[R-P] [Omar Zanarini] Orden para el saqueo u orden para la Liberación Nacional.

Gustavo Battistoni gustavo.battistoni en gmail.com
Sab Dic 18 20:13:37 MST 2010


La crisis orgánica de las clases dominantes argentinas
Orden para el saqueo u orden para la Liberación Nacional

Por Omar Zanarini

 Los discursos de la derecha en torno a la ocupación del Parque
Indoamericano demuestran que, en la desesperación que les genera el
hecho de verse desplazadas de los comandos del país, las clases
hegemónicas argentinas intentarán arrastrar al pueblo entero en su
irremediable caída.


La toma de los terrenos del Parque Indoamericano fue un modo
desesperado de peticionar por un derecho constitucional. Los ataques a
esos peticionantes fueron un progrom antiboliviano. Ambos prueban que
el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, con su jefe Mauricio Macri a
la cabeza, quiere hacer de la Capital Federal una ciudad para pocos.
Pasó de los desalojos que pretextaban cuestiones de higiene y
seguridad de los propios desalojados a la eliminación xenófoba de los
humildes, donde ya el otro no importa sino como enemigo.

Es una relación bélica hacia otro que permite exculpar las malas
políticas de un Estado ausente: “en la medida en que el Estado
funciona en la modalidad del biopoder, su función mortífera solo puede
ser asegurada por el racismo”, remarcaba Michel Foucault (cuya
existencia es seguramente desconocida por Macri).

Si al principio todo fue caos (en su sentido literal o en sentido
figurado) y la vida es un permanente conflicto para organizar el caos,
 solo la muerte puede restablecer el orden de la inmovilidad. Se puede
coincidir con la afirmación de que "el orden no es ni de derecha ni de
izquierda", o no. Pero la cuestión sigue siendo la de quién impone ese
orden, si el campo antinacional, que ordena para garantizar el saqueo
o el campo nacional, que ordena para avanzar en el proceso de
liberación nacional.

Si el campo antinacional pretende ejercer el orden los resultados son
invariablemente desastrosos para los sectores populares. Ya hemos
visto los resultados en la experiencia histórica iniciada en 1955 y
profundizada en 1966 y 1976. Y cuando el campo nacional avanza en el
sentido de la liberación, allí aparecen los elementos del campo
antinacional para hacer sentir que aún están allí dispuestos a
desordenar para luego reordenar… a su manera.

Por eso la dialéctica orden/desorden representa un fenómeno mucho más
amplio que la política de seguridad en sí.  Esta tensión nos habla de
los distintos movimientos orgánicos que se dan entre el gobierno
nacional, que avanza por el rumbo de la liberación nacional, y los
sectores reaccionarios que aún perviven en el Estado y reniegan del
avance popular sobre sus intereses.

En tanto movimiento de coyuntura, la política de desalojo del salvaje
Mauricio Macri pasa como exabrupto de un liberal que interpreta al
Estado como garante de sus negocios, lo que no es poco. Pero cuando se
la observa como movimiento orgánico donde el objetivo es la
eliminación racial del otro, lo que se revela es otra cosa: su
programa, coherente y sistemático.

Como acontecimiento aislado, la toma del Parque Indoamericano es un
hecho social que muestra dialécticamente una problemática irresuelta
de la sociedad colonial,  que estalla como reivindicación latente de
las NBI por parte de los sectores desplazados por el neoliberalismo,
ante la imposibilidad de acceder a la vivienda única. Allí vemos no
solo la falta de una política habitacional por parte del gobierno de
Macri, sino la propia concepción histórica de los sectores que hoy ven
menguar sus intereses a medida que el gobierno nacional avanza sobre
el Estado colonial.

Los sectores más desplazados por el neoliberalismo hicieron estallar
allí, como reivindicación latente, la justa insatisfacción con la
tardanza en decisiones que les resultan vitales. En particular una que
afecta a una amplia franja, que va desde los más desposeídos hasta los
sectores medio-bajos: la imposibilidad de acceder a una vivienda
decente. Allí vemos no solo la falta de una política habitacional por
parte del gobierno de Macri, sino la propia concepción histórica de
los sectores que hoy ven menguar sus intereses a medida que el
gobierno nacional avanza sobre el Estado colonial.

El pasado mes de octubre en el acto de la CGT en el estadio de River,
Hugo Moyano marcó hacia dónde y cómo debe avanzar el gobierno nacional
para garantizar la dignidad de los trabajadores. Semejante apoyo hacia
el gobierno nacional por parte del movimiento obrero organizado,
suscitó en los sectores oligárquicos el temor furibundo de la
posibilidad que los trabajadores participen en el 10% de las ganancias
de las empresas.

Sabemos que no es cuestión de porcentajes: lo que no quieren es que el
gobierno nacional avance y consolide su base de apoyo. La oligarquía
sabe lo que le hace falta al gobierno de CFK, y por esos flancos se lo
ataca: precios, inseguridad y vivienda.

Pero el enemigo ataca por los aciertos más que por los errores. Como
dice la presidenta, aún queda mucho por hacer, pero el rumbo
emprendido va en la solución de los problemas del trabajo y las
necesidades básicas alimenticias y educativas. Si hoy la problemática
en agenda es la vivienda, es porque, precisamente, más allá de los
nodos marginales, las necesidades de alimentación y trabajo se
encuentran en cierta forma contenida, producto de las distintas
políticas de gobierno y por la propia recuperación del trabajo
genuino.


Retrocesos y avances del orden colonial

Estamos ante una crisis orgánica que comenzó a estallar tras el 2001.
Hoy los garantes de mantener el vínculo orgánico entre estructura y
superestructura colonial se están resquebrajando. Los intelectuales
orgánicos a la extranjería han perdido su capacidad de generar
consensos. La espiral de silencio se ha revertido y los apoyos masivos
al gobierno se revelan ante cada convocatoria oficial a movilizarse en
las calles e incluso en movilizaciones espontáneas no anunciadas. Los
avances del gobierno nacional no solo revelan la dimensión de la
crisis, sino que marcan, dialécticamente, la debilidad del
imperialismo y de las clases sociales ligadas a él a la hora de
continuar manteniendo la hegemonía.

Hoy observamos que ante la imposibilidad de la oligarquía de poder
controlar esta crisis orgánica desde el Estado Nacional que fractura
el bloque histórico, suscitan en el seno de la sociedad organizaciones
como la UCEP o como el grupo de “vecinos decentes” que avanzaron sobre
los compatriotas en el Parque Indoamericano.

 Si en las metrópolis la crisis orgánica se revela como la muerte de
lo viejo “sin que pueda nacer lo nuevo”, en las semicolonias, como la
Argentina, su relación esta en lo nuevo que emerge sobre lo viejo que
resiste en morir. Y si en los países centrales el Estado siempre es
garante de los interesas de las clases dominantes, en la periferia es
la única herramienta con que contamos los pobres y los trabajadores
para quebrar el señorío de sectores hegemónicos.

 Por eso es importante distinguir entre el contenido nacional-popular
del Estado Nacional y la impronta entreguista-reaccionaria del GCBA.
Entre un Estado que tiene por política no reprimir la protesta social
y otro que cobija a organizaciones “para” como fue la UCEP o los
“vecinos decentes” que prohijaron el progrom. Aunque, como ya dijimos,
no se trata de orden/ desorden ni de garantismo/represión, sino de una
contradicción mucho más profunda y fundante: patria o colonia.




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