[R-P] [David Harvey] Los siete momentos del cambio social.

Gustavo Battistoni gustavo.battistoni en gmail.com
Mar Mayo 4 21:44:00 MDT 2010


[Revista Herramienta]




Los siete momentos del cambio social



Harvey, David. Geógrafo y Urbanista inglés, nacido en Kent en 1935. Ha
desarrollado el grueso de su carrera en los Estados Unidos y pertenece
a la cátedra de antropología del College University de Nueva York,
tras haber enseñado geografía y urbanismo en Oxford y Baltimore
durante más de treinta años. Estudioso en profundidad de la obra de
Marx, en 1982 publica una obra destacada de teoría económica, Los
límites del capital. En 1985 publica dos libros de ensayos sobre
urbanismo, La conciencia y la experiencia urbana y La urbanización del
capital, y en 1989 aparece La condición de la postmodernidad
(publicado en español por Amorrortu), probablemente su obra más
conocida, donde investiga la emergencia de la cultura y del arte
postmodernos como un efecto de las transformaciones del capitalismo y
de la aparición del postfordismo. Además de las obras ya mencionadas
es autor de Espacios de esperanza, Akal, (2000) y El nuevo
Imperialismo, Akal (2003). Ver en números anteriores de Herramienta,
otros trabajos publicados

Intervención en el Congreso “Marxism 2009”, organizado por el SWP
(Partido Socialista de los Trabajadores) británico en Londres, del 2
al 6 de julio. David Harvey participó en el taller consagrado a la
crisis económica junto a Chris Harmann. En su intervención se
desarrolla principalmente una idea que parece paradójica hoy con
relación al repliegue del movimiento social. Para él, la crisis, lejos
de cerrar los horizontes socialistas, abre nuevas perspectivas. Es la
hora, según él, para las fuerzas de izquierda, de volver a salir al
ataque, armadas de una teoría del cambio social que se inspira en
Marx. (Nota de los editores franceses)



La crisis es, a mi juicio, una racionalización irracional de un
sistema irracional. La irracionalidad del sistema queda perfectamente
clara hoy: masas de capital y trabajo inutilizadas, de costa a costa,
en el centro de un mundo pleno de necesidades insatisfechas. ¿Acaso
esto no es una estupidez? La racionalización que el capital desea
tiene por objeto restablecer las condiciones de extracción de
plusvalía, restaurar los beneficios. El medio irracional de lograr
este objetivo consiste en suprimir trabajo y capital, condenando
inevitablemente al fracaso la racionalización buscada. He aquí lo que
entiendo por racionalización irracional de un sistema irracional.
Sin embargo, el socialista que soy considera que existe otro medio de
racionalizar el sistema. La cuestión fundamental, a mi modo de ver,
consiste en determinar las condiciones que permitan al capital y al
trabajo, reunidos, ir efectivamente al encuentro de las necesidades de
la humanidad. Es la racionalización a la cual deberíamos tender todos,
de ahora en adelante. En efecto, hoy día la crisis abre la oportunidad
de pensar la transición hacia el socialismo, hacia el comunismo.

Ahora bien, buscar respuestas en el sistema en el cual vivimos implica
reafirmar nuestro entusiasmo revolucionario. Entiendo que para ello es
necesario volver de nuevo a los orígenes de este entusiasmo. Aunque
aprecié mucho el impulso revolucionario que reinaba ayer aquí por la
noche, con Alex Callinicos o Slavoj Žižek, me pareció no obstante que
éste no estaba libre de peligros. En nuestra época, el adjetivo
revolucionario se ha vaciado de sentido. Todo es revolucionario,
incluidos los cosméticos, y no estoy seguro de querer llegar a ser un
experto del último pulverizador capilar revolucionario; ¿Acaso
Margaret Thatcher no se definía ella misma como revolucionaria?

Pensar para actuar

¿A qué debería parecerse el movimiento revolucionario que deseamos?
Para responder a esta cuestión debemos forjar una teoría del cambio
social que nos ayude a determinar los medios por los cuales un
movimiento revolucionario pueda conducirnos hacia una sociedad
radicalmente diferente. Con ese fin, me interesé cada vez más de cerca
con lo que es, a mi juicio, la teoría del cambio social desarrollada
por Marx en El capital. Y voy a utilizarla para que reflexionemos
sobre esta teoría como un medio para actuar.

El pasaje sobre el cual me detengo siempre es una nota a pie de página
(la nota 4) del capítulo 15 del libro I, titulado “Mecanización y gran
industria”. Marx desarrolla la idea de que la tecnología, la relación
con la naturaleza, las relaciones sociales y las representaciones
mentales se imbrican en una suerte de configuración dialéctica.
Conecta igualmente esta idea con su lectura de Darwin, lo que me
parece casi corresponder con una tentativa evolucionista para
establecer una teoría del cambio social. Marx plantea la cuestión en
estos términos: analicemos estos distintos elementos poniéndolos en
relación con nuestra concepción del futuro; es decir, partamos de
donde estamos ahora y reflexionemos sobre los medios para llegar a
otras configuraciones.

La relación con la naturaleza: primer momento del cambio social

El primer concepto sobre el cual Marx se detiene es el de la relación
con la naturaleza. ¿En qué consiste nuestra relación con la
naturaleza? ¿Cómo la comprendemos? ¿Por qué medios queremos
modificarla en el futuro y cómo pensamos la relación dialéctica entre
la actividad humana y la transformación de la naturaleza? Colocar la
relación con la naturaleza en estos términos vuelve obsoleta la idea
de que la naturaleza podría ser determinada por la actividad humana.
Al contrario, aparece más bien como un componente del cambio social.
En otras palabras, colocar la relación con la naturaleza así implica
que la transformación humana y la transformación del orden de la
naturaleza son interdependientes, evolucionan juntas. Esta dialéctica
es crucial en la historia humana. Y cuando Marx la aborda, lo hace de
manera extensa, abarcativa y compleja.

He aquí, en cualquier caso, un momento de la transformación histórica
sobre la cual Marx nos invita a que reflexionemos: ¿Qué tipos de
relación con la naturaleza apuntan a una sociedad socialista? ¿Y cómo
vamos a conseguir, a partir de la situación actual, establecer nuevas
formas de relación con la naturaleza en la sociedad socialista futura?

El momento tecnológico

Marx introduce otro elemento: el tecnológico. Para él, la tecnología
no se reduce a las máquinas sino que se refiere también a la
concepción, a las formas sociales y a la organización del trabajo, así
como a la formación y los conocimientos necesarios. Este momento nos
reenvía a una extensa esfera de actividades. ¿Qué tipos de
combinaciones tecnológicas deseamos y cómo pueden ser establecidas? He
aquí las cuestiones a las cuales debemos responder. A ellas se añade
el problema planteado por Marx en el capítulo 15, consagrado a la gran
industria: ¿Cómo el capitalismo definió una tecnología que le es
propia y que corresponde perfectamente con sus necesidades específicas
y a sus medios de producción? Después de todo, el capitalismo tiene su
origen en tecnologías feudales, en formas de organización social
feudales. Y es solamente cuando desarrolla su propia tecnología que de
verdad se afirmó como capitalismo. La evolución de la tecnología se
conecta entonces con la aparición de un nuevo modo de producción que
rompe con el feudalismo.

Se trata, entonces, de colocar un haz de cuestiones verdaderamente
cardinales para nosotros: ¿Qué tipos de tecnologías podemos imaginar
para la sociedad socialista? ¿Cómo establecerlas, al mismo tiempo que
hoy sólo nos parece posible utilizar las formas tecnológicas que
conocemos? ¿Cómo podremos pasar de tecnologías capitalistas a otras
completamente diferentes? En otras palabras, se trata de plantearse
exactamente las mismas cuestiones que en el capitalismo se plantearon
para pasar de las tecnologías feudales a sus propias tecnologías.

