[R-P] Carlos Pagni muestra la huella indeleble de Bartolomé Mitre

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Sab Ago 21 09:30:02 MDT 2010


[Pagni sale, en correcto orden de ataque, contra la decisión de
terminar con el monopolio ilegal de Fibertel. Entre otros motivos,
porque según él, para el kirchnerismo la ley es como un "acordeón". A
él, seguramente, le gustaría que fuera como la definía José Hernández:
un cuchillo, que "no ofende al que la maneja". Odian esto de no
manejar el cuchillo y con sus puñales trata de perforar el fuelle del
acordeón. En realidad estamos ante la huella indeleble de Bartolomé
Mitre...]

El escenario
La huella indeleble de los Kirchner
Carlos Pagni
LA NACION
Sábado 21 de agosto de 2010

La decisión de prohibir a la empresa Cablevisión/Fibertel la
prestación de servicios de banda ancha tiene dos características que,
como si fueran contraseñas, indican que fue una medida pensada por los
Kirchner.

La primera es el cinismo. Detrás de la meticulosidad en el
cumplimiento de los reglamentos se esconde mal la pretensión de
castigar a quien se ve como un adversario. Hasta un niño se da cuenta
de que la sanción contra Fibertel no se debe a que el oficialismo se
volvió presa de un repentino celo normativo, sino a que se busca
escarmentar al Grupo Clarín, identificado por el Gobierno, desde 2008,
como una "corporación destituyente". La prueba está en que los
funcionarios se rasgan las vestiduras por una "irregularidad" que, de
ser tal, ellos vienen tolerando desde el año 2003.

Para el kirchnerismo, la ley es un acordeón. Eso ya es sabido. El
mismo secretario de Comunicaciones, Lisandro Salas, que retiró la
licencia a Fibertel, protagonizó otras arbitrariedades, el año pasado,
con la misma compañía. El 14 de julio le permitió brindar telefonía a
través de Internet. Pero una semana más tarde, después de que Cristina
y Néstor Kirchner montaran en cólera por esa concesión a Clarín , le
retiró el permiso. El argumento que utilizó Salas es que Fibertel
carecía de licencia. La conclusión es bastante obvia: el secretario
conocía desde hace más de un año el incumplimiento que condenó
anteayer. Durante ese tiempo, no emitió una sola intimación para
corregir la desviación. ¿Se habrá querido mantener ese estado de
precariedad para facilitar las presiones?

Salas no es más coherente que su superior, Julio De Vido. En enero
pasado, cuando todavía pretendía incorporar a un grupo de amigos del
Gobierno en Telecom, De Vido bramó en una conferencia de prensa
amenazando con la estatización de la compañía. La excusa era la
existencia de un monopolio telefónico. Ahora, cuando esas ambiciones
quedaron superadas -o resultaron ser demasiado audaces-, dejó de
existir el peligro monopólico: con su medida contra Fibertel, De Vido
y Salas podrían promover una migración hacia Arnet y Speedy, las
compañías con las que Telecom y Telefónica ofrecen servicios de
Internet. Es decir, en vez de favorecer la competencia, alentarían la
concentración.

El caso Fibertel es la última exhibición de una política para la cual
la ley y las sanciones no son puestas al servicio de un sistema
estable e imparcial, sino que son instrumentadas para perseguir a
quien se ha identificado como adversario. En los últimos tiempos, los
Kirchner han llevado esta utilización vengativa del orden jurídico
hasta extremos inimaginables. Uno de los escasos puentes que los
mantenía unidos a algún orden axiológico, la defensa de los derechos
humanos, se fue convirtiendo en una coartada para el sometimiento
político.

La otra peculiaridad que permite identificar el avance sobre
Cablevisión/Fibertel como un producto típico de los que se cocinan en
Olivos es que en él anida la fantasía de corregir la declinación
electoral con un avance sobre los medios de comunicación. Los Kirchner
viven pendientes de la prensa: son adictos a lo que se dice sobre
ellos; investigan si sus colaboradores mantienen vínculos con los
periodistas; inducen a sus amigos empresarios a comprar radios,
diarios o canales de TV; administran la publicidad con criterios
disciplinarios. En los últimos meses, han exagerado esta tendencia y
adoptaron a las malas relaciones con la prensa como un criterio para
la selección del personal: por ejemplo, Cristina Kirchner echó a Jorge
Taiana, entre otras cosas, porque "los diarios nunca lo atacan".

Esta obsesión deriva de un error: el de creer que la sociedad obedece
a los medios como una fuerza física. Y de ese error se desprende un
programa: avanzar sobre los medios con la expectativa de que, gracias
al dominio de los mensajes que se emiten, se controlará a quienes
reciben esos mensajes. El objetivo último de este procedimiento es
bastante obvio: revertir esa imagen negativa que amenaza con
desalojarlos del poder. Es una estrategia muy rudimentaria, pero acaso
inevitable cuando se dispone de argumentos cada vez menos persuasivos.

Más allá de que prospere o no en la Justicia, el intento de
vaciamiento de Fibertel se inscribe en este plan. Como al público
había que indicarle qué publicidad debía ver, se estatizaron las
transmisiones de los partidos de fútbol. Ahora hay que señalarle qué
empresa de banda ancha debe contratar. Después, gracias a la captura
de la producción y venta de papel, se le dirá qué diario debe leer.
Esta ortopedia fracasó ya muchas veces en diversos lugares del
planeta. Pero los Kirchner se sienten llamados a inventar la rueda.

Nadie es quien para dar consejos. Sobre todo a quien no cree
necesitarlos. Pero con el avance sobre Fibertel la Presidenta y su
esposo están agrediendo sus propios intereses. En su obsesión por
atacar a Clarín tal vez consigan enemistarse con más de un millón de
usuarios de una de sus empresas. El desacierto llega en un momento
especial, cuando las principales figuras del Gobierno hacen un
esfuerzo notorio por recuperar siquiera un poco de ese electorado de
clase media sin el cual es imposible conquistar el poder. Los Kirchner
están levantando una piedra insoportable: se muerden la lengua antes
de atacar a un adversario, buscan la amistad de Barack Obama, acuerdan
con los antiguos fondos buitre, seducen al mercado financiero para
emitir un bono, coquetean con Juan Manuel Santos y Sebastián Piñera, y
hasta concurren a ceremonias militares. Todo, para recuperar el
centro. Sin embargo, como a Sísifo, la piedra se les resbaló de las
manos: ¿se puede imaginar algo más antipático para el imaginario del
sector social al que quieren seducir que una amenaza sobre el acceso a
Internet?

Cada vez que se han envalentonado con las encuestas, los Kirchner han
caído en estos fallidos.

Hay otra consecuencia no buscada por la suspensión de Fibertel. Le dio
a la oposición un motivo de coordinación que, hasta horas antes, no
tenía o no encontraba. Mientras Oscar Parrilli y Julio De Vido
recalientan los teléfonos convocando a políticos, sindicalistas y
empresarios para que aplaudan, el próximo martes, una embestida
política y judicial contra Papel Prensa, los adversarios de los
Kirchner se organizan para denunciar que en la Argentina las amenazas
contra la libertad de prensa han empezado a concretarse. Habrá que
ver, con este clima, cómo llega al martes la liturgia que tienen
preparada en Olivos. Cristina Kirchner revisa, obsesiva, el documento
de 400 páginas que contribuyó a elaborar, con el prurito de quien está
redactando un testamento. Acaso no advierta la dimensión de la
fractura que se está abriendo fuera de su sala de lectura.

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Néstor Gorojovsky
El texto principal de este correo puede no ser de mi autoría




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