[R-P] [Enrique Lacolla] El militarismo USA y los límites de la prepotencia
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Dom Jun 27 11:55:23 MDT 2010
*El militarismo USA y los límites de la prepotencia *
/Por Enrique Lacolla/
/Militares y políticos han tenido sus diferencias a lo largo de la
historia norteamericana. Pero todos han coincidido en los objetivos de
predominio./
El pasado jueves el jefe de las fuerzas estadounidenses que guerrean
en Afganistán, el general Stanley McChrystal, fue relevado de su cargo
por el presidente Barack Obama. Se trató de una medida inusual, pero
que reconoce algunos precedentes en la historia norteamericana, un par
de ellos famosos, como el relevo del general McClellan por el
presidente Abraham Lincoln, durante la guerra civil, y el despido del
general Mac Arthur por Harry Truman a pocos meses de iniciada la
guerra de Corea. El hecho ahora es que el general McChrystal fue
expulsado de su puesto luego de que se publicara en el semanario
*Rolling Stone* un reportaje que le hiciera un periodista “/embedded/”
en el ejército en operaciones. La estadía del cronista Michael
Hastings en la cúpula del comando se extendió por alrededor de un mes
y el informe que produjo fue leído por el general y aprobado por él,
de modo que no caben equívocos respecto a lo que quiso decir y a lo
que fue publicado.
En el reportaje en cuestión el general fue pródigo en observaciones
cortantes respecto del comandante en jefe y aun más a propósito del
vicepresidente Joe Biden; y su séquito no se mostró más discreto en
sus propias aportaciones. Un ministro francés fue señalado como un
“jodido gay”, las calificaciones que se prodigaron respecto del equipo
del Departamento de Estado encargado del tema afgano fueron
deplorables (apenas si se salvó Hillary Clinton), y las observaciones
a propósito de los asesores militares del presidente y de la
indecisión de la Casa Blanca acerca de irse o bien quedarse para ganar
la guerra aplicando las tácticas contrainsurgentes acuñadas por
McChrystal fueron -lo menos que puede decirse- poco compasivas a la
hora de evaluar las aptitudes de Obama en torno de esos temas.
Ser tratado de incompetente de parte de un subordinado no es cosa que
pueda aceptar un monarca imperial. La salida de McChrystal estaba pues
cantada. La cuestión es saber por qué el general tuvo esos exabruptos
y consintió su publicación. Las hipótesis giran en torno de forzarle
la mano al presidente -cosa improbable- o la más pertinente de una
provocación vinculada a la búsqueda de un chivo expiatorio que pueda
cubrir la responsabilidad de la casta militar a la hora de tener que
practicar una retirada parecida a la de Vietnam. Así los militares
podrán decir, como lo dijeron entonces, que habían combatido con una
sola mano, o con una mano atada a la espalda, pues el poder civil no
estaba preparado para afrontar la magnitud de la aventura en que
habían metido a sus fuerzas armadas.[1]
Dada la pésima andadura de la guerra actual, una retirada, al menos
parcial, no es un paso que quepa desestimar, a pesar de que lo que se
juega en Afganistán no parezca ser negociable desde la actual
perspectiva de la geopolítica estadounidense. Abandonar ese enclave
estratégico en el Asia central y perder la proyección que desde ahí se
puede ejercer hacia China, Rusia y el Medio Oriente no parece, en
efecto, una cuestión que quepa resolver de un plumazo. Pero la
situación se ha complicado tanto debido a la corrupción y la falta de
fiabilidad del gobierno afgano, a las dificultades que se encuentran
en el terreno y a los insondables problemas que aquejan al vecino
Pakistán, que las posibilidades de aplicar con algún éxito en ese
escenario una presión militar combinada con negociaciones que apunten
a transar con las facciones rebeldes, como en Irak, son aquí casi
nulas.
