[R-P] [Teodoro Boot] Carlitos Balá periodista

Nestor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Mar Feb 16 07:05:58 MST 2010


Gentileza de Lido Iacomini

[Ésta es una nota que yo hubiera querido escribir.

Pero la cosa queda entre paternalenses e hinchas de Argentinos, así que 
todo bien.]

Carlitos Balá periodista

Teodoro Boot

  Hace un par de siglos, en uno de los programas televisivos de Carlos
Balá había un sketch repetido hasta el cansancio en el que el cómico
relataba una anécdota generalmente sobre una personalidad famosa,
que solía ser una estupidez, un suceso vulgar y corriente. Ante
esto, luego de un acusado silencio, su interlocutor preguntaba:

–¿Y la anécdota? ¿Cuál es la anécdota?

–¡Esa es la aneda! –se sorprendía e indignaba Balá.

  *Noticia bomba*

El martes 2 de febrero, la primera plana de Clarín, en un cuerpo
catástrofe que no usó para anunciar “Terremoto en Haití”,
proclamaba: “El gobierno admitió que Kirchner compró 2 millones de
dólares”.

Los transeúntes, no ya los lectores del diario, porque esa primera
plana tenía la visibilidad de un cartelón publicitario, no tienen
por qué ser expertos muy informados. Son ciudadanos que trabajan de
otras cosas, dedican su tiempo a otros menesteres. De todas maneras
debían conservar en sus memorias lo que la semana pasada Clarín
decía y que el abogado de Martín Redrado desmintió: que Redrado
había advertido que revelaría los nombres de los “allegados al poder
que compraron dólares”.

A pesar de los cotidianos esfuerzos de los grandes medios de
comunicación, las personas de este país todavía conservan alguna
capacidad deductiva, de relacionar un suceso con otro. En este
sentido, una sencillísima operación lógica permitía concluir que el
secreto que Redrado iba a revelar y al final reveló era ése: que
Kirchner había comprado 2 millones de dólares.

Un notición ¿verdad?

Lástima que se trate de una transacción del mes de octubre del 2008
que el matrimonio Kirchner, sin advertir ni amenazar a nadie, reveló
en su declaración de bienes de ese año, y que en su momento provocó
las consabidas indignaciones y las correspondientes denuncias por
enriquecimiento ilícito, seguidas del oportuno proceso… y la
reciente absolución de los acusados, que lograron demostrar que su
patrimonio corresponde a la valorización inmobiliaria de las
propiedades que adquirieron hace más de veinte años.

Entonces, ¿ésa es la aneda?

  *El minué de la indignación*

Tal vez el transeúnte lo ignore, pero todos los periodistas y
dirigentes políticos saben que la del ex presidente fue una
operación legal, autorizada a cualquiera que, primero, tenga el
dinero suficiente, luego, pueda demostrar su procedencia y por
último, la realice siguiendo los pasos que la ley indica para la
compra de divisas.

Impedidos de judicializar la “noticia” de Clarín puesto que Néstor
Kirchner ya fue procesado y absuelto por exactamente ese mismo hecho
que Clarín revela con una demora diez veces mayor a la que tardó en
llegar a las Indias la noticia de la invasión napoleónica a la
metrópoli, “periodistas” y políticos opositores dieron a
moralizarla. Es así que desde republicanos impolutos a ex actrices
provectas, de indignadas señoras de su casa a sujetos patibularios
con prontuarios más frondosos que el del Gordo Valor (mis disculpas
a Valor por mezclarlo con esta clase de gente) volvieron a hacer
cola para atragantarse denunciando la falta de ética del señor
Kirchner: una persona en su posición (un primero damo, digamos)
debería abstenerse de realizar operaciones en divisas.

¿Qué clase de operaciones estaría éticamente autorizado a realizar
un primer damo? No digan que en ninguna, porque el dinero siempre se
pone en algún lado y no sólo es desaconsejable meterlo en el colchón
sino que atenta contra el sistema financiero y por ende, puede poner
en riesgo al aparato productivo y hasta al mismísimo sistema
capitalista. Además, dos millones de dólares deben abultar demasiado.

Dos millones de dólares.

Entre las cosas que no alcanzará hacer como Perón, Néstor Kirchner
jamás podrá decir: “¿Y quién vio alguna vez un dólar, eh?”

Y parece que ahí está el problema, en el monto, en tan enorme
cantidad de guita.

