[R-P] De Luís Britto García

carola chavez tongorocho en gmail.com
Dom Ago 8 13:17:46 MDT 2010


Cómo sobrevivir a agresiones imperiales
Por: Luis Britto García	



Gángsteres e imperios tienen un solo argumento: la fuerza bruta. Hay
métodos para vencerla o para ser destruido por ella.
Estados Unidos envía a México colonos protestantes que arrean a sus
respectivos esclavos; y como el gobierno mexicano no permite la
esclavitud, los estadounidenses le arrebatan más de la mitad de su
territorio. Abrir puertas a caballos de Troya es perderse.

Estados Unidos invade Cuba con el pretexto de liberarla, establece un
protectorado y deja una base militar que perdura hasta hoy. Dejar que
el diablo se instale es perderse.

Colombia invade Venezuela en 1901 con 5.000 paramilitares disfrazados
de venezolanos; sufre aplastante derrota, y mientras pierde el tiempo
amenazando a nuestro país, Estados Unidos le arrebata Panamá.
Reconocer el verdadero enemigo es salvarse.

Inglaterra, Alemania e Italia con sus acorazados bloquean, bombardean
e invaden Venezuela, pero se retiran ante la actitud inflexible de
Cipriano Castro y la invocación estadounidense de la doctrina Monroe.
No ceder ni un ápice es salvarse.

Estados Unidos agrede militarmente repetidas veces a las pequeñas y
fragmentadas Puerto Rico, Cuba, Haití, República Dominicana,
Nicaragua, Guatemala, Colombia y Panamá, pero no pasa de influir por
debajo de la mesa en la política del gigantesco Brasil. Mantenerse
unido es salvarse.

Estados Unidos con todos sus marines fracasa contra el irreductible
César Augusto Sandino, por lo cual lo manda a asesinar en un banquete
para celebrar la paz. Saber que para el enemigo paz significa traición
es salvarse.

Cuando Estados Unidos entra en un conflicto, silencia los medios
favorables a su adversario y controla férreamente a la disidencia que
lo apoya. Pelear contra el enemigo externo sin olvidar el interno es
salvarse.

El embajador estadounidense Braden dirige la campaña electoral contra
Juan Domingo Perón, y éste gana las elecciones. Cortar de plano la
injerencia en asuntos internos es salvarse.

Guatemala inicia una reforma agraria en la cual expropia tierras de la
United Fruit indemnizándola con el valor que la transnacional señaló
en sus declaraciones de impuestos; Estados Unidos organiza una
invasión mercenaria que derroca a balazos al gobierno democrático.
Intentar reformas sin construir primero un poder popular invulnerable
es perderse.

Estados Unidos invade Cuba con mercenarios por Playa Girón, Fidel los
desbarata y declara la revolución comunista. Responder agresiones con
medidas contundentes es salvarse.

Estados Unidos acusa a Cuba ante la OEA, y todos sus miembros menos
México votan por expulsarla del sistema interamericano. Someterse a
organizaciones fundadas y mantenidas por el Imperio es perderse.

Ante la colosal amenaza estadounidense, Cuba establece una red de
alianzas con el mundo socialista y con los No Alineados que la
equilibran y le permiten sobrevivir hasta el presente. Manejar una
diplomacia multipolar es salvarse.

Tras servir incondicionalmente a Estados Unidos durante su
interminable dictadura, Rafael Leonidas Trujillo es asesinado con
conocimiento y consentimiento de la CIA, quien no hace nada para
impedirlo. Servir al diablo es condenarse.

Confiado en su omnipotencia, Estados Unidos invade sucesivamente Corea
del Norte, Vietnam, Afganistán, Irán, Irak y Somalía, y en todas
partes sufre contundentes reveses. Mantener irreductibles la
especificidad cultural y el sentimiento nacional es salvarse.

Juan Bosch es elegido presidente de República Dominicana, comienza una
serie de reformas democráticas y como el golpe en su contra dado por
el proyanqui Wessin Wessin fracasa, Estados Unidos invade Santo
Domingo con el pretexto de defender sus intereses. Albergar intereses
estadounidenses es perderse.

Salvador Allende inicia la vía pacífica y democrática hacia el
socialismo, y Estados Unidos propicia un golpe fascista de la derecha
que lo asesina. Ser pacífico ante el adversario armado es perderse.

