[R-P] [Eric Calcagno] Fondo del Bicentenario y política económica.

Gustavo Battistoni gustavo.battistoni en gmail.com
Mie Ene 6 22:27:34 MST 2010


    "En el año del Bicentenario es bueno volver a nuestros principios:
recordemos a Mariano Fragueiro, para quien “el crédito público es una
atribución indelegable del Estado y uno de los pilares de la soberanía
nacional”.


EL PAIS › OPINION
Fondo del Bicentenario y política económica


  	

 Por Eric Calcagno *

La problemática en torno del Fondo del Bicentenario pone de manifiesto
algunas cuestiones fundamentales en términos de regulación monetaria,
de política económica y quizá de modelo de desarrollo.

El Fondo del Bicentenario tiene como objetivo el servicio de la deuda
pública, en especial aquella denominada en moneda extranjera. En el
momento de efectuar los pagos, el Tesoro podrá utilizar el dinero de
este Fondo en vez de adquirir las divisas necesarias en el momento de
su vencimiento. No se trata de un pago anticipado, sino de dar una
señal inequívoca de que existen la voluntad y los fondos para esos
pagos.

Esta señal enviada a los acreedores y a los mercados financieros
interno y externo, permitirá disminuir la percepción del riesgo-país
(lo que ya sucede), con el consiguiente incremento del valor de los
títulos públicos y reducción de las tasas de interés. De este modo, se
beneficiará no sólo a los tenedores de títulos públicos, sino también
a los empresarios que deseen tomar crédito.

Lo urgente es mostrar la disponibilidad de los recursos, no su uso.
Sin embargo, en torno de esta acción simple de política económica
vemos una escenografía que como siempre impugna las formas, pero que
oculta el problema de fondo, que radica en la influencia del uso o no
uso de las reservas sobre el sistema cambiario.

En los hechos, si las reservas quedan fuera del esquema de política
económica del gobierno (flotación administrada), lo que se está
planteando es abandonar el actual sistema cambiario para adoptar la
flotación “pura”. En la actual coyuntura de excedente externo, esto
significaría una apreciación del peso; es decir, un dólar barato. ¿Es
a eso a lo que se refiere la oposición cuando dice que hay que
defender el valor de la moneda? ¿Debemos aumentar la tasa de interés y
tener una política monetaria contractiva con ese fin? ¿Qué opinan al
respecto los industriales y el sector agropecuario? ¿Deberíamos
también aplicar un ajuste fiscal, con medidas como las aplicadas en
2001, con reducción nominal de salarios y jubilaciones? ¿No hemos
aprendido que tales ajustes recesivos no ajustan, sino que generan o
agravan las recesiones? ¿Puede existir un Banco Central
“independiente” de las políticas de desarrollo económico? La respuesta
a cada pregunta implica un modelo de país.

Parecería que los críticos al Gobierno quisieran que no se usaran las
reservas, a pesar de que su uso para pagar deuda es totalmente normal,
como lo es para pagar importaciones, servicios de turismo, dividendos
de la inversión extranjera, y otras utilizaciones análogas. ¿Plantean
un default espontáneo? ¿Es que para ellos los especuladores pueden
acceder a las reservas del Banco Central cuando quieren fugar
capitales, pero no la Tesorería de la Nación para pagar compromisos en
moneda extranjera? ¿Cada turista que quiere viajar, cada importación,
cada giro de dividendos requiere de una ley de la Nación?

En cuanto a la cuestión de la “independencia” de algunas
instituciones, hay que saber que el manejo de los instrumentos de
política económica propios de un Banco Central confiere gran parte del
poder. Quien establece la tasa de interés, el tipo de cambio, el
crédito y la emisión monetaria controla la base de los mecanismos
económicos. Es un lugar estratégico porque si no alcanza para ejecutar
un programa económico, puede impedir la ejecución de políticas
alternativas. De allí que conservar la conducción del Banco Central es
considerado como un objetivo estratégico mayor.

Vemos una vez más que la ventaja de las crisis es que cada actor
devela cuáles son sus intereses reales. Para algunos, será que
pregonar tempestades permita cosechar en términos políticos los
dividendos de un miedo sin razones macroeconómicas. El abismo, cuando
no existe, es un juego peligroso. Para otros, redorar una reputación
monetaria ortodoxa quizá permita posicionarse en un futuro improbable.
En el año del Bicentenario es bueno volver a nuestros principios:
recordemos a Mariano Fragueiro, para quien “el crédito público es una
atribución indelegable del Estado y uno de los pilares de la soberanía
nacional”.

* Senador de la Nación (FpV).


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