[R-P] Borges y los fusilamientos del 56
Nestor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Vie Jun 11 11:37:17 MDT 2010
Borges tenía todos los elementos del genio artístico. Pero los
despilfarró.
Y eso no es lo peor. (Hay tantos que despilfarran sus dotes...) Lo peor
es que lo hizo por tres guitas.
Sí, lo hizo por tres guitas. Lo hizo porque le tiraron un puesto de ñoqui
en una bibliotequita de mala muerte en un barrio porteño.
Lo hizo en la Década Infame, cometiendo quizás la mayor infamia de las
tantas que entonces se cometieron ¿Puede haber mayor traición que la
traición al arte, cuando la comete un sujeto excepcional que tiene todas
las condiciones para ser un grande? A Borges lo aterrorizó la
perspectiva alternativa, y por miedo a la miseria y la dificultad que
siempre provoca la autenticidad artística en un país como era esa
Argentina, eligió. Conciente y fríamente eligió.
Yo no le critico sus posiciones políticas. Hasta, si me apuran, me
atrevería a disculparle "La fiesta del monstruo", porque puedo llegar a
entenderla como producto de la pasión momentánea. Ah, al menos una
muestra de pasión. Enferma y perversa, pero una pasión.
Le critico su traición al arte. Eso que Jauretche le criticaba, y no porque
"en ese momento correspondía". En estos asuntos clave, Jauretche era
mucho más que un oportunista acomodaticio que modificaba su discurso
según soplara el viento y le conviniera a sus fines inmediatos.
Jauretche lo criticaba desde otro lado, desde el costado de la más
profunda comprensión del papel del artista. Es desde allí que le criticó
eso de que "cada vez que asomaba un adjetivo, Borges le pegaba un
pistoletazo".
Lo que Jauretche le reprochó a Borges (y Ramos también, y Spili, aunque
no lo puso por escrito, era de la misma opinión y se quedó con las ganas
de hacer un análisis de este aspecto crucial de Borges como artista) era
la inautenticidad.
Le reprochó la mentida frialdad, que terminó haciéndosele carne.
Una frialdad calculada y miserable, oportunista y adaptativa, que
eliminó toda emoción humana de su obra. Al obrar así dio expresión -es
verdad- al vacío humano de una clase social (que para colmo no era la
suya), pero se negó a dar expresión al pueblo de donde había salido. No
todo es vigilia la de los ojos abiertos, pero tampoco todo es acomodo a
los tiempos que corren. Borges eligió, eligió, ser el orfebre asalariado
de una clase social infame e impune, incapaz de emoción alguna, fría
como su relación con el país que esquilmaba y esquilma.
Para ello se mutiló definitivamente el costado emocional del espíritu.
Un artista sin emociones. Eso eligió ser. Por lo tanto, renunció al
arte, puesto que el arte se basa en la emoción.
A partir de su incorporación definitiva al orden oligárquico, el
pequeñoburgués de familia bien Jorge Luis Borges decidió que su
literatura debería ser una literatura sin alma. Y que su alma debía
aceptar como buenos los horrores más infames. De allí que no se pueda
dividir al Borges literato, helado y asexuado, incapaz de una emoción,
del Borges político que no puede ni siquiera entender desde lejos (como
sí lo podía hacer otro antiperonista de esos tiempos, Sábato) el crimen
implícito en la Libertadora. Borges amaba los bombardeos del 55, amaba
los fusilamientos del 56, porque el peronismo había mostrado que había
un camino alternativo al que él había elegido.
Pudiendo ser Miguel Ángel, se conformó con ser a lo sumo un Benvenutto
Cellini.
En vez de artista, prefirió ser un orfebre helado y sin hondura humana.
Y odió con toda la fuerza de su alma al pueblo argentino cuya existencia
y cuyos combates no podía sino comparar con su renuncia a la humanidad
profunda... a cambio de un mendrugo municipal.
El resto, son pequeñeces de orfebre, minucias admirables de tallista y
artesano, técnica increíble puesta al servicio de la nada.
Borges pudo haber sido el gran joyero literario de la Argentina del siglo
XX. Es más, quizás hasta hubiera podido serlo sin por ello dejar de
expresar a la Argentina oligárquica (en cierto modo, el Kipling de un
país que nunca existió).
De haber elegido ese rumbo, yo lo respetaría, como no se puede sino
respetar al artista auténtico.
Borges hubiera podido esculpir otro David. Pero eligió otra cosa. Eligió
hacer mostacillas y cadenitas tan perfectas como frías y standardizadas.
Eligió vender sus chucherías a un público que se sentía representado por
esas obritas menores sin la menor importancia. Tendió una manta en la
calle Florida, frente a la Sociedad Rural, y se puso a colocar anillitos
y boludecitas ornamentales.
Borges no se animó a ser un maldito más. Se dio cuenta de que la
oligarquía que residía en la Argentina no quería grandes artistas,
porque todo gran artista, por más reaccionario que sea, siempre
cuestiona la realidad y el orden vigente. Entonces, se quitó el alma y
dejó la cáscara.
Fue el Judas de la literatura argentina. No por antiperonista, ni por
cipayo. Por miedoso, por incapaz de sentir (como al menos tuvo la
decencia de reconocerlo en alguno de sus últimos poemas).
Ningún miedoso puede ser un gran artista. El terror inspira obras de
arte (baste pensar en Goya o en Kafka). Pero el miedo no. El miedo
impide emocionarse y emocionar honestamente.
Borges se hizo gorila hasta el último detalle. Se convirtió en un desalmado.
Por miedo a la miseria.
Y en su orfebrería, se nota. Claro que se nota.
Por eso no me parece merecedor de piedad como "artista".
Ése fue su mayor crimen.
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