[R-P] No es cobardía, es complicidad, Fisk [era Re: La cobardía de los políticos - Roberto Fisk]

Nestor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Mie Jun 2 11:10:56 MDT 2010


[Esto lo escribí ayer y se va a publicar en la revista ZOOM. Iba a
esperar para mandarlo a Reconquista Popular, pero me parece que puede
servir para dar respuesta a alguna de las preguntas que plantea Robert
Fisk No hay un átomo de cobardía en ningún político. Es algo muy
diferente. Todo el mundo imperialista es cómplice de Israel. Incluso
aquellos que prefieren descargar sus propias conciencias culpando a los
israelíes en forma exclusiva. Israel, como el Shylock en la obra de
Shakespeare, les presenta a los gentiles la verdad oculta tras sus
homilías y beatitudes falsamente humanitarias. "Esto que soy yo, lo son
ustedes", dice su gobierno. Y los demás lo tratan de satanizar en
público, pero en el fondo le dan la razón. Y callan por eso, no por
cobardía.]

La masacre perpetrada por comandos aerotransportados israelíes contra la
"Flotilla de la Libertad" tipifica, en grado sumo de alevosía, el delito
de piratería internacional. Ningún argumento puede evitar esta
caracterización y todo el peso moral del repudio a semejantes prácticas
es poco frente a lo que significa la actual política del Estado de Israel.

Sin embargo cabe esperar que, desgraciadamente, este nuevo horror,
culminación lógica e inexorable del cerco y sitio tendido alrededor de
la Franja de Gaza, solo merezca a lo sumo una sanción moral
inconducente. Israel no actúa sola. No se la puede repudiar a ella sola.

Es que el problema no es solamente el Estado de Israel, como tantos
parecen creer. Mucho menos, por supuesto, los judíos, muchos de los
cuales se asquean y horrorizan ante estas acciones que dicho Estado dice
ejecutar en su nombre. El problema es el sistema oligárquico mundial y
la continuidad de la dictadura planetaria del gran capital imperialista.
El estado de Israel es su expresión más concentrada y descarnada, y sus
políticas, la forma más explícita de la política imperialista. Nada
menos. Pero nada más.

*El drama judío en Europa y la expansión imperialista

Los judíos europeos sirvieron en su momento de válvula de seguridad a
las tensiones sociales de un capitalismo metropolitano que ya a fines
del siglo XIX ingresaba a una era de progresivo desprecio de las
banderas revolucionarias (y burguesas) de libertad, igualdad, y
fraternidad entre los hombres (al menos, entre los ciudadanos de las
naciones burguesas). Es que en la etapa imperialista la supervivencia
del régimen productivo era incompatible, a largo plazo, con la defensa
de esas banderas del humanismo burgués. Afianzada en el poder, la
burguesía ya no las necesitaba y más bien sentía la imperiosa obligación
de quitárselas de encima.

Los primeros en sentir el impacto de esta transformación fueron los
pueblos coloniales y semicoloniales, pero en el seno mismo de las
formaciones imperialistas empezaron a darse tendencias etnocéntricas y
racistas fundadas en el positivismo sociológico y el darwinismo social.
El régimen capitalista monopólico, que es la expresión interna de la
expansión imperialista y, en el fondo, el verdadero origen de esta
última, divide a la propia burguesía metropolitana en dos estratos
diferenciados. El gran capital concentrado y monopolista se ve forzado a
imponer su dictadura política y económica no ya solamente sobre las
clases subalternas, sino también, y particularmente, sobre el pequeño y
mediano capital.

Pero esta división interna de la clase dominante no puede ejercerse en
forma abierta, sino en nombre de alguna amenaza oscura y externa al
sistema (que por definición es “perfecto”). De allí que cree
permanentemente algún objeto abstracto de odio que disuelva las
frustraciones inevitables engendradas por el régimen monopolista. A
fines del siglo XIX y en Europa, el objeto de ese odio fueron los
judíos. La culminación de esta ola creciente de agresión fue el
monstruoso operativo de liquidación física de los judíos ejecutado por
el régimen hitleriano, pero venía abonada por larguísimas décadas de
desarrollo de una ideología antisemita cuyas raíces no estaban en
Alemania sino en Francia. Al mismo tiempo, la crisis interna de las
formaciones de Europa Oriental (que culminarían luego en la Revolución
Rusa, pero también en los regímenes fascistas que salpicaron la zona
entre 1918 y 1939, mucho antes de la invasión alemana) sindicaba a los
judíos como los responsables básicos de la miseria de las masas.

