[R-P] "Los pesos queman" - Jorge Avila y Gonzáles Fraga buscando la profesía autocumplida

Fernando Cassia fcassia en gmail.com
Jue Mar 11 10:24:48 MST 2010


Los pesos "queman" y los argentinos buscan sacárselos rápidamente de encima
http://www.iprofesional.com/notas/95415-Los-pesos-queman-y-los-argentinos-buscan-sacarselos-rapidamente-de-encima.html

Los síntomas son inequívocos: otra vez, como en tantas ocasiones 
históricas, los pesos vuelven a “quemar” en la cartera de la dama y el 
bolsillo del caballero.

Es que después de un semestre atípico marcado por el traspaso de dólares 
a pesos, todo indica que se está volviendo a una situación más clásica 
para los ahorristas argentinos: la pérdida de valor de la moneda 
nacional y la búsqueda del dólar como refugio.

Por lo pronto, los depósitos bancarios en pesos sufrieron un freno (sólo 
subieron $400 millones en febrero, apenas un 15% de la cifra registrada 
el mes anterior) lo cual, en una economía con inflación cercana al 20%, 
significa una fuerte contracción en términos “reales”.

La sensación de que los billetes con la efigie de Julio Argentino Roca 
perderán valor rápidamente hace que se acelere la velocidad a la que el 
dinero circula en la economía.

Y cuando la gente busca sacárselos rápidamente de encima, suele tener 
dos opciones: consumir bienes durables (adelanta compras postergadas, 
desde equipos tecnológicos, electrodomésticos, hasta automóviles) o 
intentan preservar su patrimonio en una moneda que perciban como refugio 
de valor (dólares, sin ir más lejos).


Al respecto, el ex presidente del Banco Central, Javier González Fraga, 
advirtió: “Si se quiebran las expectativas de una moderada estabilidad, 
puede quebrarse muy rápidamente esa demanda de dinero, y generarse una 
huída hacia bienes, consumo o divisas”.

¿Qué impacto tiene que los pesos “quemen” en la mano?
El avance de una gran parte de la sociedad en acelerar la rotación del 
dinero que recibe, adquiere extrema relevancia porque, tal como explican 
los analistas, genera una espiral difícil de controlar y que potencia la 
suba de precios.

La teoría económica señala que la inflación se produce cuando hay 
disponible una cantidad de dinero mayor a la que el público desea 
mantener en su poder.

Esa “sobreoferta” de moneda puede ser producto o bien de la cantidad de 
dinero emitido, o bien de una aceleración en la velocidad a la que éste 
circula.

En consecuencia, aun con poco aumento en la emisión, un país puede tener 
un repunte inflacionario mayor al esperado, si la gente siente que “hace 
negocio” sacándose los pesos de encima.

La velocidad, en cifras
Actualmente, cada peso cambia de manos un promedio de 12 veces en un 
año, según estima el economista Jorge Avila, que ve un camino ascendente 
respecto de los últimos cinco, cuando el promedio de circulación de 
dinero se ubicaba entre 8 y 9 veces.

Son cifras pequeñas, si se las compara con los picos inflacionarios de 
los años 80.

Sin embargo, el economista de la Ucema resalta que en un corto lapso de 
tiempo tal rotación, si no se toman las medidas correctivas, puede 
llegar a desbocarse.

Al respecto, recuerda que en 1986 la velocidad de circulación -en ese 
entonces del austral- era de 12,5 veces y que en apenas tres años se 
disparó hasta 100 veces, en pleno estallido de la hiperinflación, a 
mediados de 1989.

Similitudes y diferencias
El desprenderse rápidamente del dinero fue un mecanismo de defensa muy 
típico que caracterizó a los inflacionarios años 80.

¿Puede reeditarse hoy ese contexto? El escenario que marcó aquella 
época, representa un temor que se escucha con frecuencia en los análisis 
de los economistas, que dan cuenta de “la baja en la demanda de pesos”.

“Hay una memoria histórica que dice que acá los ajustes son con 
devaluación. Entonces si la gente tiene una expectativa negativa, su 
reacción es la de dolarizarse. De hecho, el 80% de la riqueza del país 
está en dólares”, afirma Fernando Marengo, economista jefe del Estudio 
Arriazu.

En este sentido, Avila dice que el riesgo inminente no es el de una 
hiperinflación, porque el Banco Central tiene los dólares suficientes 
como para retirar el excedente de pesos en el mercado.

"En los 80, como había pocas reservas, se devaluaba todo el tiempo. 
Ahora, la situación es diferente porque, en los hechos, la Argentina no 
tiene flotación sino un tipo de cambio fijo que se va deslizando”, 
afirma el economista de la Ucema.

Más cerca en el tiempo, Marengo explica que hoy la actitud del público 
puede ser diferente a la que hubo, por ejemplo, a fines de 2007. En esos 
días, había una fuerte inyección de dinero y las tasas de los depósitos 
en pesos eran bajas. Eso inducía a la sociedad a consumir, ante la falta 
de incentivos para ahorrar.

Al respecto, Marengo cree que, en este momento, ante un desestímulo para 
conservar el dinero, la tendencia será la compra de dólares.

“Antes no había expectativa de que la divisa subiera, de forma que la 
gente sabía que perdía plata tanto si se quedaba en pesos o en dólares. 
Entonces consumía. Ahora la expectativa es diferente”, explica.

Su visión es compartida por un creciente número de analistas. Desde 
fines del año pasado, economistas como Ricardo López Murphy y Carlos 
Melconian vienen advirtiendo que el público dolarizará sus ahorros de 
una manera más fuerte que la observada hasta ahora, por percibir que la 
cotización del billete verde, tarde o temprano, deberá ser corregida.

Más aun, consideran que el atraso cambiario tenderá a agravarse, no sólo 
por el hecho de que ahora se prevé una mayor brecha entre inflación y 
devaluación (a principios de año era de entre 5 y 8 puntos y ahora se 
estima superará con creces el 10%) sino porque, además, las tasas de 
interés para los depósitos en pesos no son precisamente un canto de 
sirena para los ahorristas.

Con un nivel promedio de 8% para los plazos fijos a 60 días, los 
inversores no sólo pierden (y por lejos) contra la inflación, sino ahora 
también contra el dólar.

“Esto sí que es inédito, porque lo que sostuvo el volumen de los plazos 
fijos desde la devaluación de 2002 hasta hoy es el hecho de que la gente 
mide su patrimonio en dólares”, señala el directivo de una entidad bancaria.

“Cuando el interés que se pagaba por los depósitos era superior al 
incremento que se anticipaba para el billete verde, entonces el 
ahorrista colocaba el dinero a plazo fijo para luego, al vencimiento, 
recomprar moneda estadounidense. De esta manera, sentía que había 
incrementado su patrimonio en dólares. Hoy esto ya no ocurre”, explica 
la fuente consultada que pidió reserva de identidad.

¿Dólares o consumo?
En este momento, la expectativa de los economistas es que la tendencia a 
cambiar ahorro en pesos por consumo será menor a la registrada, por 
ejemplo, en 2007, cuando se batieron récords de ventas en varios rubros, 
como el de automóviles.

En cambio, se espera que ahora predomine una tendencia más defensiva, 
como lo es la de atesorar billete verde.

Al respecto Lopez Murphy, en una entrevista realizada por este medio, se 
encargó de resaltar su postura acerca de que “los argentinos se verán 
seducidos por un dólar cada vez más barato”, producto de una inflación 
que crecerá muy por encima del alza en la cotización de la moneda. Y, 
según dio cuenta el ex ministro de Economía, “eso acelerará el proceso 
dolarizador".

¿Qué tan grave puede ser la situación?
Si la referencia es la fuga de capitales ocurrida en febrero, de 
u$s1.000 millones, el escenario parecería no ser tan grave como el 
registrado en 2008, cuando se fugaron u$s23.000 millones del sistema.

Sin embargo, muchos ven con preocupación que la dolarización de los 
ahorros haya cobrado nuevos bríos apenas transcurridos los dos primeros 
meses del año, dado que era un fenómeno que hasta los más pesimistas 
recién preveían para el segundo semestre.

Las causas que recalentaron la “temperatura de los pesos” como para que 
empiecen a quemar en las manos de los argentinos es producto de una 
conjunción de factores.

Para varios economistas, el principal es el ruido político -que ya 
cumple cerca de tres meses- originado en diciembre pasado en torno a las 
reservas del Banco Central.

“Ahora hay inflación y bajas tasas de interés. Pero también el país 
tenía un escenario similar hacia finales de 2010, y no se fugaban 
capitales. Esto marca a las claras que el problema político está 
influyendo”, explica Juan Luis Bour, economista jefe de la fundación FIEL.

