[R-P] [Raúl Wiener] Caída y resurrección del fujimorismo: una pueblada y diez años de frustraciones en Perú
Nestor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Mie Jul 28 12:56:19 MDT 2010
*Claros y oscuros de una gesta. diez años después *
por Raúl Wiener
Hace exactamente 10 años, el fujimorismo fue herido de muerte. Aquel
régimen que parecía tener el control de todo y de todos, que armó unas
elecciones para ganarlas por tercera vez, que no tenía reparos en
comprar todo lo que requería para mantenerse en el poder: la conciencia
de los pobres, las informaciones y las campañas de los medios, los
congresistas y los magistrados, etc., se enfrentó por una única y
definitiva vez a una rebelión nacional que le probó que ya nada sería
como antes. La historia política del nuevo siglo se inauguraba en las
calles, en un acto de esperanza (que luego conocería muchas
frustraciones y que ha quedado en la historia como la marcha de los
Cuatro Suyos.
Aquí un relato de parte sobre lo que ocurrió en aquellos días que
alcanzaron su punto culminante el 28 de julio del 2000, cuando una Lima
repleta de provincianos se propuso impedir que Fujimori juramentara como
presidente y… casi lo logra.
*El llamamiento*
Nunca nadie entendió si cuando Alejandro Toledo llamó a “no participar”
y a “no retirarse” de la segunda vuelta del año 20000, estaba queriendo
decir que no había que asistir a las urnas, o si había que votar viciado
o si había que votar por el candidato de oposición al fujimorismo que no
se había retirado. Tras haber denunciado el fraude del 9 de abril,
cuando a las encuestas de boca de urna que lo daban por ganador de la
primera vuelta de las elecciones, les siguió un recuento oficial que
volteaba el partido y casi otorgaba el triunfo con más de 50% al
re-reeleccionista Alberto Fujimori (sólo la presión social detuvo las
cifras fujimoristas en un 49.97%, que forzaba una nueva vuelta entre los
dos primeros), Toledo no terminó por ponerse de acuerdo consigo mismo
para encarar el nuevo momento y provocó que los que deseaban la derrota
del dictador, actuaran de manera confusa y dispersa, lo que hizo que sus
votos finales fueran menos que la primera vuelta, los viciados muchos
pero no contundente y la abstención importante, pero tampoco lo
suficientemente clara como para invalidar el proceso.
En ese escenario parecía que después de la lucha de esos meses, se había
llegado a un punto muerto y la dupla Fujimori-Montesinos se había
impuesto nuevamente, y se venían otros cinco años de lo mismo que
habíamos tenido a lo largo de los 90. Fue en los primeros días de junio,
que en la Confederación Campesina del Perú se empezó a hablar de
organizar una marcha nacional contra la juramentación del presidente del
fraude, y se lanzó el nombre de los “Cuatro Suyos”. Fue Eliane Karp,
esposa del candidato rebelde la que cogió la idea y se la trasladó al
marido, que apareció ante la prensa anunciando que un millón de
personas se moverían en todo el territorio nacional para llegar a Lima
e impedir que Fujimori juramente por tercera vez.
La fecha para un acontecimiento de esta envergadura fue fijada para los
días 26, 27 y 28 de julio. La más descomunal movilización de masas de
nuestra historia, que suponía una voluntad política fuera de lo común,
un aparato organizativo nunca visto y una capacidad de sostener
multitudes de provincianos en la ciudad de un volumen inimaginable.
Toledo, por supuesto, no estaba en condiciones de manejar un proyecto de
este tipo, pero como fuere empezaron a moverse los gremios sindicales y
campesinos, los partidos de izquierda, las ONG, los frentes regionales y
locales, y las secciones regionales de los partidos de la derecha no
fujimorista (las dirigencias del APRA, PPC, FIM, Somos Perú,
Solidaridad, etc. nunca dieron la orden de impulsar la medida, aunque
varios de ellos acompañaron en la tribuna del 27 de julio a Alejandro
Toledo y suscribieron sus promesas democráticas), y se conformaron poco
a poco las delegaciones que irían a Lima.
El gobierno se mantenía casi paralizado en el desconcierto. No sabía si
tomar en serio a un hablador inconsecuente como Toledo, o si ignorarlo.
