[R-P] En política económica mundial, La Nación publica sin un solo comentario el punto de vista de Cristina Fernández de Kirchner

maría Sola mariadelsola en gmail.com
Mar Jun 29 21:23:38 MDT 2010


Es evidente que las políticas de ajuste no tienen ningún fin económico
pero tienen un duro fin político: asustar a los pueblos ,
domésticarlos y evitar que ante la crisis tomen decisiones que sean
inconvenientes para los centros de poder. Es por eso que el tal error
no es un error . Claro que no podía decirlo.

El día 30 de junio de 2010 00:09, Néstor Gorojovsky <nmgoro en gmail.com> escribió:
> CITANDO LA FUENTE,EL MATERIAL DE ESTA LISTA ES DE LIBRE REPRODUCCIÓN
>
>
> Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1279833&origen=NLTitu
> NUEVA YORK.- Las recesiones son comunes; las depresiones son raras.
> Por lo que sé, hubo solamente dos épocas de la historia económica que
> fueron generalizadamente descriptas como "depresiones" en su momento:
> los años de deflación e inestabilidad que siguieron al pánico de 1873
> y los años de desempleo masivo que siguieron a la crisis financiera de
> 1929-31.
>
> Ni la Larga Depresión del siglo XIX ni la Gran Depresión del siglo XX
> fueron épocas de declinación incesante. Por el contrario, ambas
> incluyeron períodos en los que la economía creció. Pero esos episodios
> de mejoría nunca bastaron para reparar los daños ocasionados por la
> primera caída, y fueron seguidos por recaídas.
>
> Me temo que ahora nos encontramos en las primeras etapas de una
> tercera depresión. Probablemente sea más semejante a la Larga
> Depresión que a la mucho más grave Gran Depresión.
>
> Pero el costo para la economía mundial y, sobre todo, para los
> millones de vidas azotadas por la falta de empleo será enorme. Y esta
> tercera depresión será, primordialmente, un error de política.
>
> En todo el mundo -más recientemente en la muy desalentadora cumbre del
> G-20 en Toronto-, los gobiernos se obsesionan con la inflación cuando
> la verdadera amenaza es la deflación, y predican la necesidad de
> ajustarse el cinturón cuando el verdadero problema es el gasto
> inadecuado.
>
> En 2008 y 2009, parecía que, tal vez, habíamos aprendido las lecciones
> que nos había dado la historia.
>
> A diferencia de sus predecesores, que aumentaron las tasas de interés
> ante una crisis financiera, los actuales líderes de la Reserva Federal
> y del Banco Central Europeo (BCE) bajaron las tasas y actuaron para
> dar apoyo a los mercados crediticios.
>
> A diferencia de los gobiernos del pasado, que trataron de equilibrar
> sus presupuestos cuando se vieron enfrentados a una economía en caída,
> los gobiernos de hoy permitieron que el déficit aumentara. Y mejores
> políticos lograron que el mundo evitara un colapso total: se podría
> afirmar que la recesión producida por la crisis financiera terminó el
> verano pasado.
> Desempleo catastrófico
>
> Pero los futuros historiadores no dirán que ése no fue el final de la
> tercera depresión, tal como el repunte empresarial que se inició en
> 1933 no fue el final de la Gran Depresión.
>
> Después de todo, el desempleo -en especial, el desempleo de largo
> plazo- sigue en niveles que hubieran sido considerados catastróficos
> poco tiempo atrás, y no hay indicios de que vaya a recuperarse en lo
> inmediato. Y tanto Estados Unidos como Europa se encaminan hacia
> trampas deflacionarias al estilo de Japón.
>
> Ante este sombrío cuadro, uno esperaba que los políticos se dieran
> cuenta de que aún no habían hecho lo suficiente para promover la
> recuperación. Pero no: durante los últimos meses, se produjo un
> notable resurgimiento de la ortodoxia del dinero difícil y del
> equilibrio presupuestario.
>
> En lo referido a la retórica, el renacimiento de la antigua religión
> es más evidente en Europa, donde los funcionarios parecen extraer sus
> frases de los discursos completos de Herbert Hoover, incluida la
> afirmación de que aumentar los impuestos y reducir el gasto
> verdaderamente son medidas que ampliarán la economía y fortalecerán la
> confianza empresarial.
>
> Sin embargo, a nivel práctico, Estados Unidos no hace las cosas mucho
> mejor. La Fed parece consciente de los riesgos deflacionarios, pero lo
> que propone hacer con estos riesgos es, digamos, nada.
>
> La administración de Barack Obama entiende los peligros que implica
> una austeridad fiscal prematura? Pero como los republicanos y los
> demócratas conservadores no autorizaron en el Congreso la ayuda
> adicional a los gobiernos estatales, esa austeridad existe de todas
> maneras, bajo la forma de recortes presupuestarios estatales.
>
> ¿Por qué esta política es equivocada? Para justificar su postura, los
> más intransigentes suelen invocar los problemas que deben enfrentar
> Grecia y otras naciones marginales de Europa.
>
> Y es cierto que los inversores han atacado a los gobiernos con
> déficits irremediables. Pero no hay ninguna evidencia de que la
> austeridad fiscal a corto plazo, ante una economía deprimida, sirva
> para tranquilizar a los inversores.
>
> Todo lo contrario: Grecia ha accedido a un estricto plan de
> austeridad, sólo para descubrir que su riesgo país sigue creciendo;
> Irlanda ha impuesto salvajes recortes a su gasto público, sólo para
> que los mercados la consideren aún más riesgosa que España.
> El triunfo de la ortodoxia
>
> Es casi como si los mercados financieros entendieran aquello que los
> políticos no parecen comprender: que aunque la responsabilidad fiscal
> a largo plazo es importante, rebajar drásticamente el gasto en una
> depresión, profundizándola y abriendo paso a la deflación, es una
> actitud verdaderamente autodestructiva.
>
> Así que no creo que nada de esto se justifique con Grecia, ni tampoco
> que sea una evaluación realista de la compensación de la relación
> entre el déficit y el empleo.
>
> Es, en cambio, el triunfo de una ortodoxia que tiene poco que ver con
> el análisis racional y cuya premisa fundamental es que imponer
> sufrimientos a otras personas es la manera de demostrar la capacidad
> de liderazgo en las épocas difíciles.
>
> ¿Y quién pagará el precio de este triunfo de la ortodoxia? La
> respuesta es: decenas de millones de trabajadores desocupados, mucho
> de los cuales seguirán sin empleo durante años, y algunos de los
> cuales nunca más volverán a trabajar.
>
> Traducción de Mirta Rosenberg
>
> --
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> Néstor Gorojovsky
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