[R-P] "GÜEMES Y LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA"
José María Cavalleri
ingcavalleri en yahoo.com.ar
Mie Jun 16 06:06:14 MDT 2010
"GÜEMES Y LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA" (1)
(Extracto)
Nota preliminar
El Dr. Luis Güemes inicia su obra, "Güemes documentado", dirigiéndose:
Al Lector:
Domingo Güemes, nieto del general Güemes, y hermano de nuestro padre,
trabajó con máximo empeño durante toda su vida para reunir elementos
de juicio que le permitiesen vindicar debidamente la memoria de su
abuelo, oscurecida con deliberada intención, cuando no tergiversada,
por historiadores de nota y sus epígonos. En su lecho de agonía nos
hizo el honroso encargo de continuar la obra, cosa que hemos venido
cumpliendo con filial devoción; tanto que dedicamos a su memoria
nuestro trabajo que sale a la luz bajo el título de Güemes
documentado.
Aclaramos que nosotros no somos investigadores propiamente dicho, sino
pacientes buceadores de documentos, con el fin de evitar así que la
historia de nuestro antepasado se siga escribiendo en gran parte a
contrapelo de la verdad y , a la vez, dejar esclarecidas las
motivaciones por las cuales, después de habérsele negado durante mucho
tiempo su carácter de prócer, se avinieron a calificarlo de mero
gendarme del Norte, guarda espaldas de San Martín, pretendiendo se
ignore (para paliar y cohonestar el descuartizamiento de las
Provincias Unidas) que él no necesitaba inspiración ni tutoría de
nadie y que, dadas sus condiciones y su trayectoria como guerrero,
hubiera llegado triunfante hasta la propia Lima y de este modo la
frontera norte no habría segmentado las Provincias Unidas en Salta,
sino que se habría establecido en el límite con el Bajo Perú. Con el
deliberado propósito de impedir esto último fue privado sin variación
de todo auxilio, impidiéndosele, por ejemplo, debelar totalmente al
enemigo de su propio centro del Alto Perú o por lo menos aniquilar a
los realistas que invadían el territorio salteño, a quienes siempre
derrotaba, pero aún derrotados, retornaban a sus cuarteles para, una
vez rehechos, atacar de nuevo en la primera oportunidad, prolongándose
la guerra inveteradamente y, por fin, asesinado; y a la vez por
encubrir el expresado motivo de tales dilaciones y de tal muerte fue
minimizada al máximo su figura histórica, incluso escamotándose
documentos o falsificándose otros para ocultar la realidad de los
hechos.
L.G.
La introducción precedentemente transcripta, no es una mera
introducción: constituye una gravísima denuncia que, para
fundamentarla, el autor acompaña con doce tomos de documentación
indiscutible y comprobable.
¿A quién corresponde tomar cartas en este asunto? Pues, a la Academia
Nacional de la Historia. Es la Academia quien debe intervenir, para
rechazar fundadamente, o dando lealmente lugar a la verdad. Pero no
puede seguir desconociendo la existencia de tamaña irregularidad,
denunciada, y que además excede a la figura del general Güemes para
comprometer, ya, a otras figuras del bronce argentino.
No prestar atención a esto, por negligencia o con premeditación,
constituye una complicidad condenable en el honor y en el prestigio de
la Institución en general, y en los académicos en particular. No debe
existir ninguna clase de condicionamientos, ni corporativos, ni
políticos, ni sectarios, en un tribunal tan alto como la Academia
Nacional de la Historia, que impidan que se dé a conocer la verdad de
los hechos históricos, cueste lo que cueste, duela lo que duela, sin
que tampoco se argumente extemporaneidad. Los hechos históricos no
prescriben.
Los datos que proporciona "Güemes documentado" son terminantes. Que
la Academia Nacional de la Historia no haya considerado ni un renglón,
hoy no tiene ninguna explicación benigna.
