[R-P] Orgasmo de Vargas Llosa por el triunfo de Piñera...
Gustavo Battistoni
gustavo.battistoni en gmail.com
Lun Ene 25 08:08:16 MST 2010
[Los "buenos muchachos", están descontrolados.Ahora vienen por la
Argentina y necesitan un Enriquez Ominani "criollo" para dividir el
campo popular.¿Adivinen en quién está pensando la derecha vernácula
para tan infausto papel...?]
LA CAPITAL
25-01-10 | Por Mario Vargas Llosa (El País de Madrid)
El triunfo de Piñera
Hacía 52 años que la derecha no ganaba unas elecciones en Chile. Pero
no es la derecha cavernaria, autoritaria y conservadora de Pinochet.
Es, además, un serio revés para Chávez y su grupete de países.
Con Sebastián Piñera en la Presidencia, el desarrollo económico y la
democratización de Chile recibirán un fuerte impulso y consolidarán el
progreso integral de la sociedad chilena que, desde la caída de la
dictadura de Pinochet hace 20 años, es el más profundo que ha conocido
América Latina.
Curiosamente, su victoria no es una recusación de Michelle Bachelet.
La presidenta de Chile sale del poder con 81% de popularidad, la más
alta que haya merecido al dejar el gobierno un mandatario chileno.
Interesante sutileza la del electorado de Chile: premia con su afecto
a la primera mujer que llegó a La Moneda y reconoce su honestidad, su
empeño en las tareas de gobierno, sus esfuerzos sobre todo para
promover a la mujer y superar los prejuicios que frenaban su
participación en la vida económica y política. Y, a la vez, decide que
ha llegado la hora de la alternancia, abriéndole a la oposición de
derecha el acceso al poder, luego de cuatro lustros de gobierno de los
partidos de izquierda y centro izquierda de la Concertación. Hacía 52
años que un candidato de aquella tendencia no ganaba unas elecciones
en Chile: el último fue Jorge Alessandri en 1958.
El balance de estos 20 años de la Concertación en el poder es
excelente. Chile ha desmontado los aparatos represivos y las leyes de
excepción de la dictadura, iniciado un proceso de reparación y
desagravio de las víctimas, y, a la vez, preservado los grandes
lineamientos de una política económica que ha dado a Chile un despegue
económico notable, que ha reducido la pobreza de un 42% a un 13% Ωel
avance social más acusado en toda América LatinaΩ, hecho crecer la
clase media, atraído inversiones del mundo entero y dotado a Chile de
una estabilidad institucional comparable a la de las democracias
occidentales de punta.
La izquierda que ha gobernado el país estos últimos 20 años no ha sido
la misma que subió al poder con la Unidad Popular y Salvador Allende.
Aquélla creía en la revolución y en el socialismo, no en la democracia
liberal, y su modelo era la Cuba de Fidel Castro. Su política de
nacionalizaciones y de desenfreno fiscal provocó una inflación
estratosférica, caos y empobrecimiento generalizado, lo que hizo
posible el golpe militar y la sanguinaria dictadura de Pinochet. La
Concertación aprendió la lección y ha gobernado con espíritu
democrático, resucitando la vieja tradición legalista chilena,
reconstruyendo el Estado de derecho y las libertades públicas, a la
vez que manteniendo la economía de mercado y el aliento a las
inversiones así como la disciplina fiscal.
Pero 20 años en el poder son muchos años y la Concertación había
perdido el brío, comenzaba a abotargarse y en los últimos años se
había descubierto incluso algunos casos de corrupción, infrecuentes en
la vida política chilena. Con buen olfato una mayoría electoral
-ajustada, es cierto: sólo 3,5% de ventaja para Piñera- decidió que
había llegado la hora de la alternancia, principio democrático por
excelencia.
La derecha que llega a La Moneda con Piñera no es tampoco la derecha
cavernaria, autoritaria y conservadora que representaba Pinochet.
Cuando éste dio el golpe, en 1973, Sebastián Piñera estaba en la
Universidad de Harvard. Cuando regresó a Chile fue, en todas sus
intervenciones cívicas, opuesto a la dictadura militar. Estuvo contra
la Constitución impuesta por el régimen militar y durante el
plebiscito de 1988 participó activamente con la oposición
demócrata-cristiana por el "No".
Conozco a Sebastián Piñera desde hace unos 30 años y me consta que es
un demócrata y un liberal convencido, enemigo de toda forma de
autoritarismo.
Las grandes reformas que Piñera ha prometido no van a trastornar los
principios básicos de democracia política y económica de mercado,
sobre los que, por fortuna para Chile, existe un firme consenso entre
la izquierda y la derecha. Pero sí van a inyectar a este modelo un
viento de renovación y modernización en temas como la educación, la
protección del medio ambiente, la revolución tecnológica en los campos
de la comunicación y la globalización, que equipen al país para la
competencia en los mercados internacionales en los que Chile se ha
insertado ya más y mejor que ningún otro país latinoamericano.
Durante mi breve estancia en Chile tuve ocasión de conocer a algunos
de los 37 "Grupos de Tantauco", en su gran mayoría jóvenes
profesionales y técnicos salidos de las mejores universidades chilenas
y extranjeras que, bajo la dirección de un eminente economista,
Cristián Larroulet, director del Centro de Estudios Libertad y
Desarrollo, vienen preparando desde hace dos años el plan de gobierno
de la Coalición para el Cambio y adiestrando a los equipos para
implementarlo. Me impresionó el rigor de las ideas y proyectos, y el
entusiasmo con que las mujeres y hombres jóvenes que trabajan en este
plan se han comprometido, si es necesario, a abandonar sus trabajos
bien rentados en las empresas privadas para dedicarse en el gobierno
de Piñera a hacer de Chile un país del siglo XXI.
En el contexto latinoamericano, la victoria de Piñera es un serio
revés para el comandante Hugo Chávez, de Venezuela, y el grupete de
países que, bajo su liderazgo ΩCuba, Nicaragua, Bolivia y EcuadorΩ,
pretenden imponer en América Latina el modelo autoritario y populista
("El socialismo del siglo XXI") que, en estos días de colapso del
agua, la energía y los alimentos en las tierras venezolanas, muestra
ya sus frutos. El gobierno de Piñera -lo ha dicho él con claridad en
su primera conferencia de prensa luego de la elección- va a reforzar y
dar un nuevo aliento a los países que, como México, Costa Rica,
Panamá, Colombia, Perú, Uruguay y Brasil, defienden la cultura
democrática y resisten la ofensiva autoritaria que, desde Caracas, se
propone retroceder al continente al colectivismo, el estatismo y la
demagogia populista.
Es casi un milagro que en un país latinoamericano haya ganado la
Presidencia de la República en elecciones libres un empresario como
Piñera cuyo patrimonio se calcula en más de 1.000 millones de dólares.
Nada es tan típico del subdesarrollo como la satanización del
empresario, considerándolo un explotador, corruptor y enemigo de los
pobres.
Un indicio de lo avanzado que está Chile sobre el resto del continente
es que los electores chilenos parecen haber comprendido que un
empresario privado, si tiene éxito en buena ley, es decir, en un
régimen de legalidad y libre competencia -no gracias a tráficos
mercantilistas ni privilegios monopólicos- es fuente de creación de
empleo y de riqueza, y que sus éxitos revierten sobre el conjunto de
la sociedad.
El día que nos despedimos en Santiago, tres días antes de la elección,
pregunté a Sebastián Piñera cuál querría que fuera su mejor
contribución en el gobierno si ganaba las elecciones. "Dar un impulso
decisivo a nuestro plan de ocho años, para crecer a un promedio de 6%
anual, algo perfectamente realizable. Si lo conseguimos, la renta per
cápita, que es ahora de 14.000 dólares se habrá incrementado a 24.000.
Habremos alcanzado a Portugal". Chile habrá dejado entonces el
subdesarrollo y será el primer país de América Latina en incorporarse
al primer mundo.
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