[R-P] [The New York Times] EE.UU y Grecia:similitudes inquietantes
Gustavo Battistoni
gustavo.battistoni en gmail.com
Vie Mayo 14 16:41:54 MDT 2010
[ Hace casi 40 años James O'Connor, publicó un libro extraordinario
"La Crisis Fiscal del Estado", donde exponía con elocuencia, que el
estado norteamericano, era un gigante con pies de barro.La
contradicción entre la acumulación privada y los gastos del estado
militarista llevarían, según O'Connor, a aumentar los impuestos sobre
los pobres y al déficit permanente.Esta es la realidad hoy, no sólo de
los EE.UU, sino también de todo el mundo "desarrollado"; los gobiernos
son presas del capital financiero, y de la rebelión de las clases
dominantes, que no se quieren hacer cargo del "estado de bienestar".Se
acabó la alianza entre le capital y el trabajo en los países
dominantes, ya no les alcanza ni siquiera la explotación imperialista,
para "calmar" a la aristocracia obrera.
Se abre una nueva fase política, en la cual la clase obrera del
"primer mundo", deberá pasar de una "conciencia en sí", a una "para
sí".La lucha de clases empieza a renacer con toda su potencia.El
parasitismo del capital financiero, es el principal enemigo de la
humanidad.La debilidad de los países imperialistas, también traerá
nuevos vientos en la periferia.Tenemos que poner lo mejor de nosotros,
para aprovechar las contradicciones del imperialismo en nuestro favor]
Diario LA NACION
Exterior
Viernes 14.05.2010
Opinión
Las inquietantes similitudes entre Grecia y EE.UU.
David Leonhardt
The New York Times
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Viernes 14 de mayo de 2010 | Publicado en edición impresa
NUEVA YORK.- Es fácil observar a los manifestantes y a los políticos
griegos, y preguntarse por qué no entienden lo que pasa. Han estado
gozando de beneficios estatales mucho más generosos de lo que pueden
permitirse. Ninguna manifestación masiva, ningún fondo de salvataje
podrá cambiar ese hecho. Sólo el recorte de los beneficios o el
aumento de los impuestos serán capaces de cambiar la situación.
Sin embargo, en nuestra mente aparece una pregunta molesta: ¿hasta qué
punto las cosas son diferentes en Estados Unidos?
Las cifras de la deuda federal norteamericana se están haciendo
aterradoramente familiares. Se calcula que igualará el 140% del
producto bruto interno dentro de dos décadas. Si se le suman los
problemas presupuestarios de los gobiernos estatales, el verdadero
déficit se hará aún más grande. La deuda griega, en comparación,
equivale a alrededor del 115% de su PBI actual.
Estados Unidos probablemente no tenga que enfrentar el mismo tipo de
crisis que Grecia, por diversas razones. Pero el problema básico es el
mismo. Ambos países tienen un Estado más grande que el Estado por el
que están pagando. Y los políticos, por más despilfarradores que sean,
no son la principal causa del problema. Nosotros, el pueblo, somos la
causa.
No hemos entendido la clase de gobierno que queremos. Estamos a favor
de Medicare, el servicio de seguridad social, buenas escuelas, grandes
autopistas, un ejército fuerte? y bajos impuestos. Enfrentar esa
incongruencia será el tema económico central de la próxima década en
Europa, Japón y Estados Unidos.
Mucha gente aún no ha reconocido esa incoherencia. El mensaje parece
claro: castigo para el político -de Washington, Atenas o Londres- que
demuestre verdadero deseo de restricción fiscal. Nuestro momento
griego, adopte o no la forma de una crisis, se avecina.
En el caso de Grecia y posiblemente de otros países europeos, el
cambio vendrá de afuera. Aquí, en Estados Unidos, es probable que
tengamos la posibilidad de resolver nuestros problemas antes de que
nuestros prestamistas lo exijan. Esos prestamistas siguen considerando
la economía estadounidense un refugio seguro, gracias a nuestra
historia de fuerte crecimiento económico y de flexibilidad política.
Incluso es posible que el crecimiento futuro logre que la actual
previsión del déficit resulte demasiado pesimista. Eso suele ocurrir a
veces, cuando la economía es débil. Pero el problema principal es el
déficit de largo plazo.
A medida que las sociedades se enriquecen, los ciudadanos tienden a
querer mejores escuelas, mejor asistencia médica y otros servicios
estatales. Este país está siguiendo ese patrón, pero sin pagar los
impuestos necesarios. Esa combinación nos ha puesto en camino hacia
una deuda al estilo de la griega.
A grandes rasgos, es posible que el gobierno necesite instrumentar
recortes de gastos y aumentos impositivos que igualen entre el 7 y el
10% del PBI. Y cuanto más esperemos, tanto mayores deberán ser los
recortes debido a los costos acumulativos de los intereses.
El 7% del PBI es, en la actualidad, alrededor de un billón de dólares.
Por ese motivo, equilibrar el presupuesto exclusivamente por medio de
recortes de gastos, tal como proponen los congresistas republicanos,
sería tan difícil. Los demócratas tienen una estrategia un poco mejor
-aumentar los impuestos a los ricos y usar la reforma de salud para
reducir el aumento de los gastos de Medicare-, pero tampoco alcanza.
¿Qué habría que hacer? Un plan que incluyera un poco de cada cosa y
más: digamos, aumentar la edad jubilatoria, reducir las enormes
deducciones por intereses hipotecarios y seguro de salud; cerrar los
privilegios impositivos corporativos; reducir las pensiones de algunos
empleados públicos; acotar el despilfarro de los proyectos militares y
espaciales; esforzarse más para evitar el aumento desmedido de los
gastos de Medicare.
Muchas de estas medidas pueden ser poco agradables. Pero de ninguna
manera nos condenarán a un peor estándar de vida, y tampoco detendrán
el crecimiento económico. Todavía podemos permitirnos gastar más en
ciertas áreas. Lo que no podemos afrontar son las promesas poco
realistas que ha hecho el gobierno. Estamos obligados a elegir otras
opciones.
Traducción de Mirta Rosenberg
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