*La peculiar significación del antisemitismo del siglo XX

Es cierto que no solo los judíos sufrieron la discriminación y el odio
popular en esos países, y que tampoco fueron ellos las únicas víctimas
de las masacres del nazismo. El racismo imperialista también se ejercía
contra cualquier tipo de "deformación" (homosexuales, personas de
capacidades diferentes, etc.), contra los pueblos de piel oscura, contra
los gitanos, etc. Por no hablar de la persecución política a los
enemigos del régimen burgués, que muchas veces se consideraba también
una forma de “degeneración”.

Pero lo que define la situación de los judíos es que en general formaban
parte de las élites de las sociedades que los odiaban. Se los liquidaría
por una mítica asignación de características raciales, pero la intención
real era segregar a un sector de las clases dominantes para
transformarlo en responsable universal de la tragedia engendrada por el
propio modo de producción en las sociedades europeas.

No pocos de los burgueses que ahora detentan el mando en Europa Oriental
podrían contarnos interesantes historias sobre el origen de algunas
pequeñas fortunas personales durante el tiempo de la ocupación alemana:
liquidar judíos era un modo de descomprimir la problemática de la propia
burguesía abriéndole camino a los gentiles para que en países carentes
de colonias pudieran desarrollar carreras no demasiado distintas de la
de un escocés emigrado a África del Sur en tiempos de Cecil Rhodes, por
ejemplo.

*O Auschwitz o Tel Aviv

A los judíos europeos, el sistema solo les ofrecía dos salidas: o las
puertas de los campos de la muerte, o la emigración, al servicio del
interés imperialista, al Medio Oriente. A la propuesta de hacer humo
(literalmente) a la judería europea se le contraponía la de crear un
estado tan etnocéntrico como aquellos que habían desatado la judeofobia,
pero con signo cambiado. Una “Europa sin judíos” promovería un "estado
judío", en territorio árabe. Esta es, en el fondo, toda la diferencia
entre el antisemitismo francés o alemán y el "filosemitismo" inglés del
período de entreguerras.

El Reino Unido se encontraba en la mejor posición para aprovechar en
propio beneficio la situación de los judíos europeos. Fue el Reino Unido
quien inventó los campos de concentración (guerra anglobóer) y los
bombardeos incendiarios a poblaciones civiles (represión a los rebeldes
nacionalistas iraquíes, a cargo de un oficial que pasó a la historia
como "Bombardero" Harris, véase al pie de estas notas). Al construir un
"estado judío" a imagen y semejanza de su protector imperialista en
Medio Oriente, la dirigencia israelí no hizo sino concentrar y expandir
hasta límites insospechados el significado profundo de la penetración
extranjera en los antiguos territorios del Imperio Otomano. Israel se ha
transformado, con el tiempo, en un lujoso “campo de concentración” para
judíos convertidos en bombardeadores incendiarios de sus vecinos.

La "guerra de la Independencia" de Israel, librada en 1948, fue un
expediente político para trasladarse de la protección británica, en
decadencia, a la ascendiente de Estados Unidos. Era inevitable que a la
larga o a la corta esta independencia con apoyo estadounidense terminase
con la liquidación de toda apariencia de "humanismo" y "socialismo" en
la dirigencia israelí.

*El carácter “judío” del Estado, Estados Unidos y la inevitable
desaparición del laborismo y el humanismo israelí

En el período inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial el
dirigente sionista más avizor fue el derechista y cuasi fascista
"sionista revisionista" (es decir antisocialista) Menajem Béguin. Sus
colegas laboristas, por largos años, siguieron creyendo que cuando los
laboristas tomaran el poder en Inglaterra terminarían concediéndole al
territorio del mandato palestino una independencia como Estado judío.
Beguin, más realista, sabía que los laboristas ingleses eran ante todo
ingleses, y poco esperaba de ellos. Lo primero que hizo fue un tour
proselitista en Estados Unidos. Tras la masacre de la judería europea,
cabe señalar, los judíos de ese país se habían convertido en el núcleo
principal de concentración de judíos de todo el mundo, y en rigor el
único fuera de la Cortina de Hierro. Retornó triunfante y echó las
semillas del imparable crecimiento posterior de la derecha israelí.

Sería ridículo, por supuesto, atribuirle ese crecimiento al viaje de un
solo político. Es cierto que la ideología sionista orienta al Estado de
Israel, desde el inicio mismo de su existencia, a la creación de una
sociedad presidida por el exclusivismo étnico y la diferenciación
interna de sus habitantes según el origen. Baste uno entre muchísimos
ejemplos: en rigor, no existe la "nacionalidad israelí"; hay
"ciudadanía" israelí, pero no "nacionalidad". Hay israelíes judíos,
israelíes árabes, etc., pero no hay israelíes en plena igualdad de
derechos dentro de una nacionalidad común.

Esto último, lógicamente, es incompatible con la definición de Israel
como "estado judío" y la condición de vida de los ciudadanos árabes
israelíes es una trágica demostración de este hecho. Es por esto también
que historiadores judeo-israelíes de izquierda hayan llegado
recientemente a la conclusión de que el origen de toda la tragedia del
Medio Oriente radica en que en 1948 no se hubiera ejecutado un
desplazamiento completo y sin fisuras de toda la población no judía de
Palestina. Si Israel era el “estado de los judíos” (de todos los judíos
del mundo), lo mejor hubiera sido vaciarlo de no judíos desde el mismo
origen. Véase por ejemplo los trabajos de B. Morris.

En todo sentido, lo de Beguin no fue más que un antecedente de lo
inevitable. Pero más allá de este hecho indiscutible, lo cierto es que
al convertirse en el "hombre de EEUU" en Israel, Beguin lograría, con el
mero andar del tiempo, convertir a su parcialidad política, minoritaria
en 1948, en la fuerza dominante de la política israelí. Para aquilatar
el contenido objetivo de esa parcialidad conviene recordar que el músico
judío alemán Kurt Weil, amigo de Bertold Brecht, le había enviado a éste
correspondencia durante una visita a Tel Aviv a principios de la década
de 1930.

En esa ciudad tenía arraigo lo que luego sería el partido de Beguin, y
su máximo ideólogo había sido Zeev Yabotinski. La idea básica de
Yabotinski era que correspondía respetar a los árabes, y precisamente
por eso proponía que el movimiento sionista se asumiera a sí mismo como
una empresa colonial. Los árabes no rendirían su país por las buenas, y
esto debía ser el punto de partida explícito de la acción sionista en
Medio Oriente. Semejante franqueza repugnaba a Weil, quien decía que ese
"fascismo judío" le resultaba vomitivo.

*Porqué Israel piensa que Occidente no tiene derecho a la protesta

Vomitivo o no, se demostró realista. El precio que "Europa" le cobraba a
los judíos para admitirlos como iguales era, justamente, que fueran
iguales... a los opresores imperialistas de la vasta mayoría del género
humano. En un mundo como el actual, dividido entre un puñado de naciones
que explotan a la mayoría de la humanidad y una vasta masa de países
oprimidos o explotados por esas naciones, la única forma de "normalizar"
a los judíos, de hacerlos "europeos", estaba en convertirlos en
aventureros colonialistas al servicio del sistema mundial imperialista.
Su única oportunidad de dejar de ser perseguidos era convertirse en
perseguidores. Su único modo de hacerse europeos era… ¡instalarse en
Asia Occidental, en guerra permanente e inevitable con todos sus vecinos
y en particular con los palestinos!

No deja de haber cierta horrible justicia histórica en el hecho de que
ahora, cobrándose a su vez parte de lo que sienten que Occidente les
debe, las fuerzas dirigentes del Estado de Israel hayan atacado como lo
hicieron la "Flotilla de la Paz". Los centuriones siempre han
despreciado a los políticos que, en el corazón del Imperio, hablan de
ideales mientras ellos conocen la dura realidad del régimen que
defienden. Cuando estos “idealistas” se inmiscuyeron en sus “operaciones
militares” o en su “gestión” siempre pensaron en cómo sacárselos de
encima. Muchos políticos argentinos de la década de 1970 sufrieron en
carne propia este efecto cuando, después de 1976, los mismos mandos
militares que ellos habían convocado en 1976 se opusieron a su retorno
al poder.

Así como repudiar a Videla sin repudiar a Martínez de Hoz es una
gigantesca hipocresía, repudiar al Estado de Israel sin repudiar al
conjunto del sistema imperialista es, como mínimo, un gesto vacío.

