[R-P] [Julio Bárbaro] Devaneos
Nestor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Lun Mayo 10 13:35:23 MDT 2010
[Muchos amigos suelen criticar, y mal, a Julio Bárbaro.
Yo solo puedo decir que si toda la oposición fuera como Julio Bárbaro,
habríamos dado pasos de gigantes en pro de nuestros objetivos.]
DEVANEOS
Julio Bárbaro
Asombra la pregunta de si se puede ser oficialista sin ejercerlo en la
instancia del fanatismo. ¿Si uno apoya las cosas en las que coincide,
esta prohibido opinar de lo que no le agrada?
¿Los cultores del apoyo crítico serán siempre denostados por los que
aplauden hasta los goles en contra?
Las causas suelen ser iniciadas por rebeldes y clausuradas por el
ejercito de leales que todo poder atrae a su alrededor.
En el matrimonio uno acepta la totalidad del otro, pero al votar tiene
derecho a sostener sus premisas.
Para los que vienen aplaudiendo desde Menem pasando por Duhalde sin que
descansen las palmas de sus manos, para ellos todo oficialismo es
proveedor de virtud salvadora. Para los no tantos que le damos
importancia a algunas ideas y conceptos por encima de los cargos la cosa
es más complicada.
Me llenaría de vergüenza decir que defiendo al gobierno para impedir que
avance la derecha, pero peor me sentiría si intentara justificar con mis
broncas al gobierno, el hecho de convertirme en un hombre de derechas.
Del gobierno me suelen satisfacer algunos objetivos mientras rechazo sus
humores y sus modales.
Nunca superé el horror de los 90, cuando Cavallo regalaba YPF mientras
cerraba los ferrocarriles, se obligaba a pagar la salud mientras se
destruían los hospitales, y lo mismo ocurría con la educación y las
jubilaciones, incluso con la televisión.
Menen fue lo más opuesto al peronismo que nadie pudo imaginar. Sin
embargo, sus viejos compañeros de ruta convocan hoy al discurso de la
ética como si fuera posible olvidar que son los cultores de la miseria.
En consecuencia y a mi entender, quienes acompañaron la política de
Menem y se ofuscan con la actual pertenecen a una ideología que en nada
comparto.
Nosotros siempre pusimos al estado al servicio de los necesitados. Eso a
veces genera corrupción, es cierto, pero la prefiero a la ética de las
privatizadas que nos estafan a todos y se llevan nuestras divisas a
lejanos paraísos.
No es que no exista la corrupción, simplemente que cada uno la utiliza
para sus propios objetivos, y la venta de nuestro patrimonio implicó una
destrucción social que nos obligó a retroceder décadas en relación con
nuestra integración. Yo hubiera preferido la corrupción de la YPF
nacional al saqueo de la honorable sociedad española.
Entonces, los malos modales del gobierno, su escasa transparencia y su
falta de espíritu crítico los tengo tan claros como el miedo a que en su
regreso, los vendepatrias se lleven lo poco que nos queda.
Y en eso el gobierno no duda, defiende el poder del Estado como si fuera
el propio, o quizás lo hace porque lo considera personal. Sin embargo,
prefiero una sociedad donde el estado es más fuerte que los ricos que lo
acosan a otra donde los ricos que mandan se llevan todo, por ser ellos
los dueños, incluso de la ética.
De las grandes corrupciones que fueron las grandes privatizaciones, con
sus saqueos de miles de millones, de esas miserias ningún denunciador
aporta un dato. Nada resulta más evidente.
No me siento oficialista y me sobran críticas para poder serlo, pero en
la mayoría de los casos suelo sentir mayor rechazo por el campo opositor.
Ahora bien, no coincido con el fenómeno de indefensión del Estado frente
a cualquier grupo que quiera presionar cortando calles o rutas y me
cuesta entender a qué se refieren los que nos convocan a “no
criminalizar la protesta”. Hay sectores cuya agresividad debe sin duda
contener el partido de gobierno, lo absurdo sería que a alguien se le
ocurra entregarle a la barra brava la dirección técnica del equipo o la
libertad de agredir al resto. Hay otros sectores que me resultan
simpáticos, siempre y cuando no se les ocurra conducir al conjunto.
