[R-P] Teissaire
Nestor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Lun Ene 25 10:46:46 MST 2010
[Los giros conservadores del movimiento nacional terminan, casi
inexorablemente, con derrotas o graves traiciones. El caso del Almirante
Teissaire, Vice de Perón en la segunda presidencia del General, es
quizás paradigmático. Hasta en la miopía se revela peronista la decisión
de meter a Cobos como compañero de fórmula de Cristina Fernández.]
Gentileza del Pepe Muñoz Azpiri
DECLARACIONES DEL EX VICEPRESIDENTE TEISAIRE
EL 4 DE OCTUBRE DE 1955.
(Publicadas en días sucesivos en la prensa argentina en general)
La conducta de Perón como gobernante, su deslealtad para los que
en él creyeron, su cobarde y vergonzosa deserción frente al adversario,
abandonando al gobierno y a sus colaboradores (y no digo sus amigos,
porque jamás abrigó sentimientos de amistad para nadie), me habilitan
para la actitud que asumo. No tengo por qué guardar consideraciones
para quien no las tuvo con nadie, ni aún con el país, de cuyos destinos
dispuso a su antojo.
Algunos podrán preguntarse cómo fue que advirtiendo a mi alrededor
tanta podredumbre moral e infamia no acusase en su momento al
responsable directo de ese estado de cosas. Pero el sistema creado por
Perón cerraba toda posibilidad de rebeldía, a crítica o disentimiento
para los que no comulgaban incondicionalmente con sus ideas y sus
planes. Porque quien lo hiciera, quien se atreviese a levantar su voz
contra las directivas impuestas o servirlas con tibieza, era
instantáneamente marcado como traidor, vendepatria u otras infamias por
el estilo y perseguido en todos los terrenos juntamente con toda su
familia. No importa que el disidente tuviese un prontuario limpio; no
importa que su vida pública y privada resplandecieran de honor y pureza.
Presentar las cosas al revés fabricando las pruebas difamatorias para
demostrar que el “alzado” era un delincuente, un corrompido, un
traidor,era cosa fácil en un régimen sin escrúpulos ni conciencia.
Adviértase que no sólo estaba en juego el riesgo físico, que en
cualquier hombre que se precie de tal afronta con entereza; no, era algo
mucho más grave y tremendo: era quedar expuesto a la cárcel y el
deshonor, y desencadenar la persecución más despiadada sobre amigos y
familiares. El dar, pues un paso así, comprometía la libertad, el
honor y los bienes propios y familiares. Discrepar con Perón fuera del
peronismo implicaba sus riesgos; pero disentir con él dentro del
partido o del gobierno era exponerse a todos los males y perjuicios que
la razón humana puede imaginar. Cuando se lucha contra un adversario
leal. Por duro e implacable que sea, rigen leyes de juego que se
respetan. Pero frente a Perón, que sólo sabe utilizar golpes
prohibidos, valiéndose de recursos de maldad, la lucha, dentro de sus
propias filas, resultaba una empresa suicida. Se explica así que
muchos hombres que ocuparon posiciones prominentes en el régimen y
fueron arrojados por la borda sin explicaciones, guardasen prudente y
cauteloso silencio acerca de sus experiencias del gobierno, sin
atreverse a abrir la boca frente a los ataques e insinuaciones
injuriosas de los voceros oficiales.
UNA PRESENTACION ESPONTANEA
Por los conceptos que dejo expuestos es que, al hacerse cargo de
la presidencia de la Nación el señor general Eduardo Lonardi, en la
Capital Federal, me presenté voluntariamente para ponerme a sus órdenes
y ser sometido –si así lo estimara conveniente el nuevo gobierno- a la
investigación que se deseara realizar sobre mis actos, ya que no tenía
nada que ocultar.
Fui detenido e incomunicado, y dejo constancia que durante los
días que permanecí en esa situación, fui tratado con toda consideración,
por lo cual expreso mi agradecimiento. Pude ausentarme del país o
asimilarme en cualquier embajada extranjera, para lo cual recibí
sugestiones e invitaciones, pero yo he preferido quedarme aquí y no
seguir el desgraciado ejemplo dado por Perón en ese sentido, quien
después de utilizarnos, engañarnos, y entregarnos, se fuga en un barco
de guerra extranjero, lo que equivale a una traición a sus partidarios,
a sus compatriotas y al país.