Y agrega que, en la medida en que el tono del conflicto se agrave, el 
mercado empezará a mostrar signos de duda sobre la marcha de la economía 
y sobre la misma estabilidad del sistema financiero.

En tanto, Ramiro Castiñeira, analista de Econométrica, considera que el 
conflicto en torno a las reservas del Banco Central generó inquietud no 
sólo en el plano político sino porque, más grave aun, puso una nota de 
duda sobre el éxito del canje de deuda.

“La fuga de dólares había mermado, desde un promedio de u$s1.800 
millones por mes hasta niveles mínimos, con algunos meses de saldo 
positivo. Y recién ahora vimos este repunte. Creo que esta dolarización 
está ligada al aumento de la incertidumbre”, afirma.


La conducta de la autoridad monetaria en esta circunstancia reafirmó que 
el Gobierno no tiene inconveniente en volcar las divisas que sean 
necesarias para evitar la volatilidad en el tipo de cambio.

Para Pablo Schiaffino, economista jefe de la consultora Chi Square, el 
Central dominó correctamente la inquietud del público: “Las reservas 
están para esto, para matar el pánico, y eso fue lo que hizo el BCRA”.

“Creo que en la medida que la situación política se tranquilice, esto se 
revertirá. Me parece algo transitorio, aunque claro, no se qué puede 
pasar con una inflación cercana al 30%”, advierte el economista.

Este es un punto clave: una suba de precios de una magnitud tal como la 
actual potencia la actitud defensiva de los argentinos y esto se ve 
reflejado en el hecho de querer sacarse rápidamente los pesos de encima.

Apagando un incendio con alcohol
Además del repunte inflacionario, hay quienes consideran que la 
dolarización de los ahorros no es apenas una situación coyuntural sino 
que es producto de un desbalance fiscal que corre el riesgo de 
acentuarse con el pasar del tiempo.

Y, en ese contexto, las señales de que el Gobierno no está dispuesto a 
moderar el ritmo de crecimiento en el gasto público (que se prevé 
continuará creciendo por encima del nivel de recaudación impositiva) 
constituyen la clave del asunto.

Así, en la medida en que la cantidad de dinero que se inyecte en la 
economía no se corresponda con el nivel de consumo que el público quiera 
hacer, la dolarización parece ser una consecuencia inevitable.

Para Melconian es erróneo pensar que la conflictividad política llevó a 
una incertidumbre financiera, sino que fue exactamente al revés.

“El origen de todo esto no es político sino económico, y si uno mira los 
números globales, queda claro que, de una forma u otra, sea con decreto 
o con una ley, el gran financiador va a ser el Banco Central”, afirma.

Por otro lado, la financiación del gasto vía emisión, o utilización de 
reservas, implica inyectar una mayor cantidad de pesos a la economía.

Y ese mayor circulante, justamente en un momento en el que la gente 
quiere sacarse pesos de encima, es algo que sólo puede tener un 
resultado: mayor inflación.

Punto límite
La salida de capitales es todavía incipiente. Pero, ¿a partir de cuándo 
hay que preocuparse?

Hay cierto consenso de los economistas en el sentido de que una fuga que 
no supere los u$s 1.000 millones al mes es manejable sin que se genere 
una presión excesiva sobre el tipo de cambio.

¿Por qué esa cifra? Porque coincide aproximadamente con el superávit 
comercial mensual que se calcula para este año. “Mientras la salida se 
mantenga en un nivel de u$s1.000M por mes, la dolarización de los 
ahorros se hace en detrimento del saldo comercial, pero no de los 
depósitos bancarios. No obstante, la situación puede cambiar si la 
demanda de dólares se empieza a ubicarse por encima de esa cifra”, 
advierte Castiñeira.

La situación es bien diferente a la que se verificó entre 2003 y 2007, 
cuando ingresaban u$s11.600 millones promedio por la vía comercial y se 
fugaban apenas unos u$s1.800 millones al año.

De manera que una salida de capitales similar al saldo comercial 
implicaría que el Banco Central no podría incrementar sus reservas y que 
todo el excedente de dólares lo compraría el sector privado. Para 
Melconian, este nivel de fuga de capitales puede ser soportada por la 
economía, pero al costo de sacrificar la cosecha agrícola. “Un 
despilfarro”, resume.


Fernando Gutiérrez




Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular