[R-P] RESPUESTA DE NORBERTO GALASSO A INFOSUR

Cecilia Maria Alvarez alvarezcecilia en elbolson.com
Mie Feb 3 05:41:35 MST 2010


 Centro Cultural Enrique Santos Discépolo

RESPUESTA DE NORBERTO GALASSO A INFOSUR
http://www.discepolo.org.ar/node/274


El 19 de enero último, desde INFOSUR, página web de Proyecto Sur, me han 
lanzado un agravio que me veo obligado a responder.

Desde INFOSUR me califican de “gran historiador”, autor de “un libro 
fabuloso”, “una obra clásica sobre la Deuda Externa”, al igual que la 
“maravillosa biografía San Martín” y me tratan reiteradamente de “querido 
compañero”, para, después, lanzarme esta baja puñalada: “¿Qué hacemos ahora 
con esas cuatrocientos páginas (del libro sobre la Deuda Externa)...?”, como 
diciendo: “nos las vamos a meter en cierta parte” pues el autor sería un 
traidor, se habría quebrado, estaría al servicio del gran capital financiero 
internacional. Todo esto con motivo de que he sostenido que “ahora es 
difícil desentrañar la ilicitud de parte de la deuda” y que varios gobiernos 
le han dado “una especie de legalización” al renegociar sobre ella aunque 
igualmente “hay que investigar los ilícitos”, pero que lo más importante “es 
unir a América Latina en el no pago y patear el tablero” porque la cuestión 
no es tanto tener razón “sino tener fuerza”.
Curiosamente, la nota de Infosur prueba mi coherencia. Se inicia con una 
frase de mi libro: “La deuda ha operado como un instrumento de saqueo y 
sumisión semicolonial” (2002).Y concluye con otra declaración mía, actual: 
“Ahora hay que favorecer la unidad latinoamericana y proponer que todos los 
países denuncien que fueron estafados y que no se paga”. Mayor coherencia, 
imposible. En “Cash”, del 24/1/2010, sostuve lo mismo: “Hay que investigar y 
reforzar nuestro poder para decidir en conjunto. A las finanzas 
internacionales no les importa cuándo (ni cómo) se contrajo la deuda. Hay 
que finalizar este proceso de otra manera, a partir de la unidad 
latinoamericana, donde todos los países puedan expresar una opinión común 
frente a los acreedores internacionales”.
Es decir, hay que investigar y hay que poseer suficiente fuerza para no 
pagar. Hoy no contamos ni con una cosa, ni con la otra, pero el objetivo 
final es el no pago. Disentimos, eso sí, en la táctica, como también 
disentimos en la táctica general que desarrolla Proyecto Sur en política.
¿En que disentimos? En primer término, en que no se trata de quien grita más 
fuerte ni quién se escandaliza moralmente contra los piratas 
internacionales, sino en tener la fuerza suficiente: un pueblo movilizado y 
consciente del problema, capaz -como lo han sido los cubanos- de aguantarse 
todas las represalias, inclusive un bloqueo. Por eso, es imprescindible una 
acción concertada de América Latina -que va camino a su unificación- para 
patear el tablero. En la discusión con los filibusteros, estábamos mucho 
mejor parados en 1983, como ha dicho la Presidenta, porque salíamos de una 
dictadura y habíamos allanado el estudio Klein Mairal y Olmos había 
presentado su acusación... pero también es cierto que no teníamos fuerza y 
Alfonsín tampoco tuvo audacia y concluyó claudicando en ésta, como en otras 
cuestiones. Después hubo canje de títulos que complican nuestra 
argumentación respecto al comprador de buena fe y sucesivos gobiernos 
pagaron y renegociaron y se negaron a analizar lo rescatado en el estudio 
Klein, así como la acusación de Olmos que el juez Ballesteros remitió al 
Congreso. En 1999, recuerdo que fuimos al Congreso con Olmos, Norberto 
Acerbi, Luis Donikian, Carlos Juliá y unos pocos más -no estaban muchos que 
ahora levantan su voz y celebro que ahora lo hagan-, pero, entre los 
diputados, solo Alfredo Bravo y Luis Zamora –más allá de mi disidencia 
política con ellos- se preocuparon por escuchar el alegato de Olmos. Y no 
pasó nada.
Después vinieron otras negociaciones, entre ellas, la quita de la época 
kirchnerista. Nos guste o no, implícitamente también la quita significó lo 
que llamé “una especie de legalización” y que tanto ha irritado a Infosur. 
Pero de ninguna manera digo que no hay que investigar. Tampoco propongo no 
pagar mientras no tengamos fuerza para desconocerla. En fin, insisto, se 
trata de diferentes tácticas, porque las tácticas cambian según el momento 
histórico y no hay por qué injuriar ni descalificar cuando coincidimos en lo 
central: que fue una estafa y que, cuando podamos, debemos declarar que la 
deuda es cero. Ahora bien, como el “querido compañero” se preocupa y no sabe 
en qué lugar colocarse mis 400 páginas del libro De la Banca Baring al FMI, 
voy a tranquilizarlo con respecto a mi supuesta traición.
Entonces, empiezo para disipar dudas: con 50 libros publicados (discúlpeme 
pero hay tanto soberbio suelto que por una vez puedo violar mi modestia) 
nunca he sido invitado al programa de Mariano Grondona, ni he almorzado con 
Mirtha Legrand, ni me he abrazado con gorilas como Carrió, ni he coincidido 
con Pinedo (ni el abuelo, ni el nieto), ni he sido cómplice de la Sociedad 
Rural en ninguna votación. Tampoco me reportean ni “La Nación” ni “Clarín”, 
así que puede estar tranquilo. Esa gente sí tiene conciencia de clase, no la 
que supone Pitrola que deberían tener los trabajadores. Son clasistas en 
serio y hay que tener cuidado porque a veces son muy amables y si pueden, lo 
usan a uno.
Le sigo contando para que vea que no estoy “quebrado”. Vivo en Parque 
Chacabuco, un barrio de clase media, en una casa con pileta... de lavar la 
ropa. Una sola casa (herencia familiar) no dos, porque se sabe que alguna 
gente tiene dos: una para vivir y otra para albergar el ego. Tampoco tengo 
auto. Viajo en subte (vocación de minero, como decía Unamuno). 
Futbolísticamente soy de San Lorenzo que ya es demasiada carga para andar 
por la vida. Cobro la jubilación mínima y subsistimos con mi familia con 
algunos derechos de autor y un modesto alquiler de un local de esa vieja 
casa paterna... Usted, “querido compañero”, dirá seguramente: -Aquí te 
pillé, ¡eres rentista! (Carlos Marx seguramente no me lo reprocharía y 
sabría comprenderme ya que, salvando las distancias, no tengo ningún 
Federico Engels a mano). No soy revisionista a secas, como usted dice, 
confundiéndome (por ignorancia o por picardía) con Ibarguren o Irazusta. No 
soy rosista, soy de la línea: Moreno, Artigas, Dorrego, los caudillos 
federales (en especial El Chacho y Felipe Varela), el PAN en su época 
antimitrista, Yrigoyen y Perón. Esta reivindicación, hecha desde una 
Izquierda Nacional, que apoya todo movimiento antiimperialista tratando 
siempre de mantener su independencia ideológica, política y organizativa, es 
decir, “Frente Obrero” en el 45, representada luego, por bastante tiempo por 
Abelardo Ramos, salvo sus últimos años. Asimismo, me siento latinoamericano 
de Martí, Sandino, Fidel, El Che, Evo, Chávez, Correa y tantos otros. Me 
considero, sobre todo un militante y por ello he sacrificado mi interés por 
la literatura y la cinematografía. En música, cero. Salvando también la 
distancia, digo, como Jauretche, que no distingo la marcha peronista de la 
marcha de la libertad. Desde esa perspectiva de I. N., estoy más a gusto en 
la CGT de Moyano o en la CMP de D’Elía, que viajando por Europa o asistiendo 
a fiestas de embajada. No soy kirchnerista pero apoyo a este gobierno. Lo 
considero lo mejor que hubo desde que murió Perón, más allá de limitaciones 
y carencias, que son propias de una sociedad fuertemente golpeada por la 
dictadura genocida, la frustración de Alfonsín, la traición de Menem, la 
estupidez de De la Rúa, el derechismo de Duhalde, etc.. Me defino así porque 
creo conocer donde está el enemigo principal, la correlación de fuerzas y el 
nivel de conciencia política de los trabajadores y de los sectores medios 
(algunos de éstos, me aterran). Por eso, jamás se me ocurriría hacerle 
juicio penal a Cristina por mal desempeño, porque no corresponde y porque la 
pondría al borde del juicio político, para solaz de Cobos y la “nueva unidad 
democrática” y además porque entonces eso debiera habérselo hecho a todos 
los presidentes anteriores (incluso legisladores) y hacerlo ahora es 
demasiada complicidad con los destituyentes. Este gobierno avanza todo lo 
que puede y si llegase a caer, no deliremos que va a venir algo mejor, sino 
la derecha más reaccionaria.
Algo más: integro la corriente política Enrique Santos Discépolo, dirijo el 
mensuario “Señales Populares”, adscribo a Carta Abierta. En lo fundamental, 
tengo la certeza de que el futuro es nuestro, de los trabajadores, en el 
camino de la liberación nacional y la unidad latinoamericana, hacia el 
socialismo. Sólo ocurre que, “como lechuza largamente cascoteada”, sé 
distinguir los enemigos y los tiempos. Creo que Trotsky era el que decía que 
hay gente que confunde 1905 con 1917 ó, ahora en el bicentenario, 1810 con 
1816. Y para terminar, me acuerdo de Cooke. El le decía a Hernández Arregui: 
el intelectual se define sobre el trazo largo de la historia, pero el 
político tiene que definirse hoy y aquí, todos los días, teniendo presente 
aquellos objetivos finales, pero sin perder conciencia de en qué momento y 
en qué lugar está actuando. Creo que algo de esto es lo que nos aleja. 
Disculpen la extensión pero, en verdad, preferiría que no se ocupasen de mí 
y profundizasen la discusión sobre la naturaleza histórica del kirchnerismo 
y cuál es la mejor forma de ayudar a Argentina y al resto de América Latina 
en estas luchas que van hacia el 2011. Con un saludo,
Norberto Galasso






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