[R-P] El Supremo, ¿cómplice del fascismo?, por Vincenç Navarro
Víctor Morón
vicmoron en prodigy.net.mx
Jue Feb 18 11:52:43 MST 2010
El Supremo, ¿cómplice del fascismo?
Vincenç Navarro
Una de mis mayores sorpresas cuando volví de mi largo exilio fue ver la
enorme tolerancia que había en España hacia el fascismo. En realidad, ni
siquiera se utilizaba el término fascismo para definir el régimen
dictatorial que existió en España durante 40 años. Se le llamaba régimen
franquista, implicando que era un régimen caudillista dirigido por el
general Franco, ignorando que aquel régimen fue mucho más que un régimen
caudillista. En realidad, reunió todas las características de los regímenes
fascistas, por mucho que politólogos procedentes de aquel régimen, como Juan
Linz, y revisionistas de varias sensibilidades políticas –incluidas algunas
de centro izquierda– lo nieguen. Como he documentado en otro artículo,
“Franquismo o fascismo” (Público, 28-05-09), aquel régimen tenía cada una de
las características del fascismo, es decir, un nacionalismo exacerbado con
visiones imperialistas basado en una concepción racista que justificaba su
derecho de conquista –ver “El racismo del nacional catolicismo” (Público,
14-01-10)–; un absoluto control sobre los medios que intentaba reproducir
una ideología totalizante, el nacional catolicismo; una supeditación de la
sociedad civil al Estado, dirigido por una persona que el régimen presentaba
como dotada de méritos sobrenaturales (referido como “caudillo por la gracia
de Dios”), líder supremo del partido fascista, del Estado y de sus Fuerzas
Armadas, caudillo que dirigía un Estado enormemente represivo. Por cada
asesinato político que cometió Mussolini, Franco cometió 10.000. Más de
200.000 personas fueron fusiladas y 114.421 desaparecieron en el periodo
1936-1951, sin que todavía hoy se conozca dónde están sus cuerpos. El mal
llamado franquismo fue un régimen fascista, uno de los regímenes que cometió
las mayores atrocidades y violaciones de los derechos humanos en la Europa
del siglo XX.
Resultado de la manera inmodélica en que se hizo la Transición, no existe
plena conciencia de lo horrible que fue aquel régimen. El silencio que
siguió a la dictadura y el olvido del pasado (excepto en pequeños círculos
académicos) explica que la juventud, por ejemplo, no sepa que en otros
países donde existieron regímenes semejantes, como en Alemania, cualquier
tolerancia al nazismo está prohibida, incluyendo la existencia del partido
nazi o de asociaciones afines. No así en España, cuyo Jefe del Estado –el
monarca– fue nombrado por el régimen anterior. En realidad, todavía hoy uno
de los dos mayores partidos del país, el PP, muestra su rechazo a condenar
aquel régimen por su nombre, excusándose en denuncias genéricas y asumiendo
una equidistancia en los horrores y responsabilidades en los dos bandos de
la mal llamada Guerra Civil (que, en realidad, fue un golpe militar, ayudado
por Hitler y Mussolini, resistido por la mayoría de las clases populares
durante tres años), que dan prueba de su falta de comprensión de lo que fue
aquel régimen fascista. El PP no es antifranquista, y esto disminuye su
credibilidad democrática. Y en algunas comunidades autónomas gobernadas por
él, como Madrid y Valencia, sus gobiernos autonómicos todavía apoyan
programas educacionales que justifican el golpe militar y el régimen que
estableció.
Pero esta tolerancia ha llegado a un extremo que es vergonzoso. Las fuerzas
herederas de aquel fascismo quieren llevar a los tribunales al único juez,
Baltasar Garzón, que ha intentado llevar a los tribunales al franquismo. Tal
situación es impensable en cualquier país democrático europeo que vivió y
sufrió el fascismo. Y lo que es vergonzoso es que el Tribunal Supremo esté
dispuesto a considerar esta acusación, utilizando además el argumento,
defendido por uno de sus miembros, el juez Varela, de que la Ley de Amnistía
firmada al final de la dictadura ofreció inmunidad a los dirigentes de aquel
régimen, ignorando también que el Estado español firmó tratados
internacionales que exigen el juicio de los responsables de aquellas
atrocidades. No puede verse hoy en Europa un hecho semejante y cubre a
España de vergüenza. ¿Cómo pueden los miembros del Tribunal Supremo
(presidido por un juez que juró lealtad al fascismo) llegar a este extremo
de insensibilidad democrática? ¿Cómo pueden llegar a legitimar a los
herederos del régimen que asesinó al mayor número de españoles y demócratas
en el siglo XX, aceptando su demanda? Tal comportamiento ofenderá una vez
más a los millones y millones que perdieron todo lo que tenían en su defensa
de la democracia. ¿Y donde están las derechas, siempre listas ellas para
defender el honor de España, en un momento y en un hecho que cubre de
vergüenza al país? Su hipocresía sobre el terrorismo queda evidenciada
cuando excluye de su homenaje al enorme número de víctimas del terrorismo
fascista, que fue mucho mayor en número que el cometido por el terrorismo de
ETA. ¿Cómo es que el príncipe Felipe, en representación del monarca,
presidiera los actos de homenaje a los últimos y nunca ha presidido ninguno
de los primeros?
El argumento que se ha utilizado para definir lo que estamos viendo es que
es un mero conflicto entre dos jueces, uno de ellos molesto por el excesivo
protagonismo del otro. El juez Varela que intenta penalizar a Garzón es
cómplice de aquella demanda y como tal merece el mayor rechazo por parte de
todas las personas demócratas. Su animosidad hacia Garzón y el protagonismo
de Garzón son temas irrelevantes. Es una enorme frivolidad ver lo que está
ocurriendo como un mero conflicto de personalidades. Al contrario, este
comportamiento del Tribunal Supremo (en caso de aceptarse la petición del
juez Varela), le haría cómplice del fascismo, mostrando un indicador más de
lo inmodélica que fue la Transición de la dictadura a la democracia y de la
escasa sensibilidad democrática del Estado español. El fascismo continúa
vivo y presente en España.
Víctor Morón
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