[R-P] Discurso de Cristina en el Colegio Militar

Juan María Escobar escobar45 en infovia.com.ar
Sab Mayo 29 20:15:46 MDT 2010


Discurso de la Presidenta con motivo del Bicentenario del Ejército Argentino
sábado, 29 de mayo de 2010
PALABRAS DE LA PRESIDENTA DE LA NACIÓN, CRISTINA FERNÁNDEZ, EN EL ACTO DE 
COMMEMORACIÓN DEL BICENTENARIO DEL EJÉRCITO ARGENTINO


Muy buenos días a todos y a todas.
Señor general Jefe del Ejército; señores oficiales; hombres y mujeres que 
conforman nuestro Ejército Argentino y también saludo a los miembros de las 
otras Fuerzas Armadas presentes y representadas por sus jefes, en el día de 
la fecha.
Es cierto que, tal cual lo señalaba el señor Jefe del Ejército, como 
Presidenta de la Nación soy Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y que 
es esto un altísimo honor, ser Presidente y Comandante en Jefe de las 
Fuerzas Armadas Argentinas, como también es un honor para él, ser Jefe del 
Ejército Bicentenario.
Pero yo quiero permitirme, en estos doscientos años de los argentinos y del 
Ejército Argentino, desprenderme un poco de esa condición, si es posible, 
del honor de ser Presidenta para hablarle hoy a todos ustedes desde un lugar 
que nos es común a todos y que tal vez sea superior a los honores, que es el 
orgullo de ser ciudadanos argentinos, con uniforme o sin uniforme, pero con 
el orgullo y la pertenencia de ser argentinos.
En estos días del Bicentenario, hemos vivido jornadas históricas y 
memorables y no puedo menos que compartir las palabras del general Pozzi, de 
lo que fueron estos doscientos años, de gloriosas victorias y también de 
amargas derrotas.
El otro día, el 25 de mayo, en ese desfile de los argentinos, de la historia 
de los argentinos, uno puede identificar claramente cuáles fueron esas 
gloriosas victorias; lo puede interpretar y codificar a partir de la propia 
actitud de la gente, cuando en el pase que significó conmemorar el cruce de 
los Andes, una de las más grandes glorias y victorias que podemos tener los 
argentinos, se cantó la Marcha de San Lorenzo como nunca en mi vida la había 
oído cantar; casi que se gritó.
La misma alegría, la misma gloriosa victoria, también se vivió en el paso 
del Éxodo Jujeño que rememoraba la gesta de ese grande que fue el general 
Belgrano y que, consolidando el frente Norte en la guerra cuando el imperio 
colonial permitió la victoria y el Cruce de los Andes, sin él y sus batallas 
de Salta y Tucumán, junto también a las batallas de los infernales de 
Güemes, tal vez hubiera sido imposible.
También vivimos esas victorias gloriosas cuando en un suceso muchas veces 
escondido de nuestra historia como fue la Vuelta de Obligado, el entonces 
brigadier Juan Manuel de Rosas, le impuso una derrota a los imperios más 
importantes de la época atravesando con cadenas el río y reafirmando la 
soberanía nacional sobre nuestros ríos, héroe que también muchas veces está 
escondido en la historiografía oficial pero, que sin duda, ha contribuido a 
celebrar las grandes victorias de los argentinos.
Luego vinieron las sombras o las amargas derrotas. No quiero hacer hincapié 
sobre ellas, porque todos las conocemos y las sufrimos, pero tal vez, 
podamos encontrar un hilo conductor entre las unas y las otras que puedan 
explicar a ambas. Y se me ocurre que, tal cual lo señalaba el General en su 
discurso, el hilo conductor de amargas o de gloriosas victorias, fue cuando 
sus Fuerzas Armadas, en este caso el Ejército, se constituyeron en el brazo 
armado de la Nación.
Cuando San Martín cruzó los Andes, no los cruzó con los dirigentes 
políticos, inclusive muchos de ellos se oponían desde Buenos Aires, los 
cruzó con el pueblo; cuando Belgrano mandó quemar Jujuy, lo hizo su pueblo; 
cuando Güemes con sus soldados, mal vestidos y casi con harapos, custodiaba 
la frontera del Norte, eran el brazo armado de la Nación junto al pueblo. 
Pudimos construir nuestras victorias más importantes cuando la Nación fue 
eso, por sobre todas las cosas pueblo, dirigida también por quienes tenían 
el honor de ser su brazo armado. Y cada vez que ese brazo armado confundió 
su rol y se separó de su pueblo, hubo amargas derrotas.
Yo creo que este es el aprendizaje que tenemos que hacer todos en estos 200 
años de historia. Tal vez, en el desfile algunos no hayan percibido en el 
último, en lo que significaba el presente y el futuro, donde muchos vieron 
solamente a nuestros chicos de guardapolvos con sus computadoras, que había 
también allí un inmenso radar que se está construyendo, junto con nuestras 
Fuerzas Armadas, en el INVAP, radares para aviación civil y militar, que nos 
van a constituir en uno de los pocos países que va a construir sus propios 
radares.
Allí estaba el símbolo, entre otras funciones, de lo que este Ejército del 
Bicentenario y estas Fuerzas Armadas del Bicentenario, deben cumplir en 
estos próximos 100 años: el respeto irrestricto a la Constitución, el rol 
importante que deben tener en el desarrollo de la industria nacional. Porque 
cuando también desfiló esa carroza que simbolizaba el desarrollo de la 
industria nacional, no debemos olvidar que en ese momento de la historia 
también nuestras Fuerzas Armadas tenían un protagonismo absoluto en el 
desarrollo de esa industria nacional. Esta es la gran interpretación que 
tenemos que hacer de estos 200 años.
Por eso, no organizamos un parque de diversiones ni una kermés, organizamos 
una conmemoración de nuestra historia, como decía el general Pozzi, con 
nuestros claros y con nuestros oscuros, con nuestras victorias y con 
nuestras derrotas. La historia siempre enseña que la virtud de cada uno de 
nosotros como ciudadanos está en entender y en aprender.
Y créanme que estoy absolutamente convencida -absolutamente convencida- de 
que toda la sociedad, de que todos los argentinos, los de uniforme y los que 
no llevamos uniforme, hemos aprendido y hemos entendido.
Por eso, señores integrantes del Ejército Argentino, en su cumpleaños número 
200, ¡Viva la Patria! 





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