Las discrepancias entre los sectores ejecutivos del /establishment/
tienen siempre importancia. Es verdad que las directivas maestras
acerca de cómo debe ir el mundo se originan en otras sedes -Wall
Street, la Comisión Trilateral, el grupo Bilderberg, los organismos
internacionales de crédito-, pero a la hora de sacar las castañas del
fuego lo que piensan o hacen los encargados de poner en práctica esos
parámetros son el factor que decide el destino inmediato de millones
de seres. Y a partir de allí la viabilidad o el fracaso de las grandes
construcciones de la teleología capitalista emborrachada de
globalismo.
La política exterior norteamericana está imbuida de militarismo. De
hecho, el ejercicio de la fuerza como expediente único e inmediato
para sostener los intereses del conjunto del mundo capitalista es
sustentada por gran parte del /establishment/ norteamericano con un
vigor y una convicción en apariencia aplastantes. Pero en el siglo XXI
la realidad se presenta mucho más complicada de lo que piensan los
planificadores de la /Full Spectrum Dominance/ (Predominio Total) como
designan los teorizadores más extremistas del Pentágono a la imagen
que se hacen del mundo: un planeta donde nada pueda escapar al control
de Washington y donde la sociedad global se organizaría de acuerdo al
interés del mundo híper desarrollado y a las prácticas de un neo
mathusianismo susceptible de ser aplicado tanto con políticas
dirigidas a regular la demografía como con expedientes que no
hesitarían en exterminar a los más desfavorecidos o los más rebeldes…
Y si echamos un vistazo a los que sucede en África y otros lugares,
podría concluirse que esas prácticas hace ya tiempo que están en
vigor.
/El umbral de una nueva época/
Pero la construcción del mundo unipolar que se propone el
/establishment/ norteamericano está empezando a tropezar. Estados
Unidos y sus países satélites de la Unión Europea, más el frenético
/partner/ israelí, podrán seguir dictando su ley en muchos lugares del
mundo, a un costo cada vez más creciente para las sociedades que se
ven sometidas a esa agresión; pero, en las orillas de la caldera que
hierve como consecuencia de esa brutal injerencia, otros factores de
poder e influencia se están gestando. El Grupo de Shangai, que en su
faz más importante representa una tácita alianza militar entre Rusia y
China; y el BRIC, o sea Brasil, Rusia, India y China, que se está
configurando como una posibilidad de intercambios comerciales a gran
escala y como opción diplomática de enorme influencia potencial, son
factores regionales que pueden gravitar pesadamente en la balanza del
poder mundial.
La opción de resistir a la globalización /manu militari/ impulsada por
Estados Unidos, con la connivencia un poco a regañadientes de la Unión
Europea, pasa por una suerte de desconexión que paradójicamente
consiste en la formación de fuertes núcleos regionales capaces de
cooperar entre sí, sustrayéndose a las políticas de la Organización
Mundial de Comercio y a la regimentación de los mercados de acuerdo a
las pautas del neoliberalismo. Este es un esquema con enorme futuro,
en especial si se toma en cuenta que Brasil, en particular, puede ser
también el factor nuclear de una asociación de estados
latinoamericanos que cancele la secular pretensión norteamericana de
ver a los países al sur del Río Bravo como el patio trasero de Estados
Unidos.
El tira y afloja de los militares estadounidenses con su presidente no
es, como dijimos, una novedad. En realidad se debe señalar que las
relaciones tensas entre los “/frocks/” y los “/brass hats/”
(denominaciones despectivas que se prodigaban mutuamente los
exponentes de la casta militar británica y los miembros del
Parlamento) son una constante no solo en el universo anglosajón sino
en todo el mundo a lo largo de la historia de los conflictos humanos.
Basta recordar la famosa frase de Georges Clemenceau durante el
conflicto14-18: “La guerra es un asunto demasiado serio para dejarla
en manos de los generales”. La cuestión es que hoy se puede comprobar
que tales tensiones siguen vigentes y que la persistencia de la
superpotencia en la pretensión de imponer un control a escala global
implica de manera inevitable que crezca la injerencia militar y se
agrave un “realismo” corto de miras que apunta a conseguir resultados
con expedientes basados en la fuerza, más algún aditamento diplomático
que barnice la resolución administrativa de los problemas.