Pero resulta que es todavía más. Resulta que son cinco millones…
según se desprende de la correspondiente declaración de bienes que
Néstor y Cristina Kirchner realizaron hace ya más de un año, y que
es pública y que Clarín demoró más que etcétera etcétera.

  *Desventuras de un primer damo*

Pero no hemos contestado al interrogante: ¿qué operaciones
financieras está éticamente autorizado a realizar un primer damo?

Ya vimos el riesgo de no realizar ninguna, así que ¿poner el dinero
en un plazo fijo?

Si Néstor Kirchner hubiera colocado ese dinero en plazos fijos
mensuales renovables automáticamente, sin molestarse en concurrir
periódicamente al banco habría ganado un 5 por ciento más que
habiendo comprado dólares. Y de haber comprado bodenes… ¡un 75 por
ciento más!

Puesto a inversionista, el primer damo es bastante tronco, porque
podría haber ganado una buena cantidad de dólares. O no se ocupa lo
suficiente, capaz que por tener la cabeza en otras cosas.

Como sea, si hubiese invertido en bodenes se lo criticaría más, y
capaz que hasta se podría hablar de ética y moral con algún sentido,
porque el primer damo habría hecho un muy buen negocio gracias a una
política económica y cambiaria que depende de las decisiones de su
esposa y colega en la sociedad matrimonial.

Los dólares en cambio no se valorizaron lo suficiente gracias a la
“devaluación administrada” por la que ha optado el gobierno a
contramano del reclamo generalizado de los exportadores, que son /la
crème de la crème/ de la industria y la producción agropecuaria,
para quienes hace rato el dólar debería haber superado los 5 pesos.

Uno de los efectos de la “devaluación administrada” es mitigar y en
el mejor de los casos evitar los estragos que toda devaluación –a
veces imprescindible para mantener la competitividad productiva–
provoca en la capacidad adquisitiva del salario.

El otro de los efectos, el efecto indeseado, el “daño colateral”,
por así decirlo, es hacerle perder un montón de dinero a nuestro
primer damo.

  *Moralina en camiseta*

Pero si el argumento de opositores y “periodistas” apunta a la
esfera de la moralidad ya que no puede hacer centro en la
ilegalidad, en las entrelíneas se sugiere (jamás se expresaría,
válgame Dios) lo que desde un principio hace ruido en el sentido
común popular: “¿Está bien que un ex presidente tenga tanto dinero?”

A despertar esa inquietud, ese reconcomio del sentido común, apunta
la “noticia” de Clarín, porque hasta los “periodistas” de Clarín
saben que dar una noticia con dos años de demora es más propio de
Félix Luna que de Jacobo Timmerman.

El sentido común responde que no, que no está bien y eso llena de
gozo desde Clarín en pleno hasta a la actriz provecta, que tiene
diez veces ese patrimonio.

El sentido común no se pregunta (porque aunque incompleta, la ardua
gesta de los grandes medios en pos de pulverizar las máquinas de
pensar de los argentinos, ha sido exitosa), el sentido común,
decíamos, no se pregunta por qué provoca cosquilleos que Néstor
Kirchner tenga un patrimonio, ya dijimos, no de 2 sino de 5 millones
de dólares y a la vez se festeja que De Narváez declare ante las
cámaras de TV tener más de 50 millones. Que De Narváez sea un
imbécil no lo justifica, ya que no se dedica a la tontería explícita
como otros millonarios imbéciles sino a la tontería parlamentaria.
Vale decir que en el plano de la políticas lo que lo separa de
Kirchner es el jamás haber ganado una elección por algún cargo
ejecutivo.

Al sentido común parece no molestarle que tan sólo la residencia en
Barrio Parque de Mauricio Macri cueste más que todos los bienes
declarados por Kirchner. Pero ¿de qué manera puede beneficiar a
Macri el que Kirchner haya hecho el dinero por las suyas y el joven
/Maurizio/ manoteándolo del cajón del escritorio paterno?

No parece ser un mérito.

Se podría decir que mientras uno es un político profesional y
millonario aficionado, los otros son millonarios profesionales y
políticos aficionados, lo que en el caso de Macri es una lamentable
evidencia cotidiana y en el de De Narváez se revela en su inanidad
legislativa.

Sin embargo, basta repasar las declaraciones de bienes de, por
ejemplo, los honorables senadores nacionales para comprobar que casi
ninguno posee un patrimonio que baje de los 2 o 3 millones de dólares.

¿Por qué entonces lo que en uno provoca escándalo en los otros es
visto con naturalidad?

¿Se debe a la manipulación mediática? ¿Hay algo más que eso?

