[R-P] [Alfredo Zaiat] Autonomía

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Sab Ago 7 06:28:03 MDT 2010


Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-150886-2010-08-07.html

Autonomía
Por Alfredo Zaiat

La crisis internacional más devastadora desde el crac del ’29 ofrece
la oportunidad de revisar ciertos conceptos referidos al vínculo de
los países con su deuda y el mercado financiero. Que exista esa
posibilidad no significa que sea aprovechada, pero, a diferencia del
período previo, se presentan las condiciones para revisar ideas
consideradas incuestionables durante años. Algunas provienen de las
corrientes del pensamiento crítico, como la que sostiene que la deuda
externa sigue siendo una restricción relevante de la economía
doméstica. Otras emanan de los sectores conservadores, como la que
reclama la necesidad de la colocación de deuda en la plaza
internacional como signo de recuperación de confianza de operadores
del exterior.

Esta última misión puede tener el objetivo de definir una tasa de
interés por debajo de los dos dígitos para facilitar líneas de
financiamiento externas al sector privado. También puede pretender que
se exhiba de ese modo el respaldo de inversores internacionales. En el
pasado se ha transitado ese sendero sin beneficios considerables. La
estrategia de colocar deuda en el mercado externo, como la del bono
Global 2017 entregado por los intereses caídos de bonos en default en
el último canje, implica resignar la jurisdicción nacional en caso de
pleitos. Teniendo en cuenta el antecedente de la cesación de pagos y
la intensidad de los juicios entablados en Tribunales de Estados
Unidos y Europa contra Argentina, esa cesión de soberanía en materia
judicial no resulta muy alentadora. Más aún con la referencia
inmediata de los Tratados Bilaterales de Inversión. En la década
pasada bajo el paradigma neoliberal y las recetas del Consenso de
Wa-shington se argumentaba que así se alentarían inversiones
extranjeras supuestamente protegidas de los riesgos de la
inestabilidad política e institucional de países denominados
emergentes. La característica distintiva de ese tipo de tratados fue
la resignación de soberanía del Estado argentino, ya que esos
convenios establecieron la prórroga de jurisdicción en favor de
tribunales arbitrales. En caso de controversia, en lugar de intervenir
la Justicia argentina, entiende un tribunal de arbitraje (Ciadi,
dependiente del Banco Mundial). Por ese motivo, el país afronta más de
treinta demandas millonarias ante el Ciadi, con suerte diversa, a raíz
de supuestos incumplimientos de los TBI.

Existe un entusiasmo asombroso en la plaza financiera y en el
Ministerio de Economía por la posibilidad de emitir una ampliación del
Global 2017 u otro título similar a una tasa por debajo del 10 por
ciento anual. Ese papel de deuda se colocaría bajo normas de
legislación internacional, como en la segunda ronda del canje, sin
detectarse la necesidad imperiosa de conseguir esos fondos por esa
vía. A nivel local se registran importantes excedentes, como la
abundante liquidez contabilizada por los bancos, que más que
alcanzarían para suscribir esa emisión de deuda, bajo jurisdicción
local. Esta opción implicaría dejar atrás esa trampa que colocan en el
camino de las economías periféricas grandes bancos de inversión y
calificadoras de riesgo con la colaboración de voceros locales. La
debacle de las potencias económicas facilita el escenario para ampliar
los márgenes de autonomía respecto del capital financiero externo, y
una de esas formas sería no reiterar el error de emitir deuda bajo
legislación internacional.

Esta opción implicaría definir con autoridad, ya superada la etapa del
default del 2001, aunque resta la normalización con el Club de París,
que la estructura de la deuda pública y su intervención en el patrón
de acumulación del capital han registrado una transformación notable
en estos años. El Ministerio de Economía no muestra mucho esfuerzo en
precisar esos cambios puesto que insiste con que sería un logro la
emisión de deuda en el mercado internacional a tasas de un dígito.
Tampoco expone el programa financiero y el cuadro de los pasivos
externos, entre otras variables clave. Es llamativa la pobreza del
sitio de Internet de esa dependencia en ese campo informativo; no así
en las actividades del ministro. Esto colabora para que el tema de la
deuda permanezca en el debate público como si no hubiera cambiado nada
de la economía local y mundial.