******************************************************************************************
El antecedente británico y el “Bombardero Harris”

Escriben en /Iraq: from Sumer to Saddam/ los socialdemócratas de izquierda
Arthur Harris y Tony Benn que tras la destrucción del Imperio Otomano al
fin de la Primera Guerra Mundial “Gran Bretaña había ocupado todo Iraq
(incluido Mosul, que los franceses se habían adjudicado). Pero la
ocupación no garantizaba la paz; en junio de 1920, tras muchos signos
indicativos de un disturbio inminente, las tribus se rebelaron. Los
indígenas (muchos, simples nómades beduinos) no estaban dispuestos a
aceptar el reemplazo de Estambul por Londres.“

Durante la lucha contra el Imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial,
Gran Bretaña, a través del famoso oficial de inteligencia Lawrence,
había prometido a un ejército antiotomano con oficialidad árabe la
independencia al fin de la contienda. Muchos de ellos pasaron a integrar
luego el ejército del rey títere Feisal después de haber aprendido, a la
vista de los horrores de la represión francesa en Damasco, lo que
significaba el imperialismo. En poco tiempo se inició en Iraq una
rebelión que Inglaterra no pudo detener, y muchos de esos oficiales
estuvieron al mando. Fue en el curso de esta rebelión que Inglaterra
inventó los bombardeos incendiarios de poblaciones civiles, descendiendo
un escalón más en la escala de la degradación moral… mucho antes que el
Estado de Israel, al que por supuesto sirvió de ejemplo.

A mediados de junio, la rebelión había sido tan exitosa que pudo
proclamar un gobierno árabe del país ocupado. Recién en febrero de 1921
se la había podido aplastar. En el interín se habían lanzado contra las
aldeas “expediciones punitivas por tierra y aire; la artillería
británica había destruido hasta los cimientos de aldeas enteras y se
fusiló sin juicio previo a muchos sospechosos de ser dirigentes de la
revuelta”.

Es muy interesante lo que explican Harris y Benn sobre Winston
Churchill. Viendo que esta política era muy costosa (reprimir la
rebelión había costado 40 millones de libras esterlinas, alrededor del
triple de lo que había costado subsidiar a las tribus árabes contra el
Imperio Otomano durante la Primera Guerra Mundial), se hizo partidario
acérrimo de utilizar las más modernas tecnologías y aplicarlas al campo
militar. Ya en febrero de 1920, cuatro meses antes de la rebelión,
proponía en carta al Secretario de Guerra y Aire la utilización de
“algún tipo de bombas asfixiantes… en las operaciones preliminares
contra las tribus turbulentas”. Se declaraba “completamente a favor de
usar gases venenosos contra las tribus incivilizadas” en Iraq y en
cualquier otro rincón del Imperio. Más allá de estas propuestas (que por
entonces eran irritativas aún para el Parlamento inglés), la Fuerza
Aérea británica había estado ametrallando civiles desde el aire desde
fines de 1919 y durante todo 1920 (todavía había sobrevivientes de esos
ataques en 1993). Hay otros recuerdos. El coronel británico Boussett, un
médico inglés que formaba parte de la artillería, registró en su diario
de guerra que las aldeas árabes incendiadas eran “una maravillosa vista
nocturna”. El juramento hipocrático, bien, gracias.

Esa rebelión sirvió de laboratorio para todo tipo de armas dirigidas a
la población civil (algunas sirvieron de antecedente para el napalm y
los misiles aire-tierra). El Comandante Arthur Harris -que sería
conocido más adelante como “Harris el Bombardero” cuando dirigió el
Comando de Bombardeos de Guerra en la Segunda Guerra Mundial- hacía
notar alegremente que “ahora los árabes y los kurdos saben bien el costo
en bajas y daños que produce un bombardeo real. Es perfectamente posible
hacer desaparecer una aldea en cuarenta y cinco minutos, dejando muertos
o heridos un tercio de sus habitantes”. Era fácil ametrallar desde el
aire a las tribus, que no tenían cómo defenderse. Como bien dicen los
autores, “no había duda de que en dichas circunstancias la tecnología
británica, puesta al servicio de la máxima sabiduría política inglesa,
era un arma efectiva de control colonial”.

La culminación de esas experiencias fueron los bombardeos a Dresde y
Hamburgo (en esta última ciudad, Harris ordenó dirigir los incendios a
las barriadas obreras y no a las fábricas, entre otras cosas porque era
un reaccionario orgánico que odiaba mucho más, evidentemente, a la clase
obrera que a la burguesía alemana que había llevado a Hitler al poder).
La consecuencia final de estos experimentos fue doble: por un lado, la
operación “plomo fundido” sobre Gaza, y por el otro, todo el desarrollo
de la guerra termonuclear incluyendo el bombardeo de Hiroshima. De
hecho, los bombardeos de Dresde y Hamburgo se usaron para preparar los
primeros intentos del “arma atómica que serviría para terminar con todas
las guerras”.


