[R-P] [Roberto Ferrero] Dialéctica del movimiento nacional.

gustavo battistoni segundomleiva en gmail.com
Lun Ago 30 13:53:40 MDT 2010


[Gentileza Socialismo Latinoamericano]

Dialéctica del movimiento nacional

Roberto A. Ferrero



Compañeros del Grupo Socialismo Latinoamericano:

Tardíamente tomé conocimiento de una crítica fraternal, pero crítica
al fin, que me fue realizada por el compañero Gustavo Cangiano en
agosto de 2008 al examinar mi trabajo “¿Populismo o Movimiento
Nacional?”. Quisiera ahora formular una explicación sobre la parte de
mi escrito considerada por Gustavo, porque creo que las circunstancias
de la necesidad de delimitarse de otras tendencias de la Izquierda
Nacional lo llevaron a interpretar erróneamente algunas de mis
afirmaciones o extraer conclusiones erróneas de la inexistencia de
otras afirmaciones que no creí necesario estampar en el texto, dada su
obviedad. Lo gracioso del caso es que, como se verá, yo no pienso como
él cree que pienso, sino que pienso como él piensa. Gustavo tiene
razón, no en la crítica, sino en la concepción política que sostiene
respecto a la dialéctica interna del Movimiento Nacional. Me explico.
I

Gustavo me atribuye negar la lucha de clases al interior del Frente
Nacional y aceptar únicamente el antagonismo entre éste y el bloque
oligárquico-imperialista. “La lucha de clases también se manifiesta en
el interior mismo del Frente Nacional”,[1] dice. Y cita como ejemplo
la disolución del Partido Laborista por obra del general Perón. Y
tiene razón, Yo también creo lo mismo. Podría añadir que en mi libro
“Del Mutualismo al Cordobazo” menciono una gran cantidad de huelgas
obreras realizadas durante la primera presidencia de Perón,[2] que son
otros tantos ejemplos de esa lucha de clases intra-Frente. El equívoco
surge de esta frase de mi trabajo: “la colaboración de clases hacia
adentro coexiste con la lucha de estas clases contra la burguesía
imperialista extranjera, hacia fuera. Justamente este doble carácter
de la dinámica social en los países sometidos al capital internacional
es lo que da su especificidad a la lucha de clases: la lucha contra el
imperialismo (y los grupos nativos asociados) y no contra la débil y
prudente burguesía nacional es nuestra forma específica de la lucha de
clases”.[3]

Como se ve, aquí no hay negación de la lucha de clases internas, sino
la indicación de que ella no es lo específico del mundo colonial y
semicolonial. Por supuesto que esta contienda permanente entre la
burguesía nacional y la clase trabajadora (concepto más amplio de los
asalariados que aquel que la reduce al proletariado industrial) no
puede ser negada, pero sí ubicada en su exacta dimensión. La dinámica
burguesía-proletariado es específica de los países centrales o
imperialistas, donde constituye la contradicción principal, pero no en
nuestros pobres países. En la dialéctica del Movimiento Nacional o
Frente nacional coexisten esos dos momentos: el momento de la lucha
interna entre la burguesía nativa y los trabajadores y el momento de
la lucha contra el imperialismo en la “colaboración” de (mejor sería
decir el “armisticio” entre) las clases afectadas por su hegemonía.
Son dos momentos coexistentes, pero no de igual jerarquía. Es
indudable que el primer momento se subordina al segundo, pues de no
ser así el Frente nacional se desintegraría en sus componentes. Una
riña en el gallinero que el zorro miraría con satisfacción…Una riña
que el ultraizquierdismo trata de absolutizar e intensificar.
Recordemos como la estrategia “antiburguesa” del PRT en nuestro país y
la del MIR o la VOP en Chile facilitaron el accionar del golpismo
proimperialista. Por eso Ramos decía que “el ultraizquierdismo no es
un enemigo, sino una función del imperialismo” Es esta especificidad
la que yo tenía interés en remarcar frente a las concepciones
ultimatistas que mantienen lo contrario. De allí que no mencioné con
claridad (lo admito: podría haberlo expresado con más precisión) la
indudable existencia de la lucha de clases al interior del frente
antiimperialista. Pero no la negué. Si desde hacía más de cuarenta
años había yo aceptado, sostenido y propagandizado esta concepción de
la Izquierda Nacional, de haberla negado debería haberlo hecho en
forma expresa. No lo hice, naturalmente, porque estaba de acuerdo. Me
limité a no mencionarla, pero no la negué ni la impugné, Solo callé
ante su obviedad, obviedad que, en el contexto de mi polémica, hacía
innecesaria su reafirmación, como sí era necesario, en cambio, afirmar
y reafirmar el momento del “armisticio” de clases antiimperialistas. Y
al callar, otorgué la razón a la concepción ideológica a la que
siempre he adherido.¿Qué es lo que da su especificidad, su
originalidad, a la lucha de clases en estos países? Lo reitero: la
lucha contra el imperialismo y sus aliados, en primer lugar. En
segundo lugar: la lucha nacional interna, condicionada por la primera.
Son dos momentos, que no se niegan, pero tampoco se deben jerarquizar
de un modo inverso al de la realidad. El propio Honorio Díaz, en el
mismo excelente libro que reproduce las observaciones de Gustavo (La
Cuestión Nacional, Ed. Plexo Libros, Bs. As. 2009), escribe en página
114, en un esfuerzo de síntesis: “La contradicción fundamental en la
semicolonia se establece entre el bloque oligárquico y el bloque
plebeyo que debe liderar el proletariado”. Notemos que en el primer
miembro de la oración no se menciona la intervención del imperialismo,
y en el segundo no se alude a la lucha de clases intra-frente.
¿Diremos por ello que Honorio propugna un objetivo nacional-burgués o,
peor, imperialista? No, no lo diremos, porque su pensamiento, en su
conjunto, está contenido en diversos trabajos suyos y no es otro que
el de la Izquierda Nacional y a él nos atenemos para hacer un juicio
exacto: Honorio sostiene un proyecto socialista nacional. Como yo.