Para muchos analistas de la centroizquierda e izquierda resulta más
sencillo mantener los esquemas rígidos de evaluación, inalterables en
el tiempo, porque permite transitarlos por el camino conocido. Pero
hoy la deuda no es una restricción para la economía, ni por magnitud
ni por su horizonte de vencimientos, ni por las condiciones de la
economía global (tasas bajísimas, commodities en alza y nuevas
potencias en ascenso). Se trata de una cuestión sustancial debido a
que la continua expansión de la deuda desde 1976 hasta el default y la
resolución del corralito se ha constituido en uno de los más
formidables obstáculos para el crecimiento del país. Investigar los
responsables de ese período resulta necesario para comprender los
cambios cualitativos y cuantitativos de la etapa que se abrió a partir
de la renegociación de la deuda en cesación de pagos.

La escasa información oficial sobre la deuda es cubierta por un
interesante documento elaborado por el Estudio Bein & Asoc. Default
no... ¿Investment grade? Luego de mencionar que fue como armar un
rompecabezas a partir de la información segmentada publicada por los
organismos estatales, Bein alcanzó a determinar la composición de las
tenencias de deuda en el sector público. Es un dato muy relevante para
evaluar el grado de importancia de la deuda como restricción del
desarrollo económico y, por lo tanto, cuál es el margen de acción de
la política económica. Del total de la deuda pública, que ascendía a
154.229 millones de dólares a fines del año pasado, unos 60 mil
millones son pasivos intra sector público (títulos en manos de la
Anses, Banco Central y otras dependencias oficiales). Se sabe que la
refinanciación de esa deuda no genera ninguna dificultad, como se
observa en usuales operaciones que realizan todos los tesoros de los
países desarrollados y potencias emergentes. Esto implica que la deuda
neta sin esos pasivos desciende a 94.143 millones, que se reduce a
77.934 millones sin considerar las obligaciones con organismos
internacionales (Banco Mundial y BID, entre otros). Con esas cifras la
relación de la deuda que flota en el mercado y el PBI se ubica en
apenas el 25,1 por ciento. Para fines de este año, esa porción de la
deuda habría descendido a 72.800 millones, 20,8 por ciento del
Producto. Bein explica que “las cancelaciones netas con superávit
financiero hasta 2007, la licuación de la deuda indexada a partir de
entonces (calculó que la subestimación de la inflación generó un
ahorro de 78 mil millones de pesos, equivalente a 19.700 millones de
dólares al tipo de cambio actual), la estatización de los fondos de
pensiones, la colocación de letras a organismos intra sector público y
la compra de deuda en el mercado a precios de default, junto con un
fuerte crecimiento del PIB en dólares (parte por cantidades y parte
por caída del tipo de cambio real) generaron un desplome en el ratio
deuda a PIB que flota en el mercado”.

De acuerdo con la investigación de Bein, respecto de fines de 2005,
cuando ya se había concretado el primer tramo del canje de la deuda en
default, la caída de ese ratio alcanza a 30 puntos porcentuales y a 31
mil millones de dólares en términos nominales. “La trayectoria del
desendeudamiento en el mercado como consecuencia del no acceso al
crédito no sólo se sostuvo sino que además se profundizó”, señala
Bein, para agregar “a pesar del hecho de que la política fiscal siguió
siendo sistemáticamente expansiva” diluyendo el superávit de las
cuentas públicas. La estrategia de desendeudamiento genera como
contrapartida una fuerte caída de las necesidades de financiamiento en
el mercado, que se reduce aún más con la oportuna utilización de
reservas para aplicarlas a cancelación de obligaciones. A la vez, con
el saldo positivo de las cuentas externas, la recuperación del
excedente fiscal y las generosas reservas del Banco Central, el margen
para el manejo de la deuda se vuelve muy holgado y, si se quiere,
evita ingresar en el circuito especulativo del capital financiero
externo.

azaiat en pagina12.com.ar

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Néstor Gorojovsky
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