[R-P] Sadous, un camino que arranca con López Rega

Nelson B. nelsonbergamasco en gmail.com
Dom Jul 4 10:54:48 MDT 2010


Sadous, un camino que arranca con López Rega

Sadous integró el equipo de Vignes, el canciller de López Rega cuando 
comenzó la masacre en la Argentina y en el Cono Sur. En la dictadura operó 
en Italia junto con Licio Gelli, el jefe de la organización fascista 
Propaganda Dos. Fue un hombre de Massera antes y después del golpe.

 Por Martín Granovsky
Nombres como José López Rega, Licio Gelli, Alberto Vignes y Emilio Massera 
tienen descendencia política de fuerte presencia actual. Los cuatro 
integraron una organización fascista internacional, Propaganda Dos, montaron 
la represión en la Argentina durante el período de José López Rega, la 
Triple A y el Estado terrorista. Uno de sus descendientes, Esteban Caselli, 
que ya era un joven activo en 1975, dirige las operaciones internacionales 
de la Soberana Orden de Malta, ligada al sector ultraderechista del 
Vaticano. Otro joven activo de 1975 sigue, por ahora, en carrera: el ex 
embajador en Venezuela Eduardo Sadous, que en una de sus diversas formas de 
presentarse coloca su cargo de canciller de la Soberana Orden de Malta en la 
Argentina.
El rompecabezas que tiene como una de sus piezas a Sadous forma parte de un 
tablero que conviene repasar pieza por pieza y con paciencia, porque pasaron 
35 años, pero el juego no terminó.
Juan Perón murió el 1º de julio de 1974. Su muerte aceleró la actividad de 
la Triple A, que ya había comenzado. La Alianza Anticomunista Argentina era 
el grupo terrorista paraestatal encargado de amedrentar y matar a los 
críticos del grupo encabezado por José López Rega dentro y fuera del 
peronismo.
López Rega llegó a la Argentina como secretario privado de Perón. Adquirió 
mayor poder cuando el 13 de julio de 1973, luego de sólo 50 días, el 
presidente Héctor Cámpora fue obligado a presentar la renuncia. También 
renunció el vice, Vicente Solano Lima. El tercero en la sucesión, el senador 
Alejandro Díaz Bialet, fue alejado del país para que no contara. Asumió el 
yerno de López Rega, Raúl Lastiri. De inmediato relevó a un ministro, el de 
Relaciones Exteriores, Juan Carlos Puig, y nombró a en su lugar a Alberto 
Vignes.
Vignes tenía un antecedente notorio: Eva Perón lo había relegado cuando 
descubrió que se apropiaba de bienes de judíos perseguidos por el nazismo. 
Como López Rega, Vignes era miembro de la organización fascista 
internacional Propaganda Dos (P-Due, con sede en Roma y un fuerte despliegue 
en la Argentina).
Vignes no sólo alimentó la Triple A. Fue uno de los artífices de la 
colaboración de servicios de inteligencia del Cono Sur para que la 
Argentina, Uruguay, Chile, Paraguay y Brasil se convirtieran en un infierno 
único. Es lo que con el tiempo pasó a llamarse Operación Cóndor y consistió 
en el viaje de los asesinos y la transnacionalización del secuestro, la 
tortura y el homicidio.
También era miembro de la P-Due el jefe de la Marina Emilio Massera.
Massera y Vignes construyeron un tándem poderoso dentro del gobierno.
Los dos respondían a Licio Gelli, uno de los jefes de la P-Due.
Vignes fue canciller hasta agosto de 1975, cuando López Rega dejó el 
gobierno por presión de los sindicatos. De todos modos, ya había cumplido su 
papel. La Triple A estaba en funcionamiento, el gobierno había quedado 
copado por la P-Due y el golpe militar era un destino inexorable.
Massera fue designado jefe de la Marina por el gobierno peronista y ejerció 
una fuerte influencia personal sobre Isabel Perón. En 1976 integró la 
primera junta militar, con Jorge Videla y Orlando Agosti.