Podría agregar, para mayor precisión, que ese proyecto, que parecía a
punto de realizarse en los años Sesenta y Setenta en toda
Latinoamérica, debido a la derrota histórica sufrida a manos del
imperialismo “neoliberal”, ha retrocedido un paso y actualmente se
presenta más como un horizonte que como un proyecto concreto. El gran
fracaso de nuestra generación –que recién estamos empezando a remontar
a partir de la aparición de la “sexta oleada del populismo
latinoamericano”, como la he llamado– nos ha hecho más realistas. Creo
que ahora vemos que el camino al socialismo, como dice Samir Amín,
será arduo: estará por todo un período histórico atiborrado de avances
y retrocesos, de otras dictaduras castrenses, de la aparición de
Estados nacionalistas revolucionarios, de gobiernos civiles
reaccionarios encumbrados por el voto popular (no escandalizarse:
pensemos nomás en Menem, en Uribe y en Piñera…), de regímenes
castrenses radicalizados, de intervenciones armadas del imperialismo
etc. “Hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, que las que
piensas en tu filosofía”, dijo Shakespeare.

De tal magnitud ha sido la derrota que el enemigo ha logrado incluso
hacernos aceptar su semántica enmascaradora: nos ha acostumbrado a que
le llamemos “neoliberal”, como si fuera un revival del antiguo
Liberalismo, cuando no hay nada más alejado de la verdad. El
capitalismo liberal del Siglo XIX era el sistema de la
librecompetencia, la hegemonía industrial y los gobiernos
constitucionales; el capitalismo actual es el de las dictaduras o de
las pseudodemocracias coloniales en lo político, y el control
monopólico, la falta de competencia y el dominio del capital
financiero en la esfera económica. Así que acabemos ya de hablar de
“neoliberalismo” y llamemos a las cosas por sus nombres: Capitalismo
autoritario, anti-liberal, no neo-liberal.
II

