[R-P] [Enzo Regalli] San Martín y Bolívar, políticos sudamericanos

Nestor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Lun Ago 23 15:48:48 MDT 2010


San Martín y Bolívar, políticos sudamericanos

No se puede ser grande impunemente, decía Simón Bolívar.

Enzo Regali .

"El único amigo que parece tiene usted en el otro lado es (Juan 
Bautista) Bustos, el cual defiende a usted a capa y espada, con la mira 
(según dice) de que nombren a usted director por las provincias 
federadas y quedar él de delegado". Así, en forma "descarnada", 
describía Juan García del Río el 21 de marzo de 1822, desde Chile, la 
situación que se vivía y lo que se pensaba de José de San Martín en ese 
país y en las Provincias Unidas del Río de la Plata. No se puede ser 
grande impunemente, decía Simón Bolívar.

Monarquismo. En ese período, San Martín estaba convencido de que la 
mejor forma de Gobierno para evitar las guerras civiles, garantizar la 
unión nacional de los países de Sudamérica y alejar los peligros de la 
disolución era la monarquía constitucional. Nombrado Protector del Perú 
-cargo que ejerció con "un tono monárquico y americanista", de acuerdo 
con el relato de Patricia Pasquali en el libro San Martín- se ilusionó 
vanamente con conseguir un príncipe europeo. Con ese cometido, envió a 
Europa a sus dos amigos García del Río y Diego Paroissien, quienes al 
llegar a Chile escribieron la carta mencionada. Las instrucciones a los 
diplomáticos fueron cifradas -es decir, secretas- y se les ordenaba 
buscar un príncipe inglés; en segundo lugar, a uno de Rusia o Austria y, 
de no ser posible, alguno de Francia o Portugal e, incluso, a Carlos 
Luis de Borbón, príncipe de Luca, aquél que también interesaba a Juan 
Martín de Pueyrredón y al ex Congreso de Tucumán, ya instalado en Buenos 
Aires, según José Pacífico Otero, en su _Historia del Libertador don 
José de San Martín_ . La única condición era que aceptaran el 
catolicismo como religión del Estado.

El monarquismo sanmartiniano fue olvidado por parte de los historiadores 
de sesgo liberal y el revisionismo tradicional le restó importancia a 
ese intento de coronar un vástago europeo. Bartolomé Mitre no se 
"extiende" en el tema y lo censura de acuerdo a sus ideas. El segundo 
sector carga las tintas en el Directorio, el Congreso y la Constitución 
de 1819, pero lo cierto es que esos errados planes europeístas, también 
lo fueron de San Martín. La diferencia estratégica era que éste lo hacía 
pensando en América y los porteños, por un cerril localismo portuario.

Como buen militar de carrera, formado al servicio de la monarquía 
española y liberal moderado en sus ideas, al Protector lo aterraba la 
anarquía. Nunca tuvo buena relación con José Artigas ni con los 
caudillos provinciales, si bien se negó a usar su ejército para 
combatirlos cuando se lo ordenaron desde Buenos Aires, pero no por 
coincidencias políticas sino para no entorpecer la lucha por la 
independencia.

Confederación sudamericana. El viejo imperio hispanoamericano se había 
comenzado a disgregar a poco de andar. Los intereses económicos, 
sociales y culturales contenidos por siglos bajo la corona de España 
estallaban y a ellos se sumaban los de las grandes potencias europeas, 
como Gran Bretaña y Francia, a las que no les importaba fragmentar para 
conquistar los nuevos mercados.

En 1820, luego del triunfo en Cepeda de los caudillos federales, la 
mayoría de las provincias reasumió su soberanía. Tiempo después, Bustos 
-ya gobernador de Córdoba- va a intentar organizar constitucionalmente 
el país convocando a un Congreso en Córdoba, tal vez por las razones que 
García del Río expone en la citada carta, pero también por convicción. 
Son explícitas las coincidencias de pensamiento entre el gobernador, San 
Martín y, en los hechos, Bolívar.

Todos impulsaban una confederación de los países sudamericanos. Vemos 
que el monarquismo del Libertador tenía gran pragmatismo, ya que el 
caraqueño se reconocía republicano, al igual que Bustos, que además era 
federal.

En Buenos Aires, una nueva logia "porteñista" y enemiga de San Martín se 
había adueñado del poder, en la que tenía mucha influencia Bernardino 
Rivadavia, personaje fuertemente enfrentado con el general. Años más 
tarde (1825), ya en Europa, sólo amigables consejeros evitaron que San 
Martín lo retara a duelo.

El general Antonio Gutiérrez de la Fuente, enviado del Protector a las 
Provincias Unidas (1822), con el objeto de obtener ayuda para terminar 
la guerra en Perú, narra en su diario los desplantes del Gobierno 
porteño para no proporcionar el auxilio económico solicitado. Sólo 
algunos gobernadores provincianos, entre ellos Bustos, se ofrecieron 
para encabezar la expedición, pero carecían de los medios materiales. 
Además, Rivadavia se encargará de promover el Tratado del Cuadrilátero 
con las provincias litorales, para hacer fracasar el mencionado Congreso 
de Córdoba, seguramente temiendo, entre otras cosas, la influencia 
política de San Martín y el federalismo de Bustos.

Guayaquil. En ese contexto, se desarrollará la reunión de Guayaquil, en 
julio de 1822. San Martín concurrió abrumado por su poder en crisis: 
Chile no respondía y lo criticaba; Buenos Aires era gobernada por 
enemigos mezquinamente pendientes de los negocios del puerto; en Perú, 
conspiraban propios y extraños.

La documentación sobre la reunión, así como un elemental análisis 
político, no dan lugar a demasiados misterios. Eran ambos libertadores 
personalidades diferentes, pero seducidos por el poder. El venezolano, 
extrovertido, audaz y seguro; el correntino, introvertido y reservado, 
tal vez calculador y, por ello, dubitativo.

Con un poder desgastado y débil, San Martín sólo podía humildemente 
requerir ayuda al político triunfante y en ascenso, respaldado por la 
Gran Colombia. La solución no pudo ser otra más que el alejamiento de 
San Martín. Resulta ingenuo achacar a Bolívar el no haber aceptado 
tenerlo como subordinado, pues si lo hubiera hecho, sus enemigos 
hubieran aprovechado la personalidad de San Martín -al margen de su 
voluntad- para atacar y conspirar contra el venezolano.

Que esto causó dolor y frustración de por vida a nuestro correntino, es 
indudable, tal cual lo dice la copia de una carta dada a conocer en 
1843, 13 años después de la muerte del venezolano, por Gabriel Lafond de 
Lurcy. Pero resulta necio condenar a Bolívar por una ambición que ambos 
poseían. La política es un acto de poder y se ejerce, no es de su índole 
la moralina de mentecatos.

Por otra parte, a quienes así piensan San Martín se encargó de 
responderles con acciones: siempre conservó el retrato que Bolívar le 
regalara en Guayaquil y en la misma carta, luego de criticar 
políticamente a su "amigo/competidor", se compromete a no revelar las 
diferencias, ya que -de "traslucirse" lo escrito- "los enemigos de 
nuestra libertad podrían prevalecerse para perjudicarla y los 
intrigantes y ambiciosos, para sembrar la discordia."

Ambos se dieron una misión americanista hasta el final de sus días.





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