[R-P] CARRILLO PUERTO Y EL OLVIDADO SOCIALISMO NACIONAL DE YUCATÁN

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Lun Mar 15 06:27:17 MDT 2010


REVOLUCIONARIOS LATINOAMERICANOS (II)

CARRILLO PUERTO Y EL OLVIDADO SOCIALISMO  NACIONAL DE YUCATÁN

                                                      
por Roberto A. Ferrero

   
    El socialismo nacional de Yucatán, en el Sur de Méjico, las ideas y la gestión del extinguido Partido Socialista del Sureste (PSSE) no son, como en el caso del Perú, un producto de ideas marxistas importadas que sufren un proceso de nacionalización y arraigamiento, sino resultado de una radicalización experimentada en el seno mismo de la Revolución Mejicana e imbuído de su espíritu revolucionario y  tumultuoso.


1. Un yucateco en la Revolución Mejicana

   El “socialismo olvidado de Yucatán”, como le llamó un agudo investigador, se encuentra ligado indisolublemente a la figura legendaria de Felipe Carrillo Puerto (1874-1924), su líder y guía indiscutido, nacido en la ciudad de Motul de una familia modesta de catorce hermanos. Fue desde adolescente hombre de trabajo y lecturas: carretero, ferroviario, leñador, abastecedor de carne y voraz devorador de iniciáticas revistas argentinas y rusas que lo pusieron en la pista de las ideas de justicia social. Con ellas se prometió redimir a las masas de campesinos y trabajadores rurales mayas, explotados por una casta arrogante y multimillonaria de hacendados del henequen en los tiempos de Porfirio Díaz. Contra unos y otros militó tempranamente, siendo en esa línea de acción director del “Heraldo de Motul” y luego, ya triunfante la Revolución que dio por tierra con la Dictadura porfirista, tuvo igual responsabilidad en la “Revista de
 Yucatán”. Clausurada la publicación y perseguido su director por las autoridades estaduales, se ve obligado a expatriarse a Nueva Orleáns, ciudad en la que se desempeña como modesto trabajador portuario. Regresa a poco a su país –donde las tropas Emiliano Zapata y Pancho Villa se enfrentan con el presidente de facto, general Venustiano Carranza- y en 1914 se enrola en las filas del ejército zapatista. A diferencia de los anarco-sindicalistas y socialistas de la central obrera conocida como “La Casa del Obrero Mundial”, que firmarían un pacto de apoyo a Carranza, proporcionándole los famosos “batallones rojos”, Carrillo Puerto acompañará a Zapata y su proyecto agrario del “Plan de Ayala”, combatiendo en el Estado de Morelos y haciéndose acreedor al grado de Coronel de caballería e integrando la Comisión Agraria del Distrito de Cuautla. En 1916, al disolverse el Ejército del Sur, y en una deriva que lo lleva de los planeos
 agraristas y democráticos a posiciones socialistas de extremo radicalismo, regresa a Mérida -capital del Estado yucateca- donde el progresista gobernador general Salvador Alvarado lo patrocina para que organice, junto a Rafael Gamboa, Carlos Castro Morales y otros dirigentes, el “Partido Socialista Obrero”. En mayo del año siguiente, rebautizado como “Partido Socialista de Yucatán”, la agrupación impone al ferroviario Castro Morales como sucesor de Alvarado para el período 1918-1922 y envía sus diputados a la Convención que sanciona la revolucionaria Constitución de Querétaro o de 1917. Carrillo Puerto queda como  jefe máximo del partido. El cargo y su conocimiento del idioma maya le permiten entonces hacer conocer los principios radicales del PSY a la masa de campesinos y trabajadores de Yucatán. Su arrojo, idealismo militante, honestidad a todo trance, su estilo de vida sencillo y su atracción personal –“gallardo, bien
 parecido, con bondadosos ojos verdes… radiante sonrisa” lo recodaría el Dr. Ernst Gruening, senador de los EE.UU.- le conquistan la adhesión incondicional del pueblo yucateca. Se desempeña como legislador estadual, presidente de la Legislatura, gobernador provisorio y Presidente de la Comisión Reguladora del Henequén, principal riqueza agrícola de la región. 
