[R-P] [Beatriz Sarlo] La conquista de las capas medias
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Mar Ago 10 10:02:27 MDT 2010
Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1293047
Los Kirchner y un voto que a veces le ha sido esquivo al peronismo
La conquista de las capas medias
Beatriz Sarlo
Para LA NACION
Martes 10 de agosto de 2010
Sonó el teléfono a las siete de la tarde; se presentó con nombre y
apellido; dijo que yo no lo conocía, pero que había tenido el impulso
de llamarme: "Soy lector de LA NACION y de Perfil . Hasta ahora, fui
opositor al Gobierno y creía que iba a seguir siéndolo. Pero te llamo
justamente por eso." Hablaba bien, una sintaxis cuidada, de frases
completas. "La noche que se aprobó en el Senado la ley de matrimonio
gay estuve allí hasta el final. Al día siguiente, en mi trabajo, dije
que yo también era homosexual. Mientras se trató la ley, no sabía que
la aprobación iba a hacerme tan feliz, que era algo así como el fin de
muchos años en los cuales yo nunca había sido del todo yo, ni siquiera
con mi familia." Repitió: "No pensé que una ley me cambiaría de ese
modo, de la noche a la mañana. Después vi a los dirigentes de la
Federación [de Lesbianas, Gay, Bisexuales y Trans] en la Casa de
Gobierno y no volví a sentirme opositor como antes. Me pareció que
tenía que decírtelo, porque yo me identificaba con lo que leía y no
tenía dudas. No soy un militante. ¿Vos qué pensás?".
Pregunta difícil de responder. Me acordé de algo que había visto dos
días antes: la foto de una mujer pobre en Pernambuco, que decía sobre
las próximas elecciones brasileñas: "No conozco a Dilma, pero está por
Lula y va a tener mi voto". Me acordé de viejos y torpes argumentos
que descalificaban las políticas sociales del primer gobierno de Perón
con la acusación de que así se conseguían los votos. Entonces, le dije
al que me llamaba por teléfono que lo entendía completamente, porque
él le adjudicaba al Gobierno una ley que le había cambiado de tal modo
la vida. "¿Me entendés?"
Lo entiendo, en efecto. Como entendería a los viejos que se jubilaron
sin aportes porque su vida laboral había transcurrido en negro, o a
las familias que reciben el ingreso universal por hijo, cuya idea
original no pertenece al kirchnerismo. Recordamos juntos que la ley de
matrimonio gay no fue un proyecto de los Kirchner, sino de la diputada
Vilma Ibarra, al que los Kirchner no habían prestado atención hasta
que alguien, allá arriba donde se decide qué se trata y qué no se
trata en el Congreso, consideró que había llegado el momento de juntar
votos para el año que viene. No está prohibido hacerlo. Podrá decirse
que es una prueba de oportunismo, pero será difícil demostrar a
quienes la ley les cambió la vida que hay que rechazar los
oportunismos de manera invariable.
Por otra parte, cuando llega una ley o un subsidio, sólo aquellos que
tienen una relación distante con el bien que otros van a recibir se
colocan en una perspectiva desinteresada para examinar si habría sido
posible hacerlo antes o hacerlo mejor. Quienes acceden al derecho o al
subsidio sienten que, por fin, ha llegado. Tampoco piensan si el
derecho adquirido forma parte de un programa político explicitado
antes, como fue el caso del Partido Socialista Obrero Español, que
prometió la ley de matrimonio gay durante la campaña electoral y
cumplió no bien fue gobierno. Se celebran las extensiones de derechos
o los bienes cuando llegan, sin examinar la coherencia con programas
anteriores o futuros.
Durante los cuatro días de festejo del Bicentenario, estuve todo el
tiempo en la calle. Yo también quedé impresionada, no porque se
tratara de una celebración atribuida al Gobierno, ya que eso no
sucedía siquiera en todos los palcos donde aparecía la Presidenta,
sino por la relativa abundancia económica de una multitud alegre y
distendida que ocupó los restaurantes, pizzerías y cafés del centro
hasta la madrugada. Eran los sectores medios altos y bajos los que
estaban allí. El treinta por ciento de pobres ni siquiera se presentó
el día en que el transporte fue gratis. Pero esas capas medias son, en
la Argentina, muy visibles. Llenan el centro de la ciudad, desbordan,
se las escucha.
Los Kirchner han entendido la lección de 2008 y del conglomerado que
rodeó el Monumento de los Españoles y el de la Bandera en Rosario. Al
parecer no quieren cometer un mismo error dos veces. A través de
créditos y subsidios al consumo, están dispuestos a ganar un voto que
a veces le ha sido esquivo al peronismo, pero que puede elegirlo
porque ya lo votó a Menem cuando la convertibilidad fue el invento
venenoso que llevó a la crisis. Se habló, entonces, del "voto
licuadora" o del "voto cuota". No me parece una fórmula feliz porque
implica una descalificación de las razones por las que los ciudadanos
apoyan o se oponen a un gobierno. No me parece feliz que el voto
contrario a los Kirchner en las zonas rurales reciba el estigma de su
traducción económica con el nombre de "voto soja" o "voto
retenciones".
Sólo en algunos momentos (o en algunos pequeños partidos), los
ciudadanos hacen opciones francamente ideológicas, por principios
independientes de sus intereses más inmediatos. Si los Kirchner son
los únicos que plantean diferencias claras, económicas y culturales,
serán ellos quienes definan el tenor y el estilo de la batalla
electoral. Porque tienen la iniciativa, al estar en el gobierno;
porque se apuran a dar lo que no dieron en siete años (como los
derechos y bienes mencionados antes); porque manejan el presupuesto a
su arbitrio, y acogotan a quien se les enfrente. Es difícil que una
mayoría de ciudadanos decida su voto por "un nuevo Consejo de la
Magistratura" o un "nuevo Indec", y, ni siquiera con toda la
repugnancia que causa la corrupción, que defina su voto sólo en
términos de "manos limpias", sobre todo, porque nadie está en
condiciones de prometer y cumplir con un "manos limpias" como el que
arrasó en los años 90 con centenares de políticos italianos, liquidó
partidos históricos e hizo surgir otros. Algún cínico dirá: y todo
para terminar en Berlusconi, potencial objeto de un nuevo "manos
limpias".
Con astucia y sin programa coherente, los Kirchner han girado ahora
hacia las capas medias. No se puede subestimar el peso de las
victorias culturales en esos sectores. Estamos acostumbrados a la
preeminencia del Poder Ejecutivo, y eso quiere decir que los votos de
la oposición que hicieron posible la aprobación de la ley de
matrimonio gay no van a volcar sobre los opositores un reconocimiento
inevitable. La voluntad política fue monopolizada por el Gobierno que,
por otra parte, apestilló a varios senadores para que se enfermaran,
se ausentaran o votaran en contra de sus convicciones. Eso también es
una forma de la voluntad política, cuando el Ejecutivo se pone por
encima de la ley para lograr una ley.
Todo esto es demasiado difícil de explicar. En cambio, lo que no
necesita explicación es que el consumo ha subido. Es cierto que la
inflación devora los ingresos de los que están abajo, pero ellos se
oyen hoy mucho menos que los que usan sus tarjetas con descuentos.
También el gobierno de Menem enfrentó acusaciones de corrupción y eso
no evitó sus victorias electorales mientras duró la bonanza. Los
compradores y los turistas en Miami no pensaban en las industrias
nacionales ni en los obreros despedidos por dueños que se reconvertían
como importadores. Unicamente la política puede crear ese inmaterial
lazo de solidaridad.
Las capas medias son influyentes en términos de atmósfera. Sus
activistas son móviles y modernos, escriben en la Web, se movilizan
por una reivindicación sin necesitar al Estado como sostén de una
campaña, pueden pagar sus folletos, son diestros con la prensa. Si a
un sector no le importa lo que le parecía fundamental hace dos años,
más que lamentarse por el cambio, habría que preguntarse por las
razones. La respuesta no es que hace falta una oposición unida para
ganar. A los Kirchner no hay que ganarles de cualquier modo, en un
rejunte sin principios, sino mejor y para adelante, con ideas que
lleguen a la roca dura de la pobreza y también arraiguen en el mundo
más volátil de los grupos sociales y culturales. La falta de
principios y el rejunte de lo nuevo y lo viejo, de lo progresista y lo
inadmisible ya fue una característica del kirchnerismo con la que
sería bueno terminar.
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Néstor Gorojovsky
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