[R-P] El fondo de la cuestión, Por Luis Bruschtein
eliana gabay
egabay62 en gmail.com
Sab Feb 27 09:41:38 MST 2010
CITANDO LA FUENTE,EL MATERIAL DE ESTA LISTA ES DE LIBRE REPRODUCCIÓN
[Buena nota...aunque quizas mis neuronas no esten del todo bien por
los efectos del mareo de la sacudida sísmica en Mendoza. Eliana]
FUENTE: www.pagina12.com.ar
El país | Sábado, 27 de febrero de 2010
Panorama político
El fondo de la cuestión
Por Luis Bruschtein
La sensación es que pocas veces se discute sobre el fondo de la
cuestión. La mayor parte del debate está centrado en diferentes
interpretaciones de las acciones de gobierno, y lo más paradójico es
que el único que no ha desarrollado desde el principio un relato sobre
estas acciones es el sujeto que las realiza, o sea el Gobierno. Se ha
dicho mil veces como crítica que la quita sobre la deuda, el rechazo
del ALCA, la renovación de la Corte, la reestatización de las
jubilaciones o de Aerolíneas, del Correo o de Aguas, la Ley de
Servicios de Comunicación Audiovisual o la Asignación Universal por
hijo, entre otras medidas, no formaban parte de un programa previo, ni
fueron preparadas o discutidas en un proceso de información y
discusión masiva anterior a su proclamación, que permitiera que la
sociedad acompañara estas medidas. Como si el Gobierno pensara que la
sorpresa, la medida fulminante, fuera más eficaz en algún sentido que
los procesos más lentos de acompañamiento ciudadano.
El hueco que deja la ausencia de ese relato oficial sobre sus propias
acciones lo ocupan los diferentes relatos de la oposición, que son
básicamente interpretaciones libres de lo que “realmente” querría el
Gobierno desde una configuración maligna, obviamente. Es decir, no se
oponen a lo tangible sino a lo inmaterial, a lo que está oculto detrás
de estas acciones. No hay discusión conceptual de esas medidas para
rechazarlas, sino que son rechazadas porque se interpretan las
intenciones que en realidad esconde el oficialismo detrás de ellas.
Según esos discursos, las medidas son buenas, pero las intenciones no,
entonces se rechazan las medidas o, en la mayor de las
condescendencias, se aceptan con un discurso indignado sobre esas
verdaderas intenciones.
Por ejemplo, la oposición a la Ley de Servicios Audiovisuales fue
porque el Gobierno quería controlar los medios de comunicación. El
tema de la concentración de la propiedad de los medios fue evitado
cuidadosamente en la discusión y no hubo contrapropuestas sobre ese
tema. “Es una mentira que este gobierno esté contra los monopolios,
por lo tanto, el objetivo de esa ley es para controlar los medios
porque está en una pelea con Clarín.” La nacionalización de Aerolíneas
Argentinas. “Estamos de acuerdo con la nacionalización, pero este
gobierno solamente lo hizo para realizar un gran negociado con la
compra de aviones usados a precios exorbitantes.” En este caso, algún
opositor, como Mauricio Macri o el nuevo paladín justicialista,
Francisco de Narváez, llegó a reconocer que se oponía directamente a
la medida, lo cual es un rasgo de honestidad intelectual.
La reestatización de las jubilaciones fue “para hacer caja”. “Estamos
de acuerdo con esta medida, pero no con este gobierno, que se va a
robar toda la plata de los jubilados.” Y la asignación por hijo es
puro clientelismo pagado por el bolsillo de los trabajadores.
Existen dos líneas de explicaciones de este tipo. Una que, sobre la
base de estas argumentaciones, intenta disputarle al Gobierno la
categoría de centroizquierda y lo acusa de ser una especie de
usurpador o de travesti del populismo conservador en ese espacio. Y la
otra directamente evita cualquier discusión de fondo porque enhebra
todas las medidas del Gobierno con el mismo hilo de la corrupción.
Este es un Gobierno que solamente quiere robar y todo lo que hace
tiene ese objetivo. Los dirigentes de esta falsa fiscalía hablan como
si fueran guardianes permanentes contra la corrupción y, para ellos,
cualquiera que tenga siquiera una mínima coincidencia con propuestas
del oficialismo también está corrupto, ha sido comprado o es cómplice
de algún latrocinio. Ellos no están para discutir, son pequeños
savonarolas que están para juzgar y enviar a la hoguera. Un lugar
comodísimo en la política, ya que está exento de defender o criticar
ideas, propuestas y hasta proyectos de país. No se sabe nunca lo que
proponen y con un tono de tribunos denuncistas y desprecio intentan
ponerse por encima de un debate leal y claro sobre ideas.
Todo el mundo está de acuerdo en que los ladrones tienen que ir
presos, sean del Gobierno, de la oposición o de Marte. El lugar de los
ladrones es la cárcel. Pero tratar de explicar la acción global de un
gobierno en todos los planos con la sola argumentación del robo, y
sobre todo cuando se trata de medidas tan importantes como las que se
han planteado, es tan infantil que hasta resulta sospechoso. Y no
sospechoso de robo, sino de eludir un debate donde se coincide o se
desacuerda con todos sus matices y responsabilidades. Nadie llega al
gobierno sólo para robar. Eso no existe. Los antiperonistas acusaban a
Perón con ese argumento porque en el fondo se oponían a todas las
medidas progresivas que había tomado su gobierno. Y pareciera que eso
sucede cada vez que se pone ese mismo telón por delante de todo lo
demás,
Muchas de las medidas que ha tomado este gobierno eran reclamadas
incluso por muchos de los que ahora están en la oposición. Sin embargo
su discusión aportó poco a una sociedad que se enteró superficialmente
de lo que se estaba discutiendo. Ha sido un debate pobre. Con
excepción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual que venía
siendo discutida desde mucho antes y que ganó el Gobierno, y la
resolución 125 de retenciones, que ganó la oposición porque planteó la
discusión con más inteligencia, las otras medidas quedaron en un
tiroteo entre policías y ladrones.
Como todas las medidas fueron planteadas por el Gobierno, no es tan
inexplicable que la oposición haya llevado la discusión a ese rincón
intrascendente. Pero también ha sido responsabilidad del gobierno el
no haber desarrollado un discurso que contuviera estas medidas en una
idea de comunidad, de país social, cultural y económico que hubiera
permitido el enriquecimiento político de una ciudadanía que discute
cada vez más en forma neurótica y gutural y cada vez menos reflexiva.
Enriquecimiento y acompañamiento, en el respaldo o en el rechazo, como
forma de reapoderamiento de lo político. Las medidas discutidas han
sido movimientos apasionantes que transforman la vida de las personas,
que implican cambios en la sociedad y con proyecciones y consecuencias
hacia al futuro, que en muchos casos son difíciles y necesarios de
predecir, que tendrían que implicar saltos cualitativos en la cultura
política de un país. Por lo general, sucede al revés: primero se lucha
y se discute y desde el crecimiento de esa cultura política se
impulsan las medidas. El desastre de los partidos políticos y la
génesis de este gobierno hicieron que la crónica se trastrocara, lo
cual hizo todo más bizarro: la discusión se dio entre formas políticas
en plena crisis de mutaciones impredecibles y sin el acompañamiento de
una sociedad marcada por el retroceso de las capas medias urbanas a
sus momentos políticos más elementales. Azuzadas por lo mediático y
alejadas de lo partidario, donde lo mediático es pasivo y lo
partidario hubiera sido más interactivo y participativo, las capas
medias urbanas se enriquecen materialmente mientras se empobrecen
culturalmente.
Ha sido así en general, pero también hubo debates interesantes y al
mismo tiempo la realidad se va encargando de reacomodar los jugadores.
La persistencia del Gobierno en una misma línea de acción a lo largo
de estos seis años permitió que las medidas, por sí solas, vayan
dibujando en conjunto ese proyecto al cual aspira el kirchnerismo con
sus cualidades y limitaciones. Es difícil percibir qué porción de la
sociedad identifica al Gobierno por sus medidas y cuál por la imagen
que proyecta la oposición, que son imágenes opuestas, pero también con
puntos de contacto. Porque el impulso de esas medidas de fondo implicó
lógicamente choques y confrontaciones y hasta manejos desprolijos o
contradictorios y hubo intereses personales, económicos y hasta
grupales afectados por cada una de ellas.
El debate es importante porque es la realidad –diría Lacan sobre el
lenguaje–, delata el sustrato donde se apoya y a su vez lo regenera,
produce alineamientos por ideas e intereses, que es lo que falta en la
política argentina desde la famosa crisis de representación del fin de
milenio. Podría decirse que de la limpieza con que se plantea depende
la transparencia de las formas políticas que se generen. Y también lo
opuesto: lo turbio y ramplón generan ídem.
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