Esta cuestión no es, obviamente, independiente de la relación con la
naturaleza. Porque la relación con la naturaleza es definida por
parámetros tecnológicos, al menos tanto como las tecnologías son
determinadas por problemas vinculados a la naturaleza. En la
actualidad, las “tecnologías verdes” se consideran como un medio para
responder a las dificultades que plantea la relación con la
naturaleza. Existe entonces una estrecha relación entre la evolución
tecnológica y la evolución de nuestra relación con la naturaleza. Es
decir, estas evoluciones están dialécticamente relacionadas una con la
otra, aunque son independientes entre sí. Así como lo que hacemos
tiene consecuencias directas sobre la naturaleza, esta cambia por sí
misma también y debemos adaptarnos a ello. No es una casualidad si,
por ejemplo, se asociaron algunas gripes aparecidas recientemente con
las grandes densidades de la industria agroalimentaria. Surgida en
México, la gripe porcina procede en realidad del desplazamiento de las
grandes concentraciones de cerdos de Carolina del Norte hacia este
país. En el Delta del Rivière de las Perlas (Sur de China), la gran
concentración de aves (incluidos pollos enfermos) implicó la aparición
de la gripe aviaria.

El mecanismo tecnológico y la relación con la naturaleza son, por
tanto, dos momentos del proceso de transformación en los cuales
debemos pensar.

Las relaciones sociales

El tercer elemento sobre el cual Marx se detiene se refiere a las
relaciones sociales. ¿De qué tipos de relaciones sociales estamos
hablando en el presente y en qué tipo de relaciones sociales queremos
trabajar? Queda claro que esta cuestión no es independiente de los
mecanismos tecnológicos, que tiene que ver con la relación con la
naturaleza. En efecto, estas relaciones constituyen una esfera
verdaderamente compleja, dentro de la cual los conflictos son
numerosos, tanto en lo que concierne al tipo de relaciones sociales
que contemplamos -en términos de clases sociales, de género, de
“razas”- como a los medios de los que disponemos para asumir el
conjunto de estas cuestiones.

De este modo, las tecnologías limitan las posibilidades de algunos
tipos de relaciones sociales. Por ejemplo, yo defiendo la idea de una
división horizontal de las tareas sociales en el marco de algunas
actividades comunes. Y con todo, tendría temor de ver a un anarquista
a la cabeza de una central nuclear. Y francamente, la existencia misma
de las centrales nucleares -y que se piense que ellas existan para un
determinado tiempo- implica tomas de decisiones rápidas, con el riesgo
de que una u otra explote.

Entonces, en cierto sentido, las tecnologías de las que disponemos no
están desvinculadas de una determinada manera de concebir las
relaciones sociales; del mismo modo, las posibilidades de ver las
relaciones sociales no están desvinculadas de las tecnologías
disponibles. Algunos piensan que es maravilloso poder beneficiarse de
las tecnologías solares y de las energías eólicas. Sin embargo, el
desarrollo de estas tecnologías depende de metales que poseen las
cualidades magnéticas necesarias para su funcionamiento. Ahora bien,
un 95% del comercio de estos metales raros procede hoy de China. Así
pues, tal solución suscita otras dificultades, vinculadas, en
particular, con la posición dominante de China en el comercio de los
metales raros.

Organización de la producción, representación mental del mundo, de la
vida diaria y del “vivir juntos”

El cuarto elemento sobre el cual Marx se detiene es, por supuesto, la
organización de la producción. La producción puede organizarse de
numerosas maneras diferentes. Debemos reflexionar sobre el proceso de
producción y sus métodos de funcionamiento. La organización de la
producción no está, nuevamente, separada de las relaciones sociales,
de los medios tecnológicos y de la relación con la naturaleza.

Marx introduce una dimensión más que, en mi opinión, es en verdad muy
importante: la representación mental del mundo. Ésta debe cambiar:
debemos modificar nuestra manera de vernos en el mundo en términos de
relaciones sociales, de medios tecnológicos, de relaciones con la
naturaleza, en resumen: en relación con todas las cuestiones
mencionadas anteriormente. De nuevo, esta transformación no es
independiente de todos los demás aspectos. A eso se añade nuestra
concepción de la vida diaria (el trabajo, los niños, etc.). ¿De qué se
trata, en definitiva, hoy? ¿Y cómo lo vemos en la sociedad que debe
construirse?

En fin, el último aspecto sobre el cual Marx hace hincapié remite a la
noción de “vivir juntos”, es decir, todos los elementos de carácter
institucional y administrativo que cimientan a la sociedad y gracias a
los cuales los hombres y las mujeres pueden coexistir.

La revolución permanente del capitalismo
Tenemos así siete aspectos que participan en la transformación de todo
orden social. Estos siete momentos evolucionan juntos en cada una de
las fases de transición del orden social existente. Así pues, cuando
Marx reconstruye el paso del feudalismo al capitalismo en El capital,
destaca el hecho de que todos estos elementos debieron cambiar los
unos en relación con los otros. En efecto, eso parece bastante claro,
y es absolutamente falso sostener que Marx se haya imaginado que sólo
uno de estos aspectos pudiera haber sido el determinante: el cambio
tuvo implicaciones sobre cada uno de estos elementos. La
transformación social es entonces un proceso que evoluciona de manera
interdependiente; en eso se parece al sistema ecológico. La transición
del feudalismo al capitalismo implicó de hecho una transformación de
la representación mental del mundo, del proceso de producción, de la
tecnología, y de la relación con la naturaleza.

Sin embargo, a partir del momento en que el capitalismo se afirmó, no
quedó satisfecho con la manera en que estos siete momentos se
articulaban. En efecto, optó por una revolución perpetua. Piensen un
poco en estos siete aspectos y traten de recordar cómo eran
visualizados en 1970. ¿Cuál era entonces la representación mental
dominante del mundo? ¿Y cuál es la de hoy? El capitalismo se presenta
así como una reconfiguración radical permanente de todos estos
momentos.

Las crisis configuran de nuevo al conjunto de estos elementos. En la
actualidad, precisamente, atravesamos una crisis y debemos pensar en
todas las posibilidades que se abren en este momento particular para
configurar de nuevo el conjunto de estos aspectos, con el fin de
reorientar la sociedad no en el sentido hasta ahora dominante -hacia
las ganancias capitalistas- sino en una dirección radicalmente
diferente, para responder a las necesidades de la humanidad.

Las posibilidades abiertas por la crisis

De ellas deberíamos ocuparnos en este momento. Lo que es de verdad
maravilloso en el hecho de ver las cosas así es que el movimiento
social puede tomar apoyo sobre no importa cuál de estos aspectos. Sin
olvidar, sin embargo, que lo importante es no detenerse en uno u otro.
En otras palabras, es necesario crear un movimiento revolucionario
móvil que atraviese todas estas interrelaciones dialécticas. El
capitalismo no sabe qué tipo de reconfiguración va a establecerse.
Estamos hoy en un momento donde debemos estar en condiciones de dar
sentido a todas estas posibilidades. Pero para ello, necesitamos
recursos, imaginación, creatividad científica; tenemos necesidad de la
ayuda de mucha gente. Debemos movilizar al conjunto de estas fuerzas.
Por tanto, en este momento de crisis, uno de los problemas principales
al cual debemos hacer frente es que todos estos recursos potenciales
están, en cierta medida, aprisionados ideológicamente bajo el yugo de
las estructuras institucionales, y por ello debemos liberarlos.

Yo trabajo en el sistema universitario; una de las más importantes
tareas que tenemos que encarar hoy es liberar a la universidad de las
limitaciones corporativistas neoliberales y movilizar a todas las
personas que se preguntan lo que está en curso, con el fin de
animarles a reflexionar. Imagínense que pueda hacerse… Pero debemos
hacer más todavía. La universidad no se cuestiona sola; es necesario
movilizar a otras instituciones, hacer el llamado; he aquí lo que en
verdad debe hacerse.

Una visión radicalmente otra del mundo

Con el fin de movilizar al conjunto de estos recursos es necesario
avanzar una visión del mundo radicalmente diferente, y proponer
soluciones alternativas a aquellas sobre las cuales numerosas personas
tienden. Debemos, por otro lado, extender esta nueva visión del mundo
en el sentido más amplio posible. En otras palabras, si existe una
transición entre el capitalismo y el socialismo, ella deberá ser tan
larga y compleja como la que señaló el paso del feudalismo al
capitalismo. Considerar así la fase de transición implica que es
necesario ir más allá de las barricadas y la toma de poder.
Ciertamente debemos tomar apoyo sobre estructuras existentes, sobre el
Estado, pero debemos reconfigurar radicalmente al Estado. En mi
opinión, no tiene ningún sentido llamar a la destrucción del Estado,
porque la cuestión del tipo de institución que debe sustituir al
Estado va a plantearse inevitablemente. Alguna cosa similar al Estado
deberá organizar al Estado y eso implicará una reconfiguración de toda
la estructura institucional.

Aquí está, a mi juicio, el conjunto de tareas que debemos atender.
Ahora bien, nos enfrentamos a una crisis mayor en nuestras propias
filas, vinculada a nuestra falta de imaginación en cuanto a lo que
debe y puede hacerse reuniendo y movilizando todos los recursos
disponibles. Debemos tener una visión más amplia que aquélla que
expresa generalmente la izquierda.

La ciudad como bien común

Uno de los grupos con los cuales trabajo en Nueva York se llama
“Derecho a la ciudad”. Se trata de una asociación que reúne
aproximadamente a quince organizaciones que defienden distintos
intereses (los sin refugios, las víctimas de la criminalización, los
homosexuales, etc.). Estas organizaciones se reunieron con el fin de
defender el derecho a la ciudad, a recuperar la ciudad como bien
común. Se trata, a mi juicio, de un muy importante movimiento político
que busca proyectarse nacionalmente; pretende extenderse en Nueva
York, Miami, Washington, Los Ángeles y otras ciudades más. Aunque no
sé cómo situarlo en las distintas concepciones de las clases sociales
puestas en cuestión esta noche, lo considero como un movimiento de
clase.

Muchas esferas, cuestiones, temas, deben ser abordadas: aquellas que
afectan a la gente y son verdaderamente indignantes. Por ejemplo, en
enero de 2008, dos millones de personas habían perdido sus casas en
los Estados Unidos. Durante el mismo mes, Wall Street se asignaba una
prima de 32 mil millones de dólares (sólo 2% menor que el año
anterior), ¡una prima por haber llevado a la ruina el sistema
financiero mundial! Encuentro eso en verdad indignante. Pero lo es más
aún el que aquellos que perdieron su casa fueron considerados
responsables del desastre. Eso no deja ninguna duda en cuanto a la
incapacidad de comprender la naturaleza sistémica de la crisis.

El papel de la izquierda hoy

Tenemos un papel muy importante que jugar para esclarecer a la gente.
Las visiones del mundo con las cuales se acercan a estas cuestiones
son absolutamente erróneas. Esa es una de las razones por las cuales
me interesé en la teoría del cambio social en Marx. Es necesario poder
llevar la batalla sobre todos los frentes y combatir la ideología
dominante. Internet puede ser un buen medio, pero la red puede ser
utilizada también para otros fines, al igual que en su tiempo lo fue
el teléfono: puede ser a la vez un instrumento para lograr objetivos
revolucionarios así como un medio para defender opciones
contrarrevolucionarias.

Cuando desarrollo la idea de la transición del feudalismo al
capitalismo no quiero decir que hoy se trata exactamente de la misma
cosa. Lo que este ejemplo muestra es que es necesario pensar en el
conjunto de los elementos que implica el cambio social; la presión de
la clase obrera por sí sola no basta. Francis Bacon [filósofo inglés
del siglo XVII que dio un marco teórico a las ciencias modernas, NdT]
modificó profundamente la concepción de la naturaleza y también
transformó radicalmente la manera en que el sistema de producción
podía ser comprendido. Esta transformación radical permitió después
reorganizar la producción. Resumidamente, eso que se consideraba como
un arte en el siglo XVI se volvería una ciencia y una tecnología en el
siglo XIX.