Contenerlos es el desafío, integrarlos debe ser la propuesta.
El gobierno a veces me satura por sus excesos y otras me alegra con sus
logros; la oposición me resulta una convocatoria al pensamiento que no
puede asombrarnos con ninguna idea. Cuando la oposición estalla en una
hoguera de vanidades, el gobierno le responde con un concurso de
fundamentalistas. Ambos han logrado que la mayoría estemos en contra sin
que naciera una alternativa. Del gobierno me suele disgustar cómo hace
lo que hace, de la mayor parte de los que lo critican me diferencia, en
principio, lo que intentan hacer.
El gobierno empieza a comprender que los duros son su defensa pero no
sirven para sumar a nadie, que si no le gusta el apoyo crítico, se va a
quedar reducido a una minoría leal que sólo sirve para acrecentar la
mayoría que lo rechaza.
Cuesta recordar que al asumir Cristina, la idea imperante consistía en
aumentar el espacio del diálogo con el resto de la sociedad.
Francamente, es difícil entender qué nos pasó.
ESTADO Y PRIVADO
Alfonsin no pudo imponer el Estado a los grupos privados y sus aliados,
los militares herederos del golpe.
Así, nos sorprendió la caída del muro con el gobierno más entreguista de
la historia, que nos redujo a la sola decadencia. En eso consistió la
política de Menem, quien pretendió superar esa crisis regalando el poder
del Estado a los privados, en su mayoría extranjeros, destruyendo como
nadie la estructura social más avanzada del continente.
Cavallo culmina la obra de Martínez de Hoz entregando patrimonio e
incrementado la deuda: el viejo pensamiento liberal que ejecutó el
genocidio con la dictadura completó el vaciamiento con una democracia
sin objetivos.
La constante vocación colonial se expresó desesperada en sus últimos
deseos de lo que ellos imaginaban como el glorioso país.
Es entonces cuando caemos en la crisis actual donde se advierte la
ausencia de una burguesía industrial capaz de defender una idea de
nación integrada y de una dirigencia dispuesta a pensar en un proyecto
colectivo.
Entre la dictadura y Menem, lograron que las empresas extranjeras
ocuparan mayor espacio que las nacionales. De esta miseria no pueden
sacarnos los docentes de ética, se impone una visión de futuro.
Y en ese necesario espacio entre lo nacional y la distribución e
integración social, el gobierno a veces ejecuta y otras está ausente, en
tanto que la oposición ni siquiera suele darse por enterada.
Primero necesitamos un proyecto y luego alinear las instituciones y las
virtudes detrás de él. Hoy no nos sirven ni la virulencia de las
minorías que se creen revolucionarias ni la ética de los que buscan
votos sin definir propuestas.
Surge entonces el gran interrogante: ¿quién esta más cerca de cambiar su
destino? ¿Será el gobierno capaz de convocar a los adversarios o la
oposición de forjar un proyecto nacional trascendente?
Somos muchos, demasiados, los que oscilamos entre la esperanza en el
gobierno a veces y la rabia que generan sus expresiones, otras; entre la
ilusión en la oposición, cuando se ilumina, y la frustración cotidiana,
cuando transita su aburrida mediocridad.
No sé qué le impide al gobierno- al que nadie le cuestiona el manejo del
poder- convocar al diálogo a sus adversarios, al menos a algunos, como
para demostrar que también convive con los que no lo obedecen. Si fuera
capaz de ciertos gestos que, aun cuando no le sirvieran para ganar, al
menos le permitieran un final más tranquilo y una despedida madura…
Soñamos con una realidad en la que el gobierno y la oposición participen
de una danza delicada y melodiosa; nos tocó, en cambio, este divorcio
con alaridos y golpes bajos.
La oposición tiene demasiados jefes con escasez de ideas.
El gobierno tiene completo el espacio de los leales de la primera hora,
para hacer política le falta ser capaz de incluir a los que no coinciden
en todo.
El primero que rompa el gualicho y eleve la puntería tiene a su alcance
una sociedad que lo necesita. De lo contrario, estará obligado a
soportar este aburrido final.
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