De hecho, Montesinos tenía su propia idea de las cosas y por ello en los
mismos días en que se preparaban los Cuatro Suyos, su actividad estaba
concentrada en armar una mayoría parlamentaria de esas que le gustaban a
Fujimori (voto sin debate de las iniciativas del Ejecutivo), pero post
elección de los representantes. El método que se conocería como el de
transfuguismo y que se practica hasta hoy, consistía en ofrecer las
ventajas de integrar el bloque de mayoría, luego de haber sido elegido
en la minoría, y de recibir de paso algunos beneficios (dinero, viajes,
cargos, arreglos judiciales, etc.) Fujimori, por su parte, no quería
salir al público, así que los uniformados decidieron organizarle su
propia marcha. Ese fue el acto denominado “reconocimiento militar al
presidente electo y en su condición de jefe supremo de las fuerzas
armadas”, que no tenía precedentes y que juntó a todos los generales del
ejército, almirantes, tenientes generales y generales de la Policía.
*El 27 de julio*
La marcha de los Cuatro Suyos comenzó el día 26, pero ese día sólo
recorrieron Lima los gremios y los partidos de izquierda en una especie
de calentamiento para los que vendría después. Las delegaciones
provincianas, que probablemente llegarían a las 50 mil personas, estaban
acomodándose en campamentos armados en diversos parques de la capital.
Pero el 27 fue la apoteosis. En el llamado Paseo de los Héroes Navales,
frente al Hotel Sheraton y teniendo a la espalda el Palacio de Justicia,
se reunió una multitud desbordante. En ese mismo lugar se habían
congregado la noche del 9 de abril una gran cantidad de espontáneos para
clamarle a Toledo marchar a Palacio para reclamar el triunfo electoral.
Ahora Toledo presidía el evento y una interminable columna de
delegaciones de diversos colores políticos y de diferentes lugares de la
ciudad y del interior del país, pasaba saludándolo. El diario “Expreso”,
el principal vocero del régimen, dijo que la concentración había sido un
fracaso porque “sólo” se congregaron 200 mil asistentes. Quería decir
seguramente que no eran un millón. Pero eran muchísimos y estaban
pidiendo el fin del fujimorismo. Hacia las 11 de la noche, habló Toledo
y la gente, en el llano, se preguntaba qué Toledo hablaría después de
tantas volteretas. Y ahí mismo se vio que este hombre de cuello, corbata
y anteojos, no era el mismo del 9 de abril con la vincha y después de
algunos tragos que se lanzó a las calles.
Toledo explicó y remachó que este era un acto pacífico y que al día
siguiente se iría al Congreso, pero en forma pacífica. No dijo qué se
haría si la Policía no dejaba pasar a los marchantes. Para él, habría
una fuerza misteriosa capaz de abrirle paso al pueblo de los Cuatro
Suyos hasta llegar al Palacio del Congreso. Luego habló de la democracia
que vendría y del desmontaje que se haría del “andamiaje” de la
dictadura (que no desmontó durante su gobierno) También se refirió al
cambio de Constitución y a la lucha implacable contra la corrupción. El
acto concluyó pasada la media noche con la consiga de que había que
estar temprano para la batalla definitiva.
*El 28 de julio *
A las 8 de la mañana, en el cruce de los jirones Lampa y Roosveelt,
saliendo del lugar del mitin de la noche anterior, ya se encontraban los
sindicalistas formando duras columnas de construcción civil, SUTEP y
otras. La CGTP abría la marcha con una banderola muy grande. Tras los
sindicatos venían los provincianos y más atrás aparecían los
universitarios y algunos destacamentos de partidos. A esa hora, Carlos
Bruce, jefe de campaña de Toledo, bajó del Hotel Sheraton y se dedicó a
separar a los grupos de Perú Posible del resto de la marcha. Los agrupó
a un costado y regresó hacia la plaza de los Héroes Navales. Ese fue el
primer gesto de competencia dentro de la movilización. Pero esto no
detuvo al resto. El grueso de los movilizados siguió por Lampa hasta la
esquina con Nicolás de Piérola, donde se arengó en contra del Jurado de
Elecciones y se siguió en dirección a Emancipación, a una distancia de
dos cuadras. Ahí estaba el primer cerco de la Policía. Los dirigentes
anunciaron que iba a negociar, pero de pronto todo estalló en un coctel
de bombas lacrimógenas, vomitivas, irritantes y otras, que hacían
insoportable el aire.
Los gritos llenaron el ambiente. Unos eran denuncias, otros arengas,
otros simplemente miedo y dolor. Pasaron camillas, se habló de alguien
muerto por una bomba en la cabeza. En la esquina de Lampa y Piérola, la
columna principal dio la vuelta y se dirigió hacia la Abancay. Pero a
esas alturas mientras la masa se desplazaba, se veía correr en sentido
opuesto gente ensangrentada y otros casi asfixiados. Los que llegaban a
Abancay recibía el mismo recibimiento que los de Emancipación. Pero la
Policía no salía de su perímetro. Eran como una frontera. Al punto que
un grupo empezó a lanzar piedras contra el ex ministerio de Educación,
ahora sede del Poder Judicial, y luego romper las lunas ingresó, sacó
unos muebles y les prendió fuego en el centro de la calle, se suponía
que para dispersar los gases. Un rato después como no pasaba nada,
comenzaron a meter dentro del local los escritorios y sillas encendidos
y el edificio empezó a arder. Poco después llegaron los bomberos, ai9n
policías, y fueron hostilizados. Pasó un rato y recién actuó la policía
despejando la zona.
