[R-P] [Jorge Rivas] El lugar del Partido Socialista.

Gustavo Battistoni gustavo.battistoni en gmail.com
Jue Jun 24 09:24:28 MDT 2010


    [Está bien la autocrítica que hace Jorge Rivas del papel nefasto
del PS, durante el período del primer peronismo.Lo que no dice, es que
la desconexión del partido fundado por Juan B. Justo de la cuestión
nacional, ha sido una constante.La posición minoritaria de su grupo,
en la actualidad, es la consecuencia lógica del cipayismo crónico del
PS, que hoy encarnan Giustiniani y Binner.
El fraude tampoco es una novedad dentro del PS.Cuando el Congreso de
Bahía Blanca decide apoyar a la Revolución Rusa, el "aparato" del
partido liderado por Juan Bautista Justo, desconoce el congreso.Es una
mentira la afirmación "progresista" de que el PS fue un grupo
impoluto.Para no hablar del apoyo orgánico que dió su anterior
partido, el PSD, a la dictadura de Videla y cía, explicada con lujo de
detalles, por simpatizantes del binnerismo, como Marcos Novaro y
Vicente Palermo, en su libro sobre la dictadura cívico-militar.
Para finalizar, sería bueno reconocer, que los socialistas del campo
nacional, jamás traicionaron al pueblo argentino.]

EL PAIS › OPINION

El lugar del Partido Socialista


  	

 Por Jorge Rivas *

Que en las elecciones internas del domingo 13 la conducción nacional
del Partido Socialista haya apelado a los recursos a los que apeló es
un signo de los tiempos. Y un sinceramiento ideológico. En efecto, la
dirección que ha llevado a nuestra fuerza a las posiciones más
conservadoras que haya adoptado desde las épocas de la Revolución
Libertadora, de infeliz memoria, ha desplegado también la metodología
del fraude y los gestos del autoritarismo, tan inseparables de la
historia de la derecha en la Argentina.

La corriente Unidad Socialista, de la que fui candidato en los
comicios, ha rechazado abiertamente esas políticas conservadoras: la
oposición acrítica a los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina
Fernández –cuyas medidas populares y progresistas hemos respaldado–,
el alineamiento con los rentistas agrarios en el conflicto por las
retenciones a la exportación de soja, la alianza con expresiones
políticas reaccionarias y hasta confesionales, todo con el pretexto de
un presunto republicanismo, defensor de la pureza institucional. El
aludido proceso electoral partidario exime de todo comentario acerca
de la falsedad de ese argumento.

Los socialistas argentinos, que podemos reivindicar una rica historia
de luchas como expresión política de la clase trabajadora desde fines
del siglo XIX, y que solemos mirarnos en el espejo de militantes que
forman parte de la mejor historia del progreso social en este país,
también reconocemos gruesos errores. En 1945, la dirección del Partido
eligió formar parte de una coalición conservadora fogoneada por la
Embajada de los Estados Unidos y enfrentar de esa manera al movimiento
peronista, en el que veía un monstruo fascista.

Había por cierto en ese movimiento rasgos que justificaban la crítica
desde la izquierda democrática. Pero en el enfrentamiento de fondo que
se producía, los socialistas deberíamos haber apoyado a ese
movimiento, con autonomía respecto del poder y con responsabilidad
frente a los intereses históricos de la clase. Nunca debimos aliarnos
con las clases privilegiadas, interesadas en frenar las conquistas
sociales que se produjeron en aluvión durante una década. En ese
período se abrió una grieta que ha permanecido casi insalvable entre
la izquierda de raíz marxista y la tradición nacional y popular,
grieta que ha servido entre otras cosas para dividir al campo popular
en múltiples encrucijadas históricas del siglo XX.

Tenemos la obligación y la necesidad de revisar esa historia. La
llegada al gobierno de Néstor Kirchner, en 2003, no fue comprendida a
fondo por nosotros, por lo que mantuvimos la posición opositora a la
que nos llevaba nuestra casi innata desconfianza respecto del
peronismo. Pero tuvimos que rendirnos ante la evidencia de que, aun
cuando mantuviéramos diferencias de diverso orden, las políticas
públicas adoptadas por el nuevo presidente eran en gran medida
coincidentes con nuestros programas mínimos. Y que en la vereda
opuesta a ese gobierno se concentraban y se unían los defensores de
los más reaccionarios intereses de la sociedad argentina.

Esa polarización entre dos grandes bloques políticos que en el
lenguaje contemporáneo se llaman de centroizquierda y de centroderecha
se dibujó con mayor nitidez aún desde que asumió el gobierno Cristina
Fernández. Era necesario elegir, para dejar de ser comentaristas
privilegiados de la historia contemporánea, para ser actores políticos
comprometidos con la sociedad real.

Los socialistas bonaerenses elegimos sumarnos como aliados al proyecto
democrático y popular, preservando nuestra autonomía. La conducción de
nuestra fuerza, encarnada en Rubén Giustiniani y Hermes Binner,
prefirió alejar al Partido de la defensa de los intereses de la clase
trabajadora. Y también impedir el debate, el disenso, la discusión
política que tan importantes han sido en la historia del socialismo.
Intervinieron nuestro Partido en la provincia de Buenos Aires.
Pretendieron quitarnos la palabra. Y el domingo pasado, nos quitaron
el derecho al voto. Quieren un socialismo atado a los intereses de los
enemigos de los trabajadores. Queremos un socialismo que discuta y
trabaje con las fuerzas populares y democráticas, procedentes de
diversas tradiciones ideológicas, que respalde las reformas
progresivas, que critique sin concesiones los desvíos y los
retrocesos. Ya hemos instalado nuestra línea como oposición interna en
todo el país, a pesar del fraude. Vamos a seguir dando la pelea.

* Diputado nacional - Dirigente del Partido Socialista.




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