Si uno creyera que a Néstor Kirchner se le reclama, se exige más que
a los otros porque se espera más de él, guardaría alguna esperanza
respecto al futuro de nuestro país. Cabría la posibilidad de que,
tal vez, al sentido común popular se le dé por hacer silogismos
sucesivos a través de los que ponga en cuestión no sólo lo que el
poder informativo pretende que cuestione sino que avance por sí
mismo a cuestionar lo que cuidadosamente se le oculta.

Cabría, tal vez…

  *Ya lo dijo Luisito*

El señor Luis Barrionuevo posee una aguzada conciencia de clase. No
se sabe de cuál, pero tener, tiene. ¡Y cómo! Lo revela con mucha
claridad su deslumbrante definición: “En este país nadie se hace
rico trabajando”.

Debió abstener se la aclaración “en este país”, porque en ninguna
parte nadie se hace rico trabajando, pero es injusto reclamarle un
pensamiento ecuménico. Luis Barrionuevo no es un filósofo sino un
trabajador/gremialista/empresario (/multiple choice/) con una
aguzada conciencia de clase que sabe, positivamente, que un
trabajador jamás podrá hacerse rico con el fruto de su trabajo.
Podrá vivir, según los casos y los momentos y por lo general
sometido a factores ajenos a su voluntad, podrá tener una casa,
auto, algún ahorro, educar y ayudar a sus hijos a “hacerse una
posición”, pero ¿hacerse rico? ¿Construir el rancho en Barrio
Parque? ¿Comprar dos millones de dólares? ¿Veranear en mansiones tan
obscenamente ofensivas como las que en Punta del Este exhiben la
señora de Noble o la señora Legrand? ¿Comprarse un canal de
televisión para promover su candidatura a diputado? No, eso un
trabajador jamás podrá hacerlo con el fruto de su trabajo.

La riqueza individual no proviene del trabajo. La riqueza que el
trabajo produce es social, no individual. La riqueza individual se
origina en la estafa, el robo, la extorsión, el engaño, la
sustracción, el abuso o la explotación, que vienen a ser los nombres
sin eufemismos de los actos centrales de las distintas fases
productivas del sistema capitalista.

Y también, como dice el chiste, se puede hacer una pequeña fortuna
despilfarrando una enorme fortuna heredada.

Pero por dónde se mire la cosa, no es posible enriquecerse tan sólo
trabajando, sin introducirse en alguna de las arriba descritas
operaciones del capitalismo. Es que esa imposibilidad está en la
base misma del sistema en el que nos desenvolvemos y en el que
seguiremos hasta vaya uno a saber cuándo: puesto que el capital
resulta imprescindible, es en consecuencia imprescindible que pocos
se apropien (ya más arriba se indicaron las diversas formas de
llevar a cabo este proceso) de la riqueza social que producen
muchos. La riqueza así acumulada, se invierte en la mansión de Punta
del Este y en el mágico capital que permite a la mayoría seguir
trabajando y a la minoría seguir apropiándose de la riqueza
producida para comprar el yate que lleva a Punta del Este y crear
más capital. Se forma así el círculo virtuoso del capitalismo,
creado a partir de la sustracción de pequeñas riquezas que de otro
modo se desperdiciarían en pizza, cerveza, camisetas de Boca o lo
que fuere en lo que los trabajadores gastarían su cuota parte de
riqueza social.

Eso es lo que el sentido común imperante indica y el sentido común
popular sigue y ha seguido (aunque con oscilaciones) a lo largo de
la historia.

Mi sentido común personal mira para otro lado y me sugiere otra
cosa. Me sugiere que la pobreza es consecuencia de la riqueza. Y
viceversa.

La pobreza ofende y hiere. De igual modo, hiere y ofende la riqueza.
Toda riqueza, de cualquier clase y de quien sea: en algún momento
del proceso, de alguna manera, toda fortuna –y cualquier fortuna– se
originó o bien en la estafa o en el robo, la extorsión, el engaño,
la sustracción, el abuso o la explotación.

Toda riqueza ofende y hiere porque la simultánea pobreza que hiere y
ofende, es la condición de existencia de esa riqueza.

¿Nos vamos a escandalizar por 2 millones de dólares?

Si vamos a hacerlo y no queremos ser unos pavotes de antología,
escandalicémonos en todos los casos, no porque sean de Kirchner y no
de Cristiano Ratazzi, Biolcatti, Werstein, Méndez, Macri, Pérez
Companc, Ernestina Herrera o Mirta Legrand, Tinelli, De Narváez,
Fort, Susana Giménez u otros subnormales de la farándula.