Nacido el 9 de octubre de 1945, Sadous era un joven diplomático de 30 años 
cuando colaboró con Vignes y el equipo de Massera, según recordaron a 
Página/12 tres diplomáticos que pidieron, por ahora, reserva de su nombre.
A la Orden de Malta
El embajador en la Argentina de la Soberana Orden de Malta es Antonio 
Caselli (ver páginas 4 y 5). Su padre, Esteban Caselli, es embajador de la 
Orden en Perú, fue embajador de Carlos Menem en el Vaticano y secretario de 
Culto en la Cancillería con Carlos Ruckauf de ministro y Eduardo Duhalde de 
presidente de la Nación.
La Soberana Orden de Malta tiene entidad estatal internacional y algunas de 
sus legaciones gozan de inmunidad. Es una de las órdenes que sobreviven del 
proceso de las Cruzadas que, en el siglo IX, se propuso la expansión de la 
Cristiandad europea y en 1099 consiguió tomar Jerusalén, un acto que el 
Papado veía como el antecedente terrenal de la conquista de la Jerusalén 
celeste. Mientras otras órdenes reinterpretaron su pasado, se hicieron 
autónomas del Vaticano y en la Segunda Guerra Mundial albergaron a los 
judíos perseguidos, la Orden de Malta sigue hasta hoy fiel a sus orígenes y 
a sus beneficiarios: por ejemplo, quienes alimentaban hipócritamente el 
idealismo de los cristianos pobres mientras estimulaban el aumento de la 
recaudación fiscal pontificia y se enriquecían alquilando navíos con destino 
a Tierra Santa.
Mucho más acá en el tiempo, pero con la misma atención por las realidades 
del mundo terrenal, fue que Duhalde, Ruckauf y Caselli colocaron a Sadous 
como embajador en Venezuela, en 2002.
Fue en tiempos del mismo trío que un embajador de carrera, Vicente Espeche 
Gil, resultó perseguido hasta la humillación por Caselli.
Espeche Gil, hoy embajador ante la República Checa, no es precisamente un 
anticlerical: ex embajador en el Vaticano e Israel, fue miembro del 
Pontificio Consejo de Laicos. La persecución de Caselli se debió a que 
Espeche Gil es un católico practicante que, como embajador, no confunde los 
planos y le reprochó sus actitudes. Responde a un solo Estado, el argentino, 
y no quiso secundar a Caselli en sus negocios con el ex secretario de Estado 
del Vaticano Angelo Sodano. (Para concentrar energías en temas ajenos a la 
amargura futbolística, lectoras y lectores pueden consultar hoy en el 
diccionario de la Real Academia Española las acepciones de la palabra 
"negocio" y realizar su propio trabajo de semiología casera. Pasarán un rato 
entretenido.)
Omisiones y misterios
Los documentos que registran la carrera burocrática de Sadous tienen un 
punto en común: las contradicciones y las omisiones.
Uno de los legajos de Sadous en el Ministerio de Relaciones Exteriores tiene 
una laguna sospechosa.
En la columna de destinos (el sitio asignado a los diplomáticos) el período 
que va del 31 de diciembre de 1974 al 28 de diciembre de 1975 figura con 
estas dos palabras: "No informado".
Los encargados del tema en la Cancillería podrían averiguar con facilidad 
las razones del misterio. Una, preguntando el motivo al propio Sadous, 
puesto que el funcionario todavía es diplomático de carrera en actividad. 
Otra, revisando el contenido de la resolución número 85 de 1975.
O tal vez no haga falta. Un alto funcionario de la Cancillería dijo ayer a 
este diario que en el ministerio obra otro documento: corrobora que Sadous 
trabajó en el equipo privado del entonces canciller Vignes durante 1975.
En otras palabras: hay un documento falseado y un documento completo sobre 
la misma persona en el mismo período. Así, uno da más valor al otro y 
viceversa.
El documento falseado indica en otra parte que en esta etapa Sadous no 