La Academia Nacional de la Historia y el general Güemes
La Academia Nacional de la Historia que ha publicado
recientemente la "Nueva Historia de la Nación Argentina", persiste en
mantener a Güemes en un nivel más abajo que secundario, de una manera
ya asombrosa e inexplicable para nuestros días, toda vez que existe,
desde hace más de veinte años, una muy importante obra, "Güemes
documentado", de Luis Güemes, la que no puede pasar desapercibida para
la más alta autoridad de la materia. Es increíble que la recopilación
de documentación, de las mayores referidas a un prócer, producto de un
trabajo de más de cincuenta años en archivos públicos y privados,
nacionales y extranjeros, de la que se desprende indubitablemente la
envergadura nacional del General Martín Miguel de Güemes, haya sido
dejada de lado totalmente como "orientación bibliográfica". Tampoco
conoce, o parece que no adjudica valor, a la obra de Bernardo Frías, o
a la de Atilio Cornejo, o a la de Luis Colmenares, o a la profunda y
delicada labor del Instituto Güemesiano. Para la Academia Nacional de
la Historia, la historiografía específica sobre Güemes, directamente
no existe.
Por ejemplo. La A.N.H. sigue omitiendo, o ignorando, no ya la
actuación de Güemes durante las invasiones inglesas en Buenos Aires,
que podría calificarse como un hecho menor en su carrera, sino su
determinante acción en la Batalla de Suipacha. Directamente no lo
menciona. Lo suprime. Y esto no es un hecho menor, por la proyección
de ese hecho histórico, y porque es allí cuando comienzan a producirse
una serie de circunstancias, casuales o causadas, que irán retaceando
y desvalorizando la verdadera dimensión de Güemes, el Gran Argentino
del Norte. En "Güemes documentado." -Tomo 1, Cap. 10- se halla
extensamente pormenorizada su intervención, tanto en la jornada de
Suipacha como en la preliminar de Cotagaita.[2], y en el capítulo
siguiente del mismo Tomo 1 -Cap. 11- los datos sobre cuándo y porqué
Güemes fue desvinculado del Ejército del Perú, en Potosí, enero de
1811. También sirve la lectura de estos capítulos, (ver además: Tomo
12 -Nuevas Apuntaciones- pág. 296), para meditar porqué la Batalla de
Suipacha fue, y es aún, un tema tabú, que nadie se anima a
profundizar -y a analizar y difundir- quizás por temor a que resulte
una caja de Pandora, confirmando parte de la denuncia de Luis Güemes.
En el ultra veloz vistazo que hace "La Nueva Historia..." sobre el
desastre de Huaqui -Tomo 4, Pág. 283 y siguiente- se sorprende que
Balcarce "...que había actuado con iniciativa y creatividad táctica en
Suipacha, pareció perder influencia y energía a medida que el ejército
avanzaba hacia el norte, cuando más debieron pesar su experiencia y
conocimientos militares" Lo cierto es que la "iniciativa y creatividad
táctica en Suipacha" dependió, principalmente, del omitido Güemes,
omitido en el parte de batalla y omitido también en los
correspondientes premios y méritos. Pero para entonces, Güemes ya no
pertenecía al ejército, había sido dado de baja por Castelli, como
vimos, en Enero de 1811, dos meses después de la histórica jornada.
¿Porqué? (ver Güemes documentado)
En lo que parcialmente sí acierta, es cuando dice: "Nunca más llegó un
Ejército Auxiliar del Alto Perú hasta el Desaguadero. Desde el punto
de vista estratégico no es juicioso apreciar que, de no haber perdido
la batalla el Ejército Auxiliar, se podría haber invadido el Bajo Perú
con probabilidad de victoria; pero sí que se hubiera podido mantener
defensivamente la línea del Desaguadero y, entretanto, imponer
firmemente la revolución en el Alto Perú." Sí que hubiese sido
posible, pero no dice porqué "nunca más llegó": porque
premeditadamente no se quiso. (Ver "Güemes documentado" - Tomo 1, Cap.