Me considero obligado a denunciar la conducta de Perón, que hizo
derramar sangre argentina de obreros, soldados y ciudadanos, para huir
en el momento más álgido de los acontecimientos y cuando todavía las
cosas no estaban decididas. Huyó mientras los trabajadores gritaban y
daban “la vida por Perón”; pero Perón no supo, no fue capaz, tuvo miedo
de exponer la suya por los obreros. Abandonó al Partido Peronista, su
propio partido que siempre le acompañó con lealtad y sacrificio, pero él
no supo ser leal ni sacrificarse por su partido. También abandonó a
las mujeres partidarias, que tanto creían en él; pero él nunca creyó en
ellas.
ASILADO BAJO BANDERA EXTRANJERA
Se ha asilado bajo bandera extranjera, hecho único en la historia
nacional, puesto que los dos únicos presidentes constitucionales
derrocados por revolución, Irigoyen y Castillo, no obstante su avanzada
edad, afrontaron la situación con entereza y asumieron la
responsabilidad de su magistratura frente a quienes encabezaron aquellas
sediciones. Perón, en cambio, contra todas sus manifestaciones de
hombría, de coraje, de valor, no ha sido capaz de afrontar la
responsabilidad que le correspondía; ha tenido miedo. Bonito ejemplo
nos ha dejado el famoso “conductor”. El “lider”, el “libertador”, a
quien nosotros hemos idealizado y ensalzado con un candor y buena fe
increíbles. Digo todo esto para que no existan en el futuro, en un
pueblo sano, puro y bien intencionado como el nuestro, ídolos tan falsos
como Perón.
Frente al silencio y la deserción de Perón considero que hablar es
para mí un deber inexcusable. No eludo ninguna responsabilidad, ni busco
atenuar las que puedan alcanzarme. Pero tampoco eludiré manifestar la
verdad aunque las cosas que se digan resulten duras y amargas.
Para someter al pueblo, las instituciones y los hombres a su
arbitrio, Perón creó e impuso –valido de su preponderancia de jefe de
Estado—un sistema que está calcado de los peores regímenes totalitarios,
organizando un aparato de represión de alcances inaudítos. Es decir,
que fingiendo ideales democráticos y bajo la apariencia de una
estructura democrática, construyó un sistema de dominación personal que
no tiene precedentes. La verdad es que Perón no compartió el poder con
nadie y, por lo tanto, las responsabilidades de su gobierno son
exclusivamente suyas y de los que puedan haberse prestado –por sumisión,
ignorancia o complicidad—a fraudes o dolos administrativos.
EL UNICO RESPONSABLE: PERON
Pero nadie puede llamarse a equívocos, hay un solo responsable de
todo: Perón. Hay uno solo que inspiraba y ordenaba: Perón. No
consintió ni admitió a nadie que lo aconsejase o ayudase y, por lo
tanto, a nadie puede culparse del desastre sino a él.
Mucha gente humilde y de buena fe creyó en su lealtad hacia el
pueblo, en su sinceridad, en su honradez. Es a esa gente a la que me
dirijo para advertirles del error en que vivían, de la mentira en que
creyeron, del engaño de que han sido víctimas. Algunos ya lo saben, lo
han percibido a través de su fuga, de su traición cuando estábamos en
medio de la batalla, defendiéndolo a él, a costa de nuestra reputación y
de nuestras vidas. Pero todavía puede haber quienes duden, porque la
comedia ha durado varios años, y en tan largo plazo cualquier mito,
cualquier cuento, prende en el espíritu siempre crédulo e inocente del
pueblo.
Es para esclarecer la conciencia de ese pueblo, para que sepan la
verdad sobre Perón, dicha por quien siente como un imperativo la
obligación de abrir los ojos y la mente de sus compatriotas.
Comenzaré a referirme a mi retiro de la dirección partidaria,
impuesto por Perón, que se resistía a comprender que la falta de fervor
en sus adictos obedecía a los desaciertos de su gobierno, atribuyéndola,
en cambio a la falta de adhesión a su persona. Pensaba, seguramente,
que la política de “brazos caídos” de sus amigos era obra de un
“sabotaje” mío, cuando era la simple consecuencia de la pérdida de fe
por los descalabros de su gestión política.
La crisis partidaria fue, como es lógico una consecuencia de la
crisis política argentina. Se origina principalmente en la inmoralidad
administrativa y culmina con la agresión contra la Iglesia, cuya
iniciación nace del despecho que le produjeron a Perón los éxitos de
público en los actos estudiantiles secundarios de Córdoba, frente al
fracaso de los mitines organizados por la UES, creada por él como
instrumento político. Pero como Perón no podía arrastrarnos a la lucha
anticatólica con ese pobre argumento, fabricó la leyenda de la
intromisión clerical en la política, a cuyo efecto inventó hechos
imaginarios, exhibiéndonos elementos de juicio totalmente falsos.
