[R-P] La raiz de la violencia...(1ª Parte)

jorge tribo jorgetribo en yahoo.com.ar
Mar Ago 17 16:23:14 MDT 2010


Carola,

Mi intensión no fue mostrar la "violencia de Caracas", pareciera un artículo sobre Buenos Aires o cualquier gran ciudad latinoamerican, mi idea fue evidenciar la raíz paramilitar y de derecha de la violencia en Caracas


Jorge


--- El mar 17-ago-10, carola chavez <tongorocho en gmail.com> escribió:

> De: carola chavez <tongorocho en gmail.com>
> Asunto: Re: [R-P] La raiz de la violencia...(1ª Parte)
> Para: "jorge tribo" <jorgetribo en yahoo.com.ar>
> Cc: "Lucha de masas para recuperar la Argentina" <reconquista-popular en lists.econ.utah.edu>
> Fecha: martes, 17 de agosto de 2010, 19:18
> Todo está muy bien pero no me trago
> que Caracas sea una de las
> ciudades con más homicidios del mundo. No creo que nos
> acerquemos ni
> remotamente a Medellín, aquí al ladito, sin entrar en
> sitios tan
> oscuros como La Macarena, o Ciudad Juarez,  o
> cualquier ciudad de mi
> pobre México lindo y querido sitiado por los carteles de
> drogas.(Ah
> Víctor?)
> 
> No, Caracas puede ser peligrosa pero no como la han querido
> presentar
> los medios de comunicación en estos últimos días y como
> por contagio,
> pinta este analista del Le Monde. No niego que tengamos un
> problema de
> inseguridad, lo que niego es que merezca más titulares que
> las fosas
> comunes en Colombia, las guerras de bandas en México, y
> las no sé
> cuantas mujeres asesinadas en la frontera de los EEUU.
> 
> Lo siento pero no me lo trago.
> 
> Carola
> 
> 
> El 17/08/10, jorge tribo <jorgetribo en yahoo.com.ar>
> escribió:
> > CITANDO LA FUENTE,EL MATERIAL DE ESTA LISTA ES DE
> LIBRE REPRODUCCIÓN
> >
> >
> >
> > ¿Arde Caracas?
> >
> > Maurice Lemoine
> > Le Monde Diplomatique (edición Colombia)
> >
> >
> > A pesar de llevar adelante una política activa de
> justicia social, Venezuela
> > sigue exhibiendo una de las tasas de homicidios más
> altas del mundo. ¿Cómo
> > se explica esta violencia persistente, que el gobierno
> de Hugo Chávez ha
> > desatendido durante mucho tiempo? La oposición, tanto
> en el interior como en
> > el exterior del país, no se priva de
> instrumentalizarla en función de sus
> > objetivos políticos.
> >
> > Al expresar su hostilidad hacia la Venezuela
> “bolivariana”, el diario
> > español El País raramente establece matices. Pero a
> veces se supera a sí
> > mismo: “Caracas es una ciudad sangrante. De sus
> edificios brotan ríos de
> > sangre, de sus montañas brotan ríos de sangre, de
> sus casas brotan ríos de
> > sangre […]” (1).
> >
> > Los habitantes de la capital a cuya consideración
> sometemos esta prosa
> > estallan de risa golpeándose la sien con la punta del
> dedo índice. No
> > obstante, sobre este tema candente, y en grados
> diversos, todos constatan lo
> > mismo: “Tenemos un problema muy serio” (Tulio
> Jiménez, presidente de la
> > Comisión de Política Interior de la Asamblea
> Nacional); “Allá, bajo el
> > puente, mi esposa fue atacada dos veces en dos
> años” (un brasileño del
> > Movimiento de los Sin Tierra [MST] enviado a
> Venezuela); “Para la gente que
> > vive en los ‘barrios’, la violencia es parte del
> pan cotidiano” (un
> > habitante de la inmensa urbanización de Petare);
> “¡Se mata incluso a
> > policías que tienen chaleco antibalas! Entonces
> nosotros… ¡Dios mío!” (una
> > trabajadora de Ocumare del Tuy, un suburbio alejado);
> “En nuestras familias
> > de las comunidades cristianas, casi todos tienen
> parientes cercanos
> > asesinados. Cuando celebramos una misa comunitaria, es
> muy raro
> >  que no surja el tema: esta semana han matado
> ¡ya no sé bien a quién!...”