11 - "Nota sobre cuándo y porqué Güemes fue desvinculado del Ejército
del Perú")
La dificultad estratégica que presentaba la garganta, o quebrada, de
Yuraicoragua para penetrar por allí al Bajo Perú e invadir
conquistándolo, se esgrimió como uno de los argumentos para desistir
de la idea de llegar a Lima desde el Alto Perú: el ejército realista
estaría esperando del otro lado para acabar con los nuestros. El otro
motivo era el de la altura y la puna, perjudiciales para los nativos
del nivel del mar. Ahora, ¿en qué se diferenciaban las tropas
realistas que pasaron varios años ocupando la altura y la puna, de las
patriotas que podían adaptarse perfectamente, como que penetraron en
más de una oportunidad y se tuvieron que volver, sea por órdenes, sea
por falta de recursos? Y si hubiera estado ocupado el Alto Perú con
nuestras fuerzas en vez de las realistas, la dificultad estratégica de
la garganta de Yuraicoragua hubiese jugado en contra del enemigo,
hubiese continuado el Alto Perú dentro de las Provincias Unidas y
hubiese terminado más rápido y de una manera más contundente la tarea
de San Martín. Con menos Guayaquil y con menos Bolívar.
Sigue la Academia sosteniendo como válido el "...trasunto que rehice
de memoria..."en 1881 de Vicente Fidel López, referido a la supuesta
carta que San Martín habría enviado a Rodríguez Peña el 22 [no 23] de
Abril de 1814, desde Tucumán. ¿No saben acaso que existen serias dudas
de la autenticidad del "trasunto"? Y seguimos juntando inexactitudes.
En solamente diecinueve páginas (desde pág. 279 hasta pág. 284, y
desde pág. 297 hasta pág. 311, del Tomo 4 - Capítulo 9, de "La Nueva
Historia de la Nación Argentina") de un total de diez tomos, cree la
Academia cumplir con la relación de los hechos de la Guerra de la
Independencia en el Norte, pretendiendo que se ignore el martirio y la
pobreza en que estuvieron sumidos los pueblos de Jujuy y Salta durante
muchos años, defendiendo, a su costo, la libertad y la independencia
de todas las provincias, libertad e independencia que gozan, pero
muchos no saben cómo ocurrieron las cosas, porque los responsables de
informar correctamente, hoy impunemente no lo hacen, o lo hacen a
medias y tergiversadamente, váyase a saber por qué motivos.
Sin embargo, con respecto al episodio del desacato, de los jefes del
Ejército Auxiliar, al general Alvear designado para reemplazar a
Rondeau, a fines de 1814, el escaso resumen de la Guerra de la
Independencia que hace "La Nueva Historia...", le otorga el cuádruple
del espacio (ver págs. 305 y 306 del Tomo 4) del que destina a la
Batalla de Suipacha. En este suceso muestra la Academia, con soberbia,
su malestar porque osaron estos jefes "ser intérpretes de la Nación",
sin permiso de Buenos Aires.
Continúa, la minúscula y maratónica relación, contando en exactamente
cinco medios renglones, pág. 306, que la "...única victoria [del
ejército de Rondeau] se la proporcionó su mayor general Fernández de
la Cruz, que en Puesto del Marqués (14 de abril de 1815) derrotó
completamente al destacamento realista..." Lo de "única victoria"
sería cierto si no se toma en consideración (como efectivamente no lo
hace) la cantidad de escaramuzas y ataques con que sólo Güemes con sus
milicias hicieron retroceder al ejército realista, durante el año
1814, desde el Río Pasaje hasta La Quiaca. Por esos méritos, el
Director Posadas a solicitud de Rondeau, otorga el grado de coronel a
Güemes. El Ejército Auxiliar llega hasta Huacalera, en camino libre de
enemigos, sin haber disparado ni un tiro, cuando los españoles están,
en su retirada, ya en La Quiaca. (Ver "Güemes documentado" -Tomo 2,
Cap. 17: "Güemes y Rondeau en 1814", y Cap. 18: "1815")
Pero la Academia "no sabe" que la acción de Puesto del Marqués es
enteramente de Güemes y sus milicias salto-jujeñas. Fernández de la
Cruz y Rondeau llegaron al lugar horas después de concluido el
combate. Se podrá encontrar la manera de justificar que se ha
personalizado en un superior en el mando la autoría del triunfo, por
el sólo hecho de estar el ejército en las inmediaciones, pero entonces
debería habérsele adjudicado el triunfo a Martín Rodríguez que había
desplazado a Güemes del comando de la vanguardia (no entro en
comentarios del episodio del Tejar), o directamente a Rondeau por ser
el Jefe del Ejercito Auxiliar. Sin embargo, el gobierno decide, en
previa conspiración secreta (pero quedaron las pruebas) [3] con el
prepotente y poco eficaz Martín Rodríguez y el no muy lúcido Rondeau,
por orden de éste último y al día siguiente del triunfo del Puesto del
Marqués, dar de baja a las milicias gauchas y por lo tanto desactivar
a Güemes, quien se vuelve a Salta con su gente. La "incompatibilidad
de carácter" que dice la Academia, entre Güemes y Martín Rodríguez, no
era porque sí nomás: era por el mal trato que éste último dispensaba a
los gauchos, y que fue motivo de un enérgico y amenazante reclamo por
parte de Güemes, a lo que M. Rodríguez contestó con despreciable
arrogancia: "... ¿quién es Ud. señor general de gauchos, para
apercibirme?..." (Ver "Güemes documentado" - Tomo 2, Cap.18: "1815")
Así nos fue después, en Venta y Media y Sipe Sipe, con estos jefes.
Soberbio e incapaz el uno [4], y solamente incapaz el otro.
1816, en adelante: cuando comprendió Rondeau que había cometido el
error de dar crédito a las inquinas [5], que con el pretexto del
apoderamiento por parte de Güemes de los 500 fusiles tomados de Jujuy
volviendo a Salta desde el Puesto del Marqués habían urdido los
enemigos internos, estuvo pronto a conferenciar con el norteño coronel
criollo, llegando al histórico acuerdo de Los Cerrillos, en marzo de
1816. Allí se selló, no sólo la paz entre ambos jefes, sino una
verdadera amistad. También ahí French conoció al verdadero Güemes, de
quien se convirtió en un sincero admirador.
La paz de Cerrillos fue festejada por San Martín en Mendoza con
cañonazos y banderas.
La llamada "guerra gaucha", más allá de tener un sonido romántico y
folclórico, fue una gigantesca acción militar, llevada a cabo con
escasos recursos. Fue verdaderamente gigantesca porque, si bien no se
libraron importantes batallas a lo clásico, con ejércitos de línea
enfrentados, infanterías, artillerías, caballerías, etc. como las que
hoy son recordadas con nombres de calles en la Capital Federal, digo
fue gigantesca porque duró más de seis años, sostenida exclusivamente
por milicias de gauchos-soldados, o soldados-gauchos, patriotas
salteños y jujeños, atajando y poniendo en retirada en varias
oportunidades a ejércitos de línea de varios miles de soldados bien
equipados, muchos de ellos veteranos de guerras napoleónicas.
Güemes detuvo poderosas invasiones al mando de destacados jefes. Basta
citar la del experimentado mariscal José de la Serna, quien al mando
de 5.500 veteranos de guerra partió de Lima asegurando que con ellos
recuperaría Buenos Aires, o la del Gral. Olañeta, ambas en 1817. O la
del Gral. Juan Ramírez Orozco quién en Junio de 1820 avanzó con 6.500
hombres. En la anarquía nacional del año 20, sin gobierno ni congreso
después de Cepeda, sólo Güemes defendía el territorio y la
independencia, y no la "frontera", de la invasión de Ramírez de
Orozco. El Gral. San Martín iba ya rumbo al Perú, bajo bandera
chilena, y con él también los más destacados jefes. No quedaba nadie
más que Güemes.[6]
En general, es creencia vulgar de que Güemes actuaba libremente de
acuerdo a su antojo. Se ignora que Güemes tuvo oficialmente cargos,
designaciones y misiones. Ya vimos que San Martín lo designa, en 1814,
al frente de la Avanzada sobre el Pasaje. En 1816 el Director
Pueyrredón le encomienda la defensa de las Provincias Unidas y la
seguridad del Ejército Auxiliar del Alto Perú, de cuya jefatura fue
Güemes subalterno, ejército éste que se encontraba en Tucumán
reorganizándose después de ser derrotado en Sipe Sipe. Entonces las
milicias gauchas al mando del salteño pasaron a desempeñarse como
ejército en operaciones continuas, al servicio de la Patria. Luego de
la disolución del inútil y malogrado Ejército del Norte, tras la
sublevación de Arequito, San Martín lo designó, y por aclamación de
todos sus jefes, General en Jefe del Ejército de Observación -mayo de
1820- y le encomendó la misión de auxiliarlo en la liberación del
Perú, tarea ésta que se frustra, justo cuando está iniciándola, a
causa de la traición que provoca su prematura muerte.