Y sino, no.





  	ver abajo









    Carlitos Balá periodista

Teodoro Boot

  Hace un par de siglos, en uno de los programas televisivos de
Carlos Balá había un sketch repetido hasta el cansancio en el
que el cómico relataba una anécdota generalmente sobre una
personalidad famosa, que solía ser una estupidez, un suceso
vulgar y corriente. Ante esto, luego de un acusado silencio, su
interlocutor preguntaba:

–¿Y la anécdota? ¿Cuál es la anécdota?

–¡Esa es la aneda! –se sorprendía e indignaba Balá.

  *Noticia bomba*

El martes 2 de febrero, la primera plana de Clarín, en un cuerpo
catástrofe que no usó para anunciar “Terremoto en Haití”,
proclamaba: “El gobierno admitió que Kirchner compró 2 millones
de dólares”.

Los transeúntes, no ya los lectores del diario, porque esa
primera plana tenía la visibilidad de un cartelón publicitario,
no tienen por qué ser expertos muy informados. Son ciudadanos
que trabajan de otras cosas, dedican su tiempo a otros
menesteres. De todas maneras debían conservar en sus memorias lo
que la semana pasada Clarín decía y que el abogado de Martín
Redrado desmintió: que Redrado había advertido que revelaría los
nombres de los “allegados al poder que compraron dólares”.

A pesar de los cotidianos esfuerzos de los grandes medios de
comunicación, las personas de este país todavía conservan alguna
capacidad deductiva, de relacionar un suceso con otro. En este
sentido, una sencillísima operación lógica permitía concluir que
el secreto que Redrado iba a revelar y al final reveló era ése:
que Kirchner había comprado 2 millones de dólares.

Un notición ¿verdad?

Lástima que se trate de una transacción del mes de octubre del
2008 que el matrimonio Kirchner, sin advertir ni amenazar a
nadie, reveló en su declaración de bienes de ese año, y que en
su momento provocó las consabidas indignaciones y las
correspondientes denuncias por enriquecimiento ilícito, seguidas
del oportuno proceso… y la reciente absolución de los acusados,
que lograron demostrar que su patrimonio corresponde a la
valorización inmobiliaria de las propiedades que adquirieron
hace más de veinte años.

Entonces, ¿ésa es la aneda?

  *El minué de la indignación*

Tal vez el transeúnte lo ignore, pero todos los periodistas y
dirigentes políticos saben que la del ex presidente fue una
operación legal, autorizada a cualquiera que, primero, tenga el
dinero suficiente, luego, pueda demostrar su procedencia y por
último, la realice siguiendo los pasos que la ley indica para la
compra de divisas.

Impedidos de judicializar la “noticia” de Clarín puesto que
Néstor Kirchner ya fue procesado y absuelto por exactamente ese
mismo hecho que Clarín revela con una demora diez veces mayor a
la que tardó en llegar a las Indias la noticia de la invasión
napoleónica a la metrópoli, “periodistas” y políticos opositores
dieron a moralizarla. Es así que desde republicanos impolutos a
ex actrices provectas, de indignadas señoras de su casa a
sujetos patibularios con prontuarios más frondosos que el del
Gordo Valor (mis disculpas a Valor por mezclarlo con esta clase
de gente) volvieron a hacer cola para atragantarse denunciando
la falta de ética del señor Kirchner: una persona en su posición
(un primero damo, digamos) debería abstenerse de realizar
operaciones en divisas.

¿Qué clase de operaciones estaría éticamente autorizado a
realizar un primer damo? No digan que en ninguna, porque el
dinero siempre se pone en algún lado y no sólo es desaconsejable
meterlo en el colchón sino que atenta contra el sistema
financiero y por ende, puede poner en riesgo al aparato
productivo y hasta al mismísimo sistema capitalista. Además, dos
millones de dólares deben abultar demasiado.

Dos millones de dólares.

Entre las cosas que no alcanzará hacer como Perón, Néstor
Kirchner jamás podrá decir: “¿Y quién vio alguna vez un dólar, eh?”

Y parece que ahí está el problema, en el monto, en tan enorme
cantidad de guita.

Pero resulta que es todavía más. Resulta que son cinco millones…
según se desprende de la correspondiente declaración de bienes
que Néstor y Cristina Kirchner realizaron hace ya más de un año,
y que es pública y que Clarín demoró más que etcétera etcétera.

