[R-P] El Islam no tiene apuro

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Vie Ene 15 15:50:16 MST 2010


Europa vive momentos de verdadera histeria por el incremento de 
Alá-creyentes.

Outa

Informe Dipló -   15-01-10

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INFORME DIPLÓ I
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Un fantasma atormenta a Europa
EL MITO RENACIENTE DEL ISLAM CONQUISTADOR


El "no" a la construcción de minaretes que ganó ampliamente un referéndum en 
Suiza, en noviembre pasado, suscitó conmoción y reavivó el debate sobre el 
lugar de la religión musulmana en Europa. El rechazo se basa en el miedo 
irracional hacia un islam conquistador que se apoyaría en un proyecto 
militante, en un avance de la fe y en la demografía.


por Patrick Haenni y Sami Amghar
Respectivamente, investigador de la Fundación Religioscope, director, con 
Stéphane Lathion, de Les Minarets de la discorde. Éclairage sur un débat 
suisse et européen (Infolio, París, 2009), y doctorando en Sociología en la 
École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS), París.
Traducción: Gustavo Recalde


Una cuestión sacude a Europa: ¿es el islam en esencia expansionista y 
conquistador? Sí, proclaman en Suiza los impulsores del referéndum contra la 
construcción de minaretes, basándose en los escritos de una nueva corriente 
crítica del islam (1). Este expansionismo estaría sobrentendido en la 
voluntad de hegemonía política atribuida tanto a la naturaleza misma de la 
"ideología islámica" -natalista, proselitista e invasora, como a las 
estrategias de algunos de sus actores -los "islamistas" y sus "proyectos" 
(2). Yusuf Al-Qaradawi, el más popular de los jeques sunnitas moderados, 
pareció darles la razón cuando, en su exitoso programa en Al Jazeera, "La 
sharia y la vida", dedicado el 6 de diciembre de 2009 al referéndum suizo, 
aseguró que la conquista se llevaría a cabo y que todos los seres humanos se 
encontrarán unidos por la palabra de Dios.
Los interrogantes sobre el islam son en parte legítimos: después de todo se 
proclama -al igual que el cristianismo- como la salvación para la humanidad 
y el mensaje que sella la historia de las profecías. Pero, en el fondo, ¿qué 
significa concretamente un expansionismo religioso? Desde un punto de vista 
sociológico puede apoyarse en una actitud militante (política, propagandista 
o militar), en el desarrollo de la religiosidad (el regreso a la fe o las 
conversiones) o en la demografía.
En Europa quienes tienen un proyecto político son los Hermanos Musulmanes y 
la organización turca Milli Görüs (3). Depositarios de un imaginario no sólo 
universalista (el islam representa una religión para todos), sino con 
intenciones de dominación (el objetivo de "guíar el mundo" que se arrogaba 
Hassan Al-Banna, fundador de los Hermanos Musulmanes), aspiran a la creación 
de un "Estado islámico". Sin embargo, no fue por esa razón que se refugiaron 
en Europa, a partir de los años 1950, sino porque les ofrecía una base de 
retaguardia, un santuario, en el marco de los combates que libraban en 
África del Norte y en Medio Oriente. Y la radicación duradera de poblaciones 
musulmanas en ese continente los tomó por sorpresa al mismo tiempo que les 
planteaba problemas.
El hecho de ser minoritarios en Europa invalida, en efecto, cualquier 
perspectiva estratégica para los agentes del islam político, puesto que los 
encierra en un dilema: ¿la predicación o el lobbying? La primera opción los 
ubica en un terreno ya ampliamente ocupado por el movimiento salafista o la 
organización al Tabligh (4), grupos considerados por el politólogo Olivier 
Roy (5) como "neofundamentalistas".
La segunda los enfrenta a la dificultad de procurarse un número consecuente 
de partidarios en el contexto europeo; además, los incita a transformarse en 
notables, y tiene el doble inconveniente de limitar su influencia a nivel 
local y de considerarlos sospechosos de celebrar compromisos con el poder.
La situación de los Hermanos Musulmanes lo demuestra claramente: al jugar la 
carta de las instituciones, perdieron con el tiempo su espíritu 
revolucionario, abandonaron las grandes causas como la de Palestina, 
renunciaron a movilizarse por cuestiones sensibles -el velo islámico en 
Francia, por ejemplo-; y sufren la crítica de jóvenes musulmanes que a veces 
hasta llegan a retirarles su apoyo por su "aburguesamiento" o sus acuerdos 
con las autoridades. El mismo Tariq Ramadan fue objetado por algunos de sus 
antiguos partidarios cuando integró un grupo de trabajo para el gobierno 
británico de Anthony Blair encargado de pensar maneras de detener el 
extremismo religioso en 2005.
Las dificultades de los defensores del islam político para elaborar una 
estrategia creíble en Occidente beneficia a los movimientos 
neofundamentalistas, que rechazan por su parte los compromisos políticos 
clásicos. En la nebulosa que forman estos movimientos predomina el salafismo 
wahabita "científico" (salafiyya ilmiyya) nacido en Arabia Saudita. Este 
salafismo, caracterizado por un rigorismo sectario y un radicalismo 
dogmático, pero alejado de toda idea de guerra santa, recupera a muchos 
decepcionados con el islamismo político o a grupos neofundamentalistas 
instalados desde hace mucho tiempo en el continente europeo, como el 
Tabligh. Pero, lejos de proponer la última versión de un programa que apunte 
a la hegemonía política, ofrece el fruto amargo de un islam despolitizado y 
de un discurso ideológico que preconiza una actitud de repliegue y evitación 
respecto de las sociedades occidentales: la comunidad de fe reemplaza a la 
comunidad cultural (tunecina, marroquí, etc.). Así, el salafismo se instala 
en una lógica de secta. Sus partidarios, silenciosos respecto a la cuestión 
del velo islámico, no organizan ningún apoyo cuando sus imanes son 
expulsados ni tampoco participan en las manifestaciones de solidaridad con 
los palestinos.
Este repliegue preconizado se produce menos en el ámbito familiar y 
comunitario que en el grupo de jóvenes reislamizados, pensado como "grupo 
sobreviviente" (firqaa nâjiyya). El salafismo, crítico con respecto a las 
familias y cuestionador de los imanes tradicionales, se inscribe en 
oposición al mundo musulmán real y sólo encuentra algún éxito entre los 
individuos en situación de ruptura, particularmente entre la juventud. En 
consecuencia, recluta menos allí donde la solidaridad comunitaria es fuerte, 
como en el caso de los comorenses o los turcos.