estuvo en el exterior. En "Destinos" se lee para 1975: "País". "País" y 
"Exterior" son las dos grandes categorías en que se divide la sección 
"Destinos".
Es el único hueco. Luego, toda la carrera de Sadous está detallada. Por 
ejemplo, por Resolución 545 de 1975 fue destinado a Italia. Operó en Roma 
entre el 29 de diciembre de 1975 y el 9 de octubre de 1976.
Italia no era un destino más en ese momento. Licio Gelli, uno de los jefes 
de la secta fascista P-Due, trabajaba a caballo entre Roma y Buenos Aires. 
Vignes consiguió que el 18 de octubre de 1973, a seis días de asumir en 
reemplazo de Lastiri, Perón condecorase a Gelli con la Orden del Libertador 
San Martín en el grado de Gran Cruz. Isabel y Vignes lo nombraron consejero 
económico de la embajada argentina en Italia, donde recibiría colaboración 
de Sadous.
Gelli tenía estrecha relación con Vignes, a tal punto que le compró una 
estancia en la Argentina.
Pero aún más importante aún que Vignes en el entramado del submundo italiano 
y el submundo argentino fue el entonces almirante Massera. El "Comandante 
Cero", como fue conocido en la jerga de la represión clandestina, hizo pie 
en la Cancillería al punto de poner allí, después del golpe, a un hombre de 
su círculo íntimo. Entre el 30 de marzo de 1976 y el 23 de mayo de 1977 fue 
canciller el almirante César Guzetti.
Guzetti es la misma persona que participó en Chile de una reunión con Henry 
Kissinger, secretario de Estado de los Estados Unidos, en la que se reforzó 
la coordinación para la represión en el Cono Sur que había empezado con los 
asesinatos impulsados por Vignes.
Guzetti y su sucesor, el almirante Oscar Montes, empezaron por controlar su 
propio territorio, la Cancillería. Marcelo Dupont, hermano del diplomático 
Gregorio Dupont, fue asesinado luego de que éste escuchara las confidencias 
de la diplomática Elena Holmberg sobre las operaciones de inteligencia del 
Centro Piloto París. Holmberg fue otra de las asesinadas. Y también fue 
secuestrado el embajador de la dictadura en Venezuela, el radical Héctor 
Hidalgo Solá, luego de que descubriese que Caracas era otro nudo de la 
inteligencia militar. Luego de la desaparición de Hidalgo Solá, fue 
designado embajador en Venezuela Federico Barttfeld (ver aparte), otro de 
los integrantes de Propaganda Dos relacionado con Massera, Gelli y Vignes.
"En la Cancillería muchísimos diplomáticos de carrera apoyaron a la 
dictadura como lo hizo la mayoría de la burocracia del Estado; algunos 
diplomáticos la toleraron sin hacer nada y una minoría fue cesanteada o 
perseguida", dijo a Página/12 un embajador. "Pero los más activos durante la 
matanza, los que colaboraron directamente, también fueron pocos", agregó. 
"Algún día habrá que publicar quiénes eran, en la propia Cancillería, los 
que marcaban a sus colegas y hacían las listas negras", dijo.
-¿Sadous fue uno de los "marcadores"?-inquirió este diario.
-Ya le dije: algún día los propios diplomáticos tendremos que reconstruir 
esa historia -respondió el embajador.
Una parte de los profesionales de la Cancillería tiene en claro la 
continuidad entre el lopezreguismo y la dictadura. La embajadora May Lorenzo 
Alcalá, castigada y reparada con la vuelta de la democracia en 1983, 
escribió un texto interesante en la página de la Asociación de Personal del 
Servicio Exterior de la Nación, Apsen: "La limpieza ideológico-moral de 
Vignes facilitó mucho la tarea de los militares cuando, en 1976, tomaron el 
poder. Sólo tuvieron que cesantear un treinta por ciento de los desangrados 
de la carrera en el período inmediatamente anterior, formalmente 
constitucional".

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