En otros términos, estos cambios se llevan a cabo constantemente. La
burguesía hace cosas que abren actualmente posibilidades; para
nosotros se trata de asirlas, reconocerlas y analizarlas. Mucho
trabajo nos espera. Es necesario intentar considerar lo que se hace
aquí, en Egipto o en América Latina. Los movimientos sociales que se
dicen hoy anticapitalistas son innumerables. Ahora bien, se trata de
saber cómo unirlos proponiendo una visión del mundo que esté realmente
en condiciones de impugnar al capitalismo mundial. Y eso debe hacerse
a través de alianzas y también a través de la comprensión de cada uno
de los siete aspectos desarrollados aquí. Se trata de observar también
cómo se articulan los unos con los otros, en función de los distintos
contextos en los cuales se llevan a cabo (la situación no es la misma,
por ejemplo, en Sudáfrica o Zimbabwe). Debemos imaginar una manera
dialéctica de articular al conjunto de estos elementos.

Leer a Marx hoy para cambiar el mundo

Mi análisis teórico desafía algunos de las interpretaciones clásicas
de Marx. El argumento según el cual la superestructura sería modelada
por la infraestructura no me convence, ya que no pienso que las ideas
vengan determinadas por la base material. Todo es dialéctico y, al
leer Marx, se no se puede ver nada de otro modo. Si hubiera pensado
que todo venía determinado por las circunstancias materiales, no
habría escrito El capital. Redactó este libro precisamente porque no
creía en eso. Por otro lado, escribir El capital no basta, porque no
basta con trastornar nuestra representación del mundo para cambiarlo:
todos los demás momentos deben transformarse también; si no cambian,
estaremos condenados.

A veces es posible tomar apoyo sobre la transformación de las
relaciones sociales, pero si los otros aspectos no cambian también
apenas se puede ir muy lejos en la transformación del universo social.
Es necesario siempre tener en el espíritu al conjunto de elementos que
lo condicionan y el conocimiento de cómo se articulan los unos con los
otros. Esta es la razón por la que la construcción de un movimiento
para el socialismo requiere una gran capacidad de imaginación. Sin
eso, seguiremos haciendo principalmente aquello de los que muchas
personas hablaron aquí: defender esto y defender aquello. Esto es
ciertamente una etapa necesaria para constituir la base de todo
movimiento, pero si afirmamos que “es el momento de pasar al ataque”,
ello implica otra cosa.

Esta es la razón por la que el período de crisis que cruzamos es
extremadamente importante; es un momento de debilidad de los poderes
dominantes, y en tales momentos hay más posibilidad de pasar al
ataque. Por eso debemos reflexionar sobre algunos verdaderos planes de
ataque que nos permitan invertir la dinámica de este momento de
transformación radical. Porque debemos emerger, de una manera o de
otra, y nuestra tarea consiste en garantizar que podamos hacerlo de la
mejor manera posible y no dejar que el sistema decida por nosotros,
con el riesgo de que se sobreviva a sí mismo. Si no, nos encontraremos
muy pronto en un marasmo peor; porque, francamente, no creo que este
sistema sea posible a largo plazo. No me propongo defender aquí una
visión apocalíptica, pero sinceramente no veo cómo el 3,5% o incluso
3% de crecimiento serán indefinidamente posibles. Ahora bien: tal es
la condición precisamente necesaria para el restablecimiento del
capitalismo. Pero al proseguir sobre este camino, iremos simplemente
de una crisis a otra. Es necesario hacer algo ahora o, por lo menos,
prepararnos para la próxima vez.


Transcripción, traducción al francés, título y encabezamientos de
Stéfanie Prezioso para solidaritéS, n°159, 4 de diciembre de 2009,
según el video disponible en youtube: “The Crisis today: Marxism 2009,
Bloombsburry, July 5 2009”. Versión en castellano tomado de Viento Sur
sección web, traducción de Andrés Lund Medina. Revisión del texto de
los editores de Herramienta.




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