[R-P] Una visión socialista de la transición económica en Cuba

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Mar Dic 7 06:01:04 MST 2010


Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-158210-2010-12-07.html

Cuba, tiempos de cambio
Por Atilio A. Boron *

En Cuba se está generando un gran debate sobre el futuro económico de
la isla. Entre los cubanos se ha hecho carne la convicción de que el
actual ordenamiento económico, inspirado en el modelo soviético de
planificación ultracentralizada, se encuentra agotado. Tal como lo
advirtieron Fidel y Raúl, su permanencia pone en entredicho la
supervivencia misma de la Revolución. Si se la quiere salvar será
preciso abandonar un esquema de gestión macroeconómica que, a todas
luces, ya pasó a mejor vida.

La experiencia histórica ha enseñado que la irracionalidad y el
derroche de los mercados pueden reaparecer en una economía totalmente
controlada por planificadores estatales, los que no están a salvo de
cometer gruesos errores que producen irracionalidades y derroches que
afectan al bienestar de la población. Ejemplos: en un país con un
déficit habitacional tan grave como Cuba, el ente estatal a cargo de
las construcciones registra 8000 albañiles y 12.000 personas dedicadas
a la seguridad y a custodiar los depósitos de las empresas
constructoras del Estado. O que los informes oficiales del gobierno
consignen que el 50 por ciento de la superficie agrícola de la isla
está sin cultivar, en un país que debe importar entre el 70 y el 80
por ciento de los alimentos que consume. O que casi la tercera parte
de la cosecha se pierda debido a problemas de coordinación entre los
productores (sean éstos organismos estatales, cooperativas agrícolas o
empresas de otro tipo), las empresas de almacenaje y acopio y los
servicios estatales de transporte, que deben llevar la cosecha hasta
los grandes centros de consumo. O que actividades tales como la
peluquería y los salones de belleza sean empresas estatales –¿en qué
página de El Capital recomendó Marx tal cosa?– en las cuales los
trabajadores reciben todos los implementos y materiales para realizar
su labor y cobran un sueldo, pese a lo cual cobran a sus clientes diez
veces más que el precio oficialmente establecido, fijado décadas
atrás, y sin pagar un centavo de impuestos.

Estos son unos pocos ejemplos, que conversando con los amigos cubanos
se multiplican “ad infinitum”. Pero plantean una cuestión de
importancia práctica y también teórica: el proyecto socialista, ¿se
realiza al lograrse la total estatización de la economía? La respuesta
es un terminante no. Si a la Unión Soviética (que sólo tuvo como
precursora a la heroica Comuna de París) las condiciones específicas
de su tiempo no le dejaron más alternativa que fomentar la
estatización integral de la economía, nada indica que en las
condiciones actuales se deba obrar de la misma manera. Tal como con
perspicacia lo anotara Rosa Luxemburgo a propósito precisamente del
caso soviético, no hay razón alguna para hacer de necesidad virtud. Y
si la estatización total y la planificación ultracentralizada pudo
haber sido necesaria –y aun virtuosa– en su momento, al hacer posible
que en un lapso de cuarenta años Rusia, el país más atrasado de
Europa, pudiera derrotar al ejército nazi y tomar la delantera en la
carrera espacial, hoy ya no lo es. Dicho en términos del marxismo
clásico, el desa-rrollo de las fuerzas productivas decretó la
obsolescencia de formas e intervenciones estatales que, siendo
eficaces en el pasado, ya no tienen posibilidad alguna de controlar la
dinámica de los procesos productivos contemporáneos, decisivamente
modelados por la tercera revolución industrial.

Cuba se interna en un proceso de cambios y de actualización del
socialismo. El primer borrador del proyecto, un documento de una
veintena de páginas aparecido como suplemento especial del Granma y
Juventud Rebelde, fue distribuido masivamente en la población. Se
tiraron 500.000 ejemplares que fueron inmediatamente adquiridos por la
población, invitada reiteradamente a leerlo, discutirlo y hacer llegar
sus propuestas. Van a hacer otra gigantesca tirada más, porque el
ansia de participación es enorme. El documento será examinado
críticamente por todas las organizaciones sociales, sin distinción
alguna: desde el Partido Comunista hasta los sindicatos y el enjambre
de asociaciones de todo tipo que existen en la isla. Por eso se
equivocan quienes se ilusionan con que la introducción de las reformas
dé inicio a un indecoroso –¡y suicida!–- retorno al capitalismo. Nada
de eso: lo que se intentará hacer es nada más y nada menos que llevar
adelante “reformas socialistas” que potencien el control social, es
decir, el control popular de los procesos de producción y distribución
de la riqueza. El socialismo, correctamente entendido, es la
socialización de la economía y del poder, más no su estatización. Pero
para socializar es necesario primero producir, pues en caso contrario
no habrá nada que socializar.

Por lo tanto, se trata de reformas que profundizarán el socialismo. Va
de suyo que el camino a recorrer por la Revolución Cubana se encuentra
erizado de peligros: el infame bloqueo impuesto por Estados Unidos (y
mantenido por el Premio Nobel de la Paz Barack Obama), el permanente
bombardeo mediático y las presiones a que se ve sometida la isla
procurarán por todos los medios hacer que las reformas socialistas que
quieren los cubanos degeneren en una reforma económica capitalista. El
quid de la cuestión está en la brújula política, la orientación que
tendrán estos procesos de cambio. Y el pueblo y el gobierno cubanos
tienen una muy buena brújula, probada por más de medio siglo, y saben
muy bien qué es lo que deben hacer para salvar al socialismo de las
mortales amenazas que le plantea el agotamiento de su actual modelo
económico. Y saben también que si hay algo que liquidaría las
conquistas históricas de la Revolución, que las barrería de un
plumazo, sería la remercantilización de sus derechos y su conversión
en mercancías. Es decir, la reintroducción del capitalismo. Y no
quieren que tal cosa ocurra.

* Director del PLED, Programa Latinoamericano de Educación a Distancia
en Ciencias Sociales.

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Néstor Gorojovsky
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