[R-P] Chile, campeón de la desigualdad / Editorial de la revista “Punto Final” ( Rebelion 25.06.10 )
Nestor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Vie Jun 25 12:18:03 MDT 2010
Gentileza de Ezequiel Beer <ezequielbeer en hotmail.com>
Fuente: Rebelion 25.06.10
Chile, campeón de la desigualdad
Editorial de la revista “Punto Final”
<http://www.rebelion.org/mostrar.php?tipo=5&id=Editorial de la revista
“Punto Final”&inicio=0>
Mientras la inmensa mayoría de los hinchas espera que Chile se
clasifique entre los ocho primeros países del Campeonato Mundial de
Fútbol, casi todos olvidan que ya estamos entre los más destacados en
una competencia enojosa y vergonzante: la de la desigualdad. Desde hace
tiempo, figuramos entre los tres o cuatro países más injustos del mundo
en cuanto a la distancia que separa a los ricos de los pobres. A finales
del Gobierno de Ricardo Lagos, el cinco por ciento de la población más
rica obtenía ingresos 209 veces más altos que el cinco por ciento más
pobre. Mientras los ingresos de este último sector subían uno por
ciento, los del quintil más rico lo hacían en 62%. Esa relación se
deterioró aún más en el Gobierno de la presidenta Michelle Bachelet. La
desigualdad, sin embargo, parece no ser percibida por parte de la
población.
El control de los sectores dominantes sobre los medios de comunicación
que producen a toda hora toneladas de imágenes y contenidos, hace creer
a los destinatarios del mensaje que viven en un país modelo, y que si se
empeñan, podrán obtener grandes beneficios. Una ilusión que se borra
cuando terremotos, inundaciones y otras catástrofes arrasan parte de
nuestra geografía y se disipa el oropel de la albañilería psicológica
del retail, la publicidad y la farándula, que oculta los graves
problemas que agobian a la población. Cada vez se hace más real la
posibilidad de cataclismos sociales, gatillados por eventos naturales o
por catástrofes medioambientales originadas por el propio ser humano.
Como ideología dominante, el neoliberalismo estimula el individualismo
para truncar los vínculos de solidaridad social y de unidad de las
organizaciones populares. Se instalan la competencia y el afán de lucro
como los instrumentos que harán progresar a la sociedad, lo que provoca
una enorme fragmentación social. El “emprendedor” se ha convertido en el
modelo de ciudadano que se propone a los chilenos. “Triunfan los que se
lo merecen”, es el mensaje subliminal. A sabiendas de que del conjunto
de “emprendedores” serán muy pocos los que lleguen a la meta y que, en
su inmensa mayoría, serán estrangulados por la competencia y el control
del mercado por las grandes empresas.
Deslumbrados, prefieren ignorar que nadie puede hacerse millonario
honradamente. Sí pueden los que utilizan información privilegiada,
engañan a sus socios, evaden impuestos, aprovechan las mil martingalas
tributarias y, sobre todo, explotan sin piedad a los trabajadores. Nadie
podría convertirse en multimillonario en treinta años, como se ufana de
haberlo hecho el presidente de la República, Sebastián Piñera. La
desigualdad revienta por todos los poros de Chile. No sólo se expresa en
los ingresos. Hay una salud para ricos y otra muy distinta para los
pobres. Lo mismo ocurre con la educación y la previsión social. Cada
cierto tiempo estallan escándalos por la mala calidad de las viviendas.
