueno recordar que 
entonces hubo algunos imbéciles que destacaron lo masivo del entierro de 
Alfonsín (que lo fue) y presagiaban una muerte en soledad para Néstor. 
Que la chupen, que la sigan chupando. Vos, gorila republicano, la tenés 
adentro. ¡Vamos todos! /"Tomala vos/ dámela a mí/ el que no salta/ es de 
Clarín"/.

*9 años no es nada*
Camino con Mariano Lucano y de repente tengo un /déjà vu/. ¡Esto parece 
el 2001! Cuando también caminé con Mariano, por estas calles, dos años 
antes de Barcelona. Bueno, no, nada que ver: todo está tranquilo, no hay 
represión, ni siquiera un poquitín de clima tenso o jodido, ni siquiera 
una pizca de paranoia. Hay miedo, sí, pero es un miedo por el devenir 
político, no por el presente, no por la caminata por estas calles. Y hay 
que decirlo aunque suene pelotudo o inocente: hay esperanza. Por lo 
demás, estamos como entonces. Nueve años no son nada. Somos los mismos 
que entonces. Y algunos otros, más pendejos, que podrían haber estado ahí.
Mariano me cuenta que ayer se cruzó con Diego Parés (el dibujante que 
mejor retrató el 20 de diciembre de 2001) y con el Niño Rodríguez. Me 
imagino que deben estar (como Mariano, como yo) descosiéndose el cerebro 
pensando en qué carajo van a decir, qué corno es lo que van a dibujar de 
todo esto. A mí se me enquilomba todo. No puedo parar de pensar, como 
todos los que estamos aquí. Como no podemos (sí, lo bueno de esto es lo 
fácil que es pasar del "yo" al "nosotros") dejar de sorprendernos y 
emocionarnos, como todos los que estamos aquí.

*Gracias totales*
Aquí abunda el análisis político al paso. Lo admito, no puedo parar de 
hablar con todo el mundo. Charlo, discuto (ya lo dije, ¿no?). Por 
supuesto, se habla de quién ocupará el lugar de Néstor. Quién se bancará 
al PJ, quién evitará el aluvión Scioli, cómo hacer para no cagarla en 
este momento político que, bien manejado, puede ser bastante favorable 
para una salida digna. O sea, para evitar que el Mal Mayor se haga cargo 
del asunto. Y para neutralizarlos por un buen rato. El precio a pagar 
puede significar el convencimiento casi religioso de que aquello que 
considerábamos el Mal Menor se transforme de repente en un Bien 
Aceptable. O al menos que mude su domicilio a los suburbios del Bien, a 
pocas cuadras del Riachuelo o la General Paz del ideal ideológico.
Más allá de la especulación macro política, el verdadero desafío es ver 
cómo articular todo esta voluntad colectiva, este montón de ganas, de 
abrazos y de emoción al margen de toda especulación electoral. Por 
supuesto, lo electoral existe y es relevante. Pero nadie piensa en 
Máximo o en Alicia por aquí. Ya se verá si el hijo presidencial puede 
realmente ser una opción y si eso realmente puede ser bueno. Por el 
momento, parece tener menos carisma que Fabián Matus, pero estos 
momentos suelen hacer milagros. Si no, mírenlo a Ricardito Alfonsín.
Lo que realmente importa ahora es cómo salir de esta plaza. Y lo más 
importante, cómo hacer para volver a encontrarnos todos aquí, con esta 
misma emoción, con esta misma fuerza. Cómo tener la certeza de que, si 
nos joden, aquí vamos a estar. Aguantando los trapos. No los de Néstor 
ni los de Cristina. Los nuestros, los de los montones de personas que no 
queremos que nos rompan las pelotas. Los de todos aquellos que estuvimos 
horas y horas esperando para ver durante 30 segundos un ataúd cerrado, 
porque sabíamos que allí adentro había un tipo especial.
Un tipo que no fue ni un héroe revolucionario, ni un gran ideólogo, ni 
siquiera alguien muy parecido a nosotros. Sin embargo, ese tipo fue 
quien hizo el milagro de juntarnos, de hacernos tomar conciencia de que 
somos un montón y de darnos cuenta de que hay ciertas cosas que no vamos 
a permitir. Bueno, no exageremos, que somos frágiles. Pero al menos 
ahora sí tenemos claro que hay cosas con las que no se jode. Por eso, 
aunque sólo sea por eso, gracias Néstor.





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