Embaucados de esa manera, se produjo el acto del Luna Park, donde
algunos oradores --haciendo fe en su palabra y en sus
afirmaciones—censuramos esa intromisión de la Iglesia en la política,
sin advertir –hasta días después—que todo era un fraude cuidadosamente
preparado por el ex presidente, cuya fingida indignación era parte de la
comedia representada.
QUISO EXPROPIAR LA CATEDRAL
Posteriormente, Perón intentó arrancar de las Cámaras legislativas
una ley de expropiación del templo de la Catedral, a cuyo efecto le hizo
presentar un proyecto a su ministro Méndez San Martín que, se empeñó
personalmente en prestigiarlo. Pero varios nos opusimos
terminantemente a ese propósito, evitando que se consumara otro
atropello contra la Iglesia. Ya estábamos en antecedentes de la verdad
del problema y esta vez Perón no pudo sorprendernos con otro engaño.
En lo referente a su desaprensión por la vida democrática, basta
mencionar la circunstancia de querer eliminar al Partido Conservador y
al Partido Socialista del panorama cívico argentino, por el solo hecho
de no haber concurrido a las elecciones de 1954. Su entusiasmo por
este cercenamiento cívico fue enorme y tan sólo por la intervención mía
y de otros integrantes del Poder Ejecutivo, tal propósito no se llevó a
cabo.
LA QUEMA DE LA BANDERA
Con respecto al caso de la bandera quemada, verdadero estigma del
gobierno ejercido por Perón, debo claramente determinar las siguientes
circunstancias: las banderas del Congreso Nacional no se encuentran
izadas mientras no hay sesiones, por lo tanto dichas banderas se
encontraban a buen recaudo. Las banderas argentinas y del Vaticano
izadas eran evidentemente llevadas a tal fin, y luego de izadas fueron
retiradas, encontrándose actualmente en mi poder y en el del doctor
Benitez (presidente de la Cámara de Diputados de la Nación). En
consecuencia, la verdadera bandera quemada fue otra llevada ex profeso
al lugar de los hechos y luego quemada. Considerando el cúmulo de
circunstancias existentes, es mi convicción más profunda que dicha
felonía se ejecutó no sólo con la autorización de Perón, sino bajo su
inspiración. Este hecho de por sí incalificable, se vio agravado por
el verdadero sacrilegio de tener que rendirse homenajes de desagravio en
todos los organismos, instituciones y reparticiones nacionales,
constituyendo dichos actos una verdadera tortura espiritual para la
ciudadanía, que presentía esta patraña de Perón.
Con respecto a la dedicación de Perón a las funciones de gobierno,
debo expresar que desde hace un año había prácticamente abandonado los
asuntos de Estado para dedicarse a pintorescas actividades deportivas,
artística, etcétera. Además, desde el año 1952, prácticamente se
extinguió el impulso del gobierno, decayendo la conducción del Estado.
LA ALIANZA LIBERTADORA NACIONALISTA Y LA CGT
En cuanto a la Alianza Libertadora Nacionalista, constituía una
verdadera fuerza de choque, totalmente ajena en su naturaleza y
finalidad a lo que debe ser una agrupación o partido político. Tal
organismo o fuerza de choque era utilizada para emplear la violencia, no
sólo contra sus adversarios políticos, sino como tribuna insolente
contra sus propios correligionarios. Dicha Alianza Nacionalista era
subvencionada y dirigida por el propio Perón. Además, debo agregar, en
este orden de ideas, que era verdadera intención de Perón armar a la
CGT, y no sólo eso, sino convocar a una movilización militar no por
clases, sino por llamados individuales, eligiendo por supuesto, a
ciudadanos totalmente incondicionales a su persona.
En cuanto a la forma en que Perón ejercía el poder, debo
significar que él conocía absolutamente todo y manejaba todo, hasta
cosas muy chicas y generalmente de mala fe. Nada de lo que el gobierno
de Perón ha ejecutado, sea cual fuere la naturaleza de los hechos
ocurridos, se ha llegado a concretar sin el consentimiento directo de
Perón. En consecuencia, hemos asistido a un ejercicio del poder con el
que no se gobernaba, sino que se ordenaba. Por lo tanto, al dedicarse
Perón a la UES, el deporte, los artistas, etcétera, nadie se ocupaba de
los asuntos trascendentales de gobierno, nada se resolvía, todo se
atrasaba, todo se dejaba para luego, ya que nada podía resolverse sin su
visto bueno.
