[R-P] [Ricardo Trotti] Chávez, Uribe y ¿Maradona?
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Jue Jul 29 08:15:57 MDT 2010
[Tomado de la página web de "El Universal" de Caracas. Una joyita,
mire ¿Será venezolano este Trotti, o será argentino? Hace alguna
diferencia eso? Los cipayos del mundo se unen por instinto.]
Fuente: http://opinion.eluniversal.com/2010/07/25/opi_art_chavez,-uribe-y-mar_25A4237731.shtml
Ricardo Trotti // Chávez, Uribe y ¿Maradona?
A nadie sorprendió que Hugo Chávez haya roto relaciones con Colombia.
Hace tiempo que lo venía anunciando. En un acto de victimización
perfecta, adornado con la omnipresencia del popular Diego Maradona, el
Presidente venezolano despotricó contra las evidencias presentadas por
el gobierno de Colombia, las más contundentes que jamás le hayan
presentado sobre su apoyo a la guerrilla de las FARC.
Álvaro Uribe acertó en poner a Chávez en el terreno que menos le
gusta, a la defensiva. Es que no lo enfrentó con las armas de la
denuncia dialéctica ni con la diplomacia cansina de micrófonos, donde
el presidente venezolano intimida con verborragia insultante hasta al
más avezado interlocutor, sino que lo confrontó con pruebas en mano:
fotos, videos, mapas y declaraciones sobre los "campamentos de verano"
que 1.500 guerrilleros tendrían en suelo venezolano para descansar y
entrenar a su gente. Y eligió el camino de la diplomacia directa, el
escarnio público, en sesión abierta de la OEA a la que reclamó
conformar una comisión de verificación.
Si bien Chávez está exultante de romper relaciones, lo que le permite
atraer al contrincante a su juego de oratoria polémica, esta vez
deberá lidiar con unas evidencias que, veraces o no, lo ponen al
descubierto. La carga de la prueba recae sobre él, ya no importa lo
que diga, insulte o atropelle, ahora lo que está en juego es la
credibilidad de su gobierno. Para zafar del embrollo, tendrá que
demostrar que las fuentes colombianas, guerrilleros desmovilizados, no
son de fiar o que son mentiras; y eso es muy difícil para un gobierno
que perdió credibilidad por expulsar y no permitir en los últimos años
que organizaciones de derechos humanos visiten el país, como esta
semana denegó el permiso a veedores del gobierno de Chile para que
supervisen las elecciones de septiembre próximo.
Así como que no es sorpresa que haya roto relaciones con Colombia por
cuarta vez desde el 2005 y que fabrique titulares como hace días,
calificando de "trogloditas" a los obispos católicos o anunciado que
se adueñará de Globovisión, la única televisora privada que queda con
algo de independencia y crítica informativa, lo que fue desconcertante
de su anuncio es que lo hizo junto a un jubiloso y cínico Maradona;
una escena tan descabellada como si Barack Obama decretara la invasión
de Irán acompañado de Tiger Woods.
Que Maradona es amigo de Chávez no es novedad, y que hayan hecho yunta
en actos políticos previos en sus respectivos países, tampoco. Pero lo
que sí es nuevo es que esta vez Maradona esté mezclando la política
con la actividad futbolística; que se haya burlado públicamente del
presidente electo de Colombia, Juan Manuel Santos; que se preste al
circo de la propaganda política o que pida "consejo a mi amigo
Chávez", todo ello a días de aceptar el contrato que ya le ofreció la
AFA como técnico nacional de la selección argentina.
Maradona, en esta capacidad, ya no tiene toda la libertad para decir
lo que quiere y sobre a quién quiere, ni tampoco para estar jugando a
la política partidaria o dejarse tentar por una diputación por parte
del matrimonio Kirchner. Debe elegir: una cosa o la otra. Ambas,
gobierno o fútbol, son incompatibles. Esa dualidad, entre deporte y
política, debería estar proscrita legal y éticamente para aquel que
tiene que comandar a un seleccionado que debe representar a un país,
no sólo a un sector.
Se puede discutir si Maradona fue o no un buen técnico hasta que
terminó su primer ciclo frente a Alemania; se le puede seguir
condenando por su vieja adicción a las drogas y a los anabólicos; y
hasta por ese estilo de personalidad chavista, chúcara, irreverente y
socarrona. Pero lo que no puede estar sujeto a debate es que un
seleccionado nacional, a diferencia de la política, tiene que
permanecer libre de polarizaciones, divisiones o partidismos.
Si Maradona insiste en abrazar la política, sería irresponsable -por
más virtudes que pudiera aportar al fútbol- que siquiera se le
ofreciera el cargo o que él lo aceptara. Por lo visto, para deleite de
los Kirchner y sufrimiento de los argentinos, este no fue el consejo
que le dio Chávez.
Info en ricardotrotti.com
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Néstor Gorojovsky
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