Éxodo hacia el mundo musulmán

Puesto que su ideal no es ni la conquista de Occidente ni la creación de 
guetos islamizados, sino la hijra -el éxodo hacia las tierras del islam o, 
en última instancia, hacia países considerados más hospitalarios, como el 
Reino Unido o Canadá-, los jóvenes, minoritarios, que se le suman se 
encuentran en la misma situación de espera desmovilizadora con respecto a 
posibles compromisos en las sociedades occidentales que la generación de sus 
padres. Si estos últimos vivieron en el mito del retorno a la tierra de sus 
orígenes, aquellos están embargados por el deseo de abandonar su país de 
nacimiento.
La conceptualización de un proyecto político creíble, bloqueada por el 
contexto minoritario y las dinámicas misioneras que siguen una deriva 
sectaria, no están impulsadas por lo tanto por una actitud de "reconquista 
islamista". Como tampoco el activismo de la yihad por las armas. Porque, en 
Europa, el yihadismo se vive como una búsqueda de sacrificio y no como la 
política por otros medios. Sus grupos militantes -Al Qaeda o el movimiento 
de Metin Kaplan (6)- comparten con los no-combatientes salafistas el mismo 
espíritu sectario. El yihadismo descalifica a través del takfir -acusación 
de infidelidad- a todos los adversarios que pretende combatir: los judíos y 
los cristianos, los musulmanes que no lo son demasiado a su gusto y. los 
Hermanos Musulmanes. No busca pues crear contraculturas de gueto en 
Occidente. Por el contrario, su radicalidad lo lleva a romper con la 
comunidad y el barrio (7), así como con la mezquita, demasiado fácil de 
controlar por los servicios de inteligencia y condenada por su compromiso, 
ya que es inevitablemente un espacio de negociación con la sociedad que la 
circunda. El reclutamiento yihadista se realiza entonces en otros lugares: 
desde los cibercafés hasta los clubes deportivos, pasando por las cárceles.
Sin embargo, como llevaron el anatema hasta sus límites extremos, los nuevos 
yihadistas ya no tienen pueblos para liberar. No apuntan a un objetivo 
preciso (territorio o Estado para sitiar, relación de fuerzas políticas para 
modificar, régimen para derrocar), sino al enfrentamiento armado y su 
impacto mediático, así como a la destrucción de los símbolos del 
imperialismo político (es decir, la potencia estadounidense o sus aliados).
Si la dinámica militante islamista tampoco lleva a la conquista, ¿puede ésta 
operarse "por lo bajo", a través de un resurgimiento religioso capaz de 
tener peso en los equilibrios políticos de las sociedades europeas, o al 
menos de crear en su seno espacios islamizados?
Suele confundirse de hecho la mayor visibilidad del islam en Occidente con 
un retorno masivo a la piedad en las comunidades musulmanas: en Francia la 
práctica religiosa está estancada e incluso retrocede levemente desde hace 
unos veinte años (8). Su reaparición se opera primero a partir del individuo 
y no a partir de un proyecto colectivo (aun cuando provenga de un deseo de 
solidaridad comunitaria), y corresponde ante todo a la intención de 
encontrar sus raíces "identitarias".
En el actual resurgimiento religioso se distinguen dos grandes corrientes. 
Por un lado, el "islam de mercado" (9), una religiosidad liberada de la 
obsesión islamista por la política y marcada por la búsqueda de una 
"normalización" cultural de la identidad musulmana. Streetwear islámica 
(10), velo a la moda, pop halal y Muslim Up (marca francesa de una bebida 
cola) traducen una afirmación del islam a partir de la cultura de masas. La 
