[R-P] [Julio César Fernández Baraibar] Se fue otro argentino oriental, el "profe" Luis Vignolo

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Mar Jul 27 08:09:46 MDT 2010


[El integrante de la Corriente Causa Popular y compañero de Rolando
Mermet tiene algunas grandes virtudes. La buena prosa en biografías
reminiscentes es una de ellas.]

Se fue otro argentino oriental, el “profe” Luis Vignolo

por Julio Fernández

Días atrás recibí un escueto mensaje electrónico. “Falleció mi padre”
decía tan sólo su texto. Lo firmaba el compañero oriental Luis Vignolo
hijo.
...Luis Vignolo, el “Profe” como lo llamaba el inolvidable Alberto
“Gato” Carbone, fue un patriota latinoamericano, oriental por
nacimiento, argentino por afecto y residencia, y uno de los grandes
intelectuales, periodistas y militantes de nuestra unidad
latinoamericana. Amigo y cumpa de discusiones y whiskys de Tucho
Methol Ferré, la vida de Vignolo es una buena paráfrasis del destino
de un patriota continental en nuestro balcanizado continente, en la
segunda mitad del siglo XX.
Luis Vignolo nació en Montevideo el 12 de julio de 1927. Su padre era
constructor y eso le permitió conocer desde niño el olvidado interior
de la “tacita de plata”, el Uruguay producto de la hegemonía del
partido Colorado. En el Liceo Bauzá, donde hace la escuela secundaria,
ingresó a la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay
(FEUU), como representante de los estudiantes secundarios, cargo que
previamente había logrado imponer. Y en la misma época ingresa en las
Juventudes Libertarias –la organización juvenil anarquista- donde
llegaría a ser alma mater y Secretario General. Me cuenta Luisito
Vignolo, su desolado hijo, que de esa época conservó algunas de sus
más entrañables amistades que lo acompañaron hasta el final. Tres
veteranos anarquistas lo llamaban permanentemente en sus últimos días:
Dante D'Ottone, Ricardo Capanno y el "Coco" González Chiesa. El
destacado médico Dante D'Ottone, con sus noventa y pico de años,
estuvo en el velorio y algunos de los veteranos compañeros de armas
decían, al verlo: ahí está el "Mariscal"...
Es de sus tiempos de anarquista que el sanducero Alberto Carbone, de
inolvidable memoria en este lado del Plata, conoció a estos hombres.
Y fue con la conducción de Luis Vignolo –según me cuenta su hijo - que
las Juventudes Libertarias se convirtieron en la más poderosa
organización anarquista del Uruguay a fines de los ’40 y comienzos de
la siguiente década. Pero las peleas internas –caracterizadas por una
fuerte impronta ideologista- terminan por agotarlo y se aleja de la
organización. Pero llevaba consigo las reflexiones y escritos de
Eliseo Reclus sobre la Guerra del Paraguay y los artículos de Barrett
sobre la brutal explotación de los obrajes paraguayos. Encuentra
Vignolo en sus orígenes familiares saravistas –sus tíos Montecoral y
Coirolo habìan peleado en la revolución de 1904 y uno de sus tío
abuelos era Rafael Zipitría, Comandante de la 16ª División del
Ejército
Revolucionario de ese año- un cauce nacional profundo afín a su afán libertario.
El padre de Luis Vignolo había sido blanco seguidor de Lorenzo
Carnelli, en los años 20: una especie de izquierda del partido que
terminó siendo expulsada, básicamente por acción de Luis Alberto de
Herrera. No obstante ello, Vignolo, desde una perspectiva heterodoxa,
que reunía en “una mezcla pampeadamente rara” –como ha escrito Homero
Manzi- sus convicciones ácratas con su naciente admiración por el
peronismo argentino y el MNR boliviano, se acercó al herrero-ruralismo
que logra la victoria electoral en 1958. Sobre este período Methol
Ferré nos dejó un escrito esclarecedor, “La crisis del Uruguay y el
imperio británico”, que Peña Lillo editara en la célebre colección La
Siringa.
Y para mantener sus ideales se convirtió en periodista. Alcanza con
decir que fue uno de los periodistas más famosos y exitosos del
Uruguay. Trabajó en el diario de Batlle y en el de los blancos. Fue
justamente en El País donde se destaca. En una época en que el
matutino no era el pasquín oligárquico pronorteamericano que hoy
indigesta la cabeza de los uruguayos, Vignolo se convierte en el
virtual director del diario. Simultáneamente es columnista de política
internacional en el Canal 12, de la misma empresa que El País.
Deja, en 1964, este diario al que había convertido en un éxito de
ventas para dirigir un proyecto político periodístico de Zelma
Michelini, el diario Hechos al que también convirtió en un éxito de
ventas, aunque el fracaso electoral de Michelini lo obligó a venderlo,
con lo que Vignolo se aleja de la redacción.
Pasa a la Secretaría de Redacción del viejo diario El Debate, fundado
por don Luis Alberto de Herrera, aunque ahora bajo la dirección
