[R-P] Chile, campeón de la desigualdad
Cecilia Maria Alvarez
alvarezcecilia en elbolson.com
Vie Jun 25 08:45:55 MDT 2010
Chile, campeón de la desigualdad
Mientras la inmensa mayoría de los hinchas espera que Chile se clasifique
entre los ocho primeros países del Campeonato Mundial de Fútbol, casi todos
olvidan que ya estamos entre los más destacados en una competencia enojosa y
vergonzante: la de la desigualdad. Desde hace tiempo, figuramos entre los
tres o cuatro países más inequitativos del mundo en cuanto a la distancia
que separa a los ricos de los pobres. A fines del gobierno de Ricardo Lagos,
el cinco por ciento de la población más rica obtenía ingresos 209 veces más
altos que el cinco por ciento más pobre. Mientras los ingresos de este
último sector subían en uno por ciento, los del quintil más rico lo hacían
en 62 por ciento. Esa relación se deterioró aún más en el gobierno de la
presidenta Michelle Bachelet.
La desigualdad, sin embargo, parece no ser percibida por parte de la
población. El control de los sectores dominantes sobre los medios de
comunicación que producen a toda hora toneladas de imágenes y contenidos,
hace creer a los destinatarios del mensaje que viven en un país modelo, y
que si se empeñan, podrán obtener grandes beneficios. Una ilusión que se
borra cuando terremotos, inundaciones y otras catástrofes arrasan parte de
nuestra geografía y se disipa el oropel de la albañilería sicológica del
retail, la publicidad y la farándula, que oculta los graves problemas que
agobian a la población. Cada vez se hace más real la posibilidad de
cataclismos sociales, gatillados por eventos naturales o por catástrofes
medioambientales originadas por el propio ser humano.
Como ideología dominante, el neoliberalismo estimula el individualismo para
truncar los vínculos de solidaridad social y de unidad de las organizaciones
populares. Se instala la competencia y afán de lucro como los instrumentos
que harán progresar a la sociedad, lo que provoca una enorme fragmentación
social.
El “emprendedor” se ha convertido en el modelo de ciudadano que se propone a
los chilenos. “Triunfan los que se lo merecen”, es el mensaje subliminal. A
sabiendas que del conjunto de “emprendedores” serán muy pocos los que
lleguen a la meta y que, en su inmensa mayoría, serán estrangulados por la
competencia y el control del mercado por las grandes empresas. Deslumbrados,
prefieren ignorar que nadie puede hacerse millonario honradamente. Sí pueden
los que utilizan información privilegiada, engañan a sus socios, evaden
impuestos, aprovechan las mil martingalas tributarias y, sobre todo,
explotan sin piedad a los trabajadores. Nadie podría convertirse en
multimillonario en treinta años, como se ufana de haberlo hecho el
presidente de la República, Sebastián Piñera.
La desigualdad revienta por todos los poros de Chile. No sólo se expresa en
los ingresos. Hay una salud para ricos y otra muy distinta para los pobres.
Lo mismo ocurre en la educación y la previsión social. Cada cierto tiempo
estallan escándalos por la mala calidad de las viviendas. Construidas con
pésimos materiales, en terrenos de baja calidad, ponen en riesgo la vida y
salud de sus habitantes, como ha quedado de manifiesto en el terremoto del
27 de febrero que ha sido abordado hasta con mediaguas de calidad inferior a
las que antes se proporcionaban a las familias sin techo. Hasta los
alimentos que consumen los pobres son peores que los de los ricos, debido a
la laxitud de los controles sanitarios y a la tolerancia de las autoridades
que hacen la vista gorda ante la proliferación de la comida chatarra. Otra
calamidad que afecta a los sectores modestos es el endeudamiento, estimulado
por la multiplicación de las tarjetas de crédito: para ellos son los
intereses más altos; sobre ellos pende la amenaza de Dicom; para ellos nos
existe la posibilidad de conseguir créditos bancarios.
Las cifras son conocidas e indesmentibles. Como también lo es la escandalosa
concentración de la economía chilena. Seis compañías manejan las AFP que
controlan más de cien mil millones de dólares en fondos de sus afiliados.
