[R-P] [Mariano Grondona] Los Kirchner, ¿"temen" caer o "quieren" caer?
Nestor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Dom Mar 7 07:07:33 MST 2010
Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1240638&origen=NLTitu
[Como todo lo que escribe este preparador de golpes de Estado, el título
es equívoco. Culpa a los Kirchner de aquello sobre lo que desea alertar
a sus enemigos. En el fondo, está expresando el temor a que su tropa de
choque termine dilapidando los ingentes esfuerzos que él y el Comando en
Jefe de la Contrarrevolución Antiargentina vienen desplegando desde que
el kirchnerismo empezó a mostrar su vena nacional. Está pidiendo que no
se les vaya la mano, no sea cosa que el pueblo argentino perciba con
toda claridad qué gato traen encerrado bajo el poncho, y los repudie con
el asco que merecen. En el fondo pide que no "les hagan el juego a los
Kirchner", es decir que no muestren su verdadero juego a destiempo. Su
mensaje a la tropa es "Hay que ganar las elecciones del 2011, por lo
tanto hay que seguir con la farsa, hay que sostenerse firmemente en la
hipocresía. No hay que permitir que el kirchnerismo nos haga cometer el
error de deschavarnos".
Je.]
Los Kirchner, ¿"temen" caer o "quieren" caer?
Por Mariano Grondona
Domingo 7 de marzo de 2010
Dos automovilistas que corren en pareja vulneran, una tras otra, todas
las reglas de la autopista. Exceden los límites de velocidad, se
adelantan en las curvas, avanzan por la mano izquierda. Es fácil
describir /objetivamente/ lo que están haciendo, ya que ponen en peligro
sus vidas y las de los demás. No es fácil determinar /subjetivamente/ ,
en cambio, por qué hacen lo que están haciendo. Apremiados por la íntima
necesidad de llegar antes que los demás a la meta que se han fijado,
asumen riesgos extraordinarios, más allá de los que aceptaría cualquier
conductor racional. Son, por lo tanto, /temerarios/. El temerario es
aquel que, aunque no quiere morir, no le importa morir si ponerse al
borde de la muerte forma parte de una estrategia destinada a ganar como
sea la carrera en la que está empeñado. Pero la línea que separa la
temeridad del /suicidio/ es tan tenue como el hilo de un cabello. Al
trazar su aventurada hoja de ruta, probablemente el conductor extremo
haya tenido en cuenta que podía morir. Aun así, ¿no teme morir? Si el
riesgo de morir ha sido contemplado por el conductor extremo al lanzarse
a la carrera, ¿cuál es la distancia que aún le queda entre no temer
morir y querer morir? ¿No será que, habiendo previsto el suicidio como
una de las alternativas que le ofrecían las circunstancias, está
dispuesto a aceptarla? ¿No será que el conductor extremo, en última
instancia, no sólo /no teme/ morir, sino que, en el fondo, /quiere/ morir?
La accidentología ha estudiado minuciosamente los cálculos y las
motivaciones que existen detrás del comportamiento de un conductor
irracional. Pudo ocurrir, por lo pronto, que no despreciaba la muerte ni
la quería, sino que, al adelantarse a otro automóvil, calculó mal la
distancia que lo separaba del camión que avanzaba en dirección
contraria. Pero también puede ocurrir que su mente exaltada lo haya
llevado a despreciar el peligro o, incluso, a amar el peligro porque es
adicto a las explosiones de adrenalina como las que suscitan los
deportes extremos. ¿Pudo ocurrir, incluso, que en última instancia el
conductor "deseaba" la muerte? Los expertos en accidentología han
detectado con frecuencia que el supuesto "accidente" no fue más que un
embozado intento de suicidio, cuyo autor quería morir, pero también
quería evitar que su familia y sus amigos se enteraran de su verdadera
intención.
*¿Qué buscan los Kirchner? *
Estas consideraciones generales sobre lo que pasa con los conductores
automovilísticos, ¿se aplican también a los conductores políticos?
Teniendo en cuenta que el riesgo de muerte, en su caso, no es la muerte
"física", sino la /muerte política/, ¿se han estado conduciendo los
Kirchner de una manera racional? Max Weber consideraba políticamente
irracional toda conducta que, o se ha fijado objetivos que son de
imposible cumplimiento por inalcanzables, o que, aun cuando fueran
alcanzables, el conductor político no acierta a encontrar el camino que
lo llevaría hasta ellos. Cuando la irracionalidad irrumpe en el origen
mismo de la acción política, ya que lo que se propone en este caso el
político es por definición imposible, está condenado de antemano. La
irracionalidad es en este caso /originaria/. Pero también puede ocurrir
que la irracionalidad resulte instrumental cuando el político no acierta
con el método que lo habría llevado a la victoria no porque ésta sea
inviable, sino simplemente porque no lo encuentra. Si el objetivo de los
Kirchner fue desde el principio obtener /todo el poder por todo el
tiempo/, como lo prueba su pretensión de obtener una serie ilimitada de
reelecciones presidenciales, el matrimonio presidencial está aquejado
por una "irracionalidad originaria", ya que ninguna república
democrática, como es la nuestra, lo permitiría.
La "irracionalidad originaria" no excluye, empero, la "racionalidad
instrumental". Como decía Homero de Ulises, Kirchner es "fecundo en
ardides" y nosotros hemos comprobado que carece, además, de escrúpulos.
Pero esto al fin tampoco le servirá, debido a su "irracionalidad
originaria". Tomemos aquí la metáfora de un atleta que se ha propuesto
batir de lejos todos los récords habidos y por haber aspirando, por
ejemplo, a correr los cien metros en cinco segundos. Su irracionalidad
es, en este caso, originaria. Aunque consiguiera gracias a esta ansiedad
extraordinaria correr los cien metros, digamos, en nueve o hasta en ocho
segundos, igual fracasaría en su desmedido intento. Kirchner ha acudido
a todos los ardides y ha vulnerado todas las reglas. Aun con lo mucho
que ha obtenido gracias a su indudable astucia y a su absoluta orfandad
moral, cuando compare lo mucho que logró con el infinito poder que
pretendía, sentirá el intolerable pinchazo de la frustración.
*El contagio*
Pirro, aquel general griego que se había propuesto nada menos que abatir
a la invencible Roma, es el ejemplo histórico por excelencia del destino
que espera a la "irracionalidad originaria". Como su desmedida ambición
le daba un impulso extraordinario, venció a los romanos en una sucesión
de exitosas batallas pero, por ser su meta final de imposible
cumplimiento, cada victoria parcial, en vez de acercarlo a la victoria
final, paradójicamente lo alejaba. Por eso después de su última victoria
parcial dijo: "Otra victoria como ésta y estaré perdido". ¿No es ésta la
historia "pírrica" del propio Kirchner, aunque éste nunca adquiera la
sabiduría de Pirro al reconocerla? En el uso abusivo de la "caja" para
sobornar a tantos, en el Congreso que antes lo votaba, ante la Justicia,
que una y otra vez lo eximía, /Kirchner-Pirro/ ganaba y ganaba. Su
última astucia "triunfal" fue birlarle fondos al Banco Central en el
mismo momento en que su mujer hablaba ante el Congreso, que debía
controlarlos. Pero Kirchner, como Pirro, cada vez que ganaba perdía
porque el creciente costo de sus victorias parciales se le volvía
acumulativamente incontrolable. Es que cada triunfo innoble genera en
los demás la pesada carga de la repugnancia. Y fue así como a cada ola
de una victoria inaceptable siguió la contraola de la reacción que la
condenaba. El 28 de junio de 2009, el pueblo sumó su sonora reprobación
a la condena del campo. Una condena que ha vuelto a repetirse ahora,
primero en Diputados y después en el Senado.
La victoria, cuando es injusta, muta en derrota. Esta lección ya la
están aprendiendo el pueblo, los legisladores y los jueces. Esto ocurre
porque el beneficio mayor que está aportando la pareja presidencial a
nuestra vida pública es, aunque no lo quiera, el beneficio del
aprendizaje, cuya contrapartida podría ser empero el /contagio/, ya que
el mal mayor que la oposición a los Kirchner podría contraer sería salir
a degüello contra ellos, imitándolos en su empeño destructivo. Si así lo
hiciera, caería en la última trampa que les tienen preparada los
altaneros derrocados, la de facilitar su alejamiento anticipado del
poder -ya hay un juicio político contra la Presidenta-, porque ignoraría
en tal caso la principal lección que estamos recibiendo: que los mayores
beneficiarios de los golpes han sido los propios golpeados porque
gracias a los golpes, al quedar inconclusas sus historias, pudieron
impedir que sus propias víctimas registraran hasta dónde las habían
llevado. Al denunciar una y otra vez que corren el peligro de caer como
cayó el reeleccionista Manuel Zelaya en Honduras, ¿no es este destino
-al que agregan la esperanza de que el fracaso de sus sucesores ante el
atribulado país que les dejan aminore su culpa y les reabra el futuro-
el que en el fondo desean los Kirchner?
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