La dificultad que enfrentan las políticas de esta laya, sin embargo,
es que si bien proceden a poner en práctica las tendencias de la
globalización por arriba, tropiezan con su propia consecuencia lógica:
la globalización por abajo, que tiende a oponerse a los decretos del
sistema con una resistencia que se concreta en un activismo global.
Este activismo es difuso y varía de un lugar a otro, pudiendo incluso
parecer que se opone a los rasgos de la modernidad tal como la
entienden las castas ilustradas de Occidente, pero en realidad es la
manifestación -confusa, contradictoria y en evolución permanente- de
una aspiración a la dignidad que se expresa en los movimientos de masa
conocidos como “populismos”. Este fenómeno, denostado por la inmensa
mayoría de los sociólogos y políticos de izquierda y derecha, en
especial en Europa y Estados Unidos, que lo asimilan a la demagogia,
es en realidad una expresión de cómo la presencia de las masas
transforma las políticas de poder. Este hecho ha sido reconocido
incluso por el más fino de los teorizadores de la geopolítica
estadounidense. Zbigniew Brzezinski[2] habla de un “despertar político
global”, el cual, afirma, es el verdadero desafío que enfrenta Estados
Unidos. Esto es, no el terrorismo (usado por Washington como pretexto
ideal para fraguar sus políticas de intervención exterior), sino una
radicalización de las masas a escala planetaria, radicalización que
pone de manifiesto el descontento de las poblaciones con una situación
que es percibida como injusta con una agudeza sin precedentes. La
explosión demográfica del Tercer Mundo, que arroja al escenario a
cantidades cada vez mayores de jóvenes que no encuentran una salida a
sus inquietudes, pero quienes al mismo tiempo son capaces de manejar
el instrumental tecnológico de la comunicación y de constituir redes
que se conectan entre sí, incide para congregar esa juventud en un
tramado de cerebros semiconscientes de sus posibilidades, pero cada
vez más perceptivos de la trampa que los acecha.
En este juego dialéctico de las percepciones, en este ir y venir que
va de la comprensión que el sistema imperial tiene de sus necesidades,
a la conciencia en desarrollo que los oprimidos y marginados de todo
el mundo están adquiriendo respecto de los peligros que encierra el
futuro, se encuentra el pivote sobre el que giran las políticas del
presente. Para el sistema, la guerra, el control económico y la
manipulación mediática son las herramientas de las que ha de valerse
para mantener el estatus quo. Para quienes se encuentran en la otra
vereda, tanto en el mundo periférico como en la marginalia de las
sociedades desarrolladas, esas instancias son el retorno a las
concepciones de soberanía nacional acuñadas en la estela de la
Revolución Francesa, la apropiación de la tecnología para gestar sus
propias alternativas comunicacionales y, por último y si no hay más
remedio, también la guerra.
Mientras tanto, la comedia prosigue. El presidente Obama ofrece el
perfil del gobernante que afirma su autoridad con ponderada energía
ante un profesional de la violencia, el general McChrystal, pero pone
en su lugar a otro comandante, el general David Petraeus, que comparte
en un ciento por ciento los puntos de vista de su antecesor aunque, en
razón de sus ambiciones políticas como probable candidato a la
presidencia por el partido Republicano, se abstenga de manifestarlas.
Ya otro se ha encargado de hacerlo por él.
N O T A S
[1] El argumento era, por supuesto, una excusa de un carácter muy
pobre. Las fuerzas armadas estadounidenses practicaron la guerra en
Vietnam con una brutalidad manifiesta. Lo que aparentemente reclamaban
-borrar del mapa a Vietnam del Norte con bombardeos indiscriminados-
habría podido acarrear en esos momentos la participación directa de
Rusia y China en el conflicto. Todo el andamiaje que mantenía el
equilibrio bipolar se habría venido al suelo y la guerra fría habría
arriesgado transformarse en caliente al enfrentar en forma directa a
los protagonistas mayores del diferendo global.
[2] Zbigniew Brzezinski: /The Global Politc Awakening/, artículo
aparecido en *The New York Times*, Diciembre 16, 2008, citado en
*Global Research* de Junio 26 del 2010.
(www.enriquelacolla.com)
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Néstor Gorojovsky
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