  *Desventuras de un primer damo*

Pero no hemos contestado al interrogante: ¿qué operaciones
financieras está éticamente autorizado a realizar un primer damo?

Ya vimos el riesgo de no realizar ninguna, así que ¿poner el
dinero en un plazo fijo?

Si Néstor Kirchner hubiera colocado ese dinero en plazos fijos
mensuales renovables automáticamente, sin molestarse en
concurrir periódicamente al banco habría ganado un 5 por ciento
más que habiendo comprado dólares. Y de haber comprado bodenes…
¡un 75 por ciento más!

Puesto a inversionista, el primer damo es bastante tronco,
porque podría haber ganado una buena cantidad de dólares. O no
se ocupa lo suficiente, capaz que por tener la cabeza en otras
cosas.

Como sea, si hubiese invertido en bodenes se lo criticaría más,
y capaz que hasta se podría hablar de ética y moral con algún
sentido, porque el primer damo habría hecho un muy buen negocio
gracias a una política económica y cambiaria que depende de las
decisiones de su esposa y colega en la sociedad matrimonial.

Los dólares en cambio no se valorizaron lo suficiente gracias a
la “devaluación administrada” por la que ha optado el gobierno a
contramano del reclamo generalizado de los exportadores, que son
/la crème de la crème/ de la industria y la producción
agropecuaria, para quienes hace rato el dólar debería haber
superado los 5 pesos.

Uno de los efectos de la “devaluación administrada” es mitigar y
en el mejor de los casos evitar los estragos que toda
devaluación –a veces imprescindible para mantener la
competitividad productiva– provoca en la capacidad adquisitiva
del salario.

El otro de los efectos, el efecto indeseado, el “daño
colateral”, por así decirlo, es hacerle perder un montón de
dinero a nuestro primer damo.

  *Moralina en camiseta*

Pero si el argumento de opositores y “periodistas” apunta a la
esfera de la moralidad ya que no puede hacer centro en la
ilegalidad, en las entrelíneas se sugiere (jamás se expresaría,
válgame Dios) lo que desde un principio hace ruido en el sentido
común popular: “¿Está bien que un ex presidente tenga tanto
dinero?”

A despertar esa inquietud, ese reconcomio del sentido común,
apunta la “noticia” de Clarín, porque hasta los “periodistas” de
Clarín saben que dar una noticia con dos años de demora es más
propio de Félix Luna que de Jacobo Timmerman.

El sentido común responde que no, que no está bien y eso llena
de gozo desde Clarín en pleno hasta a la actriz provecta, que
tiene diez veces ese patrimonio.

El sentido común no se pregunta (porque aunque incompleta, la
ardua gesta de los grandes medios en pos de pulverizar las
máquinas de pensar de los argentinos, ha sido exitosa), el
sentido común, decíamos, no se pregunta por qué provoca
cosquilleos que Néstor Kirchner tenga un patrimonio, ya dijimos,
no de 2 sino de 5 millones de dólares y a la vez se festeja que
De Narváez declare ante las cámaras de TV tener más de 50
millones. Que De Narváez sea un imbécil no lo justifica, ya que
no se dedica a la tontería explícita como otros millonarios
imbéciles sino a la tontería parlamentaria. Vale decir que en el
plano de la políticas lo que lo separa de Kirchner es el jamás
haber ganado una elección por algún cargo ejecutivo.

Al sentido común parece no molestarle que tan sólo la residencia
en Barrio Parque de Mauricio Macri cueste más que todos los
bienes declarados por Kirchner. Pero ¿de qué manera puede
beneficiar a Macri el que Kirchner haya hecho el dinero por las
suyas y el joven /Maurizio/ manoteándolo del cajón del
escritorio paterno?

No parece ser un mérito.

Se podría decir que mientras uno es un político profesional y
millonario aficionado, los otros son millonarios profesionales y
políticos aficionados, lo que en el caso de Macri es una
lamentable evidencia cotidiana y en el de De Narváez se revela
en su inanidad legislativa.

Sin embargo, basta repasar las declaraciones de bienes de, por
ejemplo, los honorables senadores nacionales para comprobar que
casi ninguno posee un patrimonio que baje de los 2 o 3 millones
de dólares.

¿Por qué entonces lo que en uno provoca escándalo en los otros
es visto con naturalidad?

¿Se debe a la manipulación mediática? ¿Hay algo más que eso?