religión no representa una solución integral, sino una preocupación ética en 
una cultura occidental globalmente aceptada. Por otro lado, el 
neofundamentalismo que pretende romper con el orden occidental, pero que se 
posiciona a la espera del éxodo.
En cuanto a las conversiones, existen, pero en número limitado, y se 
producen en ambos sentidos, aun cuando la balanza se incline a favor del 
islam: en Francia, según el Ministerio del Interior, cerca de cuatro mil 
personas se vuelcan cada año al islam, contra ochocientos musulmanes que 
adhieren al cristianismo, fundamentalmente al evangelismo (11).
El retorno a lo religioso aparece, desde luego, de manera muy visible, 
especialmente en el aspecto físico y en la vestimenta de quienes redescubren 
la fe (born again) y de los convertidos -la barba y el qamis para los 
hombres, y el velo integral para las mujeres... -, pero no está muy 
enmarcado, puesto que las iniciativas parten del individuo y están poco 
relacionadas con los compromisos organizacionales. Esta nueva religiosidad 
es a la vez más pública y menos política. Plantea pues un problema 
ideológico en los países de fuerte laicidad como Francia, pero no constituye 
propiamente una amenaza política, ni tampoco securitaria, salvo -por 
supuesto- en lo que respecta a los yihadistas.
El discurso sobre los guetos -entendidos como enclaves musulmanes en vías de 
pasar a la tutela de agentes islamistas que alimentan un proyecto de ruptura 
colectiva con la sociedad- también es producto de los fantasmas. Aunque la 
concertación de poblaciones en algunos barrios pueda conllevar la aparición 
de un control social, éste no responde a una estrategia política de 
comunitarización, sino que parece ser consecuencia de procesos sociales, 
económicos y políticos complejos, así como. de la actitud del poder, no sólo 
en países con ideología comunitaria como los Países Bajos y el Reino Unido, 
sino también en Francia, a pesar de su discurso laico. La carrera por el 
"voto musulmán", la atribución en algunas ocasiones de viviendas sociales 
según criterios étnicos, la búsqueda de intermediarios "comunitarios" para 
"administrar" los suburbios y la voluntad de controlar el islam desde 
arriba -el Consejo Francés del Culto Musulmán (CFCM) creado en 2003 y 
sostenido con gran esfuerzo por el Estado- pueden generar comportamientos 
comunitarios.
Sin embargo, los Hermanos Musulmanes, insertos sobre todo en la clase media, 
no tienen una gran influencia en los suburbios: lo demuestra la completa 
ineficacia de la fatwa de llamado a la calma lanzada por la Unión de 
Organizaciones Islámicas de Francia (UOIF) durante los disturbios de 2005. Y 
si bien los salafistas están allí presentes, ya nos los controlan. Primero 
porque su influencia sigue siendo limitada; luego, porque no tienen ninguna 
experiencia de estructuración de un movimiento social fuerte que pueda 
permitirles desempeñar ese papel, finalmente, porque su objetivo, tal como 
se vio, no es la construcción de espacios urbanos islamizados o rebeldes, 
sino que sigue siendo el retorno al Dar al-Islam (la tierra del islam).
En los barrios de mayoría musulmana los valores individualistas resurgen hoy 
de manera espectacular y masiva, paralelamente al consumo. Así lo demuestran 
el aumento de los matrimonios mixtos (12), incluso de mujeres inmigrantes, 
pero también la dificultad de la vida asociativa confesional o el número 
extremadamente reducido de escuelas religiosas, para no hablar del fracaso 
estrepitoso de algunas listas comunitarias que intentaron armarse en las 
elecciones locales.

En los espacios lejanos del sueño milenarista

Paradójicamente, hace veinte años, cuando el "barrio musulmán" no existía, 
el retorno a la religión se efectuaba siempre de manera voluntarista y 
dirigida; mientras que en la actualidad, un entorno musulmán, con sus normas 
sociales y sus prácticas -como el Ramadán- así como sus librerías, lugares 
de culto y negocios halal, favorece la reislamización sobre una base 
individual, incluso en el caso de los primeros inmigrantes.
El contexto europeo -o, más exactamente, la situación minoritaria del 
islamismo en Europa- pone de manifiesto en gran medida su dificultad para 
pensar la articulación de lo religioso y lo político en términos 
programáticos, en el marco de una modernidad fundada en el Estado-Nación y 
la democracia de la que no puede escapar. De ahí la tendencia en los 
círculos islamistas autorizados a participar en el juego político, a querer 
separar la daawa (la predicación) de la política -y la aparición, frente a 
su incapacidad para formular un proyecto coherente, de otras formas de 
neofundamentalismo que, al igual que el salafismo en búsqueda de lo 
"religioso puro" descrito por Roy, remiten lo político a los espacios 
lejanos del sueño milenarista.
Quienes se ubican en una estrategia de reconocimiento público ven, en 
cambio, su futuro en lo "político puro", según la expresión de Yamin Makri, 
ex dirigente de la Unión de Jóvenes Musulmanes: algunos Hermanos comienzan a 
militar en partidos políticos clásicos, tanto de izquierda como de derecha; 
y la reivindicación de derechos para las poblaciones surgidas de la 
inmigración se reorganiza también sobre la base de identidades culturales 
laicizadas ("Los indígenas de la República" de los años 2000, después de los 
Hermanos Musulmanes de los años 1990)...
Sea como fuere, estos diversos itinerarios de ruptura asumida entre lo 
religioso y lo político traducen el reconocimiento implícito de que la idea 
de conquista es ilusoria. Poco importa entonces saber si existen veleidades 
expansionistas; lo esencial es constatar su invalidación a través de las 
transformaciones sociológicas.

1 Léase al respecto Olivier Moos, "Du minaret à la question musulmane: la 
nouvelle critique de l'islam", en Patrick Haenni y Stéphane Lathion 
(directores), Les Minarets de la discorde. Eclairage sur un débat suisse et 
européen, Infolio, París, 2009.
2 Léase especialmente Sylvain Besson, La Conquête de l'Occident. Le projet 
secret des islamistes, Seuil, París, 2005.
3 Fundado en los años 1970 por Necmettin Erbakan, ex Primer Ministro turco, 
este movimiento está muy instalado entre las poblaciones turcas en Europa.
4 El salafismo es una corriente reformista que se afirmó en el siglo XIX, y 
que se refiere a las enseñanzas del profeta Mahoma y a la primera generación 
de musulmanes -de allí su nombre, que proviene de la palabra árabe salaf, 
"ancestro". Véase Wendy Kristianasen, "¿Qué es el salafismo?", Le Monde 
diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, febrero de 2008. Al Tabligh es 
una organización creada en los años 1920 en India, que se propagó por el 
mundo y cuyo principal objetivo es difundir el mensaje del islam.
5 Véase Olivier Roy, L'Islam mondialisé, Seuil, París, 2002.
6 Movimiento radical fundado en 1984 en Alemania e involucrado en varias 
acciones terroristas.
7 Olivier Roy, op. cit.
8 Patrick Haenni, "Décryptage: l'islam en France et en chiffres, 1989-2009", 
http://religion.info/french/articles/article_442.shtml
9 Patrick Haenni, L'Islam de marché, l'autre révolution conservatrice, 
Seuil, París, 2005.
10 Ropa de calle que combina jeans, zapatillas y símbolos religiosos como el 
velo.
11 Linda Caille y Marie Caleb, "France: qui sont les musulmans convertis au 
christianisme?", http://religion.info/french/articles/article_181.shtml
12 Emmanuel Todd demuestra así en Le Destin des immigrés (Seuil, París, 
1997) que la tasa de matrimonios mixtos de mujeres argelinas aumentó del 
6,2% al 27,5% de 1975 a 1990. Para las mujeres marroquíes, esa tasa se 
incrementó del 4% al 13%.
 





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