política del “Toba” Gutiérrez Ruiz, el gran blanco latinoamericanista
asesinado por la dictadura, y Diego Terra Carve. Se cuenta que algunos
lingotes de oro “expropiados” por los Tupamaros a los Mailhos, y que
el Toba había tomado en depósito, ayudaron a la financiación del
matutino.
Posteriormente se vincula a Inter Press Service, la Agencia de
Noticias internacionales italiana, la que inicialmente tenía su sede
latinoamericana en Montevideo, en la casa de Methol Ferré, en la calle
Brecha, frente al Templo Inglés, al que le alquilaban un piso de su
casona. Luego la sede pasó a Buenos Aires y Vignolo se radicó entre
nosotros.
Fue colaborador de la primera revista Nexo, que publicaron Methol
Ferré, Ares Pons y Reyes Abadie. En 1964 publica el ensayo
"Reencuentro con la tradición española en la pintura de Torres
García", una visión de la historia de la cultura desde nuestra
América. Este artículo constituye, según considera Luis Vignolo hijo,
un acercamiento del autor a la religión católica en la que había sido
educado por su madre y su abuela. Pero este acercamiento está signado
por sus viejas convicciones anarquistas. Sólo el Concilio Vaticano II
y el estado deliberativo que se produce en la vieja estructura romana
lo conquistan para la fe. A partir de ello comienza a colaborar en la
también célebre revista Vísperas que dirige Methol Ferré, una
publicación católica, vinculada al CELAM, que pone como punto central
de su visión teológica la unidad latinoamericana. El peronismo y la
revolución peruana de Velazco Alvarado serían sus temas preferidos.
Militó en la formación del Frente Amplio y se convierte en el anónimo
secretario de redacción del diario La Idea, sostenido por las fuerzas
frentistas más vinculadas a los Tupamaros. Allí hizo la primera
denuncia del plan de invasión preventiva al Uruguay por parte del
ejército brasileño, el Plan 30 Horas, cuya existencia había filtrado
un general argentino, en historia que Luis Vignolo hijo ha prometido
contarme personalmente. Denunció duramente el fraude en las elecciones
de 1971, fraude que ahora los documentos norteamericanos
desclasificados reconocen. Puede agregarse a su biografía que uno de
esos documentos desclasificados sostiene que los únicos tres medios de
prensa por los que la embajada norteamericana se preocupaba eran: el
semanario Marcha de Carlos Quijano, el diario El Popular del Partido
Comunista, y el diario La Idea, dirigido desde las sombras por Luis
Vignolo. Fue cerrado varias veces hasta que Pacheco Areco o el
presidente fraudulento Juan Marìa Bordaberry terminan por clausurarlo.
Y con ello, Vignolo vuelve a Buenos Aires y a Inter Press Service IPS
donde se convierte en el Director para América Latina.
Luis Vignolo vivió en Argentina hasta 1991. Vuelve a Montevideo
empujado por una de las últimas hiperinflaciones. Y la política de
Menem, al que había votado como tantos de nosotros, -tenía
nacionalidad uruguaya y argentina y votaba, por lo tanto, en las dos
riberas del Plata- lo escandalizó y amargó profundamente.
En el 94 se suma junto con Tucho Methol Ferrè a las huestes blancas de
Alberto Volonté, quien le rindió un merecido homenaje en el programa
de Radio Espectador de Montevideo “En Perspectiva”, uno de los
programas de radio más escuchados de la radio uruguaya.
Está fue, en brevísima síntesis, la rica vida de este compatriota y
compañero que acaba de dejarnos. Su mote de “El Profe” le venía de los
tiempos en El País, gracias a un irascible obrero gráfico que lo veía
permanentemente hablando con sus colegas más jóvenes: “Ahí está el
Profe, otra vez hablando y no trabaja nunca”, habría dicho el iracundo
linotipista, bautizando para siempre a nuestro amigo.
El Uruguay, por muy diversas razones, es un país donde las ideas sobre
la unidad latinoamericana no entran con facilidad. Un agotado sentido
de la excepcionalidad de sus condiciones materiales, una ideología
nacional basada en la creencia de una esencialidad nacional uruguaya,
una tendencia a actuar como engranaje local de una gran potencia
extraña –el Reino Unido o EE.UU.- han generado formidables anticuerpos
al saludable virus de la Patria Grande. Todos los intelectuales y
políticos que pugnaron por la integración de la Cuenca del Plata
predicaron, hasta ahora, en el desierto. Ferreira Aldunate, Gutiérrez
Ruiz, Methol Ferré, Reyes Abadie y este Luis Vignolo que nos ha
dejado, dedicaron su vida, y hasta la entregaron, a ese difícil
empeño.
Luis Vignolo fue un amigo dilecto de los argentinos y un ferviente
oriental amigo, como Herrera y Haedo, de Perón y el peronismo.

-- 

Néstor Gorojovsky
El texto principal de este correo puede no ser de mi autoría




Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular