[R-P] [Atilio Boron] Chile:el original y la copia.

Gustavo Battistoni gustavo.battistoni en gmail.com
Jue Ene 21 23:48:29 MST 2010


OPINION
Elecciones en Chile: el original y la copia


  	

 Por Atilio A. Boron *

Para la Concertación el triunfo de la derecha (en realidad, de su
variante más virulenta: la pinochetista) en las elecciones
presidenciales chilenas podría considerarse como un ejemplo más de una
“crónica de una muerte anunciada”. La progresiva asimilación del
legado ideológico de la dictadura militar por los principales cuadros
de la alianza democristiana-socialista hizo que la diferenciación
entre la Concertación y los herederos políticos del régimen militar,
Renovación Nacional (su ala “moderada”, si es que un “pinochetismo
moderado” puede ser otra cosa que un oxímoron) y la Unión Demócrata
Independiente, sus batallones más cavernícolas, fuera desvaneciéndose
hasta tornarse imperceptibles para el electorado. Fernando Henrique
Cardoso gustaba repetirles a sus alumnos que “a la larga, los pueblos
siempre van a preferir el original a la copia”. Y tenía razón. En este
caso, el original era el pinochetismo y su heredero: Sebastián Piñera;
la Concertación y su inverosímil candidato, la copia.

¿Constituye esto una injusta exageración? Para nada. Oigamos lo que
decía Alejandro Foxley, uno de los prohombres de la Concertación y
ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Michelle Bachelet
entre el 2006 y el 2009: “Pinochet ... tuvo el mérito de anticiparse
al proceso de globalización... Hay que reconocer su capacidad
visionaria (para) abrir la economía al mundo, descentralizar,
desregular. Además, ... terminó cambiando el modo de vida de todos los
chilenos para bien, no para mal”. Con dirigencias “progresistas” que
sostenían un discurso como éste (que muchos compartían si bien pocos
se atrevían a manifestar con tanto descaro), ¿podía la Concertación
ser creíble como una alternativa superadora del pinochetismo?

El triunfo de la derecha gravitará y mucho en el escenario
sudamericano. Las cosas se pondrán más difíciles para los gobiernos de
Venezuela, Bolivia, Ecuador y Cuba; la ampliación del Mercosur con la
plena incorporación de Venezuela sufrirá renovados tropiezos, y con
Piñera el bloque derechista controla, con la honrosa excepción del
Ecuador, todo el flanco del Pacífico latinoamericano. Además, el
“efecto demostración” del desenlace electoral chileno podría llegar a
ejercer un negativo influjo sobre las elecciones presidenciales de
octubre del 2010 en Brasil y las que tendrán lugar el año siguiente en
la Argentina. Por otra parte, la belicista contraofensiva imperial de
Estados Unidos (Cuarta Flota, bases militares en Colombia, golpe en
Honduras, reconocimiento de las fraudulentas elecciones de ese país,
etcétera) contará a partir de marzo con un nuevo aliado, liberado de
cualquier compromiso, aunque sea retórico, con el proyecto
emancipatorio latinoamericano. Hay que recordar que aun bajo los
gobiernos “progres” de la Concertación el papel que éstos desempeñaron
fue siempre el de un operador privilegiado de Washington en América
del Sur. En la Cumbre de Mar del Plata que culminó con el naufragio
del ALCA las voces cantantes a favor de ese acuerdo fueron las de
Ricardo Lagos y Vicente Fox, bajo la complacida mirada de George W.
Bush. Ahora esa tendencia “aislacionista” –y, en el fondo,
antilatinoamericana– se acentuará aún más, revirtiendo una profunda
vocación latinoamericana que Chile supo tener y que bajo la
presidencia de Salvador Allende llegó a su apogeo. Pero ese país ha
cambiado, “para bien” como lo recordaba el ex canciller de la
Concertación.

Por eso los necesarios procesos de integración supranacional
actualmente en marcha en América latina –desde el Mercosur hasta la
Unasur, pasando por el Banco del Sur y otras iniciativas semejantes–
no habrán de cobrar nuevos bríos con Piñera en La Moneda. Con Frei las
cosas no habrían sido muy diferentes, pero al menos éste tenía un vago
compromiso con el electorado que en el caso de su contendor no existe.
Lo que hay detrás de Piñera, en cambio, es la rabiosa gritería de sus
partidarios celebrando la victoria de su candidato con imágenes y
bustos de Pinochet y cánticos exhortando a acabar con los “comunistas”
infiltrados en el gobierno de la Concertación. La década no podía
haber comenzado peor. Más que nunca en tiempos como éstos adquiere
vigencia aquel sabio consejo de Gramsci: “Pesimismo de la
inteligencia, optimismo de la voluntad”.

* www.atilioboron.com


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