Rodeado de enemigos lo encontró el año 1821. Uno de los más poderosos
y temibles fue el gobernador Bernabé Aráoz, autodesignado Presidente
de la República de Tucumán, quien se negó a entregarle el armamento
que había pertenecido al Ejército Auxiliar y evitó que el gobernador
santiagueño lo auxiliara. En mayo, acusándolo de tirano, el nuevo
Cabildo de Salta lo depuso, en alianza con el Gral. Olañeta. Güemes
recuperó el poder días después, pero una partida realista guiada por
los enemigos internos lo hirió la noche del 7 de Junio. Murió diez
días después, a la intemperie, en un catre, en Cañada de la Horqueta,
a la edad de 36 años. Entonces se convirtió en el único general
argentino caído en acción de guerra.
Casi no se sabe, tampoco, que en su agonía no dejó de
rechazar enérgica y terminantemente los ofrecimientos del enemigo:
ayuda médica, dinero y honores, a cambio de su rendición.
"El extraño y notable general y caudillo"
La Academia Nacional de la Historia, siempre en el súper resumen, Tomo
4, pág. 310, primer párrafo, dice: "La muerte del extraño y notable
general y caudillo, felizmente para las Provincias Unidas, no
significó el desarme total de su provincia. El general realista
Olañeta, en el mismo año 1821, llegó con su tropa hasta Volcán, a las
puertas de Jujuy; pero debió retirarse con fuertes bajas. Las amenazas
de los realistas en los años siguientes no pusieron en peligro la
independencia de Salta y Jujuy"
En el párrafo precedente, se encuentra la médula del desencuentro en
la apreciación de nuestra historia:
Luego de la muerte de Güemes se produce el Armisticio del Cabildo de
Salta con Olañeta, situación buscada, negociada y manejada por la
"Patria Nueva" de Salta (especie de partido político propulsor de la
destitución de Güemes, y encaramado al poder luego de muerto éste) y
por Bernabé Aráoz, con el jefe realista. Entre otras cláusulas, se
establece que las tropas españolas se retirarán, sin ser molestadas,
hasta algo más al norte de la ciudad de Jujuy, quedando también
prohibido el tránsito por la provincia de cualquier fuerza armada que
pueda ser amenazante a las tropas reales. Luego, la Capitulación del
Gobierno de Salta, en agosto de ese mismo año 1821, ratifica lo
actuado, con vigencia de cuatro meses más, a partir de la firma.
Olañeta rubrica el documento, en fecha 30 de agosto de 1821, en su
cuartel general en Tupiza, mucho más al norte de Jujuy, adonde se
había retirado en virtud del armisticio, obviamente, sin ninguna baja.
(Ver "Güemes documentado" -Tomo 11, Cap. 146, "Armisticio entre el
Cabildo de Salta y Olañeta (14 de Julio de 1821) - Capitulación de
Cornejo ante Olañeta (20 de agosto de 1821)"
Con la Capitulación, el plan pacifista-desmembracionista marchaba a la
perfección. Pero, las fuerzas españolas quedaban libres de tener que
defenderse del Río de la Plata (léase Salta y Jujuy) para concentrarse
en atacar a San Martín en Lima. Por ello, y no porque Salta no hubiese
sufrido ningún "...desarme total..." es que "...las amenazas de los
realistas en los años siguientes no pusieron en peligro la
independencia de Salta y Jujuy" La lucha de tantos años, de estos
pueblos del Norte, con Güemes a la cabeza, no fue solamente para
defender la independencia de Salta y Jujuy, como errónea y tristemente
cierra el párrafo de la pág. 310, Tomo 4, la Academia Nacional de la
Historia. ¿Es que acaso todavía no se entiende cómo se conformaba el
territorio, y para qué el enorme sacrificio que hacían dichas
provincias?