El Departamento de Estado promueve cerca de un millar de atentados
para asesinar a Fidel Castro, todos abortados por la inteligencia
cubana. Conocer la malignidad del enemigo es salvarse.

Los gobiernos latinoamericanos aceptan ilusionados préstamos con tasas
de interés del 3% sin reparar que los contratos permiten a los
usureros subir unilateralmente las tasas de interés, las cuales
quintuplican hasta el 15% encadenando a nuestros países a la Deuda
Eterna. Firmar contratos sin leerlos es perderse.

El gobierno militar de Argentina invade las Malvinas confiando en que
Estados Unidos lo apoyará obligado por el Tratado Interamericano de
Asistencia Recíproca, y la potencia norteña los deja en la estacada
mientras los ingleses los exterminan. Esperar que el Imperio cumpla
tratados es perderse.

El presidente Omar Torrijos exige la devolución del canal de Panamá, y
muere en accidente de aviación misterioso. Volar sólo en caso de
extrema necesidad y sobre seguro es salvarse.

Para pagar la Deuda, los gobiernos latinoamericanos imponen  a sus
pueblos paquetes del Fondo Monetario Internacional que les prohíben
proteger sus economías, y los movimientos sociales impulsan rebeliones
sociales que le prohíben a los gobiernos entregarse al Fondo
Monetario. Obedecer a usureros es perderse.

Tras fracasar en sus intentos de derrocar al gobierno sandinista
mediante la “contra”, Estados Unidos obliga a unirse y financia
mediante la USAID y la NED a los opositores, lo cual les permite ganar
 las elecciones de 1990. Aceptar que Estados Unidos financie las
oposiciones locales es perderse.

El presidente electo Hugo Chávez sanciona 49 leyes reformistas, y el
gremio de patronos lanza un cierre patronal y un golpe de Estado, lo
derroca, lo secuestra, monta un sabotaje petrolero y un bloqueo de la
distribución de alimentos y un teletón en el cual todos los medios
claman por el derrocamiento del gobierno legítimo, hasta que el pueblo
lo restablece. Esperar el permiso de los patronos para hacer la
revolución es perderse; dejar actuar al pueblo es salvarse.

Estados Unidos pretende imponer el Área de Libre Comercio para las
Américas (ALCA) para reservarse América Latina y el Caribe como
inmenso mercado sin regulaciones, y fracasa estrepitosamente. Proteger
las economías propias es salvarse.

Fracasada el ALCA, Estados Unidos la impone sigilosamente mediante
tratados bilaterales de Libre Comercio, de Promoción y Protección de
Inversiones y mediante Tratados contra la Doble Tributación que
exoneran a sus transnacionales de pagar impuestos en los países donde
obtienen sus beneficios. Dejar perder la batalla que se ha ganado es
perderse.

La transnacional Exxon intenta embargar bienes y reservas
internacionales de Venezuela esgrimiendo la inconstitucional doctrina
de que los países latinoamericanos deben someter las controversias
sobre contratos de interés público interno a tribunales o árbitros
extranjeros. Entregar la soberanía jurisdiccional a jurados que
consistentemente fallan en contra de nuestros países es perderse.

El pequeño Ecuador se retira del CIADI y recupera el derecho a decidir
las controversias sobre sus contratos de interés público con sus
propias leyes y tribunales.

Reconquistar la soberanía es salvarse.

Estados Unidos mantiene la base de Guantánamo en territorio cubano,
pero jamás los marines se atreven a poner un pie fuera de ella. Armar
y entrenar al pueblo es salvarse.

El pequeño Ecuador acepta que Estados Unidos le instale la base de
Manta controlando la estratégica cuencia del Putumayo, y desde esa
base dirigen y apoyan la agresión de Colombia contra Ecuador. Hospedar
al enemigo es perderse.

El pequeño Ecuador ordena al gigantesco Estados Unidos desalojar la
base de Manta, y el coloso abandona esa guarida. No permitir que la
planta insolente del extranjero pisotee la soberanía es salvarse.

Con la excusa de que colombianos armados presuntamente habrían entrado
en algún país limítrofe, el gobierno de Colombia deja que
estadounidenses armados ocupen totalmente el propio. Mirar la paja en
el ojo del vecino y no la viga en el propio es perderse.

Si a estas alturas usted no sabe cuál es el camino de la salvación y
el de la perdición, está perdido.

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