Si uno creyera que a Néstor Kirchner se le reclama, se exige más
que a los otros porque se espera más de él, guardaría alguna
esperanza respecto al futuro de nuestro país. Cabría la
posibilidad de que, tal vez, al sentido común popular se le dé
por hacer silogismos sucesivos a través de los que ponga en
cuestión no sólo lo que el poder informativo pretende que
cuestione sino que avance por sí mismo a cuestionar lo que
cuidadosamente se le oculta.

Cabría, tal vez…

  *Ya lo dijo Luisito*

El señor Luis Barrionuevo posee una aguzada conciencia de clase.
No se sabe de cuál, pero tener, tiene. ¡Y cómo! Lo revela con
mucha claridad su deslumbrante definición: “En este país nadie
se hace rico trabajando”.

Debió abstener se la aclaración “en este país”, porque en
ninguna parte nadie se hace rico trabajando, pero es injusto
reclamarle un pensamiento ecuménico. Luis Barrionuevo no es un
filósofo sino un trabajador/gremialista/empresario (/multiple
choice/) con una aguzada conciencia de clase que sabe,
positivamente, que un trabajador jamás podrá hacerse rico con el
fruto de su trabajo. Podrá vivir, según los casos y los momentos
y por lo general sometido a factores ajenos a su voluntad, podrá
tener una casa, auto, algún ahorro, educar y ayudar a sus hijos
a “hacerse una posición”, pero ¿hacerse rico? ¿Construir el
rancho en Barrio Parque? ¿Comprar dos millones de dólares?
¿Veranear en mansiones tan obscenamente ofensivas como las que
en Punta del Este exhiben la señora de Noble o la señora
Legrand? ¿Comprarse un canal de televisión para promover su
candidatura a diputado? No, eso un trabajador jamás podrá
hacerlo con el fruto de su trabajo.

La riqueza individual no proviene del trabajo. La riqueza que el
trabajo produce es social, no individual. La riqueza individual
se origina en la estafa, el robo, la extorsión, el engaño, la
sustracción, el abuso o la explotación, que vienen a ser los
nombres sin eufemismos de los actos centrales de las distintas
fases productivas del sistema capitalista.

Y también, como dice el chiste, se puede hacer una pequeña
fortuna despilfarrando una enorme fortuna heredada.

Pero por dónde se mire la cosa, no es posible enriquecerse tan
sólo trabajando, sin introducirse en alguna de las arriba
descritas operaciones del capitalismo. Es que esa imposibilidad
está en la base misma del sistema en el que nos desenvolvemos y
en el que seguiremos hasta vaya uno a saber cuándo: puesto que
el capital resulta imprescindible, es en consecuencia
imprescindible que pocos se apropien (ya más arriba se indicaron
las diversas formas de llevar a cabo este proceso) de la riqueza
social que producen muchos. La riqueza así acumulada, se
invierte en la mansión de Punta del Este y en el mágico capital
que permite a la mayoría seguir trabajando y a la minoría seguir
apropiándose de la riqueza producida para comprar el yate que
lleva a Punta del Este y crear más capital. Se forma así el
círculo virtuoso del capitalismo, creado a partir de la
sustracción de pequeñas riquezas que de otro modo se
desperdiciarían en pizza, cerveza, camisetas de Boca o lo que
fuere en lo que los trabajadores gastarían su cuota parte de
riqueza social.

Eso es lo que el sentido común imperante indica y el sentido
común popular sigue y ha seguido (aunque con oscilaciones) a lo
largo de la historia.

Mi sentido común personal mira para otro lado y me sugiere otra
cosa. Me sugiere que la pobreza es consecuencia de la riqueza. Y
viceversa.

La pobreza ofende y hiere. De igual modo, hiere y ofende la
riqueza. Toda riqueza, de cualquier clase y de quien sea: en
algún momento del proceso, de alguna manera, toda fortuna –y
cualquier fortuna– se originó o bien en la estafa o en el robo,
la extorsión, el engaño, la sustracción, el abuso o la explotación.

Toda riqueza ofende y hiere porque la simultánea pobreza que
hiere y ofende, es la condición de existencia de esa riqueza.

¿Nos vamos a escandalizar por 2 millones de dólares?

Si vamos a hacerlo y no queremos ser unos pavotes de antología,
escandalicémonos en todos los casos, no porque sean de Kirchner
y no de Cristiano Ratazzi, Biolcatti, Werstein, Méndez, Macri,
Pérez Companc, Ernestina Herrera o Mirta Legrand, Tinelli, De
Narváez, Fort, Susana Giménez u otros subnormales de la farándula.

Y sino, no.





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