[R-P] [Carlos Abalo] Reservas internacionales...
Gustavo Battistoni
gustavo.battistoni en gmail.com
Dom Ene 31 08:08:54 MST 2010
["La furia de la oposición para desvalorizar el Fondo del Bicentenario
y defender la independencia del Banco Central muestra su inclinación
por el poder financiero, en el primer caso porque en vez de pagar con
divisas preferiría adquirir nueva deuda y siempre por su recelo
respecto de la inversión pública y el crecimiento. De 2003 a 2008
pronosticó un desastre tras otro pero la expansión fue record y aunque
asegura inquietarse porque en 2009 disminuyó el excedente fiscal, se
debe recordar que el país tuvo déficits fiscales sistemáticos. Hay que
convenir que la mayor parte de la oposición representa al
establishment responsable de la falta de crecimiento nacional, socio
menor de las finanzas mundiales y enemigo de las políticas K
limitadoras de la renta financiera y de la renta agraria, que en gran
parte se recicla como renta financiera y se ve afectada por las
retenciones. La especialización agraria argentina es una suerte para
el país, pero se convierte en su desgracia si se vuelve excluyente y
obstruye la industrialización. Por su parte, la opinión pública parece
haberse olvidado de la funesta patria financiera y de las mentiras con
que los grandes medios cubrían las espaldas de la dictadura y las
operaciones con la deuda externa.
La expansión asiática y emergente favorece el desarrollo productivo y
lo volverá a potenciar. El desafío de la Argentina es correr esa
carrera."]
OPINION
Reservas internacionales y furia opositora
Por Carlos Abalo *
La actual discusión sobre el Fondo del Bicentenario para garantizar el
pago de la deuda involucra la de la ilegitimidad de una parte de ella
y la de la independencia del Banco Central.
Desde los años setenta en la Argentina y en el mundo predominaron las
operaciones financieras sobre la producción porque las grandes
ganancias y la rapidez para acumular se potencian con las finanzas. La
presente gran crisis mundial toma la forma de grandes burbujas porque
la acumulación financiera con menor acumulación productiva se vuelve
en gran parte ficticia cuando el capital se desinfla de su excedente
artificial. Gracias al poder del establishment financiero, en los
países desarrollados el Estado rescató el capital privado devaluado a
costa de la sociedad, que es la que produce la riqueza.
La crisis es inherente al capitalismo porque la acumulación en el polo
más rico genera pobreza en el otro extremo, efecto potenciado por la
especulación financiera. Para que la oligarquía financiera y sus
socios acumulen en gran escala es preciso que los banqueros impongan
sus normas y que los bancos centrales sean independientes. La relativa
autonomía de un banco central no puede ser confundida con una
pretendida independencia, porque las divisas que reúne y sostienen el
sistema monetario y financiero provienen de la actividad productiva de
la Nación y su utilización depende de los poderes que gobiernan el
Estado, no del Banco Central, cuyas autoridades no son elegidas por
sufragio.
El argumento de la independencia cobró relevancia en los años setenta.
Hasta entonces había un límite monetario para la expansión financiera.
Cuando Estados Unidos liquidó la convertibilidad del dólar con el oro,
los bancos pudieron crear dólares contables fuera de Estados Unidos
(los eurodólares) y la emisión financiera se independizó de los
estados nacionales. En la línea de una mayor autonomía financiera,
profundizando las bases establecidas por la Ley de Entidades
Financieras de la dictadura militar, Menem modificó en 1992 la Carta
Orgánica del Banco Central acentuando su independencia. La ley de 1976
había servido para multiplicar la deuda externa. La dictadura fue
derrotada y dejó al país en ruinas, pero el mercado extorsionó al
gobierno de Alfonsín, que tuvo que aceptar la porción ilegítima de la
deuda.
En sentido inverso a la independencia del Banco Central, la crisis
financiera global cuestiona la acumulación financiera y reclama
regulaciones, porque el manejo por el mercado de los tipos de cambio y
de la valorización de los activos y la calificación arbitraria de
países y empresas facilitan la especulación. Con la crisis global y
los rescates, igual que con el fin de la convertibilidad, el
corralito, la aceptación de la deuda ilegítima y la fuga de las
divisas hacia acreedores seleccionados (con responsables entre algunos
de los opositores más notorios), la acumulación financiera desplumó a
la sociedad sin que los que ahora se escandalizan abrieran la boca.
Pese a que el establishment internacional dominante es el financiero,
el sistema está mutando porque las finanzas pierden terreno frente al
desarrollo productivo asiático, que genera una expansión capitalista
con nuevos círculos dominantes. El establishment argentino tiene poco
que ver con el desarrollo productivo en ciernes y el Fondo del
Bicentenario va en una línea de desendeudamiento poco afín a los
intereses financieros de largo plazo.
La furia de la oposición para desvalorizar el Fondo del Bicentenario y
defender la independencia del Banco Central muestra su inclinación por
el poder financiero, en el primer caso porque en vez de pagar con
divisas preferiría adquirir nueva deuda y siempre por su recelo
respecto de la inversión pública y el crecimiento. De 2003 a 2008
pronosticó un desastre tras otro pero la expansión fue record y aunque
asegura inquietarse porque en 2009 disminuyó el excedente fiscal, se
debe recordar que el país tuvo déficits fiscales sistemáticos. Hay que
convenir que la mayor parte de la oposición representa al
establishment responsable de la falta de crecimiento nacional, socio
menor de las finanzas mundiales y enemigo de las políticas K
limitadoras de la renta financiera y de la renta agraria, que en gran
parte se recicla como renta financiera y se ve afectada por las
retenciones. La especialización agraria argentina es una suerte para
el país, pero se convierte en su desgracia si se vuelve excluyente y
obstruye la industrialización. Por su parte, la opinión pública parece
haberse olvidado de la funesta patria financiera y de las mentiras con
que los grandes medios cubrían las espaldas de la dictadura y las
operaciones con la deuda externa.
La expansión asiática y emergente favorece el desarrollo productivo y
lo volverá a potenciar. El desafío de la Argentina es correr esa
carrera. La ofensiva opositora se apoya en que el Gobierno no siempre
elige el mejor camino para poner en marcha sus iniciativas. Las
retenciones debieron ser incluidas en una estrategia agraria como la
que empieza a delinearse, dentro de un plan nacional ofrecido a la
discusión, como la que había que llevar a cabo para presentar el Fondo
del Bicentenario, pero, aunque las formas son importantes, no pueden
ser una excusa para silenciar el positivo alcance de los contenidos.
* Economista.
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