          Bajo su inspiración –y con la activa colaboración del socialista rumano Robert Haberman- se reúne en marzo de 1918, en Motul, el Congreso Obrero socialista del partido, donde se van delineando un poco confusa pero también enérgicamente los nuevos lineamientos del socialismo nacional: antiimperialismo norteamericano, socialismo científico, nacionalización de las plantaciones de henequén, socialización de toda la riqueza pública, requerimiento de solidaridad a los obreros norteamericanos ante el peligro de agresión de Estados Unidos e internacionalismo proletario y otros planteos que marcan el carácter socialista revolucionario y nacional que ha tomado la agrupación. A ellos agregará Carrillo Puerto el vínculo que debe unir a la rebelión de los pueblos originarios del Méjico profundo con la revuelta mundial de los pueblos y las razas del mundo colonial y semicolonial: “Debemos restaurar los antiguos monumentos –dijo- para
 que el pueblo tenga orgullo de su raza y vuelva a construir como hizo ayer. Debemos hablarles de sus hermanos de esclavitud, los pueblos de color del Asia, el África, la India, que luchan todos por la luz. Algún día, tal vez no lejano, formaremos una liga de todas las razas silenciadas de la tierra, para que sepan que su camino es recto como el de los poderosos”. Un verdadero precursor: recién en junio de 1932, desde su destierro en Prinkipo, León Trotsky daría a conocer su famoso texto “¡Más cerca de los pueblos de color!”, que terminaba afirmando: “Podemos y debemos encontrar el camino a la conciencia de los obreros negros, chinos, hindúes, y de todos los oprimidos del océano humano de las razas de color, a quienes pertenece la palabra decisiva en el desarrollo del género humano”.
    A fines de 1919, el Partido Liberal de Yucatán, expresión de la oligarquía local, con la colaboración de las tropas del coronel carrancista Isaías Zamarrita, impone por la fuerza el fraude en las elecciones del 9 de noviembre, clausura e incendia el local del PSY en Mérida y persigue a sus dirigentes. El líder mejicano debe tomar nuevamente el camino de la expatriación en dirección a Zacatecas y Nueva Orleans, otra vez. Pero no durará mucho su exilio. Tramitándose a principios de 1920 la sucesión de Venustiano Carranza, el anciano Presidente apoyó la candidatura de un moderado, el embajador mejicano en Estados Unidos, para obstaculizar la elección del general revolucionario Álvaro Obregón, representante del ala izquierda del carrancismo. Obregón resistió la maniobra y salió en su apoyo el gobernador de Sonora, Adolfo de la Huerta, quien en el “Plan de Agua Prieta” desconoce la autoridad de Carranza y proclama que –como Entre
 Ríos en 1850 contra Rosas- el Estado sonorense reasume su soberanía. Entablada la lucha, el resistido mandatario es derrotado y muerto el 21 de mayo y De la Huerta asume la Presidencia provisoria del país, volviendo a la ciudad de Méjico Carrillo, quien es elegido diputado federal. El 26 de septiembre, desde los balcones de la casa de gobierno, en presencia del propio De la Huerta, contempla la gran manifestación obrera de ese día y pronuncia un incendiario discurso, en el que afirma: “¡Ya basta de palabras; no hay que pedir pacíficamente la reglamentación de los precios, sino romper las puertas de las tiendas y saquearlas: hay que dinamitar el Palacio Nacional, cueva de ladrones y dictadores; volar con bombas el Palacio Arzobispal y la catedral, nido de víboras, y el Palacio Legislativo, ciénaga de todas las malas pasiones, revolcadero de holgazanes y cloaca de vividores, y fundir las campanas para hacer centavos y repartirlos al pueblo
 hambriento!” Por entonces, militó brevemente en el Partido Comunista Mejicano e integró el Buró Latinoamericano de la Internacional Comunista, que abandonó para retomar el control de su partido.


2. La influencia de José Ingenieros.

     Tres o cuatro meses después –a principios de 1921- inicia su relación epistolar con el escritor y sociólogo argentino de izquierda José Ingenieros, cuya obra admira y cuyas posiciones latinoamericanistas y de defensa de la Revolución Rusa comparte. 
    Daniela Spencer resume muy correctamente las hondas raíces nacionales de su socialismo al escribir que, “empapado de la problemática de su Estado natal, con la experiencia adquirida entre los campesinos morelenses y una escasa noción de la revolución rusa y de los principios leninistas de organización, Carrillo Puerto va hilvanando una ideología propia y una práctica política que se nutría en aquellas experiencias”. Habría que agregar en este haber también la influencia de José Ingenieros, que datando de años anteriores se afirma en los sucesivos a partir de la fecha que señalamos.
    El carácter revolucionario, nacional e independiente del socialismo yucateco se establecerá firmemente en el segundo congreso obrero, el llamado “Congreso de Izamal” de agosto de 1921, reunido a sus instancias, y que tomó importantes resoluciones: adoptó como nuevo nombre del partido el de “Partido Socialista del Sureste” (PSSE), proclamó a Carrillo como candidato a gobernador para 1922, estableció relaciones de colaboración con el Partido Socialista Agrario de Campeche, creó el Consejo Federal de Ligas de Resistencia, dispuso apoyar la adquisición de propiedades rústicas e industriales para ponerlas en manos de las Ligas para que fueran explotadas por los trabajadores y aconsejó la expropiación de los servicios públicos como tranvías, luz y fuerza eléctrica. También, expulsó al general Salvador Alvarado y a otros dirigentes en un intento de anular la tendencia moderada del socialismo, que expresaba el ex gobernador,
 calificado ahora de “ambicioso vulgar y politicastro sin conciencia”. Finalmente, se consideró si el Partido debía adherir o no a la III Internacional, decidiéndose por mayoría que no, para conservar la independencia del movimiento y dar un sentido más amplio al apoyo “a la revolución que hoy impera en la tierra”. Lorenzo Carrillo Alcalá considera que la negativa se logró por el veto de la CROM, la Central obrera estrechamente ligada al gobierno nacional, ya a cargo de Álvaro Obregón, pero esta opinión subestima la influencia de Ingenieros sobre Carrillo Puerto, quien le pedía respetuosamente opinión sobre ciertos temas. Justamente sobre éste, el argentino le escribía que “aun manteniendo la más completa solidaridad moral con la revolución rusa, no convenía adherir a la Tercera Internacional ni ligarse al Partido Comunista, aunque descartando a la vez toda vinculación con la Segunda Internacional y con los socialistas
 reformistas, que servían los intereses de las potencias aliadas, esencialmente reaccionarias en esa época”. Muestra del gran concepto en que el líder yucateca tenía las opiniones políticas del argentino es la publicación en el diario “El Popular” de Mérida (que obedecía a su influencia) de una extensa carta de Ingenieros bajo el sugerente y apropiado título de “Un gobierno socialista resulta el más leal y sincero defensor de los intereses nacionales”, ya que en ella el autor de “El Hombre Mediocre” le exponía “la necesidad de adaptar la acción de su partido al medio en que actuaba, recordándole que la fuerza más grande de los revolucionarios rusos ha sido el profundo sentido nacional de su obra”. Tampoco “le ocultó –resume Sergio Bagú- la ventaja de dar un carácter latinoamericano al movimiento, por considerar que nuestros países están en la situación de países proletarios frente al capitalismo imperialista de
 Estados Unidos, que representa el único peligro común para la independencia de nuestros pueblos”.