Lo que siguió es que los de Abancay retrocedieron por Nicolás de
Piérola, hasta la esquina del Jurado de Elecciones, donde una magnitud
repudiaba el fraude. Por frente de todos pasó el batallón de la gente
de Bruce, sin Toledo u otro de los dirigentes del partido y se
dirigieron al Parque Universitario como si fueran una reserva entrando
al combate. Los hicieron retroceder y los obligaron a mezclarse con el
resto. Sobre las 11 de la mañana pasó por la calle Azángaro una
camioneta cerrada 4x4, que se desplazaba del centro hacia donde estaba
la pelea, veía desde el lado del cerco policial y era el único vehículo
en medio de la trifulca. Llegó a Roosveelt y se plantó en el cruce con
Lampa.
Bajaron tres tipos, dos altos y uno pequeño, con la cara cubierta por
máscaras antigases, que les daban un aspecto de personajes de la “Guerra
de las Galaxias” y empezaron los gritos:
- Pachacútec, Pachacútec…
Era Toledo, acompañado por Gustavo Gorriti y Álvaro Vargas Llosa, los
únicos dirigentes políticos de los Cuatro Suyos presentes en la marcha
(sin contar a los de los gremios y la izquierda). Cuando llegaron a la
esquina de Nicolás de Piérola, donde estaba el grupo más numeroso, la
gente reclamaba: ¡Al Congreso! Luego de ver que en la citada esquina se
desarrollaba una verdadera batalla entre los policías situados en una
azotea intermedia y la masa que les tiraba piedras y otros objetos
desde abajo, Pachcútec decidió avanzar, pero en sentido inverso de lo
que se esperaba de él. Caminó hacia la Plaza San Martín y de ahí salió
con sus acompañantes hacia el jirón Belén y por esa vía fue alcanzado
por la camioneta 4x4, con la que se perdió de vista.
No pasaría mucho tiempo para que a la ruptura de las lunas del primer
piso del JNE, le siguiera el lanzamiento de objetos encendidos que
provocarían un grave incendio. En la otra acera, donde nadie había
estado presionando, también se lanzaron objetos incendiarios que dieron
lugar a la destrucción del local del Banco de la Nación y a la muerte de
cuatro vigilantes. Mucho se discutiría después sobre esta tragedia: si
fue una provocación del gobierno para tirarle muertos a la protesta, o
si fue parte del desborde sin dirección en que se convirtió el llamado a
tomar el Congreso e impedir la juramentación.
*El final*
La noche del 28 de julio del 20000, Toledo abandonó el país, cuando los
medios fujimoristas lo culpaban de muerte y destrucción. Fujimori había
juramentado y había recuperado el control del escenario. La mayoría de
los partidos se adaptaba en ese momento a la idea de que se iniciaban
cinco años más de autoritarismo y habría que funcionar dentro de sus
reglas. Sólo algunas minorías seguían lavando banderas, colocando bolsas
de basura en las puertas de los ministros, realizando marchas y pequeños
mítines en las plazas públicas, etc.
Parecía que los Cuatro Suyos estaban vencidos. Pero no. El video
Kouri-Montesinos conocido el 15 de septiembre, demostraría que el
régimen ya estaba quebrado por dentro y que se filtraban sus secretos y
que el país estaba esperando la señal para volver a enfrentarse.
Fujimori huiría en noviembre, señalando que su vida corría peligro.
¿Quién lo amenazaba? Sólo el fantasma de los Cuatro Suyos, que era el de
una nación queriendo cobrarle cuentas.
28.07.10
*Una década fallida*
Las promesas de los Cuatro Suyos concluyeron en los gobiernos de
Paniagua, Toledo y García, a través de los cuales fuimos dejando morir
las esperan zas democratizadoras y moralizadoras y retrocediendo cada
vez más en lo conseguido. Hoy el Perú es irreconocible respecto al
ánimo que existía hace diez años. Hemos llegado al extremo de que sin
ser gobierno, el fujimorismo ponga la agenda y las condiciones al APRA
gobernante.
Por eso quizás, de vez en cuando, a sectores populares de las provincias
se les ocurre que puede haber otra marcha de los Syus a la capital, para
que el pueblo haga sentir su voz.
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