[R-P] [I.Wallerstein] Europa por el caño.
Gustavo Battistoni
gustavo.battistoni en gmail.com
Mar Mayo 18 22:23:27 MDT 2010
EL MUNDO › OPINION
Europa por el caño
Por Immanuel Wallerstein *
Europa ha tenido sus opositores desde que comenzó su largo camino
hacia la unificación. Hubo muchos que creyeron que era imposible. Hubo
muchos otros que pensaron que no era algo deseable. Sin embargo, debe
uno decir que, en el largo y sinuoso sendero que tomó desde 1945, el
proyecto de la unificación europea lo ha hecho asombrosamente bien.
Después de todo Europa ha estado desgarrada por los conflictos
nacionalistas por lo menos 500 años, conflictos que culminaron con la
Segunda Guerra Mundial, que fue particularmente repugnante. Y la
venganza parecía ser la emoción dominante. Para 2010, lo que hoy se
conoce como Unión Europea (UE) aloja una divisa común, el euro, que se
utiliza en 16 países. Cuenta con una zona de 25 miembros, llamada
Schengen, la cual permite un cierto movimiento libre, sin visas.
Mantiene una burocracia central, una corte de derechos humanos y va en
la pista de tener un presidente y un ministro de Relaciones
Exteriores.
Uno no debe exagerar la fuerza de todas estas estructuras, pero
tampoco se puede subestimar el grado en que todo esto representa, para
bien o para mal, remontar la resistencia nacionalista por toda Europa,
especialmente en los estados más fuertes. Y no obstante, también es el
caso de que ahora Europa parece hacer implosión, en algunas maneras
importantes. Las palabras clave de esta implosión son Grecia y
Bélgica.
Grecia, como todo el mundo sabe, atraviesa una severa crisis de deuda
soberana. Moody’s ha declarado que los bonos estatales griegos son
inservibles. El primer ministro Giorgos Papandreu ha dicho, muy
renuente, que probablemente tendría que recurrir al Fondo Monetario
Internacional (FMI) para conseguir un préstamo, un préstamo que
implicaría las condiciones usuales del FMI, que requiere formas
específicas de reestructuración neoliberal. La idea es muy impopular
en Grecia –un golpe a la soberanía griega, al orgullo griego, y en
especial a los bolsillos griegos–. También fue recibida con
consternación en unos cuantos estados europeos, que sienten que la
ayuda financiera a Grecia debería venir primero que nada de otros
miembros de la UE.
La explicación de este escenario es bastante simple. Grecia tiene un
gran déficit presupuestario. Dado que Grecia es parte de la zona del
euro, no puede devaluar su divisa para aliviar el problema. Así que
requiere asistencia financiera. Grecia pidió ayuda europea. El país
más grande y rico de Europa, Alemania, ha estado muy renuente, por
decir lo menos, a proporcionar tal ayuda. El pueblo alemán se opone
con fuerza a ayudarle a Grecia, y esto se debe básicamente a un
reflejo proteccionista en un tiempo de estrés en Europa. Los alemanes
temen también que Grecia sea la primera en una fila que incluye a
otros países (Portugal, España, Irlanda, Italia) que harán demandas
semejantes si Grecia obtiene dicha ayuda.
El público alemán parece desear que todo se desvanezca, o que por lo
menos Grecia sea de algún modo expulsada de la zona del euro. Aparte
del hecho de que esto es legalmente imposible, el país que más
sufriría por el resultado, además de Grecia, seguramente sería
Alemania, cuya salud económica se basa en gran medida en contar con un
fuerte mercado de exportación dentro de la zona del euro.
En medio de todo esto, la perenne crisis belga ha asomado la cabeza de
modo particularmente agudo. Bélgica siempre fue un compuesto de
flamencos hablantes del flemish, lengua que también hablan los
holandeses, y de los valones hablantes de francés, localizados en gran
medida pero de modo imperfecto en dos sectores geográficos diferentes
(norte y sur de Bélgica). También hubo una zona pequeña hablante del
alemán.
Hasta 1945, los valones fueron los más educados y más ricos y
controlaban las instituciones importantes del país. El nacionalismo
flamenco nació como una voz de los descastados que luchaban por sus
derechos políticos, económicos y lingüísticos.
Después de 1945, la economía belga sufrió un cambio estructural. Las
áreas valonas perdieron fuerza y las áreas flamencas se hicieron más
fuertes. En consecuencia, la política belga se tornó una lucha
interminable de los flamencos por obtener más derechos políticos
–devolución de poderes–, con el objetivo, para muchos, de disolver
Bélgica en dos países.
Palmo a palmo, los flamencos obtuvieron más y más. Hoy, Bélgica como
país tiene una monarquía común, un ministro de Relaciones Exteriores
común, y casi nada más.
La crisis belga implica una cuestión fundamental. Si Europa estuviera
preparada, ahora mismo, para moverse hacia un verdadero Estado
federal, podría acomodar la ruptura de cualquiera de sus estados. Pero
hasta ahora no está lista aún. Y las dificultades económicas
colectivas del mundo han fortalecido mucho los estrechos elementos
nacionalistas en casi todos los países europeos, como lo muestran
todas las recientes elecciones. Sin una fuerte federación europea,
será extremadamente difícil para Europa sobrevivir al torrente de
rupturas. En medio del desorden político, Europa puede irse por el
caño.
* De La Jornada de México. Especial para Página/12.
Permalink:
http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-145926-2010-05-19.html
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