La muerte de Güemes (quien ya había comenzado a movilizar efectivos al
Alto Perú, en conformidad con San Martín) y la consecuente
capitulación de Salta, significó la queja del Libertador, que en carta
desde Lima a O'Higgins, de fecha 6 de noviembre de 1821 dice: "...los
enemigos tratan de reunir las fuerzas que tienen en el Alto Perú, en
Huamanga y Jauja, que añadidas a las de Olañeta que se han venido
sobre Puno y las de Ramírez en la costa, me pueden prolongar la guerra
de un modo indefinible. El indigno armisticio de Salta ha hecho que
todas las fuerzas caigan sobre mí, y esto no puede permitirse..." [7]
¿Pretende la Academia seguir ignorando la vinculación de los hechos,
desconectando la lucha de Salta y Jujuy del plan integracionista
americano de Güemes y San Martín?
¿Cree la Academia Nacional de la Historia que Martín Miguel de Güemes
fue solamente un extraño y notable general y caudillo?
Tal calificación, que a simple vista parece laudatoria, en realidad
está justificando una lisonjera manera de disminuir, de menoscabar su
verdadera dimensión.
Es que, disminuir al General Martín Miguel de Güemes (y más allá de la
persona de Güemes), es ocultar el molesto tema de lo que se perdió. No
me refiero solamente a los territorios del Alto Perú (Bolivia). Me
refiero a lo más importante de todo: se perdió, hasta ahora, la mitad
de la historia y su valiosa tradición, con lo cual también hemos
perdido el rumbo porque no encontramos nuestra raíz y nuestra
identidad como nación.
Salta, Enero de 2004
Ing. Guillermo Solá
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[1] Opúsculo de mi autoría.
[2] De paso, es de aprovechar para poner en conocimiento de quien lea
este artículo, que en la República Argentina, entre otras cosas que no
hacemos, no se conmemora ni se recuerda la histórica Batalla de
Suipacha, primera victoria de las armas de la patria en la guerra de
la independencia. Desde ya que sí lo hacen en Bolivia, especialmente
en Suipacha, con himnos, banderas y escarapelas bolivianas y
argentinas.
[3] "Güemes documentado" - Tomo 2, pág. 318 y 319.-
[4] y también ladrón de objetos de valor, detenido por Güemes en
Cobos: ver "Güemes documentado" - Tomo 3, Cap. 27.
[5] "Güemes documentado" - Tomo 3, Cap. 30, Ataque de Rondeau a Salta
y Pacto de San José de los Cerrillos, del 22 de marzo de 1816.
[6] "En esos días San Martín desembarca en el puerto de Paracas, y
espera el avance de Güemes por el Norte. El conductor de la tierra en
armas -Güemes- solicita auxilio a las provincias para cumplir con el
plan del Libertador. Buenos Aires y el litoral se debaten en luchas
fratricidas. La anarquía triunfa sobre la unidad nacional
suramericana. Es el año 1820, el 20 de Junio muere el creador de la
Bandera Nacional: el Gral. Manuel Belgrano (en el día de los tres
gobernadores). Con la irrupción del "gaucho de los cerrillos" y sus
"colorados del monte" se establece la paz de los hacendados. El pacto
del restaurador (Juan Manuel de Rosas) y el patriarca de la federación
(Estanislao López) se consolida con las vacas entregadas por la
provincia de Bs.As a Santa Fe. Buenos Aires recupera la tranquilidad
comercial. Salta y Jujuy entretanto, se desangran por la independencia
nacional. En la anarquía litoraleña, y posterior dictadura bonaerense,
el término libertad queda relegado a los campos de batalla entre
unitarios y federales. La independencia se recluye en las selvas,
montes y ríos del norte argentino, y en el altiplano boliviano. Por
ello el liberalismo portuario o el nacionalismo bonaerense nunca
comprendieron a Güemes, salvo como "defensor de la frontera norte" o
"caudillo gaucho". "Martín Güemes: leyenda y realidad. De Mitre a
Terragno", de Martín M. Güemes Arruabarrena. Salta, 2002
[7] "Güemes documentado" -Tomo 11, pág.331
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