Construidas con pésimos materiales, en terrenos de baja calidad, ponen
en riesgo la vida y salud de sus habitantes, como ha quedado de
manifiesto en el terremoto del 27 de febrero que ha sido abordado hasta
con mediaguas de calidad inferior a las que antes se proporcionaban a
las familias sin techo. Hasta los alimentos que consumen los pobres son
peores que los de los ricos, debido a la laxitud de los controles
sanitarios y a la tolerancia de las autoridades que hacen la vista gorda
ante la proliferación de la comida chatarra. Otra calamidad que afecta a
los sectores modestos es el endeudamiento, estimulado por la
multiplicación de las tarjetas de crédito: para ellos son los intereses
más altos; sobre ellos pende la amenaza de Dicom; para ellos no existe
la posibilidad de conseguir créditos bancarios. Las cifras son conocidas
e innegables. Como también lo es la escandalosa concentración de la
economía chilena. Seis compañías manejan las AFP que controlan más de
cien mil millones de dólares en fondos de sus afiliados. Tres cadenas
controlan prácticamente todo el negocio farmacéutico e imponen precios
inhumanos a las medicinas. Dos cadenas de diarios controlan la prensa
escrita. Dieciséis grupos económicos producen el 80% del PIB. Cencosud y
Wal Mart (D&S) manejan el 70% de las ventas de los supermercados. Una
sola empresa telefónica -CTC- controla el 75% de la telefonía. Dos
empresas, Endesa y Colbún, manejan el 79% de la generación eléctrica y
están impulsando la construcción de mega represas en Aysén, que ponen en
peligro el medio ambiente y aumentarán el poder de las eléctricas sobre
el conjunto de la economía. La magnitud de las ganancias de las
transnacionales mineras es casi inimaginable. ¡Entre 2006 y 2007 se
apropiaron de 40.000 millones de dólares! La lucha contra la desigualdad
tiene objetivos económicos y políticos. Los primeros tienen que ver con
cambios sustanciales en las distribución de la riqueza a través de la
mejora en la calidad de vida y en una protección social más amplia,
equitativa y eficiente. Los objetivos políticos tienen como norte
ampliar la democracia y asegurar que el conjunto de los ciudadanos
puedan expresarse como titulares de la soberanía y actuar como titulares
efectivos de sus derechos económicos, sociales y culturales. Esa lucha
debe librarse ahora en un terreno nuevo, en que el neoliberalismo ha
fracasado como lo demuestra la crisis económica que sacude la economía
del mundo y que se expresa con rigor en Grecia, Hungría, Italia y cada
vez más en España y Portugal. El neoliberalismo aparece como una
ideología caduca y en extremo peligrosa para la estabilidad social. Se
revitaliza hoy el papel del Estado. Un documento de la Cepal, La hora de
la igualdad.
/Brechas para cerrar, caminos para abrir/, que acaba de aparecer, es
categórico. Advierte: “El documento es claro en sus propuestas. En él se
resalta la necesidad de un fuerte papel del Estado y la importancia de
la política en un marco de revitalización y recreación de la democracia
en tiempos de globalización”. Y agrega: “El Estado es así el principal
actor en la conciliación de políticas de estabilidad y crecimiento
económico, de desarrollo productivo con convergencia y armonización
territorial, promoción del empleo de calidad y mayor igualdad social”.
Postula, además, que “la igualdad social y un dinamismo económico que
transforme las estructuras productivas, no están reñidos entre sí”. No
es fácil ni breve el camino a recorrer para alcanzar la igualdad en
Chile. Tiene como primer obstáculo el actual Gobierno derechista, que
sigue apegado a las tesis más brutales del neoliberalismo. Sus
propuestas principales van dirigidas a favorecer a los más ricos, como
ha quedado de manifiesto en el debate sobre el proyecto de
reconstrucción en que las alzas de impuestos al empresariado y a las
transnacionales están hábilmente presentadas para levantar gravámenes y
devolver, acrecentados, los recursos que se recauden ahora en los años
venideros, garantizándose la prolongación de la invariabilidad
tributaria. Se impone una política de firme oposición a la derecha. Que
denuncie sus planes regresivos y apoye y estimule la movilización de los
trabajadores y sectores populares. Debe ser también pronente: una
profunda reforma tributaria es una necesidad urgente, así como el
establecimiento de un sistema de /royalty/ minero efectivo que resguarde
los intereses nacionales. Deben reclamarse medidas democratizadoras y
descentralizadoras y una reforma en los sistemas de educación y salud
que terminen con el lucro y aseguren prestaciones de calidad para todos,
especialmente para los sectores vulnerables. Eso implica firmeza frente
a la demagogia de la derecha y búsqueda de amplios entendimientos
sociales y políticos que permitan avanzar hacia una mayor equidad y
hacia la solución de las más apremiantes demandas populares.
El motor necesario que puede dinamizar esas luchas y alcanzar
importantes conquistas es el reagrupamiento de la Izquierda. Cada día se
hace más notoria la falta de un núcleo orientador y formador de opinión
pública que plantee un camino de desarrollo económico y social de
proyección socialista, capaz de enfrentarse al imperio de la
desigualdad. Chile puede llegar a ser un campeón de la igualdad de
derechos y de felicidad para sus hijos. Pero hacen falta decisión y
voluntad para emprender el camino. Los precursores deben ser hombres y
mujeres inspirados en las ideas de izquierda. Es un deber honroso
reconstruir la identidad de una alternativa de alcance socialista que
convoque a millones de chilenos. Una tarea necesaria para derrotar la
desigualdad e imponer la justicia.
*
*/(Editorial de “Punto Final”, edición Nº 712, 25 de junio, 2010)
Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular