[R-P] [Samir Amin] Para la CIA, la declinación del imperio estadounidense sigue siendo una película de Hollywood
Nestor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Lun Mar 22 16:04:26 MDT 2010
Fuente:
http://www.zcommunications.org/the-decline-of-the-american-empire-remains-a-movie-for-the-cia-by-samir-amin
Para la CIA, la declinación del Imperio Estadounidense sigue siendo una
película
Marzo 19, 2010
Por Samir Amin
Leyendo el ultimo informe de la CIA sobre “el mundo en 2025” apenas si
se consigue algo más de información que la ya conocida por un observador
habitual de la economía y la política globales. Pero por otro lado nos
permite conocer mejor el modo en que piensa la clase dominante de EEUU,
e identificar los límites de ese pensamiento. Resumo en los siguientes
puntos las conclusiones a que me llevó esa lectura:
• Sorprende la debilidad en la confección de pronósticos que padece
Washington; se tiene la sensación de que los sucesivos informes de la
CIA siempre están “detrás”, y no delante, de los hechos.
• Esta clase dominante desconoce el papel que a veces juegan los
“pueblos” en la historia; da la sensación de que solo cuentan las
opiniones y opciones de las clases dominantes, y que el pueblo siempre
“sigue” esas opciones, adaptándose a ellas sin hacerlas fracasar jamás
(ni hablar de imponer alternativas distintas).
• Ninguna de las opiniones de los “expertos” reconocidos imagina la
posibilidad (mucho menos “acepta”) de un modo de gestión económica
distinto a aquel al que la economía convencional le reconoce un carácter
supuestamente “científico” (la economía capitalista “globalizada”, de
comercio libre, “neoliberal”). Por lo tanto no habría una alternative
credible (y por lo tanto possible) al “capitalismo de libre mercado”.
• Adicionalmente, se queda uno con la impresión de que el estáblishment
de EEUU mantiene algunos prejuicios muy sólidos, en especial en lo
tocante a la población de África y América Latina.
La CIA no vio venire la crisis económica
El informe anterior (sobre el mundo en 2015) no imaginaba que la
financierización del capitalismo oligopólico tendría que llevar a un
colapso del tipo de ocurrido en 2008, y que habían previsto y descripto
analistas críticos que los expertos del establishment de EEUU no leen
jamás (incluidos François Morin, John Bellamy Foster y el que suscribe).
De igual manera, no se había previsto un fracaso militar en Afganistán,
y por lo tanto recién se toma en consideración un alejamiento parcial de
la estrategia de Washington (control military planetario) en este ultimo
informe… evidentemente después del fracaso.
Así que aún hoy (pensando en 2025) el informe no tiene la menor
vacilación al afirmar que “un colapso de la globalización” sigue siendo
impensable. Por el contrario, nuestra hipótesis es que hay una fuerte
probabilidad de “desglobaización” a medida que se constituya una
regionalización robusta y desconectada (desconectada en el sentido de
que las relaciones que estas regiones mantendrán entre ellas serán
objeto de negociaciones que no presentarán amenazas serias a su
autonomía relativa).
En general, la “hegemonía” de EEUU, cuya declinación se viene viendo
desde hace varias décadas y pese a ello se definía como “definitiva” en
el informe anterior, se considera ahora “gastada”, pero aún robusta de
todos modos.
Miopía fatal
Es normal que las clases dominantes no imaginen el possible fin del
sistema que asegura la perpetuación de su dominio. Es por eso que para
ellas las “revoluciones” son siempre más que “catastrófes”: son
accidentes imprevisibles, inesperados, “irracionales”.
Esta miopía fatal les impide salirse del marco de lo que se conoce como
“realpolitik” (¡no muy “real”ista, en verdad!), cuya senda resulta
solamente de los cálculos, las alianzas y los conflictos que afectan a
las clases dominantes.
De este modo, la geopolítica y la geoestrategia quedan enjauladas en el
horizonte de posibilidades que se adaptan a esos juegos. Las
racionalidades desarrolladas por los analistas de la CIA en relación a
las diversas opciones que se abren a la clase dominante de los EEUU (y a
sus aliados subordinados de Europa y Japón) en respuesta a las de sus
adversarios serios (países “emergentes”, entre los cuales el primer
lugar lo tiene China) y a las posibles oscilaciones caóticas de otros
países están bien fundadas, por cierto.
Pero queda en pie el hecho de que este prejuicio “capitalista” de
partida sigue reduciendo seriamente el rango de objetivos y estrategias
implementadas por los gobiernos, las naciones y los pueblos de la
periferia del sistema global.
Se ignora la contradicción fundamental que enfrentan las clases
dominantes de los países en juego. No se discute que, en un sentido muy
amplio del término, esas clases sean “precapitalistas”; es una obviedad.
Pero aún sus planes capitalistas tienen que desplegarse hasta que las
estrategias llevadas a cabo con éxito terminen por doblegar a los
centros imperialistas que hay que hacer retroceder.
El fin de la “Bella época”
El informe desestima notoriamente esta contradicción para satisfacerse
con lo que por ahora sigue pareciendo correcto: que los poderes
establecidos (en China, India, Brasil, Rusia o cualquier otro lado) no
cuestionan (¿todavía?) los cimientos del orden internacional. Estamos en
esa situación porque durante la fase precedente del desarrollo de la
globalización, en el período que he descripto como la “belle époque”
(1980-2008), los países emergentes habían tenido éxito en “aprovechar”
su inserción en la globalización en marcha.
Pero esa fase se terminó. Las clases dominantes en los países en juego
deberán percibirlo y a partir de allí poner en marcha estrategias cada
vez menos “complementarias” con las desarrolladas por los oligopolios
del centro imperialista. Estrategias, en realidad, que entrarán en
creciente conflicto con las del centro.
Los analistas de la CIA ignoran un factor decisivo que, probablemente,
acelere este desarrollo: la dificultad de reconciliar el fuerte
crecimiento “capitalista” y las respuestas aceptables a los problemas
sociales a él asociado, una dificultad contra la que ya están chocando
los gobiernos de la periferia del sistema.
Los expertos de la CIA no distinguen entre las clases dominantes del
centro imperial y las de la periferia, porque son todas
“procapitalistas”. Pero en mi opinión es esencial hacer la distinción.
Las clases dominantes de la tríada imperialista -los fieles sirvientes
de los oligopolios- no sufren, en un futuro visible, una amenaza real.
Por lo tanto, seguirán teniendo la iniciativa en la gestión de la crisis
y a lo sumo harán unas pocas concesiones marginales a las demandas
sociales, si hace falta.
Pero la posición de las clases dominantes de la periferia es mucho menos
confortable. Los límites de lo que puede producir en esos sitios la ruta
capitalista son tales que la relación entre los dominadores y las clases
inferiores es ambigua.
En esos lugares pueden darse (es más: probablemnte se den) desarrollos
en el equilibrio social del poder que favorezcan en diversos grados a
las clases más bajas. Es más: la incómoda posición de las clases
sociales procapitalistas del Sur brota de la convergencia entre el
conflicto que opone el imperialismo a los pueblos y naciones de la
periferia, por un lado, y el que opone al capitalismo con la perspectiva
socialista.
Las anteojeras del neoliberalismo
Al no comprender esta contradicción fundamental, los expertos del
estáblishment de EEUU creen que la opción del “capitalismo de estado”
(China y Rusia) es inviable y terminará, un día u otro, en la
restauración del capitalismo liberal. La posibilidad que se les escapa
es que el capitalismo de estado podría evolucionar “hacia la izquierda”,
bajo la presión victoriosa de las clases inferiores.
El informe, en realidad, imagina escenarios muy poco realistas. La
imaginación de Washington no va más allá del prejuicio según el cual el
mismo éxito del fuerte crecimiento de los países emergentes fortalecerá
a las clases medias que al mismo tiempo aspirarán a tener un capitalismo
y una “democracia” (definidos, por supuesto, según la fórmula que rige
en Occidente: pluralidad de partidos y sistema electoral de “democracia”
“representativa”, la única que el estáblishment de Occidente reconoce).
A nuestros “expertos” ni se les ocurre que las clases medias en cuestión
puedan no aspirar a la democracia porque saben que para mantener sus
privilegios tienen que reprimir las demandas populares. Y resulta
igualmente ajeno a su modo de pensamiento el que, por lo tanto, la
democratización asociada al progreso social (no desligada de él, como es
el caso en el modelo propuesto de “democracia” “representativa”) tiene
que tomar otros caminos.
Los “expertos” del capitalismo, en general, ignoran la posibilidad de
que los pueblos intervengan en la historia. En cambio, sobrevalúan el
papel de los “individuos excepcionales” (como Lenin o Mao, a cuya
intervención se atribuyen las revoluciones rusa y china… ¡como si no
hubiera existido una situación objetiva que, más allá del papel de sus
dirigentes, hiciera predecibles esas revoluciones!)
En definitiva, lo que puede llevarse uno de este juego de “escenarios”
imaginados dentro del limitado marco de ideas de los expertos
capitalistas es magro. Mucho detalle interesante (sin dudas aprehendidos
correctamente), pero no una visión convincente del conjunto, porque se
ignoran las principales contradicciones que dan significado y empuje a
las luchas y conflictos.
El largo listado de innovaciones técnicas con probabilidad de despegue,
por ejemplo, no enseña gran cosa, a no ser que los países emergentes
(China y la India, en especial) pueden controlarlas. Pero eso ya lo
sabíamos.
La verdadera pregunta que se plantea, tanto para esos países como para
la tríada de países “ricos” de la tríada, se refiere al uso de esas
tecnologías, al interés social a cuyo servicio se implementarán, a los
“problemas” a cuya solución podrán contribuir y, en contrapartida, a los
“problemas” sociales adicionales que generarán cuando se las ponga en
práctica. El informe no estudia una sola de estas preguntas.
Samir Amin es un economista franco-egipcio nacido en 1931, especialista
en la economía del desarrollo.
Traducido de la versión inglesa del original en francés (preparada por
Leslie Thatcher, Jefa de Idioma Francés en Truthout)
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