En homenaje a la más estricta verdad, por muchos presentida pero por
mí bien conocida, debo destacar que Perón carecía absolutamente de
sentimientos. Sin sentimientos para la madre, para la esposa, para el
hermano, para nadie, solo tenía el sentimiento del odio, sentimiento
sensualista y codicioso. No quería al país.
LA MAS GRANDE ESTAFA A SU PUEBLO
Por lo tanto, Perón ha cometido la más grande estafa a su pueblo:
lo ha estafado en sus sentimientos, en sus ilusiones y hasta en su
decoro. Cuando tuvo todo, no fue capaz de defender nada y el pueblo
puede tener la seguridad de que Perón no volverá.
Todas estas verdades deben ser tenidas muy en cuenta por toda la
ciudadanía, y en lo referente a los obreros, deben estar persuadidos de
que las mejoras obtenidas constituyen un derecho que todo gobierno
reconocerá, no fueron favores de Perón, sino conquistas merecidas y
legítimas de la clase trabajadora.
Los permisos de importación y de exportación, por ejemplo, estaban
casi exclusivamente en manos de un monopolio de tres personas: Jorge
Antonio, Tricerri y Amar, cuya investigación conducirá sin duda alguna
al verdadero culpable, a través de un intrincado dédalo de complicidades
concordantes y coincidentes. También se premiaba con permisos de
exportación a gente totalmente ajena al comercio y la industria: actores
o actrices; deportistas y paniaguados del ex presidente, que recibían
estas órdenes de pago de sus elogios a Perón, revendiéndolas a los
verdaderos interesados, que debían luego recargar los precios de sus
mercaderías para resarcirse de los gastos en perjuicio del pueblo
consumidor.
Cuando los acontecimientos estrechan su cerco alrededor de Perón y
siente los impactos de la opinión pública, agraviada por la quema de la
bandera y de los templos, proyecta su penúltima farsa: el ofrecimiento
de su renuncia al partido y la CGT, en un documento que es modelo de
hipocresía y simulación. Su actitud precipitó la mía y de otros altos
funcionarios y magistrados, que advertimos que con ello se evitarían al
país los trágicos días subsiguientes y creíamos en la sinceridad de su
resolución, de la que nos dio cuenta por anticipado y con aparente lealtad.
PERON EL 31 DE AGOSTO
Horas más tarde y en medio del estupor, Perón rectificaba su
actitud y pronunciaba la vociferante arenga del 31 de agosto, desde los
balcones de la Casa Rosada. Nos había hecho creer que iba a decir otra
cosa, a justificar su renuncia y declarar que si la gente estaba de
acuerdo, iba a continuar. Pero nos quedamos fríos cuando habló, cuando
dijo que había “que matar cinco adversarios por cada uno de nosotros”, y
pensamos: esto , ¿qué es?
En esa circunstancia, preparé y redacté mi renuncia indeclinable
dispuesto a sostenerme en la actitud públicamente asumida. Declaraba
en ese documento –que no llegué a presentar porque el pudor me imponía
abandonar un gobierno en plena bancarrota-- que si Perón se desdecía de
su ofrecimiento, yo mantenía lo dicho. La intervención de algunos
amigos, su insistencia en advertirme las circunstancias poco propicias
para una resolución de esta naturaleza, que sólo agravaría las cosas, me
disuadieron a última hora, de esta decisión.
No he de terminar estas palabras sin formular un llamado de
advertencia a aquellos espíritus fanáticos que se empeñan aún en seguir
aferrados a un ídolo. A ellos deseo dirigirme, especialmente, para que
luego de estas palabras mediten, reflexionen y arriben a la conclusión
de que nada puede ser superior a la patria misma y que todos los
argentinos, como exponentes de una ciudadanía sana, deben extraer de
esta dura lección la firme decisión de mirar hacia el futuro feliz de la
Nación sin idolatrías de ninguna especie.
Finalmente, estas declaraciones involucran mi renuncia a formar
parte del Partido Peronista, renuncia que ha sido enviada por la vía
correspondiente.
APENDICE DE DOCUMENTOS DEL
“LIBRO NEGRO DE LA SEGUNDA TIRANIA”
“Comisión Nacional de Investigaciones, documentación, autores y
cómplices de las irregularidades cometidas durante la segunda tiranía”
Decreto Ley 14988 del 16 de agosto de 1956
Edición de la Imprenta del Congreso de la Nación – 1958-
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