> > (el padre Didier Heyraud, sacerdote en Petare).
> >
> > Es cierto que con una tasa de 48 homicidios por cada
> 100.000 habitantes en
> > 2008, Venezuela está casi a la cabeza del ranking del
> espanto. En Caracas
> > esa tasa es más elevada aún. Se contaron 1.976
> homicidios entre enero y
> > septiembre de 2009, en una ciudad de 4,8 millones de
> habitantes (2)…
> >
> > Para la oposición, el responsable tiene nombre:
> “Chávez”. Las postas
> > mediáticas machacan: “Bajo la revolución
> bolivariana del presidente Hugo
> > Chávez, la capital de Venezuela se ha elevado al
> rango de las ciudades más
> > violentas del mundo” (3). Miguel Ángel Pérez,
> vicepresidente del Instituto
> > de Estudios Avanzados (IDEA), hace manifiesta su
> irritación: “Nos quieren
> > hacer creer que la inseguridad es una creación del
> chavismo… Lo que supone
> > olvidar que el final de los años 1980 y el comienzo
> de la década de 1990
> > fueron terribles: ¡no se podía salir a la
> calle!”.
> >
> > De hecho, en diciembre de 1996, dos años antes de la
> llegada de Chávez al
> > poder, una revista especializada escribía: “Con un
> promedio de ochenta
> > muertos por balas cada fin de semana, con ataques
> cotidianos en los
> > transportes públicos, con un desarrollo exponencial
> de la pobreza y,
> > finalmente, con una crisis económica que carcome al
> país desde hace más de
> > quince años –la inflación es de más del 1.000%
> anual–, Caracas se ha
> > convertido desde hace algunos años en una de las
> ciudades más peligrosas del
> > mundo, tal vez incluso en la más peligrosa” (4).
> Muy pocos parecen
> > recordarlo. En la lucha política, el olvido es un
> arma de una eficacia
> > temible.
> >
> > “Estamos en un año electoral –señala Pérez–
> (5). En estos años, la curva de
> > lo que se llama inseguridad se dispara, amplificada
> hasta el infinito por
> > los medios, porque es el caballito de batalla de la
> oposición”. Hay que ver,
> > cada lunes a la mañana, ante la morgue de Bello
> Monte, el ejército de
> > reporteros que se precipita, cámaras y micrófonos en
> mano, hacia los
> > parientes de las víctimas del fin de semana, de
> preferencia mujeres viejas
> > desconsoladas: “¿Qué siente señora?”.
> >
> > Provenientes de fuentes “extraoficiales”, circulan
> los alegatos más
> > fantasiosos: “Hoy la tasa de homicidios [del país]
> supera ampliamente a 70
> > cada 100.000 habitantes”, miente el diario El
> Universal (3-6-10). Los
> > venezolanos leen y sienten que su pulso se acelera;
> sobre todo, cuando viven
> > en barrios adinerados, como Altamira, Palo Grande, La
> Castellana. Pero el
> > poder tiene su cuota de responsabilidad: las oficinas
> de prensa de las
> > comisarías del Cuerpo de Investigaciones
> Científicas, Penales y
> > Criminalísticas (CICPC) fueron suprimidas, y no
> existe ninguna base de
> > datos, a nivel nacional, que centralice las cifras con
> criterios comunes.
> > Cada uno puede inventar el “balance récord” que
> le conviene, sin correr el
> > riesgo de ser desmentido. Y sin nunca analizar las
> causas del fenómeno; sólo
> > los efectos.
> >
> > Territorios de exclusión
> >
> > Comienzos del siglo XX: el oro negro brota del suelo
> venezolano. Los
> > campesinos desheredados de los Andes y de los Llanos
> –sabanas que se
> > extienden hasta el infinito– se precipitan hacia las
> ciudades: Maracay,
> > Valencia, Maracaibo, Caracas. Allí hay trabajo,
> salarios, pueden recogerse
> > algunas migajas del “milagro petrolero”.
> “Invadidas”, las colinas y montañas
> > que rodean a la capital se ven rápidamente pobladas.
> De cualquier manera, a
> > fuerza de ladrillos y trueques, van surgiendo
> construcciones precarias, sin
> > agua ni electricidad, separadas por pasajes,
> callejones y abruptas
> > escaleras. Así nacen los cinturones de miseria y,
> sobre este territorio de
> > exclusión social, lo que se llama inseguridad.
> >
> > Nada que no sea un clásico, le cuentan a uno aquí y
> allá, evocando el
> > pasado: “Te robo un par de zapatos, un reloj, una
> cadena de oro, por
> > necesidad, para sobrevivir, para tener dinero, para
> poder comer. Un tipo de
> > violencia muy diferente de la que conocemos hoy en
> día”.
> >
> > El 25 de mayo se vivió un drama común y corriente en
> Petare: un joven fue
> > masacrado a cuchillazos y rematado a balazos, cuando
> trataba de defender a
> > uno de sus amigos que estaba peleándose. ¿Por qué?
> Bueno… los conflictos
> > entre delincuentes se originan a veces por
> pequeñeces. Una simple bofetada,
> > un insulto, y se declara la guerra. Las balas silban,
> un cuerpo cae, digamos
> > el de El Sapo. El Pupilo lo mató. Los amigos de El
> Sapo lo buscan.
> > Encuentran a su hermano. “¡Dinos dónde se
> encuentra El Pupilo!” El hombre
> > balbucea que no sabe nada. Una ráfaga sanciona su
> ignorancia, o su sentido
> > de la solidaridad. Al mismo tiempo, envía al
> cementerio al pequeño Gabikley,
> > de cuatro años, que jugaba por allí cerca.
> >
> > ¿Quiénes mueren, principalmente en los barrios
> populares? Los que tienen
> > entre 15 y 25 años, pobres, de piel oscura. Sólo
> que… “Pasas por allí por
> > casualidad, te encuentras en medio del tiroteo y
> ¡zas! ¡Es para ti!”. La
> > mejor manera de hacerse matar es resistir: una bala en
> la cabeza por un
> > teléfono celular, nada menos. Sobre el porqué del
> fenómeno, cada uno hace su
> > análisis; los mismos que se escuchan en todas partes.
> “El padre no está, la
> > madre tampoco, lo cuida la abuela, pero el muchacho se
> desvía. ¡Es culpa de
> > los padres!” Violencia de género, violencia
> familiar, agresividad
> > reproducida, hacinamiento…
> >
> > De acuerdo, pero no demos más vueltas: “El factor
> fundamental es cultural:
> > el venezolano es violento”. ¡De ninguna manera! Lo
> que ocurre, “es una
> > pérdida de sentido moral: ya no se roba por
> necesidad, sino por vicio. Se ha
> > creado toda una escala de valores en la cual la moto,
> la muchacha que va en
> > el asiento trasero, la cantidad de muertos que tienes
> en tu cuenta, implican
> > respeto”. Más aun cuando el alcohol corre a
> raudales y las armas circulan
> > por todas partes. Se puede decir esto así, pero no
> olvidemos que “la
> > televisión influye de manera determinante, con sus
> películas violentas y las
> > ganas que genera, a través de la publicidad, de
> poseer cualquier cosa”.
> > Sobre todo porque “la pobreza se ha reducido, hay
> más dinero que antes en
> > manos de la gente y, por lo tanto más oportunidades
> para los delincuentes”.
> > Y como “las leyes los favorecen, y ellos saben cómo
> usarlas, si los
> > detienen, salen enseguida”.
> >
> > Curiosa paradoja: en un país donde, en diez años, la
> tasa de pobreza ha
> > venido cayendo del 60% a cerca del 23% de la
> población, y la indigencia del
> > 25% al 5%, las cifras de la delincuencia se disparan.
> ¿No habrá caído el
> > gobierno bolivariano en el análisis reduccionista que
> atribuye la violencia
> > sólo a la miseria? Es posible suponerlo. Porque,
> yendo a lo urgente,
> > volcando todas sus fuerzas, y con éxito, en los
> programas sociales relativos
> > a la salud, la educación y la alimentación, durante
> mucho tiempo descuidó la
> > inseguridad, que se suponía iba a desaparecer como
> por encanto como
> > consecuencia de los progresos logrados.
> >
> > Reformar la policía
> >
> > Pero, ¿qué hace la policía?, preguntamos. Como en
> casi toda América Latina,
> > la policía es parte del problema, y no de la
> solución. “Nuestro drama
> > –confía Soraya El Aschkar, secretaria ejecutiva del
> Consejo General de
> > Policía (CGP)–, es que no tenemos una policía,
> ¡sino ciento treinta y
> > cinco!” En este país federal, descentralizado
> –una herencia del pasado–,
> > cada gobernador, cada alcalde dispone de su propio
> cuerpo de seguridad. No
> > existe ninguna norma común, ni siquiera para la
> formación, a menudo confiada
> > a ex militares que, por definición, “dan luz a
> instituciones más
> > militarizadas que profesionales”.
> >
> > En Caracas, cinco policías municipales y la Policía
> Metropolitana comparten
> > el territorio, sin coordinación, a veces incluso
> opuestas por divergencias
> > políticas. En abril de 2002, elementos de tres de
> ellas –la Metropolitana,
> > PoliChacao y PoliBaruta–, controladas por alcaldes
> de la oposición,
> > participaron activamente en el golpe de Estado contra
> el presidente Chávez.
> >
> > Página entera de publicidad en el diario Últimas
> Noticias (25-5-10): el
> > gobernador (chavista) del estado de Anzoátegui hace
> pública su “tercera
> > lista” de funcionarios expulsados de
> PoliAnzoátegui: veinticinco policías
> > por, entre otras, faltas de servicio (quince), acoso
> sexual (dos), robo
> > (cinco) y homicidio (uno). Represiva, desprovista de
> sensibilidad social, a
> > veces implicada en la delincuencia y en los diversos
> tráficos, la policía es
> > vivida como una plaga por los venezolanos. A punto tal
> que el Ministro del
> > Interior, Tareck El Aissami, declaró recientemente:
> “El 20% de los delitos y
> > crímenes cometidos en el país los hacen
> policías”. Lo que lleva a El Aschkar
> > a afirmar: “Con este modelo, desconectado de la
> sociedad, sin supervisión ni
> > control interno, la violencia no disminuirá. Sólo la
> profunda reforma que
> > estamos emprendiendo permitirá garantizar la
> seguridad”.
> >
> > El 13 de mayo pasado, ya consciente de la gravedad de
> la situación y lanzado
> > a una carrera contra reloj, el presidente Chávez
> inauguró el Centro de
> > Formación Policial (Cefopol) en la Universidad
> Nacional Experimental de la
> > Seguridad (UNES) destinada a la implementación de una
> Policía Nacional
> > Bolivariana (PNB). Nuevo enfoque, nuevos métodos,
> nueva filosofía: una
> > formación técnica, pero también una
> sensibilización hacia los derechos
> > humanos y al indispensable vínculo entre policía y
> ciudadanos. Mil cincuenta
> > y ocho ex agentes de la Metropolitana, sin ningún
> prontuario a cuestas,
> > fueron seleccionados, formados, y están en actividad
> en el barrio de Catia;
> > con un balance alentador y una reducción sustancial
> de la inseguridad. Otros
> > mil están terminando los cursos. Se hizo un llamado a
> los bachilleres para
> > integrar el nuevo cuerpo que, al término de los tres
> próximos años, debería
> > alcanzar los treinta y un mil funcionarios. Es mucho
> y
> >  poco al mismo tiempo, ya que se sabe que el
> resultado no será forzosamente
> > inmediato.
> >
> >
> >
> >
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