Pat H.A. escribió:

> 
> 
> Gentileza Iván Dávalos **********************
> 
> - Cubadebate - http://www.cubadebate.cu - La cobardía de los 
> políticos Publicado el 1 Junio 2010
> 
> Por Robert Fisk
> 
> ¿Ha perdido Israel su dominio en Medio Oriente? ¿Será posible que la
>  guerra de Gaza de 2008-09 (mil 300 muertos), la guerra de Líbano en
>  2006 (mil 6 muertos) y todas las demás guerras, y ahora la matanza
> de ayer, signifiquen que el mundo ya no lo aceptará? No contengan el
>  aliento. Basta leer la timorata declaración de la Casa Blanca: el 
> gobierno de Obama “trabaja para entender las circunstancias que 
> rodean a la tragedia”. Ni una sola palabra de condena. Eso es todo. 
> Diecinueve muertos. Apenas una estadística más que añadir a la cuenta
>  de Medio Oriente. Pero no lo es. En 1948, nuestros políticos 
> -estadunidenses y británicos- lanzaron una incursión aérea de socorro
>  sobre Berlín. Una población que moría de hambre (y que apenas tres 
> años atrás era nuestra enemiga apenas tres años atrás) estaba rodeada
>  por un ejército brutal, el ruso, que había erigido una muralla en 
> torno a la ciudad. La incursión a Berlín fue uno de los grandes 
> momentos de la guerra fría. Nuestros soldados y nuestros pilotos 
> arriesgaron y dieron la vida por aquellos alemanes desfallecientes. 
> Increíble, ¿verdad? En aquellos días, nuestros políticos tomaban 
> decisiones; nuestros líderes tomaban decisiones para salvar vidas. El
>  primer ministro Attlee y el presidente Truman sabían que Berlín era
>  importante en términos morales y humanos, no sólo políticos. ¿Y hoy?
>  Personas comunes y corrientes -europeos, estadunidenses, 
> sobrevivientes del Holocausto (sí, por Dios, de los nazis)- fueron 
> quienes tomaron la decisión de ir a Gaza, porque sus políticos y 
> estadistas les habían fallado. ¿Dónde estaban nuestros políticos este
>  lunes? Bueno, tenemos al ridículo Ban Ki-moon, la patética 
> declaración de la Casa Blanca, y la expresión de “profundo pesar y 
> conmoción por la trágica pérdida de vidas” de nuestro querido señor 
> Blair. ¿Dónde estaba Cameron? ¿Dónde estaba Clegg? Allá en 1948, 
> habrían desdeñado a los palestinos, por supuesto. Después de todo, es
>  una terrible ironía que la incursión aérea en Berlín coincidiera con
>  la destrucción de la Palestina árabe. Pero es un hecho que personas
>  ordinarias -llámenlos activistas, si quieren- son las que ahora
> toman decisiones para cambiar el curso de los acontecimientos.
> Nuestros políticos son demasiado endebles, demasiado cobardes para
> tomar decisiones que salven vidas. ¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué
> este lunes no escuchamos palabras valerosas de Cameron y Clegg?
> Porque es un hecho, sí o no, que si algunos europeos (y sí, los
> turcos son europeos, ¿o no?) hubieran sido asesinados por cualquier
> otro ejército de Medio Oriente (y eso es el ejército israelí, ¿o
> no?), entonces sí habría oleadas de indignación. ¿Y qué dice esto de
>  Israel? ¿Acaso Turquía no es su aliada cercana? ¿Es esto lo que los
>  turcos pueden esperar? El único país aliado de Israel en el mundo 
> musulmán dice que ha sido una masacre… y a Tel Aviv parece no 
> importarle. Pero, bueno, tampoco pareció preocuparse cuando Londres y
>  Canberra expulsaron a diplomáticos israelíes luego que se 
> falsificaron pasaportes británicos y australianos y se entregaron a 
> los asesinos de Mahmoud al-Mabhouh, comandante de Hamas. No le 
> importó cuando anunció nuevos asentamientos judíos en tierra ocupada
>  en Jerusalén oriental en momentos en que Joe Biden, el
> vicepresidente de su antiguo aliado, Estados Unidos, estaba en la
> ciudad. ¿Por qué habría de inquietarse ahora? ¿Cómo llegamos a este
> punto? Tal vez porque nos acostumbramos a ver a los israelíes matar
> árabes; tal vez los israelíes se acostumbraron a matar árabes. Ahora
> matan turcos. O europeos. Pero algo ha cambiado en Medio Oriente en
> las 24 horas pasadas, y los israelíes (a juzgar por su
> extraordinariamente estúpida respuesta política a la matanza) no
> parecen haberse dado cuenta de ello. El mundo está cansado de estos
> hechos indignantes. Sólo los políticos callan.
> 
> 





Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular