[R-P] Agenda de Reflexión Nº 591 - Alvaro Barros

Patricia desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Jue Ene 14 10:07:07 MST 2010


Nº 591 - Álvaro Barros‹ - | 13 de Enero de 2010 ≈ 12:12 | tamaño de texto -+ | versión para imprimir 

Por Antonio Torrejón

El 13 de enero, en un nuevo aniversario de la muerte del primer gobernador de la ex Gobernación de la Patagonia Argentina es bueno recordar su visión y proyección integradora, a través de uno de los escritos que nos legara. Álvaro Barros nació el 18/3/1827 en Buenos Aires, y falleció en la misma ciudad el 13/01/1892. El 21/10/1878 fue designado gobernador, cargo que ejerció desde enero de 1879 hasta julio de 1882.

Sostenía Álvaro Barros, que “hacerse escuchar, hacerse comprender, he ahí la gran difi­cultad en todos los tiempos y para todos los hombres”. Agregaba que cuando Gutenberg inventó el medio de sustituir a la vibra­ción de la palabra, la conservación perpetua de la palabra misma, por medio de la imprenta: ese gran paso dado en ser­vicio de la verdad, fue luego aprovechado por la mediocridad ambiciosa.

El charlatanismo disfrazado con la corona de la sabiduría y elevándose a su altura, con gracia y amenidad ha llevado al espíritu de los hombres a la desconfianza que nace ante dos cosas iguales en apariencia: la verdad y la impostura.

Para reconocerlas, es necesario descubrirlas. Si en ello no hay peligro, de seguro hay trabajo, y por no tenerlo, muchas veces aceptamos el veneno disolvente de las sociedades huma­nas que llevan en sí las falsas teorías, desechando sin examen la palabra útil de la verdad que no halaga.

Una palabra así basta para sacar a un hombre de la oscuri­dad cuando no lo esperaba, elevándolo a las altas regiones de una gloria que no ha soñado.

Una palabra asimismo, puede hundir a otro en el abismo del olvido o el menosprecio cuando después de trabajos y sacri­ficios, viene a revelar una verdad útil.

Conociendo estos peligros, con la fe que se alcanza en la justicia y en la elevación del propósito, voy a escribir según mi escasa ciencia, sobre fronteras y territorios federales. Mucho se ha escrito sobre esta importante materia: con inte­ligencia y verdad unas veces; con ligereza y sin verdadero

estudio otras; con propósitos políticos o mercantiles algunas, y así con brillo y erudición, se ha dado fuerza a la falsa opinión que respecto del país, de sus necesidades y ventajas existe dentro y fuera de él.

Sin ciencia ni erudición voy a escribir ayudado de los hechos históricos que son incontestables; de las exploraciones científi­cas que han merecido justo crédito; de las operaciones militares exactamente referidas y apreciadas por sus verdaderos resulta­dos, y de mis estudios prácticos, hechos en distintas épocas en la frontera, como poblador avanzado, como jefe subalterno, y como jefe superior en dos distintos departamentos durante cuatro años.

Como jefe de la frontera del Sud de Buenos Aires tuve siempre a mis órdenes las numerosas tribus del caci­que Catriel: restablecí las buenas relaciones con Calfucurá, el célebre diplomático de la pampa, en 1865.

Hice el tratado de paz que existe con Reuque Curá, en 1866, y por fin estuve en constante relación con todos los indios desde la frontera hasta  el  Limay.

Trataré siempre de sobreponerme a las pasiones de mi época; a toda susceptibilidad nacional, local, o de partido, y así des­prendido de todas aquellas afecciones, trataré de elevar mi espíritu, para poder juzgar del pasado y del porvenir de mi país, con la imparcialidad de un extraño, con la libertad de un desconocido, con la intachable ambición de ser útil a aquellos que no deben alcanzar a recompensarme. (1)

Con el fin de ser útil a mi país, haciéndolo conocer del euro­peo, de cuya industria y capitales necesitamos también  para crecer y pros­perar.

Con el fin de servir al  mismo cuya industria y capitales carecen allá de espacio, de tierra, de los objetos de provechosa inversión que aquí le aguardan.

Al referir las ventajas, necesario es con verdad hacer conocer los peligros y dificultades que habrá que vencer y los medios de lograrlo.

Para ello he de confesar concienzudamente nuestros defectos y vicios, explicando su origen y consecuencias, y a la vez, sin exageración, hacer resaltar las cualidades indestructibles en que estriban las seguridades que el europeo reclama. Conociendo que el trabajo es muy superior a mis fuerzas. reclamo la indulgencia de todos aquellos lectores que pudieran hallarle algunas deficiencias.

(2) Observar la convicción integradora, y práctica que tenía este estadista, que asumió en 1879 la búsqueda de una camino “azul y blanco”, para quienes desearían realizarse al sur de las entonces: “Provincias Unidas del Río de la Plata”


Por Antonio Torrejón

[Texto gentileza de Antonio Sánchez Díaz, San Carlos de Bariloche]



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