Más adelante, Gustavo me realiza otra crítica, que tiene aún menos

sustentación textual: En efecto: me reprocha que yo afirme que “el
objetivo del Frente Nacional (al que él llama movimiento nacional) no
es superar el capitalismo dependiente por vía de la instauración del
socialismo, sino superar su dependencia mediante la implantación de su
desenvolvimiento autocentrado con justicia social y papel decisivo del
estado nacional”.[4] Y concluye: “Ferrero adopta como propio el
objetivo nacional burgués de un capitalismo autocentrado. De este modo
se aparta del socialismo de la Izquierda nacional”.[5] En este caso
Gustavo no tiene razón: yo no adopto como propio el punto de vista de
la burguesía nacional, ya que mi texto no es de tesis, sino de mera
descripción de la realidad movimientista. No postula un deber ser,
sino describe un como es. Y ¿cómo es, cuál es, el objetivo
socio-económico de los movimientos nacionales “realmente existentes”
de America Latina: peronismo, varguismo, aprismo, etc. Indudablemente,
el establecimiento de un capitalismo autónomo, con soberanía política
y justicia social, y no más. “Pero, ¿es ese el objetivo para los
socialistas del Frente Nacional?” se pregunta Cangiano.[6]
Indudablemente, NO. Pero el objetivo de los socialistas del Frente
Nacional no es el objetivo del Frente Nacional mismo, que es solamente
nacional-burgués. Porque si el objetivo del Frente Nacional como tal,
como entidad social y política realmente existente, fuera el
socialismo –como es para los socialistas– ya no estaríamos, por
definición, en presencia de un Frente Nacional tal como él se ha dado
hasta ahora, sino en presencia de un movimiento más avanzado, que
pretende instaurar el socialismo. Las medidas de carácter socialista
(estatizaciones, planificación, etc.) se presentarán simultáneamente
con las medidas de orden antiimperialista y antioligárquico, o
inmediatamente después (¿Quién puede saber los ritmos, propios de cada
circunstancia histórica y nacional?) pero nunca antes. Si este último
fuera el caso, estaríamos empezando por el final del proceso
revolucionario y no por el principio: la Revolución Nacional. La
Teoría de la Revolución Permanente quedaría totalmente desvirtuada.
Los movimientos nacionales que hasta ahora se han dado en nuestra
Latinoamérica han sido esencialmente nacional-burgueses, salvo Cuba
¿Quién podría negar este hecho?. Que los socialistas quieran impulsar
el proceso más hacia adelante, hacia el socialismo, que tengan ese
objetivo, está muy bien, pero esa es una segunda instancia, cuando la
vanguardia socialista, debido a la crisis y claudicación de su
dirección burguesa, logre tomar la dirección del Movimiento e imponer
su perspectiva política. Dicho metafóricamente: Febrero estuvo antes
que Octubre

En concordancia con lo expuesto, este objetivo “nacional-burgués” sólo
lo ad vierto como propio de la primera instancia: por ello, la frase
citada, de hecho, comienza señalando: “No se trata, en un principio,
de superar el capitalismo, etc.”.[7] Estas tres palabras, que son
claves para una correcta interpretación de mi pensamiento, se le ha
pasado por alto a Gustavo. O sea: es solo “en un principio”, en una
primera fase, al comienzo, que el Movimiento se adjudica la finalidad
de construir un capitalismo autónomo… Para la instancia que sigue,
queda abierta la posibilidad de que el movimiento nacional se supere a
sí mismo y luche por la instauración del socialismo, con la vanguardia
socialista al frente y la segura deserción de las clases burguesas
nacionales. Añado clara y expresamente: “Si en el curso de esta
dinámica histórica el proceso culmina en el Thermidor de un
capitalismo latinoamericano independiente en pie de igualdad con las
otras naciones capitalistas, o si se desborda en dirección a un
régimen social superior y más radical, sólo los hechos lo dirán”.[8]

No afirmo dogmáticamente que el proceso desembocará inexorablemente en
un curso socialista, porque “a Segura lo metieron preso”, como se
decía cuando yo era chico. Ya estoy curado de espanto con las
reiteradas profecías incumplidas del “fin del capitalismo” como para
que crea en el funcionamiento inexorable de la Teoría de la Revolución
Permanente. En la historia no existe un determinismo absoluto, sino
una alta probabilidad, que permite la intervención activa del factor
subjetivo. Si esta intervención es inteligente, realista, decidida y
se orienta en el mismo sentido general de la Historia, la balanza
puede ser inclinada a favor de la segunda opción. Ojalá.

Espero que con las líneas anteriores, mi pensamiento haya quedado más
claramente expuesto que en mi trabajo citado y criticado arriba. Les
agradezco la atención de hacer conocer esta aclaración.
Fraternalmente.

Córdoba, 26 de agosto de 2010
Notas:
1)Gustavo Cangiano, cit. por Honorio Alberto Díaz en su libro “La
Cuestión Nacional”, Plexo Libros, Bs. A. 2008, pag. 89. 2)Roberto A.
Ferrero, “Del Mutualismo al Cordobazo. Breve Historia del Movimiento
Obrero de Córdoba”, Ediciones del CEPEN, Córdoba 2009, pags.112/118.
3)Roberto A. Ferrero, “”¿Populismo o Movimiento Nacional?”, Ediciones
del CEPEN, Córdoba 2004, pag.16. 4)Cit. por Gustavo Cangiano en op.
cit de Honorio A. Díaz, pag.89/90 5).Cit. en Idem, pag. 90. 6)Idem,
idem. 7)Roberto A. Ferrero, “¿Populismo o Movimiento Nacional?” cit.,
pags.18/19 8)Idem, pag. 19.




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