[R-P] [Erico Westergaard] Gordita descarriada
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Vie Ago 6 07:30:12 MDT 2010
Gentileza Ateneo Simón Rodríguez
Gordita descarriada (la lucha continúa)
por Erico Westergaard
El título no es una referencia peyorativa a la figura de nadie,
tampoco a la líder de la Coalición Cívica -quién, muy por lo
contrario, parece haber encontrado su camino definitivo junto a las
fuerzas más retrógradas y oscuras del viejo poder- sino a la
subsidiada garrafa de gas licuado convertida en un símbolo temprano de
las reparaciones del tejido inclusivo, que luego se multiplicarían con
la asistencia global en materia jubilatoria y de asignaciones
universales. Cuando desde esta página se evaluaba la importancia de la
decisión a la luz de su significación en términos de equidad y
justicia para el amplio abanico poblacional que carece de gas natural,
resaltábamos su carácter emblemático por la necesidad vital que venía
a satisfacer. El acierto gubernamental permitió que las familias más
postergadas sustituyeran el peligroso braserito por estufas dignas y
extendieran el uso del fluido a una ducha caliente mientras, junto al
resto de los usuarios, experimentaban saludables signos de igualación
al menos en este aspecto.
Esta situación se quebró poco antes de terminar el último otoño. Sin
más datos que los que surgen de la afirmación oficial en cuanto a la
existencia suficiente del producto hasta las plantas de
fraccionamiento y el progresivo faltante del mismo que derivó en el
abuso conocido de hasta triplicar el costo establecido, todo parece
indicar que el empresariado del rubro no se ajustó a la lógica de
ganancia mesurada que surge del convenio con el Estado y decidió
volver a la época del pingüe negocio devenido del apriete extorsivo a
un público cautivo. En el proceso rescataron del olvido el mote de
social para denominar al cilindro de $16, despreciando la inteligencia
de nuestro pueblo que sabe que solo hay un precio para la garrafa de
10 kgs y que la alusión a otra de distinto valor es, junto a la
provocada escasez, la base argumental de la maniobra especuladora.
En un país rico en experiencias de apuro para contener la demanda de
la pobreza, acostumbrados como estábamos a los bolsones y la variedad
de planes, intentar vender al tema que nos ocupa como una variante más
del asistencialismo ocasional implica reapropiarse de lucros
desmesurados pero también mostrar el fracaso oficial en la solución de
fondo. Se trata de ocultar, de este modo, la verdadera entidad de la
disposición de marras que, con un marco formal y sustancial preciso,
convirtió el anuncio en un derecho permanente.
A caballo de este intento de desnaturalización es que hoy se asiste a
diversas iniciativas, algunas bien intencionadas y las más de pelaje
claramente oportunista, con promesas de arrimarle gas barato a los
pobres quienes, eso sí, harán largas filas y deberán agradecer la
caridad a los punteros de turno, esos personajes que tributan a
dirigentes que no terminan de entender la novedad política que hoy
camina por Argentina y el sub-continente. Esta verdadera confrontación
conceptual de la que cada vez somos menos espectadores y más
protagonistas, es el relato de una puja entre quienes insisten en
abonarse a las frías leyes del mercado (que manejaron a su antojo
imponiendo escenarios siempre favorables a sus apetitos) y la posición
más humana y solidaria de poner la economía al servicio del hombre,
sostenida por el actual gobierno. Lucha que en el capítulo encarnado
por la cuestión que hoy motiva esta nota, debiera terminar con la
garrafa disponible y al precio fijado en los mostradores de los puntos
habituales de expendio, incluidas las despensas de barrio, en una
definitoria recuperación de aquella señal de dignidad popular que
representa.
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Néstor Gorojovsky
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