Tres cadenas controlan prácticamente todo el negocio farmacéutico e imponen
precios inhumanos a las medicinas. Dos cadenas de diarios controlan la
prensa escrita. Dieciséis grupos económicos producen el 80 por ciento del
PIB. Cencosud y Wal Mart (D&S) manejan el 70 por ciento de las ventas de los
supermercados. Una sola empresa telefónica -CTC- controla el 75 por ciento
de la telefonía. Dos empresas, Endesa y Colbún, manejan el 79 por ciento de
la generación eléctrica y están impulsando la construcción de mega represas
en Aysén, que ponen en peligro el medioambiente y aumentarán el poder de las
eléctricas sobre el conjunto de la economía. La magnitud de las ganancias de
las transnacionales mineras es casi inimaginable. ¡Entre 2006 y 2007 se
apropiaron de 40 mil millones de dólares!
La lucha contra la desigualdad tiene objetivos económicos y políticos. Los
primeros tienen que ver con cambios sustanciales en las distribución de la
riqueza a través del mejoramiento en la calidad de vida y en una protección
social más amplia, equitativa y eficiente. Los objetivos políticos tienen
como norte ampliar la democracia y asegurar que el conjunto de los
ciudadanos puedan expresarse como titulares de la soberanía y actuar como
titulares efectivos de sus derechos económicos, sociales y culturales.
Esa lucha debe librarse ahora en un terreno nuevo, en que el neoliberalismo
ha fracasado como lo demuestra la crisis económica que sacude la economía
del mundo y que se expresa con rigor en Grecia, Hungría, Italia y cada vez
más en España y Portugal. El neoliberalismo aparece como una ideología
caduca y en extremo peligrosa para la estabilidad social. Se revitaliza hoy
el papel del Estado. Un documento de la Cepal, La hora de la igualdad.
Brechas para cerrar, caminos para abrir, que acaba de aparecer, es
categórico. Advierte: “El documento es claro en sus propuestas. En él se
resalta la necesidad de un fuerte papel del Estado y la importancia de la
política en un marco de revitalización y recreación de la democracia en
tiempos de globalización”. Y agrega: “El Estado es así el principal actor en
la conciliación de políticas de estabilidad y crecimiento económico, de
desarrollo productivo con convergencia y armonización territorial, promoción
del empleo de calidad y mayor igualdad social”. Postula, además, que “la
igualdad social y un dinamismo económico que transforme las estructuras
productivas, no están reñidos entre sí”.
No es fácil ni breve el camino a recorrer para alcanzar la igualdad en
Chile. Tiene como primer obstáculo el actual gobierno derechista, que sigue
apegado a las tesis más brutales del neoliberalismo. Sus propuestas
principales van dirigidas a favorecer a los más ricos, como ha quedado de
manifiesto en el debate sobre el proyecto de reconstrucción en que las alzas
de impuestos al empresariado y a las transnacionales están hábilmente
presentadas para levantar gravámenes y devolver, acrecentados, los recursos
que se recauden ahora en los años venideros, garantizándose la prolongación
de la invariabilidad tributaria.
Se impone una política de firme oposición a la derecha. Que denuncie sus
planes regresivos y apoye y estimule la movilización de los trabajadores y
sectores populares. Debe ser también propositiva: una profunda reforma
tributaria es una necesidad urgente, así como el establecimiento de un
sistema de royalty minero efectivo que resguarde los intereses nacionales.
Deben reclamarse medidas democratizadoras y descentralizadoras y una reforma
en los sistemas de educación y salud que terminen con el lucro y aseguren
prestaciones de calidad para todos, especialmente para los sectores
vulnerables.
Eso implica firmeza frente a la demagogia de la derecha y búsqueda de
amplios entendimientos sociales y políticos que permitan avanzar hacia una
mayor equidad y hacia la solución de las más apremiantes demandas populares.
El motor necesario que puede dinamizar esas luchas y alcanzar importantes
conquistas es el reagrupamiento de la Izquierda. Cada día se hace más
notoria la falta de un núcleo orientador y formador de opinión pública que
plantee un camino de desarrollo económico y social de proyección socialista,
capaz de enfrentarse al imperio de la desigualdad. Chile puede llegar a ser
un campeón de la igualdad de derechos y de felicidad para sus hijos. Pero
hace falta decisión y voluntad para emprender el camino. Los precursores
deben ser hombres y mujeres inspirados en las ideas de Izquierda. Es un
deber honroso reconstruir la identidad de una alternativa de alcance
socialista que convoque a millones de chilenos. Una tarea necesaria para
derrotar la desigualdad e imponer la justicia.
PF
(Editorial de “Punto Final”, edición Nº 712, 25 de junio, 2010)
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