3. Obra revolucionaria y martirio de Carrillo Puerto

     Las elecciones en las que Carrillo Puerto era candidato se celebraron el 6 de noviembre de 1921, e inmediatamente de conocer los resultados favorables, el electo mandatario telegrafía a su corresponsal a la distancia que el PSSE ha vencido por el voto de “inmensa mayoría pueblo”. Y no exageraba: había obtenido 62.801 sufragios, que importaban el 94,5% del total de votos emitidos, dejando muy atrás al candidato del Partido Liberal de Yucatán, representante de los intereses de los grandes latifundistas, quien debió conformarse con apenas 2.888 sufragios
     El líder popular asumió su cargo el 1° de febrero de 1922 en un acto grandioso en el que pronunció su discurso en maya y juró defender no sólo las constituciones de la nación y del estado, sino también las resoluciones de los Congresos obreros de Motul e Izamal. Tanta expectativa había despertado en Méjico y el extranjero el nuevo gobernador que el acto contó hasta con la presencia de David Dubrowsky, delegado personal de N. Lenín, caudillo bolchevique y presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo de la Unión Soviética.
    La obra de Carrillo Puerto al frente del gobierno yucateca, extendida apenas por menos de dos años, fue a todas luces extraordinaria y comenzó por la declaración de interés público de la industria del henequén, ya que la situación del Estado era en extremo crítica, atrayéndose el odio de la oligarquía local. Con la ayuda de su partido, tomó medidas en beneficio del pueblo yucateca: instauró la denominada “educación racionalista” (o laica); dio un nuevo impulso a la reforma agraria con el reparto de más de 640.000 hectáreas, que benefició a 30.000 familias campesinas; tradujo personalmente al maya la Constitución de 1917, como antes, estando en prisión, había traducido la de 1857; promulgó las leyes de Patrimonio Familiar, de Inquilinato, de Incautación y Expropiación de las Haciendas Abandonadas, de Divorcio, del Trabajo, de la Previsión Social y de expropiación por causa de utilidad pública; organizó campañas de
 alfabetización, erigió 417 nuevas escuelas, fundó la Universidad Nacional del Sureste, la Escuela Vocacional de Artes y Oficios, el Museo Histórico y Arqueológico, la Academia de la Lengua Maya y organizó los “Lunes culturales” y los torneos pedagógicos; decretó la socialización de la producción de los ejidos, promocionó el control de la natalidad, estableció los “bautismos socialistas” y las bodas comunitarias; apoyó la constitución de cooperativas de producción y consumo; fijó el salario mínimo para los trabajadores de la ciudad de Mérida; construyó carreteras para comunicar a esta capital con el Interior; inició programas de socialización de la riqueza pública; sancionó la democrática Ley de Revocatoria popular para los mandatos de los funcionarios de elección pública; persiguió el alcoholismo y el crimen y estableció servicios médicos y jurídicos gratuitos para el pueblo; fijó un impuesto al culto católico;
 promovió la participación de los indios en los asuntos públicos e hizo lo mismo con las mujeres, a quienes concedió el derecho pleno de votar y ser elegidas (las profesoras Rosa Torres y Genoveva Pérez fueron las primeras electas a una función pública). Apoyó la trova yucateca difundiendo sus composiciones por la radiemisora “La Voz del Gran Partido Socialista”. Finalmente, “apoyó la exploración de las ruinas mayas, organizó la Comisión Exportadora de Yucatán e impulsó la Liga de Medianos y Pequeños productores de Henequen”. Las haciendas improductivas o dejadas en estado de abandono, fueron expropiadas por las autoridades estaduales y entregadas a los campesinos, a quienes se los alentó a cooperativizarse y dedicarlas a la explotación maicera, ya que la autosuficiencia alimentaria del pueblo era para Carrillo y su partido tan importante como el mercado internacional del henequén.
    A fines de 1923, la reacción mejicana, personificada en los militares partidarios del Dr. Alfonso de la Huerta, alzado en armas contra la candidatura presidencial del general Plutarco Elías Calles –a quien apoyaba Carrillo Puerto- para suceder a Obregón, puso fin a su gobierno revolucionario. Para defender la nueva legalidad, el gobernador yucateco formó los “batallones socialistas”, pero el Ministro del Interior, que era el propio Calles, se negó obstinadamente a proporcionarle las armas que solicitaba. Derrocado por el general Ricárdez Broca, intentó huir al exterior, pero fue detenido en Holbox, Estado de Quintana Ró. Trasladado a Mérida, en un simulacro de juicio instrumentado por un Tribunal Militar, fue condenado a muerte y ejecutado el 3 de enero de 1924 junto con algunos de sus colaboradores, tres de sus hermanos y el Alcalde de Mérida, frente al ominoso paredón del Cementerio General de aquella capital estadual. Sus últimos
 pensamientos fueron para su pueblo: “¡No abandonéis a mis indios!”, reclamó a sus partidarios en el momento postrero en que las balas segaran su vida ejemplar.
     En 1925 el presidente Calles en persona inauguró –con la presencia de José Ingenieros-  el monumento al  “Apóstol de la Raza de Bronce” en uno de los jardines de la Escuela de Agricultura de Mérida y dos años después el Congreso yucateco lo declaró “Benemérito del Estado”. Su figura alcanzó dimensiones legendarias: se le llamó “El Dragón de los Ojos Verdes” y  “El Cristo Rojo de los Mayas” y un himno en su honor lo declaró “inmortal”, como “lo dicen las aves y las flores del Mayab”, pero el Partido Socialista del Sureste ya no sería el mismo sin su conducción, aunque todavía tendría un gobierno más en Yucatán: el de Bartolomé García Correa, que de socialista sólo tuvo el nombre. Luego desaparecería absorbido –como el Partido Radical de Tabasco y otras organizaciones estaduales- por el oficialista “Partido Nacional Revolucionario” organizado a nivel nacional por Plutarco Elías Calles. Con él, la
 Revolución alcanzaba su institucionalización y el país se pacificaba sacrificando a sus dirigentes más revolucionarios: Emiliano Zapata, Pancho Villa, Carrillo Puerto, Adalberto Tejada (gobernador de Veracruz, que había armado a los campesinos de su Estado en 1920) y hasta Álvaro Obregón, asesinado  por un fanático clerical en julio de l928, poco antes de tener que asumir su segunda presidencia. El Thermidor mejicano estaba consumado. Sólo con Lázaro Cárdenas, el protector de Trotsky, habría un breve reverdecimiento revolucionario en 1934.
                                               


DISTRIBUYE:  CENTRO DE ESTUDIOS PARA LA EMANCIPACIÓN                          NACIONAL (CEPEN)- Roberto A. Ferrero. Presidente.
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